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viernes, 14 de octubre de 2011

Reseña: Yo, Jennifer Strange, la última cazadragones

Yo, Jennifer Strange, la última cazadragones.

Jasper Fforde.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Duomo ediciones. Barcelona, 2011. Título original: The Last Dragonslayer. Traducción: Montse Triviño. 260 páginas.

A la espera de que Ediciones B retome la publicación de las aventuras de Thursday Next los lectores podemos amenizar la espera con otra de las obras más recientes del autor, la serie de la última cazadragones, con dos títulos publicados en origen hasta el momento. Con un enfoque más juvenil que la serie de la particular detective, dejando a un lado la erudición literaria que allí hiciera gala y con una trama algo menos «complicada», Fforde no renuncia sin embargo a las características que hacen tan agradable leer sus libros: un humor un tanto surrealista que a veces roza el absurdo, una intrigante trama llena de giros que no da respiro, un gusto por el enredo y la confusión —de los personajes, no de los lectores—, una mascota sorprendente, un mundo alternativo basado en el nuestro pero ciertamente diferente, un montón de idas y venidas arriba y abajo que obligan a la protagonista a volver sobre sus propios pasos una y otra vez, una protagonista femenina firme y decidida, simpática y resolutiva, inteligente, valiente y algo obstinada, determinada a no dejarse vencer por sus dudas ni por las dificultades que salen a su encuentro, unos secundarios tiernamente humanos, llenos de vida, y magia, mucha magia.

martes, 30 de marzo de 2010

Reseña: Algo huele a podrido

Algo huele a podrido.
Una aventura de Thursday Next.

Jasper Fforde.

Con ilustraciones de Maggy y Stewart Roberts.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2010. Título original: Something Rotten. Traducción: Pedro Jorge Romero. 398 páginas.

Cuarta entrega de las surrealistas aventuras literarias de Thursday Next y última del presente ciclo, tras El caso Jane Eyre, Perdida en un buen libro y El pozo de las tramas perdidas. Resulta increíble que después de tres excelentes novelas, la cuarta pueda ser todavía mejor, pero así es. Consciente de que el tema de Jurisficción se encuentra un tanto agotado, Fforde evita repetirse devolviendo a Thursday a la realidad, a SU realidad ―en la que Gales es una independiente república socialista o donde la Guerra de Crimea duró hasta la decada de los '80 del siglo pasado―, tan fascinantemente diferente de la nuestra. Su protagonista, cansada de su trabajo como Bellman dentro de los libros y anhelando con toda el alma recuperar a su esposo erradicado en anteriores entregas por la malvada Corporación Goliath, decide regresar a su ciudad natal, Swindon, e instalarse allí con su hijo de dos años, Friday; pero no volverá sola, le acompañan sus dodos mascota, Pickwick y Alan, y Hamlet, príncipe de Dinamarca, salido directamente de la obra de Shakespeare para tomarse un periodo de reflexión sobre la, en su opinión injusta, fama de indeciso que arrastra tras él. Mientras intenta volver a su antiguo puesto en Operaciones Especiales como Detective Literaria, la protagonista se da cuenta de que nada va a resultarle fácil si quiere conseguir traer a su marido de vuelta. Las capas de enredo se van amontonando en torno a ella y la diversión desbocada se encuentra servida.

Como si de una comedia de situación se tratase, con un ritmo frenético, endiablado, el autor no para de abrir nuevas líneas en la trama consiguiendo mantener el interés en todas ellas, sin perder de vista ninguna y sin que ninguna se apodere de la narración por encima de las demás. Thursday sigue intentando encontrar el libro del que salió el ficcionauta Yorrick Kaine, quien ha conseguido convertirse en primer ministro de Gran Bretaña en el periodo de ausencia de la protagonista y ha desatado una feroz campaña anti danesa para mantener el interés del público lejos de la situación interna del país y aspirando a convertirse en Dictador de la nación. La Corporación Goliath ha emprendido a su vez una campaña, con secretos designios, para convertirse en una entidad religiosa en vez de empresarial, por lo que está empeñada en conseguir el perdón de todas sus anteriores víctimas, incluida Thursday. El padre de esta ha sido readmitido en la CronoGuardia y aparece para dar ciertos consejos a su hija. Su madre tiene como huéspedes en casa a Lady Emma Hamilton y al canciller Bismark a la espera de que se resuelvan unos inoportunos conflictos. Su hijo, que solo habla con fragmentos del Lorem ipsum, necesita niñera y quién mejor que la esposa del comandante Bradshaw ―si no fuera porque se trata de una gorila―. El almirante Nelson parece empeñado en morir en Trafalgar, aunque hay quien se muestra convencido de que la historia no se desarrolló así. Landen sigue erradicado. De vuelta en OpEsp, Thursday se enfrentará a un extraño caso de clonación de William Shakespeare. Los inventos de su abuelo continuarán dando que hablar. El profeta del siglo XIII, san Zulkx, ha profetizado su propia aparición días después y hay gran expectación en torno al suceso. Dentro de Hamlet ―el libro―, Ofelia, descontenta con su papel, aprovechará la ausencia de su protagonista para introducir una serie de cambios en el argumento. Y Thursday tendrá que tomar parte en un enloquecido y brutal partido de cricket de cuyo resultado muy posiblemente depende el destino del mundo. Casi nada, y todo ello no es sino apenas la superficie de la novela. Son tantos los personajes y las tramas en que se ven envueltos, muchas de ellas relacionadas inesperadamente entre sí, que el lector no puede si no preguntarse con admiración cómo es posible que Fforde mantenga el interés de todas ellas sin liarse ni dejar colgada ninguna, cerrándolas todas a la perfección, sin dar el más mínimo paso en falso.

Algo huele a podrido está plagado de juegos de palabras (y se agradece la labor de traducción-adaptación que tan bien ha conseguido captar el estilo del original, como en el particular caso del sobrenombre de la asesina que va tras Thursday), de dobles sentidos, de giros insospechados, de continuas alusiones literarias, de viajes inesperados, de personajes carismáticos y muy humanos, de una tensión dramática palpable, de chistes absurdos, de sátira descarnada, de aventuras divertidas, de situaciones tristes, de una afilada crítica social...

Fforde demuestra un sensacional dominio del «tempo» de la trama, haciendo alarde de una complejidad extraordinaria, consiguiendo sin embargo una apariencia de sencillez realmente pasmosa. Mantiene un admirable pulso narrativo, logrando que una anécdota se enlace con la siguiente con absoluta perfección, sin fisuras, sin tiempos muertos, saltando de una situación a otra sin dar tregua ni descanso ni a los protagonistas ni a los lectores y sin que nada chirríe en absoluto. El autor ha creado un mundo fascinante, repleto de pequeños detalles que no dejan de llamar la atención y que conforman una ucronía coherente consigo misma, con sus propias reglas, donde caben los viajes en el tiempo, el poder entrar dentro de los libros o el hacer una visita a la estación donde las almas de los muertos cruzan el puente hacia el otro lado, sin que nada rompa la cohesión interna.

Algo huele a podrido es el cierre perfecto, con el final perfecto, a este «primer» ciclo de las aventuras de Thursday Next, y muy bien lo tendrá que hacer Fforde en First Among Sequels para mantener el nivel después de la sorpresa con que termina esta novela. Con la sentencia del juicio por haber alterado el final de Jane Eyre, que se venía arrastrando desde la primera novela, deja todos ―y eran muchos― los cabos atados y bien atados, sin dejar prácticamente nada en el aire ―prácticamente, sí, hay un pequeño detalle al que no da solución, pero es secundario dentro de su importancia y no afecta al resultado―. De hecho, queda todo tan bien atado que dan ganas de empezar a leer desde el principio los cuatro libros seguidos para observar cómo todas las piezas van encajando en su sitio con una maestría envidiable.

Desde luego, no es este un volumen por el que empezar la lectura de la serie; aunque es cierto que el autor se esfuerza por hacer que todo sea comprensible sin referencias previas, también lo es que el lector que se inicie aquí se va a perder gran número de referencias, de pistas y de giros que vienen de antes y que demuestran el inteligente dominio de la narración de la que hace gala Fforde, rescatando escenas y detalles aparentemente intrascendentes de entregas anteriores y que solo ahora cobran su auténtica importancia. Ante tal despliegue solo cabe quitarse el sombrero y disfrutar con una sonrisa en la boca de principio a fin de la novela.

El autor hace gala de un humor cáustico, extravagante, absurdo en ocasiones, hilarante por momentos, crítico sin llegar a aleccionador, que invita a pensar a la vez que divierte, muy en la línea de un Terry Pratchett o un Douglas Adams. La novela está plagada de personajes interesantes, apasionantes, todos con su profundidad, lejos de estereotipos y personalidades planas. Incluso los más secundarios, los que apenas aparecen, son tiernamente humanos, cercanos, verosímiles a pesar de lo lejos que nos queda ese mundo tan diferente al nuestro y con unas reglas tan distintas, incluso los más disparatados personajes literarios sacados de la ficción, como Zhark, ese Emperador galáctico que acude al rescate de la protagonista al frente de su flota galáctica ocasionando más problemas de los que soluciona y que está deseando hacerle una visita a su «creador» para hablar sobre futuras líneas argumentales de sus novelas, están tratados con tal ternura que cobran un sentido y una humanidad que los acerca enormemente al lector, al que es imposible no tomarles cariño.

Como nota curiosa añadida, comentar que el texto se encuentra acompañado en esta ocasión de algunas ilustraciones obra de Maggy y Stewart Roberts que dan un sabor muy clásico a la edición, ofreciendo un toque especial a la narración, complementando ciertas escenas y convirtiéndose en alguna broma en sí mismas ―¿Sherlock equivocándose de libro?―. Desde luego se puede decir que Fforde ha utilizado todos y cada uno de los recursos que el actual formato de libro le permite manejar.

En una aparente contradicción mientras avanzaba en la lectura me encontraba deseando que el libro no se acabase, que no se resolvieran todos los misterios, que Thursday siguiera con su endemoniada y terriblemente adictiva carrera contrarreloj, que no hubiese una meta... al tiempo que pasada la última página me da un terrible miedo la continuación. El último giro es tan absolutamente sorprendente, tan perfecto, es un broche tan hermoso, que no sé si era realmente necesario añadir algo más sobre el personaje en una nueva secuela. De verdad, no lo sé, pero estoy convencido de que seré de los primeros en comprar Fisrt Among Sequels cuando, casi seguro, se publique en español. Mientras tanto, no lo duden, las aventuras de Thursday Next son una lectura absolutamente recomendable, aunque quien empiece ahora con la serie corra el peligro de no poder parar hasta cerrar este último Algo huele a podrido. Aquellos que aman la Literatura y disfrutan con un inteligente sentido del humor, con un importante toque surrealista, se enamorarán sin duda de estos libros.

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Otras reseñas de obras del autor:

El caso Jane Eyre. Thursday Next 1.

Perdida en un buen libro. Thursday Next 2.

El pozo de las tramas perdidas. Thursday Next 3.


viernes, 20 de junio de 2008

Reseña: El pozo de las tramas perdidas

El pozo de las tramas perdidas.
Una aventura de Thursday Next.

Jasper Fforde.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 209. Barcelona, 2008. Título original: The Well of Lost Plots. Traducción: Pedro Jorge Romero. 354 páginas.

El pozo de las tramas perdidas continúa justo (más o menos) donde se quedó Perdida en un buen libro (y quien no haya leído aquella, quizá haya cosas en esta reseña que le desvelen detalles que no deberían ser conocidos de antemano). Después de lo acaecido en la novela anterior, Thursday Next permanece oculta en el libro Caversham Heights, dentro del Programa de Intercambio de Personajes, trabajando para Jurisficción al tiempo que trata de desembrollar el enredo en que se ha convertido su vida; pero no lo tendrá nada fácil, pues deberá luchar contra un enemigo imprevisto: la paulatina desaparición de sus recuerdos de su erradicado marido. En ello juega un decisivo papel su actual archienemiga, Aornis, hermana del difunto Acheron Hades, y cuyas dotes mnemonomórficas le permiten entrar en la mente y los recuerdos de los demás, alterándolos o borrándolos a su antojo. Perseguida todavía por la Corporación Goliath, pendiente de su juicio por las alteraciones que introdujera en el argumento de Jane Eyre, embarazada a pesar de la actual inexistencia de su esposo… su vida se complicará aún más por la intención de ciertos departamentos de la Gran Biblioteca de implantar a nivel mundial un revolucionario nuevo sistema de lectura: UltraPalabra™, al considerar que el actual está obsoleto. Un sistema que ella deberá testear y que producirá ciertos inconvenientes en el mundo de la ficción cuando se descubra que esta nueva innovación no es tan benigna ni inocente como aparenta.

Casi toda en la novela es un ejercicio de metaliteratura. El libro en que se ha refugiado Thursday Next es una novela todavía no publicada, y que, dado que su escasa calidad no invita a pensar que lo será algún día, permanece en el Pozo de las Tramas Perdidas que da título a esta entrega. La protagonista, dado su trabajo arreglando problemas que surgen dentro de las tramas de otros libros, tendrá que ir saltando de uno a otro imponiendo soluciones y arreglando desajustes en las historias ya escritas; una tarea mucho más peligrosa, arriesgada y difícil de lo que pudiera parecer en principio, teniendo que lidiar no sólo con los cambios en las narraciones sino con las veleidosas personalidades de aquellos que interpretan a los personajes de los libros.

Todo ello le permite a Fforde, como ya sucediera en las dos aventuras anteriores, pero viéndose mucho más pronunciado en esta ocasión, la continua sucesión de situaciones cargadas de surrealismo, de humor y de fina ironía, como el alegato defendiendo que los errores (tipográficos, sintácticos, de concordancia…) cometidos tanto por los autores como por los editores o impresores ya se encuentran en el libro antes de que el autor comience a escribirlo (también da a entender que el autor es un mero intermediario para que el propio libro se exprese). La lucha contra esos gramasitos y demás bichos que afean la lectura es una dura tarea para los agentes de jurisficción, a la par que dan lugar a emocionantes imágenes.

En este ejercicio metaliterario en el que está embarcado el autor, cobra en esta ocasión singular importancia el proceso de construcción de los personajes tal y como se describe en la novela. Algunos de los mejores pasajes de El pozo de las tramas perdidas son los que se ocupan de la evolución de los dos “genéricos” que conviven con Thursday en su refugio de Caversham Heights, mientras estudian en la Escuela para Personajes de San Tabularasa; asistir al modo en que van adquiriendo una personalidad a juego con el papel que les tocará representar en futuros libros es francamente divertido, viendo como chocan sus deseos con lo que la literatura depara a sus vidas (literarias, por supuesto). En este sentido también es curiosa la participación en esa novela dentro de la novela, como algo más que un personaje secundario, de Jack Spratt, un particular detective de la policía dentro de una mala trama policíaca, y que irá evolucionando de la mano de Next para dotar de un mayor atractivo a Caversham Heights, evitando así que caiga en el olvido y posibilitando que sea publicada algún día. Es curioso, digo, porque posteriormente, y a raíz de ciertos sucesos y reivindicaciones de personajes acaecidas precisamente en la novela que nos ocupa, Spratt pasaría a protagonizar la otra serie de Fforde, la “Nursery Crime Division”, con un papel algo diferente al que en principio se muestra aquí al lector, pero en el que inevitablemente, vista la ayuda que presta a Thursday, terminará desembocando.

Como venía siendo habitual en los libros anteriores, el autor sigue con su particular homenaje y declaración de amor a los “clásicos”, plagando el relato de referencias a obras y personajes de la Literatura Universal; sin arredrarse en absoluto, sin embargo, en lanzar dardos envenenados contra aquellas narraciones que la crítica ha ensalzado, pero que él considera supravalorados [comparto especialmente su valoración de Moby Dick). En esta ocasión, además, abre el abanico de los géneros dirigiendo una tierna pero a un tiempo mordaz mirada a la ciencia ficción, dando con ello cabida a una serie de recursos que le permiten un enorme juego a la hora de imprimir giros insospechados a la trama.

Al término de su lectura, El pozo de las tramas perdidas, aunque sí da cumplido final al arco argumental iniciado en esta misma entrega, sobre todo lo que hace referencia a los sucesos dentro de la novela Caversham Heights y lo relacionado con el nuevo sistema operativo UltraPalabra™, sigue sin cerrar las líneas abiertas en la trama principal, dejando en el lector muchas dudas y cuestiones para ser resueltas más adelante. A pesar de ello, y como con las dos anteriores, me lo he pasado francamente fenomenal leyéndola, y ahora sólo me queda esperar pacientemente la publicación en nuestro país de las siguientes entregas (que no tarden mucho, por favor).

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Otras reseñas de obras del autor:

El caso Jane Eyre. Thursday Next 1.

Perdida en un buen libro. Thursday Next 2.

Algo huele a podrido. Thursday Next 4.


jueves, 27 de diciembre de 2007

Reseña: Perdida en un buen libro

Perdida en un buen libro.
Una aventura de Thursday Next.

Jasper Fforde.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 204. Barcelona, 2007. Título original: Lost in a Good Book. Traducción: Pedro Jorge Romero. 354 páginas.

Segunda entrega de las particulares peripecias de la detective literaria Thusday Next, narradas casi en clave de comedia de enrredo. La vida de Thursday, tras restaurar, casi, la integridad de la novela Jane Eyre, se convierte en un tiovivo de entrevistas y giras promocionales de OpEspec, mientras Jurisficción le avisa de que va a someterla a juicio por los cambios introducidos en el final de la novela de Charlotte Brontë, y la Corporación Goliath no deja de perseguirla para que libere a su agente Shitt del encierro en El Cuervo, de Poe, donde quedó atrapado en la entrega anterior, y para conseguirlo no dudarán de borrar de la existencia al recién estrenado marido de Thursday, Landen, viajando en el tiempo y cambiando las circunstancias que modelaron su vida.

En un carrusel enloquecido, que no da respiro ni a la protagonista ni al lector, y que amenaza con convertir su existencia en un infierno, Thursday tendrá que ir lidiando con todos esos problemas y algunos más que se le vienen encima, como si de un imán para los desastres se tratara. Y es que las casualidades, si vienen muchas juntas, dejan de ser casualidades para convertirse en toques de atención o trampas del destino; un destino que muchas veces depende y cambia al antojo de aquellos que pueden dominar el tiempo y navegar en sus corrientes, modificando a placer aquello que les conviene.

Jugando con divertido acierto con todas las convenciones literarias, utilizando todos los recursos que la edición le permite y plagando el texto de referencias a multitud de clásicos, las aventuras de esta particular detective se nos muestran como una especie de oasis entre lecturas, un refugio donde desconectar un rato de la realidad lógica que nos rodea y sumergirse con descaro en un mundo que bordea a veces incluso lo absurdo, pero que inevitablemente fuerza la sonrisa y que atrapa por el interés de lo narrado.

Fforde, bien plantados y establecidos en El caso Jane Eyre los parámetros de la ucrónica existencia de ese mundo paralelo que nos está mostrando, se dedica aquí menos a profundizar en el escenario donde suceden las aventuras, en el trasfondo o la Historia, y entra, sin embargo, a fondo en otros espacios igual de fascinantes como es el de la Jurisficción o el viaje entre libros. El lector visitará así, junto con la protagonista, los “bastidores” de novelas como El proceso de Kafka (impagable y delirante el propio juicio de Thursday) o Grandes esperanzas de Dickens, entre otras, comprobando por el camino que los libros, o sus personajes, no descansan ni permanecen ociosos mientras su portadas permanecen cerradas.

Como ya sucediera en la anterior entrega, Perdida en un buen libro exuda amor por la Literatura, mucho humor, una trama inteligente que atrapa la atención desde el primer momento y unos giros temporales (y se podría decir que espaciales) que a veces rozan la paradoja, pero que están tan hábilmente manejados (aunque no exista teoría científica alguna que los sustente) que encajan perfectamente en lo narrado y en la mente del lector.

Una novela refrescante, sin duda, destinada a un consumo rápido, frenético casi, que roza en ocasiones lo surrealista, pero que deja una muy buena sensación mientras se devora página tras página. El principal “pero” que se podría achacarle es que, al contrario de lo que sucedía en la anterior, donde todos los cabos quedaban bien atados y las acciones resueltas, Perdida en un buen libro directamente no termina; tan sólo cierra alguna de sus líneas argumentales, dejando las más importantes en el aire para ser continuadas en el Pozo de las Tramas Perdidas (anunciada para ser publicada también en Nova; esperemos que no tarden mucho, pues la espera, por corta que sea, amenaza con hacerse demasiado larga).

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Otras reseñas de obras del autor:

El caso Jane Eyre. Thursday Next 1.

El pozo de las tramas perdidas. Thursday Next 3.

Algo huele a podrido. Thursday Next 4.


martes, 1 de mayo de 2007

Reseña: El caso Jane Eyre

El caso Jane Eyre.

Jasper Fforde.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 199. Barcelona, 2007. Título original: The Eyre Affair. Traducción: Pedro Jorge Romero. 338 páginas.

El caso Jane Eyre es una ucronía, cuando menos, diferente de lo habitual. Thursday Next se mueve en un mundo muy parecido al nuestro en algunos aspectos, pero radicalmente diferente en otros muchos. Un mundo donde la gente se toma muy en serio la Literatura, hasta el punto de formarse bandos antagónicos capaces de llegar a la violencia para defender a sus autores favoritos. En este ambiente la existencia de los detectives literarios es una imperiosa necesidad, agentes que se ocupan, entre otras muchas tareas, de evitar los robos de manuscritos, atajar los intentos de plagios, detener la venta de falsos originales o dilucidar la auténtica autoría de ciertos libros adjudicados a autores de renombre.

El mundo de Thursday Next es ciertamente extraño a nuestros ojos y es que cuanto más se va profundizando y avanzando en la novela el trasfondo se nos va antojando más chocante cada vez, extravagante incluso. Comenzando por esa Guerra de Crimea que dura ya 130 años (aunque pocos de ellos de combates reales) y donde la carga de la brigada ligera se realizó con vehículos motorizados y mucho después de cuando en nuestra realidad sucedió, y siguiendo con los transportes aéreos donde los dirigibles siguen en funcionamiento, hasta llegar a la insólita familia de la protagonista cuyo padre es un viajero en el tiempo fugado de la cronopolicía (aunque su única intención es evitar que la corriente temporal, los hechos históricos, sean alterados) y cuyo tío es el típico genio despistado capaz de las más curiosas invenciones como la de poder introducir a alguien en un poema.

A todo ello se une un estrafalario villano, un tanto de opereta, con poderes tales como el de poder sentir si alguien menciona en voz alta su nombre a una buena distancia, junto con algunos otros que es mejor ir descubriendo conforme aparecen en la trama. Un villano que busca la maldad como fin en si misma, sin desear otra recompensa que el placer que le causa y la emoción de saber que puede hacer lo que hace. Acheron Hades, rodeado de otra serie de a cuál más estrambótico sicario, tiene el punto más débil de su caracterización (y yo creo que de la novela en sí misma) en los discursos o monólogos que sobre su maldad e intenciones se embarca en un par de ocasiones y que rozan lo esperpéntico.

Más allá de este detalle, la novela se lee volando. Utiliza Fforde un estilo que por momentos se me antojaba muy similar al de Connie Willis en Por no mencionar al perro, salvando las evidentes distancias (a favor de Willis): rápido, frenético, lleno de giros inesperados, con ciertas paradojas temporales vitales para la trama, con un humor sutil que no surge tanto de los chistes en sí sino de las situaciones en las que se ven envueltos los protagonistas, con acción bien dosificada, con algo de enredo… Humor de todas maneras en este caso mucho más centrado en los juegos de palabras y en los nombres con doble significado (¿es que alguien podía no ver venir las gracias a costa del nombre de la propia protagonista?) y que seguramente pierda algo, como es inevitable, al ser traducido a nuestro idioma.

Demuestra Fforde además un gran amor y conocimiento por la Literatura, por los autores británicos sobre todo. No podía ser de otro modo en una serie dedicada a las investigaciones de una detective literaria; y es un aliciente más el ir observando dónde se introducen los cambios en los libros comentados y cómo se pueden resolver las discrepancias con los libros que conocemos en nuestra realidad. A su vez las distintas discusiones académicas entre los expertos (que en el mundo de Next es prácticamente cada hijo de vecino) resultan ciertamente atractivas, abundando sobre todo en el trillado tema de la existencia real o no y la autoría propiamente dicha de las obras de William Shakespeare, atribuidas a varios coetáneos del bardo y hábilmente resuelta en la novela.

Como handicap precisamente del tema literario, El caso Jane Eyre es una de esas novelas en que página tras página da la sensación de estar perdiéndose algo. Son tantas las referencias, los homenajes, los datos tanto históricos como literarios que se dan por conocidos (y con cuya modificación o alteración se juega contando con la complicidad del lector), que es inevitable pensar que no se puede captar todo lo que el autor ha intentado meter en el texto. Sin duda no es necesario conocerlos todos para disfrutar de su lectura, pero si están puestos es por algo y creo que tener que acudir a otras fuentes (como la página web del autor) para poder desentrañar todos esos detalles es un fallo de la obra en sí y es que, al fin y al cabo, no todos pueden disponer del mismo acervo cultural de referencia.

A pesar de ello, es una muy buena novela para pasar el rato, entretenida y con suficiente emoción como para que no quieras soltar sus páginas hasta haberla terminado.

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Otras reseñas de obras del autor:

Perdida en un buen libro. Thursday Next 2.

El pozo de las tramas perdidas. Thursday Next 3.

Algo huele a podrido. Thursday Next 4.