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lunes, 26 de septiembre de 2011

Reseña: Ama de la muerte

Ama de la muerte.
Dorina Basarab 2.

Karen Chance.

Reseña de: Jamie M.

Pandora (La Factoría). Madrid, 2011. Título original: Death’s Mistress. Traducción: Isabel Blanco González. 376 páginas.

Segunda entrega de las aventuras de Dorina Basarab, Dory para sus allegados, la dahmpir (mitad humana, mitad vampiro) que surgiera como spìn off de la saga de Cassandra Palmer (quien en esta ocasión no aparece más que nombrada muy de pasada), y con la que he disfrutado como no la hacía en mucho tiempo con los libros de Karen Chance (de hecho, estaba algo decepcionado con anteriores entregas de ambos personajes, aunque sobre todo con los de Cassie). La autora sigue haciendo gala de su gusto por la aventura desatada, por la acción frenética sin descanso, pero en esta novela, quizá debido a una mayor linealidad temporal de la trama en desarrollo, consigue ser menos confusa y, por lo tanto, más satisfactoria en sus contínuas escenas de acción.

Chance ofrece en esta novela de nuevo dos líneas líneas argumentales, una fey y otra vampírica, que terminan irremediablemente liadas y con la protagonista en su centro. Por un lado, Claire, su antigua compañera de domicilio (y para conocer su historia y habilidades es imprescindible haber leído la anterior entrega), vuelve a la vida de Dory huyendo aparentemente de una facción de los feys que desea asesinar a su hijo, el heredero al trono de Fantasía, al tiempo que ruega a su amiga que encuentre cierto objeto mágico de vital importancia que ha sido robado por una de las facciones rivales del mundo de los duendes. Por otro, Mircea va a encargar a la protagonista un trabajo por el que deberá llevar ante él para ser interrogado a un vampiro aparentemente implicado en el contrabando de artefactos mágicos entre mundos; el problema, sin embargo, es que Mircea no es el único que quiere ponerle las manos encima, con lo que el peligro añadido está garantizado.

lunes, 29 de agosto de 2011

Reseña: La maldición del alba

La maldición del alba.
Cassandra Palmer 4.

 Karen Chance.

Reseña de: Jamie M.

Pandora (La Factoría de Ideas). Madrid, 2010. Título original: Curse the Dawn. Traducción: Nuria Hernández Buendía.350 páginas.

Ser la Pitia, en el caso de Cassandra Palmer, no es ni sencillo ni agradable. Aquellos que debieran apoyarla la persiguen para eliminarla y poner en su lugar una vidente más manipulable. Ella no lo va a permitir, por supuesto, así que la lucha está asegurada. Sobre todo porque Apolo, de quien deriva el poder de la Pitia tampoco está muy dispuesto a que el mismo recaiga en Cassie, sino en alguien más controlable y predecible, menos independiente, que obedezca sus órdenes en vez de “hacer la guerra” por su cuenta. Y mientras tanto el Senado Vampírico parece apoyarla, pero al precio de aliarse con  Mircea, cuya ayuda, y “atenciones” va a tener que aceptar si desea sobrevivir a todo lo que se le viene encima, al tiempo que establece una tensa relación con el mago Pritkin. Además, todavía no domina en absoluto sus nuevos poderes, ya que la anterior pitia falleció antes de poder enseñarle nada, y estos parecen funcionar de manera aleatoria cuando menos se lo espera, sin poder fiarse de ellos, pero sin que haya tampoco nadie a su alrededor que pueda explicarle cómo manejarlos, así que tendrá que buscarse una maestra un tanto peculiar para que lo haga.

domingo, 6 de marzo de 2011

Reseña: Antes bruja que muerta

Antes bruja que muerta.
Rachel Morgan 3.

Kim Harrison.

Reseña de: Jamie M.

Pandora (La Factoría de Ideas). Madrid, 2010. Título original: Every Which Way but Dead. Traducción: Javier Fernández Córdoba y Marta García Martínez. 378 páginas.

La vida de Rachel Morgan no es fácil en absoluto. Se ha visto obligada a hacer un pacto con un demonio y no le queda otro remedio que cumplirlo. Así empieza la novela, poco tiempo después de donde se quedara la anterior, El bueno, el feo y la bruja, de forma emocionante, con la protagonista convocando a Algaliarept para aceptar su parte del trato y converitrse en su familiar, aunque interiormente se guarda una pequeña esperanza de salir bien parada del lance. Con su vida convertida en una montaña rusa lanzada, lidiando con vampiros, demonios, hombres lobo y peculiares elfos traficantes de productos de bioingeniería prohibida, las cosas no se le presentan precisamente sencillas en su futuro. Retirado Piscary de la circulación, un  nuevo jugador entra en la partida, moviéndose de forma agresiva para hacerse con una parte del pastel del inframundo de la ciudad, del tráfico de drogas, el juego organizado y otra serie de acciones delictivas. En una inestable y algo contra natura alianza, Rachel se verá metida en medio de todo el jaleo, arriesgando su vida y su alma en una lucha tal vez equivocada.

Tercera entrega de la serie, lo cierto es que deja un regusto amargo al terminar la lectura, sintiendo que de alguna manera la novela no está a la misma altura que sus antecesoras. La trama particular de la novela es menos interesante e intensa que las anteriores, hay demasiados tiempos muertos, menos momentos de auténtica acción, hace demasiado hincapié en el tema sentimental y sensual (más bien sexual, desde luego no me atreveré a llamarlo “romance”) de la relación de Rachel, no ya con Nick que hábilmente se aparta de en medio, sino con otro de los personajes hasta ahora más o menos secundario que adquiere cada vez mayor importancia... El tema del rival por los bajos fondos queda muy desdibujado, casi anecdótico en muchas ocasiones, desviando la atención a otros temas menos interesantes y movidos. Lo cierto es que en la primera mitad larga del libro, obviando el comienzo en el cementerio tras la iglesia donde viven y algunos momentos de emoción puntuales, no sucede nada realmente de importancia, y solo bien entrado el último tercio, cuando Rachel se quita de encima unos cuantos complejos y auto restricciones, deja de limitarse a reaccionar y de ser arrastada por los demás, e intenta tomar las riendas de la situación y se entrega a sus pasiones, la novela adquiere algo de ritmo e interés.

Comete Harrison un enorme pecado al apartar a Jenks de Rachel, llevándose con él la mayoría de las salidas humorísticas características de las anteriores novelas y ausentes es esta; y eso que en el primer tercio en que sí aparece había empezado bien con la familia del pixie instalada en la iglesia y su pequeña prole haciendo de las suyas. Es cierto que Jenks se adueñaba de la escena cada vez que aparecía, robándole protagonismo a la bruja, pero prescindir de él de esta manera es desprenderse de una de las mejores bazas de la serie. Así, el humor se limita entonces a las referencias, ya usadas con anterioridad y aquí repetidas machaconamente, a la confusión que el nombre elegido para su “agencia” causa entre aquellos que buscan compañía femenina en vez de remedios mágicos.

Unido a los bandazos a los que somete a Ivy, muy alejada también del protagonismo, casi siempre fuera de escena, que mantiene la tensión en la relación, pero se aleja en exceso de los focos, da la impresión de que la autora ha querido dar una mayor fuerza y preponderancia a la propia Rachel; pero al hacer que en casi toda la novela la bruja esté reaccionando a las circunstancias, mostrándose enormemente vulnerable, dejándose arrastrar por los sucesos que le rodean en vez de enfrentarlos, metiendo la pata y necesitando la protección y ayuda de terceras personas para conseguir mantener su integridad física al final del día (con interesantes nuevas adquisiciones para el plantel de protagonistas, eso sí, como Ceri y David, y la mayor implicación de algunos antiguos como Kisten y su “irresistible” encanto) hace que no lo consiga del todo satisfactoriamente. Rachel se muestra durante casi todo el libro demasiado insegura, demasiado dubitativa y demasiado inflexible. Es cierto que las cartas que le han tocado para jugar no son ninguna maravilla, pero se siente que podría haber tomado mejor las riendas del asunto en vez de limitarse durante mucho rato a reaccionar en vez de tomar la iniciativa.

El auténtico interés de esta entrega, reside en que la autora sigue desgranando lentamente las claves de su mundo, coherente y bien construido, profundizando en los secretos que esconden sus protagonistas y estableciendo poco a poco las relaciones entre todos ellos. Más allá de la trama puntual, vamos a conocer más de la relación que une de alguna manera a Rachel con Trent, se despejarán algunas dudas sobre el pasado que unía a los padres de ambos, veremos cómo se divierten los vampiros lejos del escrutinio de ojos humanos, aprenderemos más sobre la forma de tratar con los demonios y sobre el uso de las líneas de luz, descubriremos muchos detalles sobre los licántropos y sobre los elfos y su desgraciada historia pretérita... y todo ello, a pesar del evidente bache de calidad dentro de lo que era una serie sobresaliente dentro del género paranormal, dejando eso sí multitud de misterios y preguntas en el aire que hacen que al terminar la novela quede inevitablemente el deseo de leer la siguiente entrega, cosa que espero hacer en poco tiempo. No es que el libro sea malo, porque entretener, entretiene; es que, después de los dos anteriores, yo esperaba un crecimiento y no este paso atrás. Antes bruja que muerta simplemente no ha estado a la altura. Espero que la serie remonte el vuelo y, por favor, que vuelva Jenks.

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Reseña de otras obras de la autora:

  

domingo, 10 de octubre de 2010

Reseña: La hija de la medianoche

La hija de la medianoche.
Dorina Basarab 1.

Karen Chance.

Reseña de: Jamie M.

Pandora. Madrid, 2010. Título original: Midnight's Daughter. Traducción: Eva Iluminada Fernández Luzón. 315 páginas.

Dorina Basarab es una dhampir, el fruto de la unión carnal entre una mujer mortal y un vampiro, con una serie de cualidades extraordinarias y una tendencia a cazar a los congéneres de su padre cuando muestran su vena más cruel y sádica. Eso es algo que no la hace precisamente muy popular para el Senado Vampírico, cosa que a ella no parece importarle excesivamente, sobre todo porque cuenta con la extraña protección de su progenitor dentro de una muy disfuncional familia. Y es precisamente esa familia quien va a solicitar su ayuda para capturar a Drácula, fugado de su prisión (donde “Dory” había colaborado en encerrarlo) y en busca de venganza contra quienes le pusieron allí. Para semejante tarea Dorina contará con la ayuda de un vampiro, maestro duelista, llegado recientemente de Europa llamado Louis-Cesare, con el que establecerá una difícil y tensa relación de “trabajo”. Ella quiere a Drácula muerto, pero el poderoso Mircea, miembro del Senado y hermano de éste desea que se le capture con vida, lo que hace particularmente difícil, casi imposible la misión. Así, la novela es casi acción pura y dura, con apenas una pincelada erótica introducida con calzador en medio de la lucha, sin tiempo para demasiadas reflexiones o florituras.

Y si a los lectores de la serie de Cassandra Palmer, de la misma autora, les suenan alguno de estos nombres, es precisamente porque los libros de Dorina Basarab son lo que los ingleses llaman un spin off de aquella y ambas comparten el mundo, la ambientación y algunos personajes con todos sus aciertos y defectos (de hecho el vampiro Mircea o, más bien, toda su "familia" son el centro de la acción; y la liberación de Drácula había tenido lugar allá). Dicho esto, y aunque la narrativa sigue siendo en ocasiones igual de confusa, debo decir que La hija de la medianoche me ha parecido con un nivel algo por encima del decepcionante tercer libro de Cassie Palmer, Envuelta en la noche.

Sin embargo, no es necesario en absoluto haber leído aquellas para entender la que nos ocupa. Comparten el trasfondo y algún personaje, sí, pero las tramas están perfectamente separadas. Supongo que habiendo leído las de Cassie uno se situará mejor en las de Dory cuando se habla de la guerra entre los vampiros y los brujos, en pleno proceso aquí, o de otros temas de “fondo” similares, pero no hay nada que no se pueda pillar por el contexto.

Dorina, narradora en primera persona de la acción, es una “chica” dura e independiente que lleva quinientos años viviendo según sus propias reglas (cuando los dhampir no suelen ser demasiado longevos, sobre todo dada su propensión a enfrentarse con los vampiros y otras criaturas sobrenaturales creándose multitud de enemigos muy poderosos). Individualista acérrima, es muy consciente del alcance de sus habilidades, de lo que puede o no hacer y no suele meterse en situaciones de las que necesite ser salvada por terceras personas; sobre todo porque cuando las cosas se ponen realmente feas su cuerpo y mente entran en una especie de estado berserker, de furia asesina, que la arrastra a una locura homicida de la que no recuerda prácticamente nada al salir de ella, pero cuyos mortíferos efectos quedan bien a la vista. Por eso, aunque siempre le ha gustado trabajar sola, sabe que el encargo de volver a encerrar a Drácula en su prisión la supera ampliamente y decide aceptar, renuentemente, la ayuda de otros, aunque no esté realmente claro quién ayuda a quién.

Además su compañera de piso y mejor amiga, Claire, quien además anula la magia en su cercanía calmando o evitando así los “ataques” de Dorina, ha desaparecido, seguramente raptada, y Mircea agitará ante ella, como la zanahoria del burro, la promesa de ayudarla en su búsqueda y rescate. Una misión que se verá complicada cuando surja el rumor de que Claire esté embarazada de un poderoso personaje, motivo por el que nuevas fuerzas se sumergirán en la búsqueda con sus propios objetivos. Hay que advertir que la “presentación” de Claire y de Heidar (un personaje que tendrá su particular importancia en la narración) tiene lugar en la novela corta On the Prowl, inédita en nuestro país, con lo que es posible que nos estemos perdiendo algo de la historia tras su desaparición (al final se explica algo, pero queda algo difuso).

La protagonista, sin ser abiertamente odiosa, si que se muestra como un personaje con el que es muy difícil empatizar, no solo ya por sus especiales habilidades y longeva vida, sino por una rebeldía contra todo el mundo y un cinismo que termina haciéndose en cierto modo antipática. Parece estar permanentemente enfadada con todos los que le rodean (vale que son mayoritariamente vampiros, sus tradicionales enemigos, pero no hace falta estar todo el rato recordándoselo al lector), y sus reacciones son siempre de rechazo, sin llegar a hacerse simpática en ningún momento, y es que encontrarse en un perpetuo estado de enojo no es algo que atraiga precisamente.

El vampiro Louis-Cesare adquiere aquí un estatus de protagonista después de haber aparecido por primera vez en la primera novela de Cassie Palmer, El aliento de la tinieblas. El formar equipo con Dorina hará que salten chispas entre los dos, con una más que evidente tensión sexual marca de la autora que, sin embargo en esta ocasión, se antoja demasiado forzada y poco natural. No obstante, los enfrentamientos dialécticos, y físicos, entre los dos seguramente sean de lo más entretenido y divertido de la novela.

Chance aprovecha la ocasión para dar una nueva vuelta de tuerca a la figura “histórica” de Vlad Tepes y de su familia, sus hermanos Mircea (el mayor) y Radu (el menor). Una historia llena de traiciones y de sangrienta rivalidad. De la forma en que los tres llegaron a ser vampiros en una época de una Europa convulsa por las guerras contra los turcos en unas tierras dominadas por al superstición y el miedo. La novela es, lo he dicho ya, pura acción, con muy poca “introspección”, y mucha sangre y combates, con varias incursiones en el pasado de la protagonista, profundizando de paso en esa historia de la familia de Drácula y compañía, creando un trasfondo más rico que el de la serie de Cassie Palmer, pero dejando muy poco tiempo para el descanso y la relajación. Tomará especial importancia el mundo feérico, con sus no precisamente amistosos “hadas” y duendes.

Sin embargo, pese a la existencia casi lineal de tan solo dos tramas que se solapan (el intento de captura de Drácula y la búsqueda de Claire), la narración resulta innecesariamente confusa en muchas ocasiones, como en esas películas de acción en el que el frenético movimiento de cámara impide ver quién está haciendo qué en medio de las peleas o batallas. La prosa es farragosa en ocasiones, con una tendencia a no identificar claramente a los sujetos participantes en las escenas, causando en el lector la duda sobre la identidad de los personajes que van apareciendo (caso que se hace particularmente evidente con la aparición de los duendes oscuros y otros secundarios paranormales). Sobre saliendo del lío, pese a la existencia de personajes mucho más importante e incluso poderosos, como el misterioso “duende” Caedmon, la que consigue llevarse toda la simpatía del “público” es Olga, una troll que da lugar a algunas de las situaciones más divertidas y más enternecedoras (aunque parezca irónico refiriéndose a uno de estos seres) de la novela. Todo un acierto de la autora haberla incluido en la misión de Dory.

El final se siente algo apresurado, sobre todo en la trama correspondiente a la historia de Claire, vital para la resolución del enorme castillo de fuegos montado por la autora, pero un poco traído por los pelos. La confusa batalla final, en la que de repente se producen un buen montón de revelaciones vitales, se antoja apresurada y falta de un punto de tensión. Drácula en ningún momento llega a hacer realmente honor a su fama como uno de los vampiros más poderosos, crueles y sanguinarios del mundo, jugando al gato y al ratón sin demostrar su inteligencia sobrehumana ni cristalizar unos planes geniales. Como lector esperaba que se hubiera implicado mucho más en la acción, en vez de dejar todo prácticamente en manos de sus sicarios y aliados.

La hija de la medianoche es una lectura rápida, plena de acción, de ritmo frenético (lo que a veces, entorpecida por su prosa, lleva a confusión), con ciertas pinceladas erótico-románticas, mucha sangre y combates, aventura paranormal pura, magos desatados y medio enloquecidos, vampiros sedientos de sangre, duendes de la luz y la oscuridad a cada cual más salvaje, y que, sin duda, podría haber dado, o al menos yo lo esperaba, para más. Deja con el suficiente buen sabor de boca como para darle una oportunidad a la siguiente, pero cabe decir que entre ésta y Envuelta en la noche a la autora se le está terminando el crédito, así que esperemos que las próximas entregas de cualquiera de sus dos series hagan recuperar la confianza, ya que con este lector en particular bien podría ser una de sus últimas oportunidades.

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Reseña de otras obras de la autora:


El aliento de las tinieblas. Cassandra Palmer 1.

La llamada de las sombras. Cassandra palmer 2.

Envuelta en la noche. Cassandra Palmer 3.



miércoles, 22 de septiembre de 2010

Reseña: Envuelta en la noche

Envuelta en la noche.
Cassandra Palmer 3.

Karen Chance.

Reseña de: Jamie M.

Pandora. Madrid, 2009. Título original: Embrace the Night. Traducción: Eva Iluminada Fernández Luzón. 346 páginas.

Una de cal y otra de arena. Tras la anterior entrega esperaba de esta algo más que el correcalles persiguiendo un McGuffin, con viajes temporales incluidos, en la que finalmente se convierte. Un correcalles lleno de intensidad, de escenas de acción y de alusiones y situaciones subidas de tono (al estilo de la condición que debía cumplirse para que Cassie se convirtiese en Pitia), pero ahora con otro objetivo sentimental (o con el mismo, según se mire). Envuelta en la noche es la culminación o el cierre de las líneas que la autora había venido desarrollando y planteando en las dos anteriores, sobre todo en La llamada de las sombras, cerrando muchas de las tramas que habían quedado abiertas y dando respuesta a algunas de las preguntas que quedaban pendientes.

Cassie Palmer finalmente se ha convertido en la pitia, pero, por supuesto, no es que por ello las cosas se le hayan vuelto sencillas. Su principal preocupación, dentro de las muchas que implican la asunción y aprendizaje de sus nuevos poderes y su situación en medio de fuerzas opuestas del mundo paranormal, será anular el hechizo que la une a Mircea, el geis, y que parece abocar a ambos a desastrosas consecuencias si no se deshacen de él. Para la tarea deberá encontrar el Códice Merlini, un libro de hechizos escrito por el propio Merlín y codiciado por muchas fuerzas del mundo sobrenatural. Siguiendo diversas pistas, Cassie saltará a diversos emplazamientos del planeta en diferentes épocas en una carrera contra un tanto caótica.

Para captar todos los matices de la narración es imprescindible el haber leído los dos libros anteriores, dado que la autora profundiza en su sociedad, pero dando muchas cosas por ya sabidas e incluso, como ya he comentado y dadas las posibilidades que le dan los viajes en el tiempo de la protagonista, llega a ofrecer una nueva visión de ciertas escenas de las otras entregas desde una nueva óptica. Cassie todavía está aprendiendo, muchas veces sobre la marcha en medio de peligrosas situaciones, los poderes que su nueva situación conlleva; está creciendo como persona y como ser mágico, desarrollando sus nuevos talentos, aunque tal vez no con la suficiente rapidez como para poder salir con bien de todos los entuertos en los que se ve envuelta, lo que sin duda dará mayor emoción a ciertas circunstancias de las que parece difícil que pueda salir.

En su misión cuenta con el único apoyo de su antiguo enemigo, el mago de la guerra John Pritkin, el enigmático personaje que tiene un mayor interés y crecimiento en esta novela. Es esta una alianza de la que Cassie tiene serias dudas, dados los muchos secretos y objetivos propios que parece guardar el mago, además de sus anteriores intentos de matarla, por supuesto. Se establece una tensa relación entre los dos con un alto componente de sospechas, tensiones sexuales y dudas que les llevan a chocar en ciertas ocasiones. De hecho, ella en realidad en ningún momento está segura de en quién puede confiar, pues todos los que la rodean parecen interesados en conseguir algo de ella, o de la Pitia al fin y al cabo, sin dar pasos decisivos realmente para ayudarla a dominar sus nuevas habilidades. Cuando retazos del pasado del mago empiecen a aflorar, la cuestión de sus lealtades será puesta sobre la mesa y el enfrentamiento está servido. Los viajes en el tiempo de la protagonista le permite a la autora soslayar ciertas paradojas, planteando que algunos de los personajes se hayan conocido en el pasado, pero no hasta ese momento del presente, con lo que algunos se guardan más cartas y conocimientos que otros, listos para jugarlas en el momento más oportuno para sus propios intereses. Y todo ello en medio de la persecución a la que los someten tanto el Senado vampírico como el círculo de magos, inmersos en su particular guerra.

Mientras tanto, Cassie lucha desesperadamente por su independencia, aunque no puede negar el enorme atractivo que Mircea ejerce sobre ella. Su deseo será saber si esa atracción es algo natural o algo provocado por el hechizo. La acción se encuentra salpicada de un humor sarcástico, incluso corrosivo en ocasiones, que a veces parece un tanto fuera de lugar, porque aunque ayuda a rebajar la tensión también desluce ciertas escenas donde la seriedad hubiera dado la ambientación precisa.

Conforme se acercan a su objetivo parece claro que existen buenas razones para que el Códice fuera escondido y haya permanecido tanto tiempo desaparecido: los poderes que guarda en su interior depositados en las manos sobrenaturales equivocadas podrían acarrear consecuencias nefastas para humanos y paranormales. A pesar del mortal desastre que podría causar su reaparición, Cassie se empeña en encontrarlo para librarse del fatal destino que les une a Mircea y a ella. La presión sobre sus elecciones es enorme, pero ella no dudará en seguir sus instintos, aunque algunas veces demuestren estar terriblemente equivocados.

A pesar de que el libro ofrece una continuidad directa de los anteriores, incluido la citada revisión de alguna escena ya vista, lo cierto es que se hace algo más pesado, menos original, más repetitivo. Y aunque la acción no da respiro no parece suficiente como para hacer avanzar la serie sin altibajos. Los continuos quiebros y giros en la trama producen algunos momentos de confusión, a lo que los saltos en el tiempo no ayudan a clarificar.

Después de la anterior novela, Envuelta en la noche supone un pequeño bajón (y la traducción o corrección no es que ayude precisamente a su disfrute), sin grandes sorpresas y que tampoco amplia demasiados detalles del mundo de la protagonista, pero sigue manteniendo un buen número de características que la hacen atractiva y entretenida (y la de volver a “visitar” a la protagonista no es nada desdeñable). Resuelto el tema principal, con un final bastante cerrado, espero que próximas entregas levanten el vuelo con nuevas tramas en un mundo sin duda con muchas posibilidades. Se produce aquí un punto y aparte, un alto donde tomar un respiro, como si de una trilogía cerrada se hubiera tratado, y a partir de aquí se abre una nueva historia para la protagonista, con muchos parámetros de su vida cambiados. En un mundo lleno de crueles vampiros, magos sin piedad, hadas no preciamente encantadoras, fantasmas, gárgolas, demonios seductores, hechizos de poder inimaginable, enemigos implacables, enfrentamientos entre el Bien y el Mal (aunque tampoco se podría jurar quién se encuentra a cada lado de la línea)... sin duda, Cassie encontrará nuevos motivos para sumergirse en la aventura, aunque solo sea para poder dominar sus recientes habilidades como Pitia antes de que sus rivales consigan hacerse con su vida. Y nosotros que lo veamos.

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Reseña de otras obras de la autora:


El aliento de las tinieblas. Cassandra Palmer 1.

La llamada de las sombras. Cassandra palmer 2.

La hija de la medianoche. Dorina Basarab 1.


viernes, 17 de septiembre de 2010

Reseña: El bueno, el feo y la bruja

El bueno, el feo y la bruja.
Rachel Morgan 2.

Kim Harrison.
Reseña de: Jamie M.
Pandora. Madrid, 2009. Título original: The Good, the Bad and the Undead. Traducción: Elena Castillo Maqueda. 379 páginas.
El mundo de Rachel Morgan es un mundo donde la investigación genética sobre algo tan inicuo como los tomates causó una mutación que provocó la muerte de millones de seres humanos y detuvo en seco cualquier estudio sobre terapias y aplicaciones médicas de los genes. Un mundo donde esta trágica circunstancia sacó a la luz la existencia de una sociedad de seres paranormales, los inframundanos, que convivían hasta entonces en secreto con la Humanidad: vampiros, cambiaformas, brujas, pixies, demonios... Un mundo que vive en un difícil equilibrio y donde el tener poderes especiales no garantiza en absoluto la tranquilidad; antes bien al contrario, si no eliges correctamente tu bando y deseas vivir tu vida con cierta independencia, parece que vas a enfrentarte a una tarea imposible.
Ha pasado apenas un mes desde que Rachel se librara de la recompensa ofrecida por su vida, como se narraba en Bruja mala nunca muere, y puede ahora centrarse en temas más mundanos como conseguir el pago del alquiler o reponer su vestuario y pertenencias perdidas con sus magros ingresos. Además, Rachel es una especialista en meterse en líos, aunque sea en contra de su voluntad. De esta manera el comienzo del libro, con la protagonista intentando rescatar el pez-mascota de un equipo de béisbol, raptado por un equipo rival, topando con que sus vigilantes son unos hombres-lobo con los que se verá obligada a enfrentarse y propiciando que tenga que pasarse el resto de la novela manteniendo en todo momento un ojo por encima de su hombro no sea que vuelvan a aparecer en el instante más inoportuno, es indicativo del frenesí de acción al que va a someterla Harrison, sin un momento de tregua al tiempo que imprime al relato unas pinceladas de humor realmente refrescantes.
Sí, las cosas no están resultando fáciles precisamente para la joven metida a caza recompensas, así que cuando recibe una oferta de colaboración como consultara con la AFI en un caso aparentemente sencillo no lo duda demasiado y se pone manos a la obra. El novio de la secretaria personal de Trent Kalamack (y quien haya leído el anterior libro ya sabrá que las relaciones entre Rachel y Trent no son precisamente amistosas), Sara Jane, un brujo por más señas, ha desaparecido y para evitar la espera de 72 horas que deben pasar para que la policía empiece a investigar le encargan a Rachel que indague un poco, para lo que deberá volver a la Universidad, un lugar del que no guarda precisamente un grato recuerdo. Sin embargo, aunque la orden recibida es la de investigar a cierta profesora, todos sus instintos y las pistas que va encontrando le gritan que Trent Kalamack es quien se encuentra realmente detrás de todo. Pero, bueno, su deseo de venganza tampoco es que tenga nada que ver en sus deseos de cargarle todas las culpas, ¿verdad? De hecho, la cosa no es tan simple y pronto descubrirá que parece que hay un asesino en serie que ya ha eliminado a unas cuantas brujas de líneas luminosas.
Mientras tanto, en la iglesia reconvertida en su vivienda y oficina, la tensa relación entre Rachel e Ivy va subiendo de temperatura, con la vampiresa intentando dominar ferreamente sus instintos, aunque actuando cada vez de forma más errática, como si le costase horrores controlar su ansia interior y Rachel poniendo todos sus esfuerzos en no provocarla todavía más. Pero, ¿existe un motivo oculto en el ofrecimiento de Ivy de compartir vivienda y trabajo? ¿O es una simple necesidad de compañía ahora que ambas han abandonado el respaldo de la agencia y deben vivir libradas a sus propias fuerzas, sin más respaldo que ellas mismas?
Rachel sigue siendo la mujer joven y demasiado impetuosa que se nos presentase en la anterior novela, actuando en ocasiones sin pensar realmente en las consecuencias de sus actos, moviéndose por instintos y motivaciones personales, sin pararse a reflexionar sobre lo que pueden llegar a ocasionar para aquellos que conviven con ella, lamentando a posteriori todo lo que acarrea para Ivy o para su novio humano, Nick, quien tampoco duda en buscarse más problemas empeñado en “tontear” con la magia negra y su conexión demoníaca.
La vida de la protagonista es un torbellino. Entre problemas personales y un deseo de venganza que muy bien puede obcecar su correcto raciocinio el caso se va a ir complicando cada vez más, lleno de capas de misterio y de descubrimientos sorprendentes, tanto sobre la verdadera naturaleza de Kalamack como sobre la resistencia de Ivy a sus secretos deseos vampíricos, como de los impulsos irreflexivos de la propia Rachel, mientras un demonio algo juguetón se inmiscuye intentando hacerse con los servicios y almas de Nick y Rachel, con algo de ayuda no tan inocente de éste, mientras un voluntarioso y algo estirado detective humano, Glenn, ejerce de “vigilante-acompañante” de la protagonista en sus investigaciones, dando lugar a ciertas tiranteces y situaciones entre divertidas y comprometidas..
Como buen segundo libro de una serie, Harrison se dedica a asentar y explorar los límites de su mundo, a dotarlo de profundidad y detallismo, a darle más “realidad”. Así, por ejemplo, conoceremos más de las costumbres de los pixies a través del siempre irascible Jenks (que cada vez que aparece sigue "robando" toda la escena, dando un contrapunto algo humorístico a la seriedad de Rachel). Harrison ha conseguido conjugar una hábil mezcla de razas sobrenaturales haciéndolas “convivir” abiertamente con humanos normales, mostrando un mundo de oscuridad y temor realmente bien plasmado y convincente, donde la amenaza oculta y latente es mucho más de lo que los inframundanos muestran al resto del mundo. Los Hollows, el lugar donde estos seres se reúnen, es como una especie de parque de atracciones terrorífico donde los humanos van a recibir su dosis de miedo y de escalofríos sin ponerse en un auténtico peligro. Pero más allá, adentrándose un poco en las cercanas sombras, hay toda una sociedad con oscuros impulsos y deseos que difícilmente pueden conseguir realizar sin trasgredir los tabúes de la sociedad humana. Un mundo aterrador que solo busca su propia satisfacción, el cumplimiento de sus ansias.
Las líneas y personajes van confluyendo, mientras se resuelven gran número de cuestiones. ¿Podrá Rachel llevar al capitán Edden hasta las pruebas que este necesita para resolver el caso? ¿Podrán Rachel y Nick librarse del acoso del demonio? ¿Es algo que Nick siquiera desee? ¿Podrá Rachel resistirse a la tentación del vampirismo que le ofrece su compañera de vivienda? ¿Y podrá vencer Ivy su ansia de sangre y seguir siendo una vampira “abstemia”? ¿Resistirá el obvio deseo que siente por su compañera de vivienda? ¿Descubrirán qué o quién es Trent Kalamack de verdad y qué relación guarda con Rachel, su familia y su pasado? ¿Sabrán así cuáles son sus motivaciones y objetivos, o qué es lo que está tan empeñado en ocultar? ¿Podrá Rachel lidiar con la creciente lista de enemigos mortales que va adquiriendo en el curso de sus investigaciones? ¿Se dejará llevar por el odio y si deseo de venganza o hará caso a la voz de la razón?...
Para rebajar algo de tensión entre tanto asesinato y enfrentamientos (y aunque muchos solo sean intercambios de pullas dialécticas también son agotadores tanto psíquica como físicamente para los implicados) en un mundo donde los tomates desataron una terrible plaga entre sus habitantes humanos es divertido asistir a la visita, llena también de tensión, a Pizza Piscary's, donde el desaparecido Dan, el novio de Sara Jane, trabajaba como repartidor y propiedad de un maestro vampiro de apariencia bonachona pero cuya ayuda puede salir muy cara. La presencia de Glenn, el detective humano, causa una incomodidad que nadie parece inclinado a remediar ante uno de los componentes ineludibles e imprescindibles de la pizza. Los “chistes” con los tomates se repiten a lo largo del texto, retratando quizá los extremos de ridiculez a los que somos capaces de llegar muchas veces con nuestras particulares fobias. Toda la línea paralela del pez-mascota hace aflorar las sonrisas en varias ocasiones.
La violencia, sin embargo, aflora cada vez más hasta el irónico final, despejando muchas de las dudas y misterios que se habían ido planteando a lo largo de la acción, pero creando otros que deberán ser resueltos en próximas entregas de la serie (y la relación Rachel-Trent no será la menor de ellas, precisamente). Ágil, rápida, amena, sangrienta, violenta, con un toque picante y unas dosis de auténtico gore, divertida, con una escritura sin florituras diseñada para hacer avanzar con fluidez el relato, con los suficientes giros inesperados como para mantener el interés del lector, El bueno, el feo y la bruja se lee en un suspiro y deja con ganas de más, y por suerte la serie continúa.
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Reseña de otras obras de la autora:

viernes, 14 de mayo de 2010

Reseña: Almas perdidas

Almas perdidas.

Lisa Jackson.

Reseña de: Jamie M.

La Factoría. Col. Pandora. Madrid, 2009. Título original: Lost Souls. Traducción: Javier Fernández Córdoba. 375 páginas.

Mientras me adentraba en la lectura de Almas perdidas no podía evitar la picajosa sensación de que debería conocer ciertos hechos del pasado que se nos estaban dejando caer sobre la protagonista o a determinados personajes que aparecían por allí. Como la picazón era cada vez más fuerte recurrí a la día tras día más imprescindible Internet y, en efecto, resulta que esta novela es la quinta (o sexta, según dónde lo consultes) entrega de una serie titulada New Orleans protagonizada conjunta o alternativamente por los detectives de policia Rick Bentz y Reuben “Diego” Montoya o, como en este caso, por la hija del primero, Kristi (o por padre e hija al alimón). Cabe decir que todo está encajado para que la lectura de esta novela sea totalmente independiente y autoconclusiva, lo que no quita que las continuas referencias al pasado de Kristi dejen con la sensación de que nos estamos perdiendo algo, y sobre todo que nos están destripando la posible publicación de las entregas anteriores que dejan de tener de esta manera casi todo el interés que se les supone a unas obras de suspense.

Almas perdidas es un thriller de misterio con un toque sobrenatural algo distinto a lo que la fantasía urbana o el romance paranormal tan de moda ahora nos tienen acostumbrados. ¿Hay de verdad vampìros en Nueva Orleans o todo es simple parafernalia de los amantes de lo gótico en busca de emociones fuertes? La autora va a jugar hábilmente con la duda en la mente del lector sin enseñar sus cartas prácticamente hasta el desenlace.

Kristi Bentz ha sobrevivido en el pasado a las “atenciones” de un par de asesinos psicópatas, pero a costa de pasarse en la última ocasión una buena temporada sumida en un coma del que acaba de despertar. Decidida a no dejarse amedrantar y a recuperar su vida e independecia, en contra de los criterios sobreprotectores de su padre, decide matricularse de nuevo en el colegio universitario All Saints en Baton Rouge. Pero la institución no pasa precisamente por su mejor momento: cuatro chicas han desaparecido en los últimos dieciocho meses, aunque nadie parece darle demasiada importancia, ni la policia ni la administración de la universidad parecen estar haciendo absolutamente nada por encontrarlas. Las cuatro eran jóvenes problemáticas, provenientes de hogares no precisamente felices y sin una familia que se preocupe por ellas o amigos o novios que tengan el menor interés en conocer su destino, y todos, o casi todos, piensan que simplemente han huido aburridas de sus vidas.

Kristi quiere empezar una carrera como escritora de crímenes reales y piensa que las desapariciones de estas chicas podría ser el caso que necesita como punto de arranque para su primer libro, por lo que decidirá ponerse a investigar por su cuenta sumergiéndose en un mundo oscuro y siniestro que se esconde bajo la superficie del colegio All Saints. Una institución que ha cambiado mucho en el tiempo de ausencia de la protagonista, añadiendo a su departamento de Lengua asignaturas tan exóticas, atractivas y de moda como la influencia del Vampyrismo en la Literatura Inglesa, contratando a unos jóvenes y emprendedores profesores que dotan a las clases de un especial interés.

Ya desde el mismo principio la autora deja claro que hay algo siniestro detrás de las desapariciones. El prefacio con el momento en que la cuarta chica se da cuenta de su destino, cuando es mordida por el vampiro ante un público invisible pero palpable, es suficiente indicio de por dónde van a ir los derroteros de la novela. Jackson enseña sin llegar a mostrar, insinúa sin llegar a confirmar, dejando que sea el lector quien se monte sus propias elucubraciones y conclusiones. Conforme Kristi avance en su investigación pronto descubrirá la inquietante presencia en el campus de una especie de secta o culto vampírico cuyas componentes gustan de llevar al cuello un vial lleno de sangre y se reúnen en secretas ceremonias en las que solo los iniciados tienen entrada, y de un misterioso depredador humano o no que se da a si mismo el nombre de Vlad.

La tensión va creciendo a través de la narración, dejando caer pinceladas de la visión y pensamientos del individuo que ha convertido el campus en su coto de caza, y revelando algunas de las atrocidades de las que es capaz de cometer con sus víctimas; pero siguiendo sobre todo a Kristi en su decisión de mantener al margen a su padre para demostrar su valía e independencia, mientras un antiguo novio, Jay McKnight, con quien cortase de mala manera en el pasado, vuelve a entrar en su vida, esta vez como profesor de una de las asignaturas a las que debe asistir y en quien encontrará un inesperado apoyo en su búsqueda de respuestas. Unas respuestas para cuya obtención Kristi tendrá que intentar introducirse en el círculo cerrado de la secta, simulando ser ella misma un alma perdida con el riesgo asociado de que el supuesto asesino en serie se fije en ella como próxima víctima.

Se establece entonces un juego del gato y el ratón dónde no está del todo claro quién es el cazador y quién la presa; donde la protagonista, habiendo subestimado de manera alarmante la situación, tendrá que arriesgar mucho más de lo que pensaba, haciendo de tripas corazón para superar sus propios miedos y enfrentarse tanto al enemigo exterior como al que lleva dentro de ella en las cicatrices invisibles que sus anteriores experiencias con la muerte le han dejado. Kristi es un personaje fuerte, decidido, valiente (en ocasiones demasiado), inteligente, bastante cabezota y que me recuerda mucho al papel de Kristen Bell en Veronica Mars, dados los evidentes paralelismos (cambiando el instituto por la universidad y obviando unas experiencias pasadas no coincidentes). Está decidida en rehacer su vida, dejando atrás los terribles sucesos, arrojándose de cabeza y sin pensarlo demasiado, sin embargo, de nuevo al peligro. No puede pararse a reflexionar, porque entonces seguramente se quedaría bloqueada, y convierte así su existencia en una especie de huida vital hacia adelante.

Almas perdidas es una novela situada en la Nueva Orleans post Katrina y eso se nota mucho en la ambientación que rodea a todo el misterio. Es una ciudad que todavía se encuentra en reconstrucción, con los terribles efectos del huracán mostrándose dolorosamente todavía a la vista, herida, llena de cicatrices, cambiada irreparablemente a pesar de todos los intentos de volver a la “normalidad” y donde la falta de personal y medios es más que palpable. Así llama la atención el desánimo de Jay, investigador forense de la policía de Nueva Orleans, ante la pérdida ocasionada por las inundaciones de todas las pruebas almacenadas durante años de antiguos crímenes que ahora son imposibles de reemplazar, dejando multitud de investigaciones en el aire o directamente abandonadas. Es una sociedad que busca retomar sus vidas donde las dejaron, pero que va descubriendo que muy posiblemente se trate de una ilusión imposible. Esta falta de medios y personal justifica de alguna manera el desinterés de la mayoría por la suerte que hayan corrida las chicas desaparecidas; como se dice varias veces, mientras no haya cadáver no hay homicidio ni caso y hay otras muchas cosas en las que ocuparse. Hay un pesimismo vital en todo ello, una sensación de no poder salir a flote por mucho que se haga, una apatía contagiosa que solo conduce a la resignación.

En este ambiente el ser responsable de las desapariciones se mueve como pez en el agua, utilizando una perversa inteligencia para cumplir sus terribles deseos, sus ansias y sus bajas pasiones, descritas por la autora en alguna escena de lo más truculenta. Jackson juega con el lector, dejando caer pistas sobre la posible identidad del asesino dentro del elenco de personajes, relacionándolo con el personal del All Saints, mostrando sus enfermizos pensamientos y preparativos, tirando balones fuera y conduciendo sin rubor a callejones sin salida para despistar más que para dirigir hacia la resolución del misterio. En este sentido, la autora hace trampas sin aparente problema alguno, hurtando información vital y dando otra que sin embargo no es sino mera distracción, una cortina de humo para que el lector mire hacia otro lado mientras la acción verdadera tiene lugar en otro sitio. Hubiera sido de agradecer algo más de honestidad en vez de buscar tan solo el final impactante y sorprendente. En ese sentido, el lector nunca llega a tener en la mano todos los datos que le hubieran permitido desentrañar el misterio.

Mientras el tema subyacente en toda la novela es el vampirismo, lo cierto es que el mal que se nos muestra es terriblemente humano con gente que hace daño por el simple placer de hacerlo o que se dejan manipular simplemente por sentirse parte de algo. Lo sobrenatural, lo mismo que el romance, se encuentra estrictamente controlado, sin que el lector sepa a qué atenerse en ningún momento o si decantarse por la explicación paranormal por encima de la más mundana. El romance ocupa muy poco lugar, dejando sitio más bien a las inevitables pinceladas de erotismo y las obligadas referencias al sexo y la lujuria (algo enfermizo en esta ocasión), supeditando todo al suspense que parece no dejar tiempo para más. Kristi se ve envuelta en el juego de un individuo con sus propias reglas y entre sobresalto y sobresalto no va a tener tiempo para mucho más.

El libro se deja leer, pero se hace un pelín largo, con algunos momentos demasiado repetitivos y con referencias a algunos personajes, heredados de libros anteriores, que pudieran haber sido obviados perfectamente y con algunas situaciones muy difíciles de creer. Partiendo de una intriga y un personaje interesantes, podría haber dado más juego con toda la parafernalia vampírica en medio de una universidad católica, pero como mero entretenimiento al menos tiene sus méritos.


jueves, 22 de octubre de 2009

Reseña: Bruja mala nunca muere

Bruja mala nunca muere.
Rachel Morgan 1.


Kim Harrison.

Reseña de: Jamie M..

Pandora Romántica. (La Factoría de Ideas). Madrid, 2009. Título original: Dead Witch Walking. Traducción: Elena Castillo Maqueda. 343 páginas.

En una realidad paralela a la nuestra, donde los EE.UU. nunca llegaron a la Luna, Rachel Morgan es una bruja que trabaja en Cincinnati para la Seguridad del Inframundo, una agencia oficial de seguridad que trata con los crímenes cometidos por las criaturas paranormales. Pero últimamente parece que la mala suerte se ceba con ella y, además, todas las misiones que le encargan se le antojan muy por debajo de sus capacidades, cosas que cualquier novato podría realizar. Cuando la envían a capturar a un leprechaum evasor de impuestos siente que ha tocado fondo y que su única salida es pasarse al sector privado. Pero romper su contrato con la SI significa que la agencia va a poner precio a su cabeza y que tendrá que hacer frente a todos los cazarrecompensas que vayan a por ella. Por “suerte” la vampira Ivy decidirá abandonar también Seguridad del Inframundo, irse con Rachel y formar un equipo cuando menos paradójico.

Kim Harrison sitúa a sus personajes en una realidad que diverge de la nuestra en la década de los ’50 del siglo pasado. Tras el descubrimiento del ADN humano, la experimentación genética llevará a la creación de un devastador virus biológico transmitido por los tomates que arrasará con gran parte de la población, aunque pronto se descubrirá que los inframundanos —los seres paranormales: brujas, hechiceros, vampiros, hombres bestia, pixies, hadas…—, que habían estado viviendo de incógnito entre nosotros desde tiempos inmemoriales, son inmunes al mismo, propiciando un equilibrio en el número de individuos de ambos grupos que llevará a estos últimos a salir a la luz, produciéndose desde entonces una tensa convivencia, una tregua inestable entre humanos e inframundanos.

En este escenario, Rachel Morgan apostará su propia vida en la empresa de capturar al concejal y exitoso hombre de negocios, Trent Kalamack, bajo sospecha de diversas actividades delictivas que nunca se han podido demostrar, con la esperanza de que si lo lleva ante la justicia y demuestra su culpabilidad, la SI anulará la recompensa ofrecida por su cabeza. La trama se mueve rápidamente —casi demasiado— a lo largo de todo el libro, alternando no sin habilidad las escenas más domésticas donde se concentra la información —la mayoría del desarrollo del mundo y de las personalidades de los protagonistas se produce en conversaciones de cocina o comedor, o en tareas de la casa— y las explosiones de acción y magia que impiden soltar el libro. Se agradece el buen hacer de la autora con los diálogos, ágiles e informativos a un tiempo, sin sonar falsos o plomizos en momento alguno. Quizá haya precisamente un exceso de información al principio de la novela al presentar el mundo, aunque parece algo connatural a la primera entrega de una nueva serie, donde la autora desea poner en antecedentes al lector cuanto antes y pasar lo más rápidamente posible a la trama en sí misma.

Si algo destaca en Bruja mala nunca muere es el humor algo socarrón que salpica gran parte del texto, la buena exposición del uso de la magia y el desarrollo de los dos compañeros de Rachel, que en muchos momentos se imponen por encima de la propia protagonista. Despojada de su apartamento y con él de todas sus pertenencias, la bruja inicia una nueva andadura junto a la vampira Ivy y el pixie Jenks. Ivy es un personaje ambiguo, que guarda para sí sus secretos, como el auténtico motivo para acompañar a Rachel en su nueva andadura laboral, y que ha renunciado recientemente al consumo de sangre. En el mundo descrito por la autora existen tres tipos o niveles de vampirismo: por un lado estarían los vampiros no-muertos en su versión más “tradicional”, con su imposibilidad de salir al sol, su fobia a los símbolos religiosos y una inclinación inmoral y malvada; por otro están los humanos que han sido transformados por uno de los anteriores, aunque siguen vivos; y en tercer lugar están los que, como Ivy, han nacido de una vampira afectados ya por el “virus” del vampirismo desde el vientre materno. En estos dos últimos casos el individuo afectado puede hacer una vida relativamente normal a pesar de su querencia por la sangre, saliendo de día y profesando cualquier fe religiosa —o incluso residiendo en una antigua iglesia—, gozando de ciertas ventajas de los inframundanos, y algunos inconvenientes, hasta el momento de su muerte humana en que pasan a formar parte del primer grupo.

La convivencia de Rachel e Ivy bajo un mismo techo llevará a un buen número de situaciones incómodas y a malentendidos bastante divertidos —como la lectura de la guía sobre el vampirismo ¡con ilustraciones! de Rachel en el autobús—. Ivy es el típico personaje misterioso, fuerte y contradictorio que puede llegar a dar mucho juego en posteriores entregas.

El otro compañero de Rachel es Jenks, un diminuto pixie que suele acompañarla colgado de uno de sus pendientes, y que comienza como el contrapunto gruñón y fanfarrón, el espía y ayudante perfecto sino fuera por su retorcido sentido de humor, pero que poco a poco va revelando tener su corazoncito, amando y defendiendo a su enorme familia y su territorio —su jardín— a cualquier riesgo, y demostrando una fidelidad fuera de serie.

A pesar de que la novela se encuentra narrada en primera persona por la bruja, la arrolladora personalidad de sus compañeros y la sensación de que las cosas están sucediendo alrededor de Rachel y no a la propia Rachel —que parece estar allí para que los demás le saquen las castañas del fuego—, hacen que Ivy y Jenks se apoderen en muchas ocasiones de la escena, robándole sin rubor el protagonismo y el interés.

El libro tiene además otros secundarios de interés como Nick, un humano “normal” destinatario del interés amoroso de Rachel y que no parece ser tan inocente como quiere aparentar; o el intrigante Trent Kalamack, antagonista necesario e instigador de algunas de las peores perrerías que va a sufrir la protagonista.

Un fallo del libro es precisamente que, comparada con todos ellos, Rachel curiosamente parece algo falta de profundidad, demasiado común y menos trabajada que el resto. Tiene cicatrices, sí, y la tragedia ha golpeado su vida; pero parece que el único poso que le ha dejado es una búsqueda desesperada de emociones y unas malas elecciones de objetivo en su vida amorosa. Siendo la protagonista principal se antoja que debería tener mucho más fondo.

Uno de los mayores aciertos, sin embargo, de Bruja mala nunca muere es el detallado y bien desarrollado sistema de magia usando las líneas de poder o líneas luminosas de la Tierra. Una magia dividida como es tradicional en blanca y negra, pero con un buen número de tonalidades grises —como el hecho de que todos los hechizos por muy benignos que sean necesiten un sacrificio, que los amuletos requieran de un pequeño derramamiento de sangre para activarse o que cada vez que se usen las líneas de poder se ponga la propia alma en riesgo—. En este contexto Rachel es una bruja blanca que no dudará en mancharse de gris cuando piense que la situación lo requiere.

En el lado de los fallos, uno de los puntos más flojos —a pesar de las situaciones humorísticas en las que se ven involucrados los tomates— de la novela es la premisa un tanto traída por los pelos del virus genético que arrasa con la humanidad y la reacción exageradamente extrema que se plantea como “solución”. ¿Alguien se cree que incluso con una gran mortandad, o precisamente a pesar de ella, se iba a prohibir la investigación médica para curar un gran número de enfermedades? Es ese uno de los temas que la autora hubiera debido trabajar un poco más, pues tal y como está suena a mera excusa para situar el escenario y pasar a la trama que le interesa más.

Como aviso decir también que las comparaciones que circulan por ahí —en la propia portada sin ir más lejos— con la Anita Blake de Laurell K. Hamilton no creo que sean en absoluto acertadas. Rachel Morgan —y este primer libro en general— no podría ser más diferente de Anita, a pesar de que ambas se dediquen a perseguir seres sobrenaturales. No hay aquí ni tanto sexo —de hecho la tensión sexual Rachel-Ivy o Rachel-Nick está tratada más en plan comedia de equívocos que en una vertiente erótica o sentimental— ni tanta sangre o gore como en aquellas, y la personalidad de ambas mujeres no podría ser más distinta. De alguna forma, Rachel con su manera de ser torpe, algo ingenua, impulsiva, vulnerable y que se deja llevar por las circunstancias demuestra ser más humana y realista que Anita.

Bruja mala nunca muere, como primera entrega de una serie, me ha creado la suficiente incertidumbre e interés como para dejarme con ganas de leer la siguiente novela. Kim Harrison ha escrito un libro de entretenimiento sobrenatural —del cada vez más extendido género de la «fantasía urbana»— con una trama detectivesca con sus buenas dosis de acción y magia, con unas —hay que reconocer que pocas— gotas de romance, y mucho humor, incluso políticamente incorrecto, que hacen que la lectura se pase en un momento. Veremos si la autora es capaz de mantener el tipo en las siguientes entregas; lo cierto es que el personaje, o el trío más bien, protagonista puede dar para mucho. Ojalá lo haya conseguido.

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Reseña de otras obras de la autora: