domingo, 6 de marzo de 2011

Reseña: Antes bruja que muerta

Antes bruja que muerta.
Rachel Morgan 3.

Kim Harrison.

Reseña de: Jamie M.

Pandora (La Factoría de Ideas). Madrid, 2010. Título original: Every Which Way but Dead. Traducción: Javier Fernández Córdoba y Marta García Martínez. 378 páginas.

La vida de Rachel Morgan no es fácil en absoluto. Se ha visto obligada a hacer un pacto con un demonio y no le queda otro remedio que cumplirlo. Así empieza la novela, poco tiempo después de donde se quedara la anterior, El bueno, el feo y la bruja, de forma emocionante, con la protagonista convocando a Algaliarept para aceptar su parte del trato y converitrse en su familiar, aunque interiormente se guarda una pequeña esperanza de salir bien parada del lance. Con su vida convertida en una montaña rusa lanzada, lidiando con vampiros, demonios, hombres lobo y peculiares elfos traficantes de productos de bioingeniería prohibida, las cosas no se le presentan precisamente sencillas en su futuro. Retirado Piscary de la circulación, un  nuevo jugador entra en la partida, moviéndose de forma agresiva para hacerse con una parte del pastel del inframundo de la ciudad, del tráfico de drogas, el juego organizado y otra serie de acciones delictivas. En una inestable y algo contra natura alianza, Rachel se verá metida en medio de todo el jaleo, arriesgando su vida y su alma en una lucha tal vez equivocada.

Tercera entrega de la serie, lo cierto es que deja un regusto amargo al terminar la lectura, sintiendo que de alguna manera la novela no está a la misma altura que sus antecesoras. La trama particular de la novela es menos interesante e intensa que las anteriores, hay demasiados tiempos muertos, menos momentos de auténtica acción, hace demasiado hincapié en el tema sentimental y sensual (más bien sexual, desde luego no me atreveré a llamarlo “romance”) de la relación de Rachel, no ya con Nick que hábilmente se aparta de en medio, sino con otro de los personajes hasta ahora más o menos secundario que adquiere cada vez mayor importancia... El tema del rival por los bajos fondos queda muy desdibujado, casi anecdótico en muchas ocasiones, desviando la atención a otros temas menos interesantes y movidos. Lo cierto es que en la primera mitad larga del libro, obviando el comienzo en el cementerio tras la iglesia donde viven y algunos momentos de emoción puntuales, no sucede nada realmente de importancia, y solo bien entrado el último tercio, cuando Rachel se quita de encima unos cuantos complejos y auto restricciones, deja de limitarse a reaccionar y de ser arrastada por los demás, e intenta tomar las riendas de la situación y se entrega a sus pasiones, la novela adquiere algo de ritmo e interés.

Comete Harrison un enorme pecado al apartar a Jenks de Rachel, llevándose con él la mayoría de las salidas humorísticas características de las anteriores novelas y ausentes es esta; y eso que en el primer tercio en que sí aparece había empezado bien con la familia del pixie instalada en la iglesia y su pequeña prole haciendo de las suyas. Es cierto que Jenks se adueñaba de la escena cada vez que aparecía, robándole protagonismo a la bruja, pero prescindir de él de esta manera es desprenderse de una de las mejores bazas de la serie. Así, el humor se limita entonces a las referencias, ya usadas con anterioridad y aquí repetidas machaconamente, a la confusión que el nombre elegido para su “agencia” causa entre aquellos que buscan compañía femenina en vez de remedios mágicos.

Unido a los bandazos a los que somete a Ivy, muy alejada también del protagonismo, casi siempre fuera de escena, que mantiene la tensión en la relación, pero se aleja en exceso de los focos, da la impresión de que la autora ha querido dar una mayor fuerza y preponderancia a la propia Rachel; pero al hacer que en casi toda la novela la bruja esté reaccionando a las circunstancias, mostrándose enormemente vulnerable, dejándose arrastrar por los sucesos que le rodean en vez de enfrentarlos, metiendo la pata y necesitando la protección y ayuda de terceras personas para conseguir mantener su integridad física al final del día (con interesantes nuevas adquisiciones para el plantel de protagonistas, eso sí, como Ceri y David, y la mayor implicación de algunos antiguos como Kisten y su “irresistible” encanto) hace que no lo consiga del todo satisfactoriamente. Rachel se muestra durante casi todo el libro demasiado insegura, demasiado dubitativa y demasiado inflexible. Es cierto que las cartas que le han tocado para jugar no son ninguna maravilla, pero se siente que podría haber tomado mejor las riendas del asunto en vez de limitarse durante mucho rato a reaccionar en vez de tomar la iniciativa.

El auténtico interés de esta entrega, reside en que la autora sigue desgranando lentamente las claves de su mundo, coherente y bien construido, profundizando en los secretos que esconden sus protagonistas y estableciendo poco a poco las relaciones entre todos ellos. Más allá de la trama puntual, vamos a conocer más de la relación que une de alguna manera a Rachel con Trent, se despejarán algunas dudas sobre el pasado que unía a los padres de ambos, veremos cómo se divierten los vampiros lejos del escrutinio de ojos humanos, aprenderemos más sobre la forma de tratar con los demonios y sobre el uso de las líneas de luz, descubriremos muchos detalles sobre los licántropos y sobre los elfos y su desgraciada historia pretérita... y todo ello, a pesar del evidente bache de calidad dentro de lo que era una serie sobresaliente dentro del género paranormal, dejando eso sí multitud de misterios y preguntas en el aire que hacen que al terminar la novela quede inevitablemente el deseo de leer la siguiente entrega, cosa que espero hacer en poco tiempo. No es que el libro sea malo, porque entretener, entretiene; es que, después de los dos anteriores, yo esperaba un crecimiento y no este paso atrás. Antes bruja que muerta simplemente no ha estado a la altura. Espero que la serie remonte el vuelo y, por favor, que vuelva Jenks.

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Reseña de otras obras de la autora: