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domingo, 30 de agosto de 2020

Reseña: Cuadernos ucranianos y rusos

Cuadernos ucranianos y rusos.
Vida y muerte bajo el régimen soviético.

Igort.

Reseña de: FJ Arcos Serrano.

Salamandra Graphic. Barcelona, 2020. Título original: Quaderni ucraini e russi. Cartoné. 356 páginas. Color.

Tras varios años visitando Ucrania, Rusia y Siberia para recabar las versiones de los supervivientes y testigos del régimen soviético, Igort sintió la necesidad de iluminar dos épocas de la historia reciente —la hambruna en Ucrania de principios del siglo pasado y el asesinato de la periodista y activista rusa Anna Politkóvskaya en 2006—, a través de un reportaje gráfico de profunda humanidad.

Igor Tuveri, más conocido por su nombre artístico Igort, es un historietista italiano con muchos años de carrera a sus espaldas. De ascendencia rusa, hace unos años sorprendió con una durísima obra realista titulada Cuadernos Ucranianos, y su continuación con Cuadernos Rusos (La guerra olvidada del Cáucaso) que ahora recupera en un tomo integral la editorial Salamandra.

martes, 28 de mayo de 2019

Reseña: La guerra de Alan

La guerra de Alan.

Emmanuel Guibert.

Reseña de: FJ Arcos Serrano.

Salamandra. Col. Salamandra Graphics. Barcelona, 2019. Título original: La guerre d'Alan Traducción: Julia Osuna Aguilar. 328 páginas. Rústica con solapas.

Arquetipo del antihéroe que ni siquiera merece un pie de página  en los anales de la Historia, Alan Ingram Cope fue un soldado anodino más entre los cientos de miles de jóvenes llamados  a filas para combatir en la segunda guerra mundial.

Medio siglo después, a la edad de sesenta y nueve años, su encuentro fortuito con el joven Emmanuel Guibert en la isla de Ré fue el germen de esta maravillosa historia. Fascinado por la profunda autenticidad del relato de Alan, Guibert se propuso plasmar en imágenes las vivencias de este veterano combatiente. Así, en interminables paseos por la playa, Alan habla y el artista escucha, y el resultado son estas hermosas páginas sobre la vida de un hombre sencillo y común cuya existencia estuvo marcada por el capricho del destino.

viernes, 1 de marzo de 2019

Reseña: Sabrina

Sabrina.

Nick Drnaso.

Reseña de: FJ Arcos Serrano.

Salamandra. Col. Salamandra Graphics. Barcelona, 2019. Traducción: Carlos Mayor Ortega. 204 páginas. Cartoné.

Sabrina Gallo, una mujer de 27 años, desaparece un día al regresar del trabajo. A partir de ese momento comienza la historia de quienes se quedan: su hermana, su novio y un viejo amigo de éste. Cuando la filtración de un vídeo sobre Sabrina se hace viral, este trágico suceso se convierte en una gran conversación a nivel nacional que dará pie a teorías de la conspiración, noticias falsas y especulaciones sobre el dolor y la pérdida.

Salamandra edita la primera novela gráfica nominada al Premio Man Booker en una cuidada y excelente edición en tapa dura. No hace falta decir que es uno de los Premios más importantes de la literatura en inglés, así que imaginaos lo que esta nominación significa para el noveno arte.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Reseña: Estamos todas bien

Estamos todas bien.

Ana Penyas.

Reseña de: FJ Arcos Serrano.

Salamandra. Col. Salamandra Graphics. Barcelona, 2018. 112 páginas. Cartoné.

«Cuando le dije a mi abuela Maruja que iba a hacer un cómic basado en su vida, me respondió que mejor escribiera una historia de amor. Cuando le dije lo mismo a mi abuela Herminia, se alegró mucho y me dijo“sí, claro, nena”. Así que, grabadora en mano, me fui a ver a mi abuela Maruja para que me explicara, por ejemplo, lo que escondía ese cuadro de flores y el porqué de su obsesión por la cocina. Después visité a mi abuela Herminia y descubrí la importancia de su abuela Hermenegilda y las causas de ese aire bohemio tan peculiar. Las mujeres de su generación, a quienes no solemos cuidar como ellas nos cuidaron, siempre han sido personajes secundarios de otras vidas: la esposa de, la madre de, o la abuela de. Como Maruja y Herminia. Sus anécdotas, sus ideas y su mundo están aquí, en este libro, un pequeño homenaje que quiere convertirlas en protagonistas.» Ana Penyas.

jueves, 14 de enero de 2016

Reseña: La profundidad del mar Amarillo

La profundidad del mar Amarillo.

Nic Pizzolatto.

Reseña: Francisco José Arcos Serrano.

Salamandra Black. Col. Novela negra. Barcelona, 2014. Título original: Between here and the yellow sea. Traducción: Maia Figueroa (y Magdalena Palmer,  por el relato «Busca y captura»). 296 páginas.

Creador de la exitosa serie «True Detective» y autor de Galveston —cuya traducción al castellano suscitó una formidable respuesta del público lector a ambos lados del Atlántico—, Nic Pizzolatto irrumpió en el panorama literario estadounidense con la publicación de esta serie de relatos que lo situaron, según la revista Poets & Writers, entre los cinco mejores nuevos autores de ficción del año, además de postularlo como candidato al Frank O'Connor International Short Story Award.

sábado, 20 de junio de 2009

Reseña: Coraline

Coraline.

Neil Gaiman.

Reseña de: Lyrenna.

Salamandra. Barcelona, 2009. Título original: Coraline. Ilustrado por Dave McKean. Traducción: Raquel Vázquez Ramil. 157 páginas.

Hacía ya mucho tiempo que quería leer Coraline, así que con la excusa de que con motivo de la película basada en el libro Salamandra ha aprovechado para reeditarlo me decidí por fin a hacerlo; y no me arrepiento en absoluto después de haberlo disfrutado de la primera a la última página. Coraline es un libro de terror dirigido a los más pequeños que puede ser disfrutado a cualquier edad. Una historia de miedo sin ningún edulcoramiento, sin ñoñerías, pero que de alguna forma llega al corazón.

Neil Gaiman, reconocido autor de comics sobre todo por su magna obra Sandman, hace tiempo que se sumergió en una igualmente exitosa carrera literaria con títulos como Neverwhere, American Gods, Buenos presagios (escrito al alimón con Terry Pratchett) o Los hijos de Anansi, pero con Coraline consigue el más difícil todavía al auto-retarse a escribir un libro de terror para niños y salir triunfante en el empeño.

Y es que es una pequeña delicia el sumergirse en sus páginas y disfrutar de una prosa aparentemente sencilla y asequible a cualquier lector, pero que a través de sus poderosas y cautivadoras “imágenes” posee el poder evocador de transportar la imaginación a otros mundos que se encuentran muy cerca del nuestro, tan solo al otro lado de una puerta tapiada.

Coraline (y no Caroline, como se empeñan en llamarla sus nuevos y estrafalarios vecinos) es una niña de diez años que acaba de mudarse de casa; como buena exploradora en un territorio virgen, pronto descubre que su nuevo hogar tiene catorce puertas, trece que se abren (o cierran) con total normalidad, pero la decimocuarta no puede abrirse ya que está cerrada con llave. Cuando le pregunta a su madre, esta le explica que la puerta está tapiada debido a unas antiguas reformas y que ya no lleva a ningún sitio. Pero lo que su madre no puede sospechar es que sí que lleva a algún lugar, y así comienza la escalofriante aventura de Coraline.

Cuando la pequeña cruza al otro lado se encuentra en un principio con una realidad que le parece mucho mejor que la suya, pero pronto descubrirá que no todo es tan bueno como parece y que siempre hay que pagar un precio por las transgresiones. Pero Coraline es una chica valiente, o al menos así se lo repite a sí misma, y con ayuda de un misterioso gato se enfrentará de cara a todos los problemas y miedos que surjan en su camino.

La historia es simple, muy lineal, fácil de seguir a través de la narración con una cercana tercera persona que sigue en todo momento a la protagonista, haciendo partícipe al lector de sus sentimientos y de las cosas que va haciendo, pero sin entrometerse en lo que sucede dentro de su cabeza, consiguiendo así no dar lugar a ningún tipo de ambivalencia, salvo tal vez con el gato, personaje curioso donde los haya.

La narración parece beber en muchos momentos del lenguaje del cómic, con escenas y descripciones muy visuales que provocan inevitablemente imágenes en la mente del lector. Una sensación acentuada por las ilustraciones que abren cada capítulo debidas al lápiz de Dave McKean, habitual colaborador gráfico de Gaiman en su faceta de guionista y que ponen en cierto contexto la historia que se nos está relatando.

Peca, quizá, de una excesiva rapidez en ofrecer soluciones a los problemas que Coraline se va a encontrar en su particular descenso a los infiernos; dotándola ya de antemano y sin venir del todo a cuento de los mecanismos u objetos mágicos que luego habrá de necesitar para poder desfacer los entuertos en que se verá envuelta. Algo que tampoco reviste una mayor importancia visto que el público objetivo al que se dirige el libro no va a pedir mayores explicaciones. De esta manera el libro también se ve libre de páginas innecesarias y encuentra la concreción y la longitud perfectas que la historia demandaba.

Una historia de terror con mucha humanidad, llena de escenas espeluznantes, que podrían habérsele escapado de las manos a Gaiman en cualquier momento, pero que dotadas de una especial sensibilidad en ningún momento se convierten en truculentas o desagradables a pesar de los personajes extraños con los que se encuentra Coraline o las situaciones oscuras a las que se enfrenta. La magia de esa realidad paralela se convierte así en algo natural, con su propia coherencia interna, algo que fluye sin rechinar en la mente del niño (o el adulto) que acompaña a Coraline al otro lado de una puerta que decían que no se podía traspasar o detrás de unos espejos que ocultan terribles revelaciones.

Después de leer el libro se entiende perfectamente, y no podemos dejar de felicitarnos de ello, la elección de Henry Selick (responsable máximo, aunque a la sombra de Tim Burton, de la inolvidable Pesadilla antes de Navidad) para llevar el libro a la gran pantalla. El ambiente y la historia son perfectos para este realizador y, aunque habiendo visto tan solo el trailer de la película ya se intuye que ha introducido unos cuantos cambios en el argumento, la expectación no puede ser mayor. Además, gracias a ellos (por internet está el video) he descubierto el significado de «koumpounofobia» (miedo a los botones) y las causas, o al menos una de ellas, que pueden motivarlo.

Para mí, Gaiman se ha convertido por meritos propios en uno de los grandes. Recomendable para niños y para los que todavía recuerdan lo que era ser niños.

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Otras reseñas de obras del autor:

Los hijos de Anansi.

El libro del cementerio.

El cementerio sin lápidas y otras historias negras.


lunes, 18 de mayo de 2009

Reseña: Génesis

Génesis.

Bernard Beckett.

Reseña de: Santiago Gª Soláns:

Salamandra. Barcelona, 2009. Título original: Genesis. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 158 páginas.

Entramos de nuevo en el tema de las etiquetas, ¿es Génesis, como parece evidente, ciencia ficción? ¿Es, como dice la contraportada, una “fábula especulativa”, un “thriller filosófico” y una “meditación humanista”? ¿Es una simple comida del tarro por parte del autor? Pues lo cierto es que algo de todo ello hay, la verdad, pero desde luego nada que no haya leído ya unas cuantas veces el lector algo avezado en literatura fantástica sobre futuros post apocalípticos e intentos de conseguir Inteligencias Artificiales funcionales. Génesis sorprenderá, quizá, al lector mainstream, pero poco más, pues las tesis que quiere presentar están ya algo mascadas, incluso para ese público generalista. La decepción para el lector de ciencia ficción ya veterano viene acentuada por el escaso interés que demuestra Beckett a la hora de insuflar coherencia o hacer “real” ese futuro que plantea, mero decorado para la idea que parece querer transmitir.

Hay quien ha querido ver la originalidad del texto en su estructura, en forma de examen oral (y por tanto casi un enorme diálogo, acompañado de supuestas escenas holográficas) a la protagonista, Anaximandro, por parte de un tribunal de tres hieráticos Examinadores para su ingreso en la Academia. A través del denso interrogatorio que se sale del tema de su estudio, el lector irá conociendo un futuro distópico, en el que el mundo que conocemos ha caminado por el filo de los fundamentalismos y las plagas médicas (¿suena de algo a hoy mismo?) abocándose al peor de los abismos y donde un previsor millonario llamado Platón ha instaurado una idílica y aparentemente utópica República en una isla del hemisferio Sur, que en realidad solo se mantiene a costa de todas las libertades personales de sus ciudadanos y con el derramamiento de la sangre de toda persona que desee acceder a ella desde el exterior. En la primera parte del examen, se irán así dirimiendo cuestiones éticas y morales, perfectamente aplicables a nuestra sociedad actual para la que el autor parece predecir un futuro bastante negro.

En las siguientes partes del examen, cuando el tribunal entre más a fondo en el tema de los estudios de Anaximandro sobre la figura cuasi mítica de Adán Forde, el joven que habría de cambiar radicalmente la sociedad en la que vivía, la atención se desvía hacia temas relativos al significado de la consciencia, del sentido de la vida, de la posibilidad de la evolución de los robots en busca de una auténtica IA, de la supremacía del hombre sobre la tecnología, de los sentimientos que una máquina tendría, si los tuviera, sobre sus creadores, de en qué consiste el ser humano, de si es la inteligencia el único rasgo que nos diferencia de otras especies animales del planeta, sobre el mundo de las Ideas… Discurre Beckett por caminos algo trillados y poco originales sin conseguir, a mi entender, dar una nueva visión o aportar nuevas ideas al posible debate. A la memoria de cualquiera acuden de inmediato nombres como Asimov, Huxley, Clarke, Orwell, Dick, Stephenson o Boulle entre otros muchos que, cada cual en su parcela, sentaron las bases para estas disquisiciones con mayor profundidad y maestría que la que ahora nos ocupa.

Cuando termina de leer Génesis se da uno cuenta de que no conoce en absoluto a sus protagonistas, que no han sido caracterizados para nada, y que tampoco podría dar excesiva forma al escenario en el que se mueven, pues las descripciones e introspecciones brillan prácticamente por su ausencia. Beckett, queriendo quizá dar más fuerza a sus tesis y para que nada distraiga la atención sobre ellas, esboza apenas ese mundo del futuro poniendo todo su interés en los diálogos e interrogatorios que plantean los temas filosóficos, como si todo lo demás fuera una mera excusa para el mensaje que quiere transmitir.

Se salva entonces Génesis por su brevedad, por la agilidad de su estructura que permite que se lea de un tirón y por un final que es lo más trabajado del libro (aparenta que todo la anterior era meramente el vehículo para llegar allí), con una especie de doble sorpresa, donde aunque la identidad de los miembros de tribunal se ve venir desde lejos, al menos el desenlace de la relación entre Adán y Arte (el robot objeto de experimento en busca de la IA) consigue dar un giro a las pautas preestablecidas y cambiar la percepción de los hechos que el autor había marcado, provocando así alguna reflexión en la mente del lector. Lo cierto es que esta novela corta o relato largo plantea temas interesantes, pero de una forma tan insulsa y falta de tensión que cabría calificarla de, cuando menos, algo decepcionante, pues con un ropaje un poco más acertado seguro que habría ganado muchos enteros. Lo bueno es que su sencilla lectura no ocupa más de una tarde; y es que el que no se consuela es porque no quiere.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Reseña: El Principito

El Principito.

Antoine De Saint-Exupéry.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Salamandra. Barcelona, 2008. Título original: Le Petit Prince. Traducción: Bonifacio del Carril. 95 páginas.

Hace poco, pululando por una librería, me topé con esta nueva edición de El Principito. Prácticamente igual a la que había en casa, pero con las ilustraciones –obra del propio autor- en color, y las páginas todavía blancas, vírgenes, aún no leídas. La compré, por supuesto, ya que el viejo libro amarillento que siempre estuvo en casa, y que tantas veces he leído, allí se quedó, mientras que yo tuve que abandonar el nido. Y éste es un libro absolutamente imprescindible en cualquier biblioteca. Así pues, éste será mío. Sólo mío. Mi tesoro.

Porque es un tesoro. ¡Y me costó cuatro perras! Cuántos libros que no valen nada te cuestan un dineral, y esta maravilla ahí estaba, en un rincón… si los libreros supieran… habría pagado millones.

Así pues, tras leerlo una vez más, me quedó esa agridulce sensación maravillosa que te queda cuando lees libros como este. Y decidí compartir mis impresiones con ustedes. Porque una reseña realmente esto no es. Qué se puede decir a estas alturas, después de tantos años, de El Principito. ¿Quién no lo conoce? ¿Cómo decir de la manera apropiada que es uno de los mejores cuentos jamás escritos? Yo, desde luego, no lo sé. Pero para mí, sin duda alguna, lo es.

Y es que El Principito lo tiene todo: personajes inimitables, aventuras y situaciones fascinantes, un protagonista profundamente entrañable. Es alegre y melancólico a la vez, es absurdo y sin embargo admirablemente cuerdo, es tantas cosas, que mil palabras no bastarían para describirlo, porque no existen palabras. Porque hay muchos libros que comparten esos adjetivos, pero ninguno es como El Principito.

Creo que su autor, el tan desconocido Exupéry, sabía lo que decía. Él en verdad fue piloto, y estuvo en el desierto, y creo que también tuvo una rosa… Desapareció con su avión, dejando atrás el misterio de su muerte y el fabuloso cuento de la vida.

No sé si es un cuento para niños. Al leerlo te preguntas: ¿Lo escribió un adulto para los niños, o un niño para los adultos? ¿O un adulto para adultos? ¿O todo eso a la vez? Tal vez esté escrito para aquellos adultos que han olvidado que fueron niños. En cualquier caso, no creo que importe, porque todo el mundo debería leerlo. Y no una vez sino cientos, miles de veces. Tal vez piensen que exagero; hubo un tiempo en el que yo también creí que no se debía leer dos veces un mismo libro, con la cantidad de libros que quedan por leer… era como perder el tiempo, malgastar la vida. Sin embargo hay libros que lo merecen. Y éste es uno de ellos.

Cuando no encuentren su lugar en el mundo, lean El Principito. Cuando crean haberlo encontrado, lean El Principito. Cuando les abrume la soledad, lean El Principito. Si no saben dibujar un cordero, lean El Principito. Si tienen un jardín lleno de rosas, lean El Principito. Es un libro especialmente indicado para aquellos reyes, vanidosos, bebedores, hombres de negocios, faroleros, y geógrafos, o, por qué no, guardabosques que no conocen, o han olvidado, la belleza de una –una sola- puesta de sol, o el brillo estremecedor de una estrella solitaria sobre el desierto que les rodea.

En fin, a todos ellos, que son todos ustedes: cuando el mundo moderno de los adultos, cuando todos sus importantísimos asuntos, cuando todas sus preocupaciones les impidan reconocer una serpiente boa que digiere a un elefante, lean El Principito. Tal vez aprendan entonces a distinguir las cosas que realmente importan.


viernes, 18 de abril de 2008

Reseña: El niño del pijama de rayas

El niño con el pijama de rayas.

John Boyne.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. Barcelona, 2008 (15ª edición). Título original: The Boy in the Striped Pyjamas. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 219 páginas.

De la contraportada del libro:

“Estimado lector, estimada lectora:

Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué se trata.

No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una.

Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.

El editor”.

Lo cierto es que resulta muy difícil llegar “virgen” a este libro, pues es uno de esos cuya “fama” corre como la pólvora de boca en boca y de recomendación en recomendación, sobre todo en la prensa (hace nada vi en un periódico una de esas listas de “lo más vendido en…” donde lo destripaban vilmente en tres líneas), pero la verdad es que es lo más aconsejable. Lo interesante de El niño con el pijama de rayas es ir descubriendo por uno mismo y desde el primer capítulo todas las referencias que va ofreciendo la mirada inocente del pequeño protagonista y sus infantiles, e ingenuas, interpretaciones de lo que va viendo. Cuánto menos se sepa de la trama, mejor; no es imprescindible, desde luego, pero se disfruta más.

Utilizando muchos de los recursos de la Literatura Infantil (llamadas de atención, repetición machacona de frases clave, nombre mal transcritos como los entendería un niño…) Boyne ofrece un relato para adultos lleno de poesía y horror. Sinceramente, creo que, a pesar de lo que diga la sinopsis, los adolescentes de hoy en día carecen del acervo cultural necesario para captar en toda su intensidad el significado pleno de esta novela.

El niño con el pijama de rayas muestra al lector las diferentes caras del “monstruo”, invitando a una reflexión sobre los horrores a los que puede descender el ser humano, mostrando sin embargo rasgos de “humanidad” y de amor. Hay aquí una radiografía del alma humana, de sus abismos y de sus cimas, de cómo se puede continuar con la vida cotidiana o llegar a acostumbrarse a hechos terribles mientras no le toquen a uno como su protagonista. Se plantea el dilema moral de la sumisión a la obligación o al deber; a la ceguera voluntaria que permite que los actos horribles cometidos contra otros se conviertan en justificables. Habla el autor del odio oculto bajo el barniz de la razón. Y todo ello bajo el prisma que otorga la mirada inocente de un niño de nueve años que no puede entender que exista el mal en su mundo, que sólo desea jugar con sus amigos, vivir en su barrio y crecer feliz; un niño que tendrá que juzgar lo que le va sucediendo según los parámetros que su protegida vida le ha ofrecido, y que le llevarán a ejercer la amistad a pesar de todas las barreras que se interpongan en su camino.

Ya desde el primer capítulo se puede intuir por dónde va a discurrir la narración, ya se plantean los parámetros de tiempo y lugar a los que circunscribir la acción, pero hay que ir escarbando entre las pistas que deja caer la visión distorsionada de un niño que no quiere que su mundo cambie. Las referencias se van sucediendo, conformando un ameno relato, donde poco a poco se va desvelando el horror oculto tras el traslado de la familia a través de una narración casi siempre amable hasta el mazazo final.

El niño con el pijama de rayas es un libro que se lee de un tirón, gracias a su brevedad y a la agilidad de la escritura de la que hace gala Boyne. No es, tal vez, para tanto la fama que está alcanzando merced a la recomendación popular que ha propiciado que haya alcanzado ya su 15ª edición, pero sí que es, desde luego, una lectura muy recomendable, destinada a agitar conciencias y a provocar la reflexión. Creo que merece la pena sumergirse en sus páginas.

Y no deje que se lo cuenten.

viernes, 14 de marzo de 2008

Reseña: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

J.K. Rowling.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. 2008. Título original: Harry Potter and the Deathly Hallows. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 636 páginas.

Al pasar la última página y cerrar el libro de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte la sensación que le viene a la mente a uno es la de “¡por fin ha terminado!”; y es que tras la pendiente descendente en que se había embarcado la serie en sus últimas entregas y después de observar cómo algo que te había gustado mucho en su origen iba perdiendo lentamente toda su credibilidad, es un alivio que se acabe y deje de hacernos sufrir. Lástima que la entrega final no consiga levantar el vuelo sobre las dos anteriores y deje un muy amargo sabor de boca en el paladar de este lector.

Desde luego, esta reseña está realizada desde la visión de un lector adulto, con un poso de lecturas a sus espaldas, y supongo que muy diferente de las impresiones que sacará un adolescente del mismo texto. Para el lector avezado esta novela está llena de agujeros, de trampas, de soluciones inesperadas sacadas de la chistera y de deux ex machina difícilmente digeribles. El máximo exponente de todo ello lo podemos encontrar en la creación de personajes nuevos (y mira que ha tenido páginas antes para hacerlo) según lo va requiriendo el nuevo giro de la trama, o en el exceso de “casualidades” sin venir a cuento que se producen: “alguien” que no había aparecido hasta el momento en ningún libro lleva un símbolo que tampoco había aparecido en toda la serie y ya sabes que el tal símbolo tendrá posteriormente una vital importancia; o Harry le pide a otro alguien como “última salvaguarda inspirada sobre la marcha” que realice una acción y ya sabes que ese alguien resolverá todo el embrollo aunque sea algo cogido por los pelos.

El tema principal de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, como se podría ya aventurar viendo el título es, precisamente, la Muerte. Y la pena es que pudiendo haber realizado una inteligente reflexión sobre la misma, Rowling lo que ha hecho es convertir la novela en una triste defensa de la eutanasia y, casi, del suicidio; rompiendo, además, por el camino muchas de las premisas que había establecido hasta el momento. Con su controvertida acción, convierte de paso el recuerdo de Dumbledore en el de un cobarde, egoísta y totalitario, mezquino manipulador y mentiroso: podría parecer que la acción que solicita Dumbledore fuera la de un sacrificio altruista en pos del bien común, pero a mí tan sólo se me antoja como la salida fácil de quien tiene mucho miedo al dolor y prefiere la muerte al sufrimiento, arrastrando además en su cobardía a los que le rodean y aprecian. Me gustaría saber dónde sitúa Rowling la línea entre el sacrificio y el suicidio, entre entregar la vida por los demás y el entregarse a la muerte sin más.

El lector juvenil-adolescente, sin duda, se pierde muchas de estas lecturas, lo que convierte el “adoctrinamiento” en algo mucho más grave. Si sus “héroes” ven el tema como algo normal y perfectamente asumible, incluso deseable, cómo no va a parecérselo a ellos.

Hay, además, tantas muertes de personajes secundarios más o menos “importantes” que al final se pierde la emoción y la tristeza; el lector se inmuniza ante la carnicería y la cosa casi se convierte en un concurso de “¿a ver quién cae ahora?”. Eran desde luego de esperar las defunciones en el enfrentamiento definitivo entre Harry y Voldemort, pero falta mucha, mucha implicación emocional en lo que se está narrando.

De todas maneras, si dos pecados imperdonables tiene esta novela es, por un lado, que tiene trozos auténticamente aburridos, sobre todo en el eterno (al menos a mí así me lo pareció) periplo dando saltos mágicos por Gran Bretaña y las largas e infructuosas discusiones sobre lo qué hacer a continuación. La única manera que tiene Rowling de hacer avanzar entonces la trama es sacarse una ayuda externa de las mangas y catapultarlos en una dirección “inesperada” (y es que todo es demasiado predecible en este libro) que no conduce salvo a otro impasse de espera del que de nuevo saldrán con otro truco de prestidigitación literaria; y es que toda la trama avanza a trancas y barrancas, conduciendo a trompicones la acción hacia el final deseado por la autora; final que se hubiera agradecido que llegase un buen montón de páginas antes.

El segundo pecado es el cambio de personalidad de algunos de los personajes principales, incluido Harry, permitiéndose acciones que van mucho más allá de lo que sería lógico por todo lo que se nos había mostrado de ellos hasta el momento. Es cierto que la situación extrema en la que se mueven obliga a comportamientos desesperados, pero hay líneas que el Harry, la Hermione, el Ron y tantos otros personajes que conocemos (o creíamos conocer) jamás habrían cruzado, y aquí lo hacen.

Una pena. Yo aún tenía la esperanza de que hubiera un cierre digno para tantas aventuras. En mi personal opinión, no lo tiene, pero reconozco que a otros lectores sí que les ha convencido y hasta han disfrutado con la novela. Quizá es que he perdido la mirada de niño por el camino, o que tanta incongruencia me ha impedido encontrar esa magia que otros sí han visto. A mí, desde luego, me ha defraudado profundamente. Lástima.

Cuando uno cierra el libro, tras ese “emotivo” epílogo, le queda, además de la sensación de alivio porque todo ha terminado, la idea de que Rowling tendría un filón en contar nuevas historias situadas en Hogwarts (no nos engañemos, al fin y al cabo, su mejor creación), en un ambiente similar al que tanto disfrutamos en las primeras entregas de la serie, pero esta vez sin un protagonista titular, sino como novelas corales, con las vivencias y estudios de los alumnos. Pero tal vez lo mejor sea que se dedique a disfrutar de sus millones, pues difícilmente va a encontrar de nuevo un pelotazo como Harry Potter.

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la piedra filosofal.

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y la Orden del Fénix.

Harry Potter y el misterio del príncipe.

jueves, 14 de febrero de 2008

Reseña:Harry Potter y el misterio del príncipe

Harry Potter y el misterio del príncipe.

J.K. Rowling.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. 2006. Título original: Harry Potter and the Half-Blood Prince. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 602 páginas.

Sexta entrega de las aventuras, y desventuras, del todavía aprendiz de mago creado por la imaginación de J.K. Rowling. En este libro parece que la autora ha intentado un tímido retorno al ambiente algo más colegial de las primeras entregas, a los entresijos de Hogwarts, a las clases y a las situaciones estudiantiles con las que tanto se disfrutaba en un principio, cuando el tema de Voldemort no se había convertido en el único centro y la vida de Harry era mucho más entretenida; pero desde luego el intento ha sido algo fallido, pues es imposible liberar al personaje de todo lo vivido, el tema está ya demasiado centrado en su archienemigo y ya nadie se podría creer que Harry tuviera alguna posibilidad de volver a una actividad académica “normal”.

Harry Potter y el misterio del príncipe (no voy a entrar en la polémica de la discutible elección del título en español) es, como se venía intuyendo en las entregas inmediatamente anteriores, un libro para adolescentes creciditos, ya casi adultos, tanto temática como estilísticamente, como si la autora quisiera complacer a sus lectores de toda la vida, adecuarse a su edad, en vez de pensar en todos los niños que se han ido sumando a la aventura. Como ya dije en alguna reseña anterior, los libros de Harry Potter hay que irlos leyendo con la edad del protagonista, aunque se haga difícil dejar pasar el tiempo entre uno y otro sabiendo que ya están todos disponibles.

En este caso concreto, un Harry de 16 años dispuesto a afrontar su penúltimo curso en la escuela de magia con algo de más optimismo que en el pasado; al fin y al cabo ya no es el “apestado” del libro anterior, sino que ahora todos saben que tenía razón sobre Voldemort y se ha convertido casi en un héroe para los demás estudiantes (bueno, para muchos de ellos). Su vida es, pues, mucho más fácil en cuanto a la convivencia con el resto de compañeros, pero en absoluto en cuanto a la carga anímica que supone la amenaza del Señor Oscuro y el conocimiento de la profecía que sobre ambos pende. Hay por ello en todo el libro, acrecentándose conforme avanzan las páginas, un ambiente cada vez más opresivo, con una creciente frustración en Harry por no poder convencer a sus amigos ni a Dumbledore de sus sospechas sobre la posible traición del profesor Snape y sobre el extraño comportamiento desarrollado por Draco Malfoy, comportamiento que le traerá de cabeza para tratar de esclarecerlo.

Como digo, el tema de Voldemort ocupa la mayor parte de la trama del libro y gracias a la magia de Dumbledore asistiremos a parte de la historia de su familia y de cómo Tom Ryddle llegó a convertirse en el Señor Oscuro y de las razones de su odio hacia los “sangre sucia”. Harry tendrá que ayudar a su mentor a localizar y recuperar unos objetos, los Horrocruxes, que encierran la clave para la total recuperación de Voldemort, en cuerpo y alma. Pero entre medio deberá seguir con sus estudios, y será precisamente en su “amada” clase de pociones, que en esta ocasión viene con sorpresa, donde nuestro protagonista encontrará un libro de fórmulas, que le ayudarán a destacar en la asignatura, perteneciente a un tal Príncipe Mestizo. Es chocante en esta ocasión que Harry tome por el camino fácil, ya que el que se sirva del susodicho libro de pociones para salvar los obstáculos de la asignatura y destacar entre sus compañeros, no parece ir con su personalidad, no es propio de él, convirtiéndose en otro de los muchos e incongruentes vaivenes que le ha provocado Rowling en sus aventuras. A lo largo de la novela surge la duda sobre quién era el tal Príncipe Mestizo que a la postre da nombre al título del libro, y de cuáles eran sus intenciones al escribir las fórmulas mágicas, si era bueno o malo, y si es lícito que Harry se aproveche de un conocimiento que no se ha ganado.

Aparece, como no podía ser de otra forma, un nuevo profesor: Slughorn; tan peculiar y curioso como todos los que se han ido sucediendo con anterioridad, aunque ya no sorprende en absoluto, y hasta se hace bastante cargante y totalmente superfluo. Parece que a la autora se la han acabado las vueltas de tuerca en torno al profesorado y repite esquemas ya utilizados, al igual que se dedica a repetir situaciones ya vistas en otros libros con el consecuente desinterés.

Y Dumbledore, en el peor momento, demuestra que es tan “humano” como el que más, con los mismos defectos y “cegueras” que cualquier hijo de vecino, y de alguna manera es víctima de la tragedia que él mismo ha propiciado. De nuevo la tragedia se ceba en Harry, y es que este chico debería llevar, en lugar de su famosa cicatriz, un tatuaje en el que se pudiera leer: “nacido para sufrir”.

Pero es en medio de tanto sufrimiento cuando Rowling aprovecha para realizar un nuevo ejercicio de exaltación de la amistad, del apoyo de los compañeros, de la entrega desinteresada, porque por mucho que Harry se empeñe en luchar solo, siempre necesitará y contará con la ayuda de sus amigos. Tal parece el auténtico leiv motiv de la serie, el valor de la amistad por encima de todas las cosas y a pesar de todos los inconvenientes, enfrentamientos y equivocaciones.

Harry Potter y el misterio del príncipe es una novela que se lee por inercia, porque ya conoces a los protagonistas y por ver qué les sucede, que no deja de ser agradable y de fácil lectura, pero que no llega a la altura de las primeras entregas, aun cuando destaca bastante sobre la quinta y anterior a ella, tal vez porque en esta ocasión la autora no se ha permitido tanto exceso y ha limitado su extensión en casi trescientas páginas sobre aquella, cosa que se agradece, quedándose aún así en unas generosas seiscientas, que fácilmente podrían haber sido menos sin perder nada de la trama. No defrauda, pero tampoco encandila como hiciera antaño. Tal vez es que la magia se esté apagando, o es que no daba para más. Y aún falta la última (esperemos, ya que la autora no ha negado la posibilidad de continuar aún más allá).

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la piedra filosofal.

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y la Orden del Fénix.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

martes, 27 de noviembre de 2007

Reseña: Las damas de Grace Adieu

Las damas de Grace Adieu.

Susanna Clarke.

Con ilustraciones de Charles Vess.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. Col. Narrativa. Barcelona, 2007. Título original: The Ladies of Grace Adieu. Traducción: Ana María de la Fuente. 253 páginas.

Supongo que aprovechando el indudable éxito de Jonathan Strange y el señor Norrell (inspiración, desde luego, no le falta), su autora ha publicado una antología o recopilación de relatos cuya acción transcurre en la misma Inglaterra mágica, paralela a la de nuestro mundo, en que se situaba aquella. Cabe decir que al que suscribe, mientras se encontraba inmerso en la lectura, cada vez se le antojaba más que estos cuentos no son sino algunas de las “notas a pie de página” que se le quedaron fuera a Clarke de su magna y muy recomendable obra, ya sea por su extensión o porque tan sólo tenían una relación muy tangencial con lo narrado. Pero no nos engañemos, para muchos lectores son precisamente esos pies de página lo mejor de Jonathan Strange y el señor Norrell, así que se puede decir que están sin duda de enhorabuena.

La mayoría de estos relatos sirven, precisamente como las notas citadas, para ampliar los conocimientos sobre esa Inglaterra llena de magia y de sorprendentes seres, sobre su sociedad, sobre los diferentes tipos de hechizos y sobre el pueblo de los duendes, que ya se intuían en la primera novela, más que para ahondar en los personajes protagonistas allí retratados. De hecho, Jonathan Strange tan sólo tiene presencia, y ni siquiera principal, en el primero de los relatos, Las damas de Grace Adieu, que da nombre a todo el volumen, y el Señor Norrell no llega a aparecer en página alguna, sino como una mención de pasada a su singular figura y existencia.

Hay que decir que todas estas historias siguen bebiendo de la misma prosa rica y agradable de la que ya hiciera gala la autora en su anterior obra; así no falta el fino sentido de humor que invita a esbozar una alegre sonrisa ante muchas de las curiosas situaciones planteadas, a la vez que unas gotas de cruel sátira motivan a la reflexión sobre el papel de los aristócratas o las mujeres en una sociedad victoriana en la que empezaban a introducirse profundos cambios, mayores si caben aquí, puesto que están imbuidos de la magia que se filtra desde la Tierra de Duendes.

Es difícil destacar algún relato sobre los demás. Todos tienen algún detalle especial, ya sea el tema, los personajes o la simple anécdota (pues anécdotas vienen a ser todos) que los hermana como perlas en un collar. Sin ningún tipo de estridencias, sin apabullantes muestras de acción, sino con el tranquilo discurrir de la vida misma, de una forma casi costumbrista, los relatos atrapan la atención de una forma evocadora, poética a veces, a menudo amable, tierna, plena de humor y mostrando una mirada muy comprensiva sobre los defectos humanos. Sirven los relatos para mostrar la particular relación de las mujeres con la magia (“Las damas de Grace Adieu” o “En el monte Lickerish”) o de cómo el mundo mágico de Tierra de Duendes se adentraba en “nuestra” realidad (“El señor Simonelli o El viudo duende” o “John Uskglass y el carbonero de Cumbria”) o de la influencia de las obras de los sidhe sobre el mundo humano (“Tom Brigthwind o Cómo se construyó el puente mágico de Thoresby”) entre otros muchos temas más mundanos como las relaciones entre los diferentes estamentos y clases sociales victorianas o el poder del amor humano sobre los caprichos de los duendes (“La señora Mabb”) o los hechos y personajes de importancia histórica que también ven sus vidas trastocadas por la magia que se filtra desde la Tierra de Duendes (“El duque de Wellington extravía su caballo” o “Antickes y Frets”)

Es un libro, unos cuentos, para saborear con paciencia, lentamente, dejando un lapso de reflexión entre uno y otro para permitir que se aposente todo lo leído, disfrutándolo con calma y a la vez con fruición. Sin embargo, dada las especiales características de los cuentos y su obvia dependencia de Jonathan Strange y el señor Norrell, sin duda será disfrutado mucho más por quienes ya hayan tenido el placer de leer aquel que por aquellos que se enfrenten al libro sin el debido poso, vírgenes de su lectura (y entonces mi recomendación es que corran a hacerse con el primero antes de aventurarse en las historias del que ahora nos ocupa).

En la cuidada edición que en español nos ofrece Salamandra tan sólo he podido encontrar un muy pequeñito “pero”, y es que en el relato “El duque de Wellington extravía su caballo”, que la autora sitúa en el mundo creado por Neil Gaiman para su novela Stardust, y que se desarrolla en el pueblo de Muro (así traducido por lo menos en la edición de Norma, que es la que yo tengo; desconozco lo que hayan hecho en la más reciente edición de Roca), no se ha respetado la traducción anterior y el pueblo se ha quedado simplemente en el original Wall. Cuestión menor a todas luces, pero que, pienso, con una pequeñísima labor de investigación habría costado poco subsanar, manteniendo así la concordancia con lo ya publicado (aunque sea por otra editorial).

Y si alguien echa en falta algún comentario sobre las ilustraciones de Charles Vess que adornan el inicio de cada relato, es que son tan poquita cosa, tan normalitas para lo que nos suele acostumbrar Vess, que casi no merece la pena que se hable de ellas, salvando quizá la que se ha utilizado para dar portada al libro y que sirve de entrada para el cuento que da título a todo el volumen: un retrato de delicado trazo de las damas de Grace Adieu en actitud evocadora, muy acorde con lo que se nos va a narrar luego.

Sirvan estos cuentos para endulzar la espera de la anunciada continuación de Jonathan Strange y el señor Norrell, aunque ojala Clarke no tarde otros diez años en escribirla.


Actualización sobre el tema de la traducción (30/11/2007): compruebo, en efecto, que en la edición de la versión ilustrada de Stardust que acaba de publicar Planeta DeAgostini también han mantenido el nombre del pueblo de Wall en su original inglés, así que se encontraría bien "no traducido" aquí. Al César lo que es del César.

viernes, 10 de agosto de 2007

Reseña: Harry Potter y la Orden del Fénix

Harry Potter y la Orden del Fénix.

J.K. Rowling.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. 2004. Título original: Harry Potter and the Order of the Phoenix. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 893 páginas.

El más largo de todos los libros de Harry Potter y, para mí sin duda, el más flojo hasta el momento. De las casi novecientas páginas de la novela se podrían quitar fácilmente cuatrocientas (y seguramente me quedo corto) y la narración, con un poco de síntesis, no se resentiría demasiado; muy al contrario, casi con seguridad saldría ganando mucho. El exceso es innecesario.

Harry Potter sigue creciendo, pero ahora en un mundo que parece haberse puesto contra él. Lord Voldemort se ha “recorporizado”, pero pocos son los que parecen creerlo, lo que llena de amargura al joven mago. Para terminar de estropearlo todo, Harry realiza un acto de magia cerca de casa de sus tíos al ser atacado por un dementor y desde el Ministerio deciden hacerle una vista con la intención de expulsarlo de Hogwarts. Además, sus amigos parecen rehuirle y nadie le cuenta nada de todo lo que está sucediendo, con lo que poco a poco su carácter se va agriando todavía más. Finalmente podrá reunirse con sus amigos, quienes le informarán de la existencia de una secreta Orden del Fénix, compuesta por los escasos magos que creen en el retorno de Voldemort y están dispuestos a enfrentarse a su amenaza, defendiendo a Harry en el camino. Es en este ambiente opresivo en el que Harry comienza su quinto curso en el colegio de Magia, en medio de una intensa campaña de desprestigio contra él y contra Dumbledore y el rechazo del común de sus compañeros, cosas que no contribuyen precisamente a mejorar su humor taciturno. Humor que empeora al empezar a sospechar que la extraña unión que le ata a Voldemort y que hace que le duela su cicatriz cuando el mago tenebroso siente algo intensamente se está intensificando.

La vida de Harry no es fácil en absoluto (o eso le parece a él) y el que pocos parezcan creerle no ayuda a mejorarla.

A lo largo del libro, Rowling volverá a ofrecernos un recorrido por casi todos los lugares mágicos que ya habíamos ido conociendo en anteriores novelas (Hogsmeade, el callejón Diagon, el propio Hogwarts...) y nos conduce a otros nuevos que adquirirán una gran importancia en la trama (como el Ministerio de Magia o la casa ancestral de los Black), pero lejos de antojársenos estar ante algo novedoso, la cosa se hace más bien tediosa.

Es en los nuevos personajes, o en la revisitación de algunos antiguos, donde el libro podría haber remontado algo el interés, y sin embargo tampoco aquí lo consigue. Rowling crea unos personajes realmente atractivos en su concepción, pero que no lleva a buen término en la narración de sus acciones.

Interesantes, pero desaprovechados el demencial personaje de Luna Lovegood, una compañera de Hogwarts que podía haber dado mucho más de sí, y la también algo desquiciada Tonk, una joven maga perteneciente a la Orden. Odiosa, como era su cometido, la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Dolores Umbridge, quien parece estar allí tan sólo para amargar más aún la vida de Harry; lo que sucede es que a fuer de haberla hecho tan despreciable y asquerosa, el personaje es ciertamente repelente para el lector, pero en el sentido de no querer leer más de ella, no en el de un malo odioso que hace sufrir al protagonista y que supongo que era la intención de la autora. Intrascendente la historia del “enamoramiento” con Cho Chang, retrata bien el estado alterado de las hormonas de quince años de Harry y da algún momento interesante (¡Ah, la Navidad!), pero Rowling le ha puesto unas reacciones tan extremas que a veces va más allá incluso del esteriotipo del adolescente enamorado e indeciso. Acertado el nuevo protagonismo, el paso adelante, de Neville Longbotton, uno de los personajes cuya evolución me parece más acertada. Y el resto de secundarios se encuentran dentro de su papel, lo que en esta ocasión no es decir mucho; vuelven algunos como Lupin, Sirius o el auténtico Ojoloco Moody, y siguen los de siempre, como por supuesto Ron y Hermione, Snape o Hagrid (metiéndose en líos, como siempre). Fred y George Weasley volverán a hacer trastadas de las suyas, en alguna escena que quizá sea lo mejor de la novela.

Harry está probando el lado más amargo de la vida, el rechazo, la mentira, y después del fallecimiento de su compañero Cedric Diggory en el libro anterior, en este tendrá que asumir la muerte de alguien mucho más cercano (con una reacción no del todo verosímil, es el problema de llevar las cosas a los extremos, que o lo haces muy bien o no resulta creíble); lo que sucede es que es una muerte tan poco definitiva (como quien dice, no hay cadáver) que mucho me temo que es posible que volvamos a oír hablar del personaje. El carácter de harry se resiente de todo ello, y su estado mental parece instalarse de forma definitiva en el enfado, lo que de alguna manera pagarán los que le rodean.

El problema de Harry Potter y la Orden del Fénix es que todo se está volviendo un tanto repetitivo, todo suena a ya leído, y el abuso del tamaño del libro no contribuye a hacer más atractiva la lectura. Hay multitud de situaciones repetitivas; la reiteración de los sueños o visiones de Harry cansan en vez de crear tensión; la insistencia con los TIMOS llega a aburrir (además para que al final, después de casi novecientas páginas, Rowling no haya podido añadir dos más o quitar paja de otras para decirnos las notas obtenidas por Harry y sus amigos y no dejarnos con la duda de si habrán aprobado o no); las visitas a los lugares conocidos nos suenan a ya conocidas... Y no es que La Orden del Fénix expurgada de un buen número de páginas no fuese un buen libro (de hecho creo que lo sería), porque tiene dosis de emoción, de intriga, de misterio, de tensión amorosa, de odio, de traición y de muchas otras cosas que convertirían la narración, libre del lastre de su excesiva longitud, en una novela interesante y atractiva. Tal y como está el resultado es fallido, y aunque se deja leer con cierto agrado, la sensación final es de decepción, sobre todo al hacer la comparación con las anteriores entregas. Esperemos que en lo que queda por venir Rowling sea capaz de retomar el pulso vibrante de las primeras novelas y cierre con la dignidad que se merece una serie que ya se ha hecho tan querida para tantos lectores.

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la piedra filosofal.

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y el misterio del príncipe.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.