miércoles, 3 de diciembre de 2008

Reseña: El Principito

El Principito.

Antoine De Saint-Exupéry.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Salamandra. Barcelona, 2008. Título original: Le Petit Prince. Traducción: Bonifacio del Carril. 95 páginas.

Hace poco, pululando por una librería, me topé con esta nueva edición de El Principito. Prácticamente igual a la que había en casa, pero con las ilustraciones –obra del propio autor- en color, y las páginas todavía blancas, vírgenes, aún no leídas. La compré, por supuesto, ya que el viejo libro amarillento que siempre estuvo en casa, y que tantas veces he leído, allí se quedó, mientras que yo tuve que abandonar el nido. Y éste es un libro absolutamente imprescindible en cualquier biblioteca. Así pues, éste será mío. Sólo mío. Mi tesoro.

Porque es un tesoro. ¡Y me costó cuatro perras! Cuántos libros que no valen nada te cuestan un dineral, y esta maravilla ahí estaba, en un rincón… si los libreros supieran… habría pagado millones.

Así pues, tras leerlo una vez más, me quedó esa agridulce sensación maravillosa que te queda cuando lees libros como este. Y decidí compartir mis impresiones con ustedes. Porque una reseña realmente esto no es. Qué se puede decir a estas alturas, después de tantos años, de El Principito. ¿Quién no lo conoce? ¿Cómo decir de la manera apropiada que es uno de los mejores cuentos jamás escritos? Yo, desde luego, no lo sé. Pero para mí, sin duda alguna, lo es.

Y es que El Principito lo tiene todo: personajes inimitables, aventuras y situaciones fascinantes, un protagonista profundamente entrañable. Es alegre y melancólico a la vez, es absurdo y sin embargo admirablemente cuerdo, es tantas cosas, que mil palabras no bastarían para describirlo, porque no existen palabras. Porque hay muchos libros que comparten esos adjetivos, pero ninguno es como El Principito.

Creo que su autor, el tan desconocido Exupéry, sabía lo que decía. Él en verdad fue piloto, y estuvo en el desierto, y creo que también tuvo una rosa… Desapareció con su avión, dejando atrás el misterio de su muerte y el fabuloso cuento de la vida.

No sé si es un cuento para niños. Al leerlo te preguntas: ¿Lo escribió un adulto para los niños, o un niño para los adultos? ¿O un adulto para adultos? ¿O todo eso a la vez? Tal vez esté escrito para aquellos adultos que han olvidado que fueron niños. En cualquier caso, no creo que importe, porque todo el mundo debería leerlo. Y no una vez sino cientos, miles de veces. Tal vez piensen que exagero; hubo un tiempo en el que yo también creí que no se debía leer dos veces un mismo libro, con la cantidad de libros que quedan por leer… era como perder el tiempo, malgastar la vida. Sin embargo hay libros que lo merecen. Y éste es uno de ellos.

Cuando no encuentren su lugar en el mundo, lean El Principito. Cuando crean haberlo encontrado, lean El Principito. Cuando les abrume la soledad, lean El Principito. Si no saben dibujar un cordero, lean El Principito. Si tienen un jardín lleno de rosas, lean El Principito. Es un libro especialmente indicado para aquellos reyes, vanidosos, bebedores, hombres de negocios, faroleros, y geógrafos, o, por qué no, guardabosques que no conocen, o han olvidado, la belleza de una –una sola- puesta de sol, o el brillo estremecedor de una estrella solitaria sobre el desierto que les rodea.

En fin, a todos ellos, que son todos ustedes: cuando el mundo moderno de los adultos, cuando todos sus importantísimos asuntos, cuando todas sus preocupaciones les impidan reconocer una serpiente boa que digiere a un elefante, lean El Principito. Tal vez aprendan entonces a distinguir las cosas que realmente importan.


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