Dreaming Spires 3.
Victoria Álvarez.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Lumen. Col. Narrativa. Barcelona, 2016. 411 páginas.
El cierre de Contra la fuerza del viento dejaba el corazón en un puño, con varios personajes envueltos en una ola de desconsuelo, y un futuro de perspectivas poco halagüeñas. Este último libro de la trilogía viene a ahondar en aquella tristeza de vidas deshechas, de sueños y amores rotos, como viene a dejar bien claro la visita inicial de Oliver y su hija al cementerio de Highgate a depositar flores ante una tumba bajo la nevada invernal. Álvarez da final a su trilogía victoriana Dreaming Spires con el periódico homónimo desaparecido y alejando a sus personajes, una vez más, de las «agujas» y chapiteles del Oxford que le diera nombre. Y, al contrario que en las dos novelas precedentes, no lo hace con la investigación de un caso sobrenatural concreto, sino con el dramático enfrentamiento, larvado desde la anterior entrega, con el príncipe Dragomirásky y sus intenciones de perpetuarse al precio que sea. Aventura, misterio y suspense, relato paranormal, romance, tragedia, retrato de una época, apuntes históricos… Un emotivo final, con un evidente aire a lo «Fausto» y una auténtica loa a la amistad inquebrantable, que no dejará indiferente a los seguidores de la autora. —Advertencia: Si no se han leído las anteriores entregas esta reseña puede destripar algún dato relevante de las mismas—.


