Hablamos de todo aquello que nos interesa, sobre todo Literatura y sobre todo Fantástica. Lo nuestro son reseñas, no crítica literaria. Sólo razonamos nuestras opiniones, subjetivas y particulares, de lo que nos gusta y de lo que no.
jueves, 15 de mayo de 2014
Reseña: Red de traiciones
miércoles, 19 de marzo de 2014
Reseña: Muerte de un imperio
M.K. Hume.
sábado, 15 de febrero de 2014
Reseña: Batalla de reyes
lunes, 17 de noviembre de 2008
Reseña: El niño robado
Keith Donohue.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Grijalbo. Barcelona, 2008. Título original: The Stolen Child. Traducción: Ignacio Gómez Calvo. 383 páginas.
Partamos de una premisa un tanto incoherente: un niño es robado y suplantado por un “trasgo” que a partir de ese momento vivirá como humano la vida que le correspondía al raptado. El niño, a su vez, se transformará, no se sabe muy bien cómo, en trasgo, obteniendo por el camino unos poderes sobrenaturales, para pasados unos cien años robar y suplantar a otro niño, volviendo a ser humano y viviendo la vida que correspondía al nuevo raptado. Entonces nos encontramos que los “tragos” no existen como tales, tan sólo son niños robados de sus hogares, estancados en su crecimiento físico, que no mental, y que durante todo el tiempo de su miserable existencia ocultos en el bosque tan sólo sueñan con volver a ser “humanos” y poder crecer.
Tal vez es que me hago mayor y tengo ya demasiado “callo”, tal vez es que la cosa es tan ridícula como suena, pero lo cierto es que no le veo el sentido a la suplantación. Si al final el niño robado va a crecer de nuevo como humano solo que mucho tiempo después no entiendo el cambio. Si ya eres humano, ¿para qué vas a mal vivir durante cien años para volver entonces a ser humano? No tiene sentido. Al menos en el mito original lo que se intercambia es un bebe humano por un bebe trasgo, pero aquí ambos son adolescentes humanos. Para llegar al mismo sitio no hacía falta tanto enredo. Claro que entonces, seguramente, Donohue se hubiera quedado sin novela, porque precisamente todo el meollo de la trama de El niño robado gira en torno a los recuerdos que suplantado y suplantador conservan de sus vidas anteriores; unos recuerdos que les atormentan y que de alguna manera les llevarán a ambos al imposible intento de recuperar aquello que han perdido.
Así el lector se va a encontrar con que Henry Day, un niño de unos seis años, es raptado y suplantado por los trasgos. La novela diverge desde ese punto en dos historias paralelas, narradas ambas en primera persona. En la primera el “nuevo” Henry Day, creciendo como humano, se siente como un ladrón robado, con unos enormes remordimientos por estar viviendo la vida que le correspondía a otro, al tiempo que no puede evitar la nostalgia y el anhelo de descubrir qué fue de su auténtica vida y familia, de la que solo le quedan pequeños retazos que de vez en cuando acuden a su mente; algo que le impulsará en una existencia contradictoria a una búsqueda de sus raíces que no le permitirá disfrutar plenamente de su nueva existencia. En la segunda historia, el auténtico Henry Day, perdido su nombre tras el rapto y atormentado por los recuerdos de sus primeros años de vida, no conseguirá aclimatarse del todo a su nuevo ser como trasgo, no podrá “olvidar” como el resto de sus nuevos compañeros y vivirá una existencia dividida, trágica casi, donde el intento de recuperar, aunque solo sea en su mente o a través de la escritura, lo perdido centrará gran parte de su tiempo y esfuerzos.
Es El niño robado una historia triste, destinada sin duda a tocar el corazón del lector. Una historia de pérdidas (y de perdedores) en la que los protagonistas, a pesar de los triunfos obtenidos en sus respectivas vidas, se antoja que nunca podrán alcanzar la felicidad. El anhelo de lo perdido, inalcanzable ya, amarga su existencia y condiciona todo lo que van consiguiendo tras el cambio. En una lectura moral es como si el autor quisiera recomendar encarecidamente a sus lectores a mantener los pies en el suelo, aceptando los triunfos del día a día, las pequeñas alegrías, olvidándose de anhelos imposibles por encima de sus posibilidades y destinados sin duda al fracaso. Hay que aceptarse cada uno a si mismo como es, parece decir, y no como uno piense que podría haber sido.
De hecho, la especie de “happy end” con el que se cierra el libro gira precisamente sobre ello. Un final que pone a cada cual en su sitio y permite al lector girar la última página con satisfacción y la mente tranquila, consciente de haber leído una historia “bonita”, con el punto justo de sensibilidad y drama, con unas gotitas de crueldad, con sus buenas dosis de tristeza y emoción como para agradar a cualquiera. El niño robado se muestra así como una novela “fabricada” para agradar a un público muy amplio, parte cuento de hadas y parte historia de misterio, sensiblera sin ser “ñoña”, con un puntito perverso, dulce sin edulcorante, y triste con un final de esperanza para no remover las conciencias. Para un público, en definitiva, a quien la aparente incoherencia de la que hablo al principio no le importa en absoluto y seguramente ni siquiera reparara en ello.
Hay más lecturas, desde luego. El autor desvela un mundo crepuscular, el fin de una era. La fantasía y los seres fantásticos se van viendo arrinconados cada vez más por el crecimiento de la sociedad humana, por la realidad cotidiana; los trasgos se ven abocados a la extinción, cada vez más cercados por las construcciones humanas y sin una razón para su existencia. Algo se está apagando y cuando se apague del todo el mundo será un lugar más triste y solitario. El menguante bosque en el que viven los trasgos, cada vez más amenazado por las urbanizaciones y los excursionistas domingueros, es metáfora tal vez de la fuerza arrolladora con que el racionalismo ha acabado con los mitos y leyendas.
Está también el anhelo de la infancia, el sueño de una inocencia perdida, quebrada por el crecer, abandonada con los años. Un espejo deformado con el que mirar por encima del hombro y preguntarse dónde se fue todo aquello que se vivió una vez. A través de una prosa muchas veces poética el autor imprime en sus páginas una melancolía por los tiempos pasados que no han de volver y que siempre se antojan mejores. Una agradable nostalgia que propicia que el propio lector eche la vista atrás y se cuestione lo vivido.
Es una novela cargada de simbolismos, como el hecho de que tras el rapto del niño humano, el mismo deba ser sumergido en las aguas de un río, de las que emergerá ya convertido en trasgo dispuesto a afrontar su nueva condición y vida. Como el mismo bosque que va retrocediendo. O como la visita al mar donde terminan todos los caminos... Desde luego, hay mucho que escarbar y descubrir en las historias divergentes hasta la confluencia de los dos Henry Day.
lunes, 8 de enero de 2007
Reseña: Artorius
César Vidal.
Grijalbo, Barcelona 2006. 379 páginas.
En esta novela asistimos a una revisión del mito artúrico desde un punto de vista meramente histórico. Ambientada en el siglo V d.C. en Britania, nos cuenta las peripecias de un físico, Merlín, desde su infancia hasta su madurez en la que conoce al joven Artorius, quien se convierte en el Regisimus de Britania y posteriormente en el Imperator.Para el lego en la materia artúrica basta con haber visto la película Excalibur para ir reconociendo algunos de los momentos más importantes del libro. En esta ocasión Vidal nos propone una serie de acontecimientos reales que pudieron ser la base para las posteriores leyendas. Así la magia de Merlín sería el resultado de las exageraciones populares sobre sus verdaderos conocimientos médicos. Excalibur y su misterioso poder serían la consecuencia del peculiar sonido de la espada de Artorius. Etc.
La novela se sitúa en una época complicada y bastante desconocida por el público en general, los últimos años del Imperio Romano Occidental, y trata de trasmitir la sensación de desmembramiento, caos y desorden que siguió a la retirada de las legiones romanas de Britania y la posterior caída de Roma. Pese a que gran parte del relato se centra en lograr la sensación de desasosiego y pérdida, no llega a calar en el lector. Además los continuos paralelismos que el autor ha querido enlazar con el presente español debilitan aún más cualquier atisbo de credibilidad.
El libro es débil como relato. La redacción a veces peca de ser artificialmente poética, otras veces es muy detallista para posteriormente ser vaga, rápida y poco descriptiva. La lengua utilizada recuerda a la doctrina Asimov (usar los vocablos más usados por el ciudadano medio) aderezada con latinajos (traducidos, al menos), citas de Virgilio (una por capítulo, salvo en uno) y continuas advocaciones a San Pablo (apóstol de los gentiles). No hay nervio. No engancha.
Además el título es engañoso ya que en realidad tres cuartas partes del libro son la vida y obras de Merlín quedando relegado el personaje de Artorius al final de la novela, de manera secundaria y desarrollando sus gestas a través de comentarios y moralinas de Merlín.
El valor del libro en cambio puede encontrarse en su capacidad para bucear en los orígenes del mito artúrico, develando posibles (y creíbles) situaciones de las que nacerían posteriormente las leyendas. El autor añade al final los datos históricos sobre los personajes reales así como datos de carácter histórico que refuerzan las teorías que sitúan las aventuras de Merlín (y Arturo) a salto de caballo entre la decrepitud de la Antigüedad tardía y los albores de la Edad Media.
En cambio le resta impacto el olor a moralina cristiano evangélica del autor, así como los continuos guiños a los "problemas" que, según César Vidal, asolan España y Europa hoy en día (pérdida de valores cristianos, debilidad cultural occidental frente a los otros, falta de capacidad de reacción, etc.).


