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lunes, 18 de marzo de 2019

Reseña: Wardraft

Wardraft.
Warcross 2.

Marie Lu.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 72. Madrid, 2019. Título original: Wildcard. Traducción: Noemí Risco Mateo. 396 páginas.

Intrigante, sugerente, imaginativa, y con un variado trasfondo, como ya hiciera en su precedente, Warcross, Lu sigue apostando por el entretenimiento sincero, la aventura con barniz cyberpunk, la intriga, el misterio y la acción, introduciendo una sublectura sobre los límites de la investigación científica, los abusos de poder y los riesgos y tentaciones de retorcer la ética e ir un paso más allá de lo moralmente justificable en el desarrollo de nuevas y revolucionarias tecnologías. No son, en absoluto, temas nuevos en la ciencia ficción, pero es de agradecer su inclusión, junto con ciertas cuestiones de género que surgen de la forma más natural de la trama, en libros dirigidos —en principio— a un público joven y bien dispuesto a asimilarlas. Wardraft no es un libro independiente, en absoluto, y para leer el cierre de la bilogía es imprescindible haber hecho lo propio con su precedente. Advertir, pues, que esta reseña tendrá los mínimos destripes de la presente, pero sí que puede contener alguno relevante de su precedente, con lo que es importante leerla con la debida cautela.

miércoles, 6 de junio de 2018

Reseña: Estación Central

Estación Central.

Lavie Tidhar.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Alethé. Madrid, 2018. Título original; Central Station. Traducción: Alexander Páez. 307 páginas.

¿Novela? ¿Recopilación de cuentos? Un poco de ambos. Estas son las historias de un puñado de personas —tomado el término en toda su amplitud— que viven en los alrededores o en el interior de la Estación Central, una inmensa estación espacial y centro comercial ubicada en un depauperado y en decadencia Tel Aviv. Una serie de relatos interconectados publicados en diversas revistas, revisados y recopilados aquí en forma de libro con algún añadido nuevo. Un conjunto que revela una fascinante novela en forma de caleidoscopio conformada por unas historias que se complementan las unas a las otros haciendo mucho más fuerte el conjunto que la suma de sus partes. Una novela sobre el recuerdo y las decisiones tomadas, sobre las bifurcaciones en el camino vital y las oportunidades perdidas. Sobre el alma humana, la fe, el diálogo y la tolerancia, la familia, el amor en todas sus vertientes, la otredad, el legado que deja la vida tras la muerte de la persona, el sueño del espacio y el regreso a casa —aunque siga siendo imposible volver al mismo sitio del que una vez uno se fuera—.

domingo, 8 de abril de 2018

Reseña: Warcross

Warcross.

Marie Lu.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 48. Madrid, 2018. Título original: Warcross. Traducción: Noemí Risco Mateo. 429 páginas.

Uno de los lemas de la novela, «Todo es ciencia ficción hasta que alguien lo convierte en ciencia real», retrotrae inevitablemente a frases célebres como la de «Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad» de Julio Verne o la de «Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia» de Arthur C. Clarke. Sirviéndose de este hermanamiento, la autora presenta una serie de avances tecnológicos ciertamente alucinantes, aunque sin base científica —todavía— real, para dar lugar a un escenario que le permite tomarse las necesarias licencias que la aventura imaginada requiere. El rigor tecnológico no es lo que busca, sino la creación de un mundo virtual espectacular y atractivo en el que situar buena parte de la acción, ya sea como lugar donde se desarrolla buena parte de la trama o como el objetivo de los ataques de anónimos hackers de intenciones oscuras. Adscrita a la literatura juvenil, esa clasificación tan sólo significa que es apta para cualquier tipo de público en busca de aventura, intriga, un toque cyberpunk, cierto romance y abundante acción. Pura aventura y legítimo entretenimiento.

viernes, 23 de marzo de 2018

Reseña: Ready Player One

Ready Player One.

Ernest Cline.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2018. Título original: Ready Player One. Traducción: Juanjo Estrella. 462 páginas.

[Esta reseña fue publicada originalmente en Sagacomic el 22 de diciembre de 2011 con motivo de la primera edición del libro. La recuperamos ahora aprovechando esta nueva edición, que viene aderezada con una necesaria revisión de la traducción a cargo de David Tejera Expósito].

A pesar de la adscripción evidente de la novela al género de la ciencia ficción con ciertos toques  de cyberpunk, de space opera o de mechas, lo cierto es que la historia también se podría fácilmente incluir dentro de esa longeva tradición de la literatura fantástica que versa en torno de la búsqueda del proverbial objeto mágico —con el Grial y los caballeros de la Tabla Redonda como principal antecedente—, a través de un «viaje» en el que los protagonistas deberán superar diversas pruebas, enfrentarse a múltiples retos, resolver intrincados enigmas, luchar a muerte contra los «malvados», forjar inestables alianzas, enamorarse e intentar conquistar a la misteriosa damisela —no precisamente en apuros— por el camino, asediar y asaltar el proverbial castillo y esforzarse por todos los medios en alcanzar el final de la aventura sin perder todos los puntos de vida en el intento. El desarrollo de la mayor parte de la acción en muy diversos escenarios de realidad virtual permite al autor situar a los protagonistas en una enorme variedad de contextos con las más diversas orientaciones: mundos de fantasía donde la magia funciona, mundos de ciencia ficción con tecnologías extremas, mundos con reglas físicas diferentes, mundos que reflejan o reconstruyen lugares «históricos» del pasado de la Humanidad o simplemente del creador del juego, mundos que recrean universos literarios o cinematográficos de gran raigambre popular… Todo un despliegue de imaginación y nostalgia ochentera.

martes, 5 de enero de 2016

Reseña: Crónicas de Atopía

Crónicas de Atopía.

Matthew Mather.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2015. Título original: The Atopia Chronicles. Traducción: Paula Vicens. 505 páginas.

Distopía. Una etiqueta que se ha puesto tan de moda, sobre todo en la literatura juvenil, que a fuerza de ser usada a discreción ha terminado en cierta forma devaluada perdiendo una buena parte de sus características y fronteras distintivas. Crónicas de Atopía es una distopía de las clásicas, perteneciente a la definición más genuina del término. Un brillante futuro, una sociedad de apariencia idílica, un gobierno benévolo, que terminan encerrando en sí mismos oscuros secretos. Atopía es una inmensa plataforma flotante - isla artificial de capital privado: una mega estructura que no se encuentra anclada al fondo marino y posee una, limitada pero eficiente, capacidad de maniobra de navegación. Establecida en aguas internacionales del Pacífico, frente a la costa californiana, es un estado en sí mismo, de ideales libertarios y ajeno a las leyes de cualquier otro país. En ella la flor y nata de los investigadores en tecnología informática se han reunido para desarrollar un sistema llamado a revolucionar la vida de la humanidad y, de paso, cambiar el futuro. Un futuro que tan sólo unos pocos saben muy negro. Atopía quiere ser Utopía, donde cada ciudadano pueda habitar la realidad que desee, ser lo que quiera, recrear la vida que nunca ha tenido, poseer todos los bienes que siempre ha anhelado... Pero cualquier lector sabe que la perfección utópica siempre despierta la envidia, siempre encierra un oscuro secreto, una serpiente en el paraíso, un destino aciago. Mather encuentra así la excusa perfecta para explorar la condición humana, la soledad, la paternidad, la búsqueda de la felicidad, la naturaleza y sustento de las sociedades, el reto para la tecnología de no dejar atrás a nadie, la preocupación por el medio ambiente y la paulatina escasez de recursos…, aunando sugerente entretenimiento, thriller e intriga casi conspiranoica, especulación científica de futuro no demasiado lejano y profundas cuestiones de carácter ético-moral.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Reseña: Quasar. Antología Hard SF - 2015

Quasar.
Antología Hard SF - 2015.

VV.AA.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nowevolution. Col. Volution. Guadalajara, 2015. 211 páginas.

La ciencia ficción hard —o dura— suele definirse como aquella en la que los aspectos científicos y técnicos mantienen el máximo rigor y cierta preponderancia dentro de la narración. Teorías y conceptos actuales son extrapolados hacia el futuro explorando sus límites sin perder sus posibilidades de convertirse en realidad. Así, debe ser tan precisa como lógica y, sobre todo, verosímil como pueda serlo. Cabe decir que pocos de los relatos presentados en esta antología se ciñen a tal definición, lo cual, más allá del aviso a los que vayan buscando ese contenido de ciencia futura de máximo realismo, no resta calidad al grueso de las propuestas en absoluto, pero debe ser advertido. Lo cierto es que no basta llenar la trama de tecnojerga, de gadgets sorprendentes o de teorías de imposible aplicación para pertenecer a la ciencia ficción hard, pero no cabe duda de que son elementos que también pueden dar una buena base para aventuras extraordinarias. Algunos de los relatos se acercan, otros lo rozan y unos cuantos tan sólo ocultan tras cierta cantidad de «barniz» un tipo de propuesta muy diferente, pero no por eso menos atractiva, entrando de lleno en especulaciones sociales y políticas que se acercan sin rubor a la tan de moda distopía , bajando a las profundidades de la especulación antropológica o echando mano de otros de los muchos géneros, o subgéneros, de la que hace gala la inmensamente amplia —y poco dada a acuerdos— definición de ciencia ficción.

martes, 7 de octubre de 2014

Reseña: El mundo de SIC

El mundo de SIC.
(Cybersiones / 4).

Santiago García Albás.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2014. Edición digital (epub). 112 páginas.

Con esta cuarta entrega el autor cierra, aunque no descarta tampoco que haya nuevas incorporaciones al ciclo más adelante, su serie Cybersiones que la editorial Sportula ha venido ofreciendo a sus lectores en formato electrónico. Y lo hace de alguna manera, rompiendo con los parámetros espacio-temporales «establecidos» en las tres anteriores, alejando la acción de la Tierra de ese futuro cercano y casi reconocible que venía siendo habitual para ofrecer una historia que tiene lugar en una estación de tránsito situada en medio del espacio dentro de muchos años en «nuestro» futuro, dotando así a la trama un pequeño trasfondo de space opera, pero manteniendo como en las precedentes la constante temática de la percepción de la realidad con la inmersión en mundos virtuales. Una inmersión que aquí, al estilo de lo que se reflejaba en La parte del ángel, tiene mucho que ver con los juegos de estrategia y la recreación de batallas históricas. Irónicamente, la entrega que más alejada en el futuro sitúa su acción fue, sin embargo, cronológicamente la primera en escribirse, siendo merecedora del Segundo Premio Alberto Magno 1997. Un toque de intriga, algunas dosis de ingeniería social, romance mundano y algo de acción bélica hacen el resto para ofrecer una más que agradable y satisfactoria lectura.

miércoles, 2 de julio de 2014

Reseña: Delirios de grandeza

Delirios de grandeza.
(Cybersiones /2).

Santiago García Albás.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2014. Edición digital (epub). 89 páginas.

Aprovechando una vez más la versatilidad del formato electrónico, la editorial Sportula ofrece a sus lectores esta novela corta, segunda entrega de la «serie» Cybersiones, tras El rey Lansquenette. Segunda entrega aunque su escritura en realidad sea cronológicamente anterior, en unos cuantos años, a la primera. Y es que Delirios de grandeza fue merecedora del Segundo Premio Alberto Magno del año 2007. Una cuestión, la del momento de su escritura, que en realidad poco importa viendo la calidad de ambas obras. El lector va a encontrarse aquí con un nuevo relato de un futuro más o menos cercano ―emparentado «intelectual» pero no físicamente con el descrito en la anterior― donde la tecnología, con un uso bienintencionado de inicio, pero perverso en sus consecuencias, sirve para enmascarar todas las miserias de la cotidianidad de un mundo en las últimas. Un futuro terrible por su cercanía y por la plausibilidad de unos planteamientos llevados, eso sí, al extremo. Más allá del origen, casi cataclísmico, de la sociedad que Albás presenta, con una guerra devastadora que consume gran parte de los recursos del planeta, la universalización de ciertas tecnologías implantadas en cada individuo conduce irremediablemente a un futuro que, esperemos, no llegue a materializarse. Un futuro, y un relato, que, sí, casi puede decirse sin temor que se trata de una distopía en el sentido más clásico de la palabra...

jueves, 20 de diciembre de 2012

Reseña: El Vivo

El Vivo.

Anna Starobinets.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nevsky Prospects. Madrid, 2012. Título original: Живущий. Traducción: Raquel Marqués García. 382 páginas.

1984. Un mundo feliz... El Vivo. Salvando tiempo y espacio, una larga cadena de firmes eslabones une a aquellas grandes distopías con el libro que nos ocupa. Un futuro totalitario, aparentemente perfecto, pero con grandes sombras, donde se va a desarrollar una compleja intriga, sirve a la autora como perfecto vehículo para la crítica social y la denuncia de ciertos regímenes políticos que solo buscan perpetuarse en vez de buscar activamente el bien de sus ciudadanos. Un muy interesante e ilustrativo prólogo de Julián Díez abre con acierto el volumen y pone en antecedentes, tanto históricos como literarios, la obra, remarcando algunos de los puntos destacables de la misma que no conviene pasar por alto. Aventura, distopía, thriller político y de intriga, cyberpunk, realidad virtual, redes sociales, post catastrofismo, denuncia ecológica y social, entomología... y mucho espacio para la reflexión.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Reseña: Zendegi

Zendegi.

Greg Egan.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis fantástica # 70. Madrid, 2012. Título original: Zendegi. Traducción: Carlos Pavón. 303 páginas.

Dentro de la bibliografía completa del autor, Zendegi —«vida» en persa— podría considerarse como una novela mucho más «simple» —más «asequible» han dicho algunos— de lo habitual. Con una —engañosa— apariencia, en lo científico, de sencillez, sin grandes «saltos» especulativos, lo cierto es que Egan postula de forma muy realista los primeros pasos, algo tambaleantes, hacia las posibilidades de un mapeado cerebral y sus aplicaciones —otra cosa es si tal cosa será posible o no— y las oportunidades comerciales de un sistema de Inmersión en Realidad Virtual. Y es cierto que esa «sencillez» puede defraudar a algunos de los seguidores más acérrimos de Egan, ávidos de complicados desafíos intelectuales que aquí no tienen tanta cabida, o de aquellos otros que busquen acción per se en la trama, ya que la narración da un mayor protagonismo a las relaciones y experiencias vitales de los personajes, a los cambios sociales y políticos de un país con una historia convulsa, que a la ciencia propiamente. De hecho la novela se encontraría, sin adentrarse en ella, al borde de la etiqueta de ciencia ficción hard, lo que no quita que la especulación esté llena de interesantes posibilidades y de grandes temas y cuestiones éticas sobre los que reflexionar profundamente.

martes, 15 de mayo de 2012

Reseña: Casa de Soles

Casa de soles.

Alastair Reynolds.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris ficción # 158. Madrid, 2011. Título original: House of Suns. Traducción: Álvaro Sánchez-Elvira Carrillo. 382 páginas.

Apartándose de la saga que le ha dado el reconocimiento, la serie de Espacio revelación, pero no de esa space opera en la que tan bien se desenvuelve, Reynolds ofrece en esta novela una aventura galáctica, casi un thriller, donde vuelve a dejar constancia de su magisterio para crear historias de inmensa escala, tanto temporal como espacial, con escenarios espectaculares, descomunales obras de ingeniería, tecnologías avanzadas pero creíbles, viajes que duran siglos e incluso milenios, personajes coherentemente longevos que han dado un par de pasos adelante —o muchos más— en la evolución humana, alienígenas fascinantes y muchas veces incomprensibles, inteligencias artificiales dentro de cuerpos robóticos, colonización planetaria, naves de tamaño monumental... Sentido de la maravilla en estado puro apoyado en una historia consistente e intrigante, y una parafernalia «científica» que sin convertir la novela en hard sí que da a la trama una verosimilitud que hace que se siga con interés y «credulidad».

jueves, 22 de diciembre de 2011

Reseña: Ready Player One

Ready Player One.

Ernest Cline.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Grandes novelas. Barcelona, 2011. Título original: Ready Player One. Traducción: Juanjo Estrella. 462 páginas.

En el año 2044 la Tierra ha tocado fondo, la crisis del petróleo y el cambio climático han estallado con virulencia, y el hambre, la pobreza y las pequeñas guerras se extienden por todo el orbe. Para escapar a la sórdida realidad queda un remanso de paz llamado Oasis, un universo ficticio de inmersión virtual, con miles de escenarios posibles, donde los usuarios tanto pueden jugar, como hacer negocios, sacar adelante los estudios o relacionarse con otras personas. Wade Watts, un joven de 18 años, vive prácticamente en la indigencia acogido por su desagradable tía a cambio de los cupones de comida que le retiene. La gris vida del muchacho solo obtiene algo de color cuando a través de su avatar Parzival se sumerge en Oasis a la búsqueda del legendario “Huevo de Pascua” que James Halliday, creador y programador del videojuego original obsesionado con la década de los 80, «escondió» antes de morir en alguno de los múltiples mundos, y que supone para quien lo encuentre heredar su inmensa fortuna y las valiosas acciones de su empresa. Una tarea que no va a resultar precisamente fácil. Con el paso del tiempo han surgido dos facciones enfrentadas en la búsqueda: los gunters, independientes cazadores de tesoros, y los sixers, pertenecientes a la corporación Innovative Online Industries, un conglomerado de empresas de comunicación y principal proveedora de acceso a Oasis, además de vender bienes y servicios en su interior, y que desea hacerse con sus activos para sacar provecho económico de ellos.

miércoles, 21 de abril de 2010

Reseña: La señora de los laberintos

La señora de los laberintos.

Karl Schroeder.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris ficción # 127. Madrid, 2009. Título original: Lady of Mazes. Traducción: Virginia Sanmartín López. 315 páginas.

Schroeder ofrece en La señora de los laberintos una visión de un futuro lejano que podría estar comenzando ahora mismo. Lo extraño es que presentando una sociedad altamente tecnificada, que vive inmersa en una realidad virtual tan perfecta que hace imposible distinguir lo real de lo virtual, la novela transpira una tecnofobia realmente asombrosa. Supongo que no era precisamente esa la intención del autor, o tal vez sí, pues las preguntas que subyacen en el fondo de toda la narración son: ¿Es el progreso tecnológico, a priori, algo bueno per se? ¿Debe la tecnología estar al servicio de la humanidad o viceversa? ¿Debe determinar e incluso crear el tipo de sociedad en que se desarrolla o ser la sociedad quien imponga los límites y los caminos a seguir? ¿Llega esa tecnología a estar muchas veces por encima del propio individuo? ¿Comprenden las personas el alcance de los adelantos, lo que va a significar en sus vidas, antes de su implantación o simplemente «sufren» las consecuencias a posteriori, cuando ya no hay marcha atrás? ¿Subyugará finalmente la tecnología la libertad de la humanidad? ¿Y, tal vez lo más importante, qué es la realidad? ¿Es lícito refugiarse en la «ilusión» cuando esta te provee de todo lo necesario y te mantiene a salvo y seguro? ¿Es más feliz una sociedad con unos parámetros bien delimitados y constreñidos o una en la que se instaure una libertad absoluta? ¿Quién tiene el poder de decidir por todos los demás?... Y las respuestas que se obtienen de esta lectura cabría calificarlas, cuando menos, de paradójicas.

En la Corona Teven, una suerte de pequeño Mundo Anillo de Niven o un orbital de Banks, habita una sociedad separada en diferentes «colectores», donde las poblaciones de cada uno comparten un mismo entorno físico, pero no la misma «realidad». Schroeder lleva la realidad virtual a su máxima expresión propugnando la inmersión total de los individuos en sus mundos virtuales, solapados los unos con los otros y donde es totalmente imposible distinguir entre la experiencia real y la experiencia virtual. Livia Kodaly, habitante del colector de Westerhaven, es una persona especial: es de los pocos habitantes de la corona con la capacidad mental de aceptar las otras realidades y por tanto de transitar de uno a otro colector como una especie de embajadora, interactuando con otros individuos con unos referentes culturales y unas creencias sobre lo que les rodea muy diferentes de las propias. Cada colector tiene unos niveles tecnológicos que no pueden ser superados debido a unos bloqueos instaurados por los «fundadores» y que mantienen de alguna forma inamovible el status quo de todas las sociedades de la Corona Teven. Cuando estos bloqueos empiecen a caer, Livia observará de primera mano como en su vecina Raven, una sociedad que recuerda la de los indios norteamericanos pre colonización, se están introduciendo cambios imposibles que pueden llegar a desestabilizar el entramado de toda la corona. Acompañada de Quiingi, un guerrero de Raven, descubrirán que una misteriosa presencia denominada tan solo 3340 está detrás de todos los cambios y que no va a parar hasta que los horizontes de todos los colectores colapsen y se difuminen los unos en los otros. Junto a su amigo de la infancia, Aaron, con quien compartió una traumática experiencia en su adolescencia, deberán embarcarse en una viaje fuera de su hogar, trasladándose a Archipiélago, donde descubrirán que existen otros muchos mundos y nuevas formas de sociedades «perfectas» que pondrán bajo examen la suya propia, obtendrán algunas respuestas y se cuestionarán muchas de las certezas que tenían sobre su idílica existencia.

Desde una vida disipada, absolutamente centrada en si mismos, donde todo lo tienen resuelto gracias a omnipresentes nanobots que les proveen de todo lo que necesiten, tendrán que abrir los ojos a lo que significa depender de manera absoluta de algo que no dominan. En ese sentido, para los protagonistas los descubrimientos cambian irremediablemente sus vidas, de forma que nunca podrán volver a ser lo que eran, nunca podrán retornar a la ignorancia que permite su hedonista existencia; el conocimiento conlleva la pérdida de su inocencia y tendrán que tomar partido entre la inmovilidad o el cambio que suponen los adelantos tecnológicos. Al llegar a Archipiélago ―donde la historia adquiere una dimensión mayor, más introspectiva quizá, pero más interesante también―, los tres protagonistas, héroes embarcados en la salvación de su hogar, aislados de todo lo que conocían, enfrentarán el dilema de forma muy diferente, eligiendo caminos divergentes que les vendrán marcados por los distintos referentes culturales de lo experimentado en su pasado, eligiendo soluciones aparentemente irreconciliables que cuestionan la vida que han llevado hasta entonces. La aventura queda suspendida hasta la resolución de los dilemas personales.

Livia ha vivido en un mundo perfecto, inmersa en una realidad que le permite interactuar con otros individuos en muy diversos planos, desdoblarse en varias personalidades, retraerse a su interior, comunicarse en múltiples niveles, modificar su entorno a su voluntad... Mas su mundo se encuentra solapado, utilizando la misma localización física, ya que no el entorno, con Raven, un lugar donde la tecnología avanzada no tiene cabida, donde los individuos viven en comunión con la naturaleza en una especie de trasunto de la América del Norte antes de la llegada de los colonos británicos. Y ninguna de las dos sociedades interfiere con la otra ―ni con ninguna de las muchas que las rodean―, ni dan muestras siquiera de saber de su existencia en una especie de solipsismo comunitario que recuerda mucho a una ceguera voluntaria. En la sociedad de Livia, los ciudadanos tienen la capacidad de modificar y dar forma a lo que les rodea ―sin superar los bloqueos tecnológicos―, viviendo como diletantes «elois» en un mundo sin preocupaciones que les provee de todo lo que necesiten y donde todo permanece estable, en una utopía aparentemente feliz que nadie ―o casi nadie― se cuestiona. Si la ignorancia les proporciona la felicidad, si todas sus necesidades están cubiertas... ¿para qué cambiar? ¿Por qué introducir modificaciones en una sociedad «perfecta»?

Se presenta en definitiva una lucha entre el inmovilismo, entre los bloqueos que permiten que las sociedades se mantengan siempre iguales sin interferencias, pero congeladas en su evolución, y aquellos que intentan que las tecnologías se mezclen, que se rompa el equilibrio aunque el resultado inicial sea el puro caos y la muerte de muchos seres humanos que no están preparados para asimilar la nueva realidad de sus vidas. En el nuevo entorno, las personas deben cambiar de forma radical su forma de pensar, de aceptar aquello que los rodea, deben de crecer de alguna manera, redescubriendo tal vez las reacciones normales de un ser humano que han olvidado al vivir demasiado tiempo inmersos en la realidad virtual ―es sintomático la escena en que se muestra como solo unos pocos entienden que en el mundo real una caída desde gran altura significa la muerte y no un «reseteo» que te devuelva al punto de partida o que los nanobots te rescaten indemne―.

Schroeder ha escrito una novela repleta de ideas, que prácticamente no da descanso entre revelaciones, que a veces fuerza la credulidad del lector ―como en el vehículo utilizado por Livia, Aaron y Quiingi para dejar la corona Teven, perfectamente justificado, pero un tanto traído por los pelos―, pero que en todo momento le sumerge en un mundo de posibilidades futuras entre las que tendrá que elegir. A la altura de un Stross, un Banks o un Hamilton, la novela está repleta de buenos postulados: las IAs, las fábricas de nanobots, los orbitales o mini mundo-anillos, el uso de la realidad virtual, la aplicación de un interesante sistema político plasmado en los «votos», las diferentes sociedades dentro de Archipiélago, los implantes tecnológicos, la inmersión en la discusión ética entre el uso y abuso de la cultura y los adelantos técnicos, o la justificación del tutelaje de la humanidad buscando el bien común aún a costa de perder buena parte de la libertad... De esta forma, en la novela se encuentran presentes unos posthumanos que han trascendido su naturaleza original, aparentemente benévolos, pero con agenda propia, y unos misteriosos seres denominados «aneclípticos» que parecen estar interesados en mantener y proteger las diferentes sociedades creadas por la humanidad, tutelándolas sin consultárselo, y tomando las decisiones pertinentes para mantener el status quo. Tarea que aparentemente llevan ya un tiempo realizando.

Por desgracia, el autor no consigue plasmar de forma perfecta todas sus ideas dentro de la trama y esta se le escapa de las manos en algunos momentos, perdiendo cohesión sobre todo cuando abandona el punto de vista de Livia para seguir a otros personajes que apenas son esbozados sin conseguir la profundidad necesaria . La propia protagonista está esquematizada en ocasiones, sin implicar emocionalmente al lector en sus preocupaciones ―y el caso de su «corazón roto» es sintomático―. Cuanto más se aleja el autor de los tres protagonistas principales más se pierde la definición, y aunque quizá esos secundarios sean necesarios para mostrar el tapiz completo, lo cierto es que el dibujo resultante se muestra algo difuso en ciertos pasajes a los que, quizá, se debería haber dedicado un poco más de atención. Con todo, la hábil introducción de todas las ideas dentro de la acción, y no mediante largos discursos, se agradece dada la importante fluidez que imprime al texto. Tal vez esta inmersión directa en la tecnología del futuro pueda resultar confusa para algún lector despistado ―sobre todo en el inicio que se sumerge directamente en la sociedad virtual de Westerhaven, teniendo que ir el lector deduciendo de qué está hablando el autor cuando muestra a Livia interactuando con su «sociedad»: recopilando a un doble para reproducir parte de una conversación a la que no ha acudido o dando instrucciones a sus agentes o hablando con sus fantasmas―, pero consigue una mayor implicación al obligar a mantener en todo momento la atención sobre el texto. Todos los detalles se van configurando según los protagonistas los van utilizando ―al igual que a un lector moderno no debería ser necesario explicarle qué es o qué hace un microondas, Schroeder se permite que el lector capte qué es cada cosa según vayan interactuando los personajes con las diferentes tecnologías o sociedades―. Es cuando Livia se enfrenta a las novedades desconocidas de fuera de Teven cuando el autor sí concede que un tercero le explique a ella, y al lector de paso, qué es lo que tiene delante o lo que está utilizando. De esta forma, las explicaciones se encuentran muy bien integradas en la trama, de manera que en ningún momento distraen la atención de lo que se está narrando―. El autor da muy pocas cosas bien mascadas, debiendo poner el lector mucho interés por su parte. Quizá la trama en sí pierda fuerza o no esté a la altura de las ideas planteadas, dejando algo que desear en ocasiones ―las disquisiciones morales de Quiingi, su búsqueda de un plano más espiritual, menos tecnológico, son a veces algo tediosas― y es cierto que al final el ritmo se acelera en exceso hacia el «gran enfrentamiento final» donde las diferentes tendencias intentarán imponerse de forma violenta, dejando algunas cosas colgadas o demasiado comprimidas, explicadas en dos pinceladas que dejan algo insatisfecho al lector dada la expectación creada y la confusión de ciertas descripciones.

La señora de los laberintos es una novela de aventuras, con matices de space opera, con un alto contenido de ciencia ficción hard y un significativo poso de reflexión sobre el futuro que vislumbramos a la vuelta de la esquina. En la mejor tradición especulativa, Schroeder intenta anticipar la aplicación extrema de muchos adelantos tecnológicos que ya estamos intuyendo a nuestro alrededor y ver cómo influirán en las vidas de los seres humanos, para bien o para mal. Proponiendo cuestiones cuasi filosóficas el autor pone sobre el tapete temas de auténtica enjundia con un ropaje de intriga, de acción y unas pocas batallitas. Tal vez semejante caudal de ideas en estas poco más de trescientas páginas ahogue un tanto la exposición de las mismas al tener que cuidar tanto el contenido ―la reflexión sobre la tecnología, sobre la ética, sobre el futuro de la humanidad― como el continente ―la aventura en sí, motor de la historia, vehículo que ha de hacer interesante la reflexión planteada―. Un libro para leer con calma y tranquilidad, que hace pensar se esté de acuerdo o no en las tesis y conclusiones que el autor presenta, y que, aunque no termina de enamorar en la parte aventurera, resulta no obstante lo bastante satisfactorio en lo especulativo como para darle una oportunidad. Un mensaje final contradictorio, ambiguo, permite seguir elucubrando aun después de haber cerrado el libro. No es poca cosa.


jueves, 22 de noviembre de 2007

Reseña: Hijos de Mundo Anillo

Hijos de Mundo Anillo.

Larry Niven.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 94. Madrid, 2007. Título original: Ringsworld’s Children. Traducción: Manuel Mata Álvarez-Santullano. 314 páginas.

La sensación que me ha quedado al terminar de leer esta novela, al igual que me sucediera con su predecesora, Trono de Mundo Anillo, es que a pesar de ser una lectura agradable es, desde luego, totalmente innecesaria. Larry Niven aprovecha el hecho de tener un escenario francamente interesante y de éxito reconocido para ofrecernos una cuarta entrega de la serie que poco o nada aporta, más allá de la aventura en si misma, al conjunto. El autor sentó las bases en Mundo Anillo, corrigió defectos en Ingenieros… y posteriormente se ha limitado a narrar un par de aventurillas no demasiado largas (eso sí que hay que agradecérselo) y de carácter menor usando la riqueza de lo ya descrito, calcando además prácticamente la misma estructura para ambas.

Una vez más Luis Wu despierta para encontrarse que el mundo que le rodea está de nuevo amenazado por la destrucción total y tendrá que ponerse a la faena de evitarlo. Una vez más las cartas que le han dado son bastante malas, pero tendrá que sacar el mejor provecho de ellas, jugando muchas veces de farol e incluso llegando a hacer trampas. En esta ocasión es la Guerra del Margen, ya nombrada en las anteriores entregas, la que se acerca inexorablemente a Mundo Anillo, amenazando a todos sus pobladores y a su misma estabilidad estructural, mientras en su superficie los enfrentamientos, rivalidades y envidias entre protectores de diferentes razas también crean su porción de caos. Una vez más en una carrera de obstáculos en la que el ganador ni siquiera va a tener un premio claro, pues los que compiten ni siquiera parecen saber por qué lo hacen, en un ir y venir a través de los discos de paso (a eso se llama abusar hasta la saciedad de un buen recurso), en una huida hacia delante en la que Wu se juega mucho más que su propio destino, Niven nos ofrece una algo embarullada narración sobre las consecuencias de los juegos de los poderosos sobre los habitantes de su más célebre creación. Y eso es todo lo que va a sacar el lector.

Lejos de las apabullantes descripciones con una firme base científica, de las conjeturas y adelantos tecnológicos, de las revelaciones de posibles ingenierías espaciales que nos fascinaron antaño, aquí se limita a jugar con su viejo juguete sin aportar nada nuevo y sin avanzar ninguna teoría innovadora (a pesar de todo el tiempo transcurrido desde la primera entrega que ha dejado desfasados algunos de los supuestos allí esbozados); eso sí, sacándose de la chistera un par de enormes deux ex machina que le sirven para taponar (y si alguien lee la novela verá que el verbo está perfectamente elegido) algunos de los berenjenales, o agujeros, en los que mete la trama y a sus personajes.

Y ahora aquí cabría hablar del mensaje del libro: de la herencia genética, de la descendencia, del amor por lo propio desdeñando lo ajeno, de la ambición desmesurada y de la entrega desinteresada, pero es que se trata de una capa de barniz tan fina, de una excusa tan endeble para facturar una space opera poco más que correctita, que quizá sería engañar al posible lector despistado. Y lo que en verdad hay son fuegos artificiales, muchos, sobre el viejo edificio ya conocido.

También cabría hablar sobre el continuo baile de traductores de un volumen a otro, pero es que en esta ocasión hasta me ha parecido adecuado y es que, a mi modesto entender, la traducción mejora y gana bastantes enteros en este Hijos de Mundo Anillo sobre la anterior de Trono de Mundo Anillo. Eso sí, pienso que se deberían haber respetado al menos los nombres ya traducidos con anterioridad antes que darles unas nuevas acepciones, más correctas tal vez, pero que rompen con lo ya conocido. De todas maneras son pocos casos y enseguida se les coge el tranquillo a los nuevos nombres, así que no es un tema que impida ¿disfrutar? de esta novela; novela que yo me animaría a recomendar tan sólo a acérrimos seguidores de Niven y/o Mundo Anillo, ya que muy posiblemente dejará indiferente al resto de sus lectores. Habiendo tantos libros, y aunque no sea aburrido ni estrictamente decepcionante, Hijos de Mundo Anillo sí que se me ha antojado totalmente innecesario.