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jueves, 30 de mayo de 2013

Reseña: Un caso de conciencia

Un caso de conciencia.

James Blish.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis fantástica # 71. Madrid, 2013. Título original: A case of Conscience. Traducción: Carlos Gardini. 175 páginas.

Editada originalmente en 1958, Un caso de conciencia es, sin duda y todavía hoy en día, un libro controvertido, ya que la obra plantea un dilema moral y teológico presente aun en la actualidad, mostrando por un lado el enfrentamiento entre ciencia y religión desde una óptica católica vista por un agnóstico, y por otro la ética asociada a ciertas actuaciones independientemente de las convicciones sobre la naturaleza del universo personales de cada cual. Blish no toma, o no quiere tomar, partido, dejando el tema «abierto» para que cada cuál saque sus propias consecuencias, aunque su juicio parece evidente. Con una fuerte carga filosófica, la novela fuerza al lector a enfrentarse a sus propias creencias, religiosas o cientifistas, y a examinarlas bajo nuevos parámetros. La trama, de inicio, se podría enclavar de alguna manera en la estantería de «primer contacto», ya que versa sobre la forma de relacionarse de los humanos con la primera especie inteligente que han encontrado en el cosmos; una forma de relacionarse que va a retratar la naturaleza humana de forma harto realista a la par que desencantada.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Reseña: Zendegi

Zendegi.

Greg Egan.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis fantástica # 70. Madrid, 2012. Título original: Zendegi. Traducción: Carlos Pavón. 303 páginas.

Dentro de la bibliografía completa del autor, Zendegi —«vida» en persa— podría considerarse como una novela mucho más «simple» —más «asequible» han dicho algunos— de lo habitual. Con una —engañosa— apariencia, en lo científico, de sencillez, sin grandes «saltos» especulativos, lo cierto es que Egan postula de forma muy realista los primeros pasos, algo tambaleantes, hacia las posibilidades de un mapeado cerebral y sus aplicaciones —otra cosa es si tal cosa será posible o no— y las oportunidades comerciales de un sistema de Inmersión en Realidad Virtual. Y es cierto que esa «sencillez» puede defraudar a algunos de los seguidores más acérrimos de Egan, ávidos de complicados desafíos intelectuales que aquí no tienen tanta cabida, o de aquellos otros que busquen acción per se en la trama, ya que la narración da un mayor protagonismo a las relaciones y experiencias vitales de los personajes, a los cambios sociales y políticos de un país con una historia convulsa, que a la ciencia propiamente. De hecho la novela se encontraría, sin adentrarse en ella, al borde de la etiqueta de ciencia ficción hard, lo que no quita que la especulación esté llena de interesantes posibilidades y de grandes temas y cuestiones éticas sobre los que reflexionar profundamente.

viernes, 20 de enero de 2012

Reseña: Accelerando

Accelerando.

Charles Stross.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis fantástica # 68. Madrid, 2011. Título original: Accelerando. Traducción: Carlos Pavón. 352 páginas.

Accelerando viene acompañada inevitablemente de la etiqueta de ser la novela «definitiva» sobre la singularidad tecnológica y el post o el transhumanismo. La idea subyacente bajo estos términos es la de que el desarrollo tecnológico, sobre todo informático, está creciendo en los últimos tiempos a un ritmo exponencial, de forma cada vez más acelerada, y que en un futuro en absoluto lejano se va a producir un punto de «ruptura» a partir del cual toda esa tecnología será en la práctica incomprensible —e inaprensible— desde la óptica de un humano actual. La creación y el despertar a la auto consciencia de auténticas Inteligencias Artificiales dejarán obsoletos a los meros individuos, que deberán ser «actualizados» —en mente y cuerpo— hasta lo irreconocible para poder mantener el ritmo de las máquinas. Y quienes se aferren a su carnalidad se verán dejados atrás sin contemplaciones, como por otra parte ya está sucediendo en la actualidad con los desfavorecidos que no tienen acceso a ciertas tecnologías cada vez más imprescindibles en el día a día.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Reseña: Rito de paso

Rito de paso.

Alexei Panshin.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 67. Madrid, 2011. Título original: Rite of Passage. Traducción: Carlos Gardini. 239 páginas.

Es esta una novela que da ni más ni menos que lo que promete su título, el relato de los preparativos y el desarrollo de una prueba que va a marcar el cambio de niña a adulta de la protagonista; un proceso de maduración, a veces traumático, que modificará su forma de ver el mundo en el que vive si es que consigue completarlo. Parece obvio que el tiempo pasado desde su publicación original, cuando recibiera el premio Nebula en 1969, ha convertido en ingenuos algunos de sus planteamientos, pero lo cierto es que su forma de narrar, los problemas implicados y el mensaje subyacente siguen estando hoy tan vigentes como entonces.

domingo, 27 de junio de 2010

Reseña: Ocho honorables magos

Ocho honorables magos.

Barry Hughart.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 61. Madrid, 2009. Título original: Eight Skilled Gentlemen. Traducción: Carlos Gardini. 222 Páginas.

Tercera y última, para desgracia ―incluso a pesar de todo lo que luego se verá― de los que hemos disfrutado de ellas, novela dedicada a narrar las aventuras e investigaciones del Maestro Li y su ayudante y amanuense Buey Número Diez. Unos malos editores, unas ventas regulares y el temor de Hughart de que las siguientes entregas se convirtiesen en meros “formatos” repetitivos de un mismo esquema y recursos que llegasen a cansar a los lectores le llevaron a colgar la pluma y dejar en el limbo de las historias nunca contadas las, en principio previstas, cuatro novelas siguientes. Lamentando no poder leer esas aventuras posteriores de los dos protagonistas, es de agradecer la honestidad del autor, quien antes de ofrecer una obra por debajo de las expectativas prefirió dejar de escribir.

En Ocho honorables magos, mientras la peculiar pareja protagonista asiste a la ejecución del infame Tu el Hostelero de Sexta Categoría, la aparición de un ch'ih-mei, un antiguo gul vampiro, les pondrá en la pista de un nuevo misterio. Una aventura que les llevará a entrar en la Ciudad Prohibida de Pekín para investigar el silenciado asesinato de un mandarín, a emprender un nuevo periplo por los pueblos y parajes de la China milenaria a través de caminos infectados de bandidos hasta el palacio de Yen-men para investigar un turbio e ilegal negocio de contrabando, y de vuelta a la capital del Imperio para enfrentarse a la sobrenatural resolución del misterio. Y si algo hay en esta entrega es magia y hechos sobrenaturales, demonios y monstruos, chamanes, titiriteros de reconocida habilidad y pericia capaces de embaucar al público con las más complicadas representaciones, criaturas extrañas, deidades menores de una religión destruida... Y también ocho jaulas que varios grupos enfrentados parecen buscar con ahínco y que de alguna manera están ligadas a los legendarios ocho honorables magos de la antigüedad.

Es ésta una historia aparentemente menos grandiosa que las anteriores, más contenida, que de hecho pronto se antoja de lo más mundano al revelarse que los asesinatos parecen esconder una mera conspiración entre los eunucos y los mandarines de palacio con el propósito de enriquecer a los participantes en una operación de contrabando. Sin embargo, la inexplicable aparición en escena de unas aparentes deidades menores y de un misterioso hombre-mono de pelambre gris plata en la frente, mejillas azules brillantes, nariz carmesí y mentón amarillo hará sospechar al Maestro Li que no todo es tan sencillo como aparenta y que quizá haya un secreto ―y un peligro― mucho mayor envolviendo a los conspiradores.

Hughart da muestras de nuevo de una fina escritura, de un retorcido sentido de humor, con cierta truculencia incluida ―a los prolegómenos de la ejecución que abre el libro y, sobre todo, al banquete celebrado en Yen-men preparado por el maestro Li con la ayuda del titiritero Yen Shih y el propio Buey me remito― y de una planificación perfecta a la hora de ir desvelando las pistas y las soluciones al misterio. Al principio todo parece algo deslavazado, deshilvanado, como si los indicios no terminaran de conectar y la historia discurriese por derroteros difícilmente convergentes. Pero nada más lejos de la realidad, poco a poco, con habilidad de artesano, mientras la trama avanza y las persecuciones y enfrentamientos se suceden, el autor construye una historia en la que todo termina por encajar y en la que Li y Buey Número Diez se jugarán el destino del mundo en una carrera desesperada. Como es habitual en este autor, la trama se divide en varios niveles, unos más pegados a lo cotidiano y otros más a lo fantástico, desde la investigación de unos simples asesinatos relacionados con la falsificación y venta fraudulenta de productos relacionados con el comercio imperial hasta la aparición de antiguos y olvidados dioses que preludian el fin de una era, que no será hasta los capítulos finales donde colapsen entre sí conformando un enorme fresco donde se unen las leyendas y la realidad para ofrecer una explosivo final donde se juega el futuro de la humanidad.

Como ya sucediera con la novela antecesora, tampoco ésta llega encaramarse a la altura de Puente de pájaros ―sería demasiado pedir―, pero deja un muy buen sabor de boca, mejor incluso que el de La leyenda de la piedra. Quizá en Ocho honorables magos haya algo menos del sentido de maravilla continua que se encontraba en el primer libro de la serie, siendo en esta ocasión una investigación más mundana, más deudora de la forma tradicional de las historias de detectives en la que hay que seguir una serie de pistas determinadas para alcanzar la resolución del misterio planteado, yendo paso a paso, de un punto al siguiente arrastrando por tanto una estructura algo más rígida, pero no por ello menos exenta de sorpresas. El misterio se siente menor de alguna forma, menos cautivador en su grandeza legendaria, pero sin duda una vez resuelto el lector no puede escapar a la maravilla y la riqueza de la tradición de esa China que nunca existió. Al cerrar el libro queda un sentimiento agridulce, con la certeza de haber leído una muy satisfactoria novela y el conocimiento triste de que no hay ya más aventuras del maestro Li y de Buey Número Diez en el horizonte.

Sin embargo, quizá sea algo de agradecer esa honestidad del autor al cerrar aquí la serie. Los personajes, como ya sucediera en La leyenda de la piedra, se van asentando cada vez más en sus propios papeles, funcionando gracias a sus «tics» y frases recurrentes, a unos comportamientos ya conocidos, a unas actuaciones ya predecibles, y haciendo sospechar que si Hughart hubiera escrito los siguientes libros los personajes podrían perfectamente haberse convertido en parodias de sí mismos, cosa que aquí, por suerte, no llega a suceder. Pero si el maestro Li y Buey Número Diez de alguna manera no resultan ya tan intrigantes por conocidos, lo cierto es que el autor demuestra una vez más su habilidad para ofrecer al lector una serie de personajes secundarios llenos de atractivo e interés, encabezados por el titiritero Yen Shih y su hija Yu Lan, quienes acompañarán al dúo en parte de la aventura demostrándose de gran importancia en la resolución del misterio, encarnando en parte ese sentimiento de nostalgia y valentía que impregna toda la novela. O los malvados como Li el Gato, jefe de los eunucos de la Ciudad Prohibida, o el alcaide de Yen-men casado con la hija de un bandido que parece odiarle, quien también tienen mucho que ofrecer a lo largo del relato.

En Ocho honorables magos, como ya sucediera en las dos entregas anteriores, subyace como fondo una grandiosa historia de amor, pero que nadie se alarme, que no es una historia romántica al uso en absoluto. Hay mucha tragedia, sí, y también mucha poesía, pero tan solo al final del todo será el lector capaz de interpretar lo que ha leído y entender todas las pistas y referencias al tema que el autor ha ido habilidosamente intercalando en la narración. Hughart tiene una especial habilidad para ofrecer al lector una serie de imágenes de enorme fuerza evocativa que le transporta a otra época y cultura, tan lejanas ambas de sus propios referentes occidentales que no pueden dejar de sorprender, sumergiéndole sin problemas en un mundo que cabalga a lomos de las leyendas más fascinantes.

Una serie ciertamente recomendable, con una fantasía diferente de la habitual, casi más deudora de las historias de detectives que de la fantasía épica, y que termina aquí si no con el deseable broche perfecto, quizá sí con el que más podría acercarse a ello. Nunca se sabrá ―a no ser que Hughart cambie mucho de opinión, cosa que parece bastante difícil― cómo hubieran podido evolucionar los dos protagonistas, pero lo cierto es que sus vidas hasta aquí merecen ser leídas, paladeadas, degustadas, rememoradas, releídas y recordadas. Cierto es que la primera novela es la mejor de todas, pero las dos siguientes están también muy por encima de la media y, teniendo esto en cuenta a la hora de adentrase en ellas sin expectativas imposibles, seguro que su lectura es igualmente satisfactoria. Y es que da gusto leer historias así.

[Reseña de la primera novela, Puente de pájaros, pinchando aquí].

[Reseña de la segunda novela, La leyenda de la piedra,pinchando aquí].


sábado, 6 de junio de 2009

Reseña: Visión ciega

Visión ciega.

Peter Watts.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 59. Madrid, 2009. Título original: Blindsight. Traducción: Manuel de los Reyes. 297 páginas.

Para los que creían lo contrario, Peter Watts viene a demostrar con Visión ciega que no estaba todo dicho dentro del subgénero del “primer contacto”. Aunque lo cierto es que no tengo demasiado claro si lo que le interesa al autor es ese acercamiento a los alienígenas o la propia reflexión sobre la naturaleza intrínseca del ser humano y su importancia dentro del orden establecido en el Universo. Watts parte de la Idea y a partir de ella construye su historia, lo cuál no es malo per se, pero sí que supedita muchas de las escenas a tratar de transmitir un mensaje concreto, una tesis, y convierte el texto, en ocasiones, en algo excesivamente academicista, demasiado proselitista en pos de convencer al lector (o al menos hacerle reflexionar) de las propias convicciones del autor.

Pero que nadie se asuste; Visión ciega se puede considerar, sí, una exigente novela de ciencia ficción “hard”, pero es lo bastante accesible y tiene los imprescindibles momentos de acción y emoción, y unos personajes lo suficientemente llamativos, como para agradar a cualquier lector que se embarque en sus páginas con el adecuado interés y atención. Desde luego, no es un libro para leer con el piloto automático encendido, hay que realizar un esfuerzo consciente para sumergirse en la narración y aprehender todo lo que el autor ha puesto en sus páginas, pero al final (sobre todo tras leer las “notas y referencias”) el esfuerzo habrá merecido la pena (siempre, eso sí, que este tipo de literatura te atraiga, si no puede convertirse en un auténtico galimatías muermazo).

Visión ciega comienza con Siri Keeton, un narrador en primera persona, no del todo omnisciente, pero sí aparentemente objetivo al haber sufrido de pequeño una extirpación cerebral para erradicar su epilepsia que le ha convertido en un observador desapegado de lo observado, en una especie de autista emocional, un “sinteticista” capaz de leer e interpretar intelectualmente el comportamiento de las personas a través de sus posturas y gestos faciales, pero sin empatizar en ningún momento con ellas. Y, como si de un largo flash-back o unas memorias se tratase, Keeton, irá desgranando la historia de la expedición de la Teseo, la nave enviada a investigar a unos alienígenas que, al parecer, han visitado la Tierra para hacerle una completa fotografía y que ahora se encuentran en la lejana nube de Oort, al tiempo que nos presenta a sus cuando menos estrafalarios compañeros de viaje y salpimenta la narración con frecuentes referencias a su propia vida pasada. Así, pronto el lector descubre que el capitán de la expedición es un vampiro, miembro de una rama de la humanidad extinta víctima de un “defecto de diseño” y resucitada en ese futuro cercano mediante ingeniería genética; o que la lingüista del equipo, Susan James o La Banda de los Cuatro, lleva dentro de su cerebro varias personalidades que puede intercambiar según la situación lo requiera; o que la IA de la nave tiene ideas propias y le gusta que le llamen “capitana”; o que a bordo también viaja la mayor Amanda Bates, una militar en una nave civil desarmada, preparada para defenderse de lo que haga falta… Unos “perfectos” representantes de la humanidad para realizar el primer contacto con el artefacto alienígena que, muy adecuadamente (y Watts ha puesto todos los nombres con mucha intención) se llama Rorschach; y que en ocasiones harán preguntarse al lector quiénes son realmente los extraños y sobre la posibilidad, o imposibilidad, de la comunicación con alguien o algo realmente diferente cuando ya nos cuesta tanto hacerlo entre nosotros mismos.

Y es ahí, entre intercambio de opiniones, diálogos más que curiosos, paseos espaciales y ciertos enfrentamientos, entre experimentos y escenas de acción, donde el autor comienza a desgranar sus ideas sobre el lenguaje, sobre la posibilidad de comunicación con lo alienígena (el pasaje donde se aplica a la posibilidad del primer contacto la idea de la Habitación China de Searle es francamente revelador), sobre la sentiencia o la inteligencia en contraposición a la conciencia y si pueden existir la una sin la otra, sobre la neurociencia, la metafísica y la exobiología, sobre la percepción de la realidad en función del observador y el bagaje que lleve consigo, sobre el estudio de la mente humana y la individualidad… Multitud de temas, multitud de ideas que Watts plasma con acierto casi siempre y que, aunque otra cosa sea que el lector pueda estar o no ya de acuerdo con ellas, al menos provocan su reflexión sobre las mismas. Reflexión, al fin y al cabo, sobre el ser humano, sobre su importancia en el orden natural de las cosas dentro del Universo, sobre lo que somos y lo que nos hace serlo. Y es que a veces hay que alejarse de algo, incluso viajando a la lejana nube de Oort, para poder captarlo en su total integridad. Algo así les sucederá a los pasajeros de la Teseo y, muy posiblemente, a algunos de sus lectores más aplicados.

Ciencia ficción “clásica” con postulados nuevos, y en apenas 300 páginas, todo un acierto y un logro en estos tiempos de mamotretos y series interminables. Debido a la “dureza” de su lectura en ciertos pasajes, debido a lo inhóspito de ciertos planteamientos o a lo alienígena de los propios protagonistas humanos, no es una novela que me atreviera a recomendar alegremente a cualquier lector, pero ciertamente creo que el que se acerque a ella con la mente abierta no saldrá del todo defraudado y algunos incluso encontrarán en ella razones para la relectura (aunque solo sea por esclarecer ciertos momentos más complejos a la luz vertida por las “notas y referencias” del final de libro).

lunes, 31 de marzo de 2008

Reseña: La caída de los reyes

La caída de los reyes.

Ellen Kushner / Delia Sherman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 55. Madrid, 2007. Título original: The Fall of the Kings. Traducción: Manuel de los Reyes. 406 páginas.

En La caída de los reyes, el lector descubre que la Ciudad innominada que ya conociéramos en A punta de espada o en El privilegio de la espada tiene todo un mundo y una Historia alrededor, Historia que será realmente importante en el desarrollo de la trama cuando proveniente de las provincias del norte empieza a tomar fuerza un movimiento en pos de la restauración de la monarquía y, al estar indisolublemente unida a ella, el retorno de la magia: el rey siempre debe tener un brujo a su lado, con unas funciones que van mucho más allá de las de un simple consejero.

Theron Campion, heredero del ducado de Tremontaine, con sangre de reyes corriendo por sus venas, pero cuyo único anhelo es que le dejen vivir su vida con tranquilidad, se verá irremediablemente envuelto en la conjura sin siquiera enterarse demsiado del tema. Su camino se cruzará con el de Basil de Cloud, un erudito doctor en Historia, cuyos estudios le llevarán a postular y defender la existencia cierta de la magia. Una vez llegue a sus manos “El libro del brujo del rey” sus destinos quedarán sellados.

“Rey” y “brujo” se convierten en juguetes en manos de los agentes del cambio, peleles que apenas se dan cuenta de lo que está sucediendo y lo que su unión, intelectual y amorosa, ha desencadenado. Theron es un joven perdido, desorientado y desengañado en el amor; una figura fácilmente manipulable a pesar de su auto proclamada independencia. Se convertirá así en una víctima propiciatoria del juego del poder, juego que él siempre había rechazado. Basil, amante del saber por el saber, de la cultura y de la verdad, es incapaz de prever lo que sus descubrimientos pueden desatar sobre el antiguo reino.

En esta novela la ciudad en sí pierde parte del protagonismo que obviamente tenía en las anteriores entregas (sobre todo en la primera). Deja paso a nuevos horizontes, aunque es algo que choca un tanto tras la evolución que se producía en El privilegio de la espada el que aquí parezca que se da un cierto paso atrás, de nuevo hacia una versión más oscura y peligrosa de la Ribera. Sin embargo, es cierto que ha dejado atrás algo de su atmósfera, ya no es tan cautivadora como fuera en A punta de espada, ha perdido cierta fascinación para ganar en “mundanidad”. La Ciudad es ahora un lugar más verídico para vivir, más habitable, pero ha perdido algo de su emoción, de la sorpresa, por el camino.

Especialmente curiosos me han parecido algunos “cameos” de personajes de las anteriores novelas que parecía imposible que aparecieran por sus páginas (sobre todo por cómo había terminado alguno de ellos, uno en concreto, o por el tiempo trascurrido entre unas y otra) y que sin embargo aparecen, supongo que como una especie de guiño de complicidad con el lector.

Como novedad, ya que no existía mención en las anteriores entregas, hay en la novela un precioso tratamiento de la magia, no exactamente novedoso en cuanto al hecho mágico en sí, si no en la forma en que se encuentra expuesto: vuelve el mito del Rey Ciervo, del venado que debe ser coronado, de una magia salvaje, casi incontrolable, que domina a sus practicantes más que dejarse doblegar por ellos. Una magia que retorna, que se hace presente y de la que casi nadie tiene conciencia, o en la que ni siquiera creen y a la que muy pocos pueden acceder.

Pero es precisamente en la parte de los estudios de Basil de Cloud, tanto históricos como mágicos (de la existencia de la magia en sí), donde La caída de los reyes más se demora, se ralentiza; tal vez para dar precisamente la idea de que se trata de una tarea ardua para los investigadores, de algo difícil y costoso en esfuerzo y en tiempo, pero que al lector se le hace algo pesado y lento.

Inmersa la trama en estos cauces académicos se aleja un tanto de lo que había sido predominante en las novelas anteriores: el mundo duelístico. El mismo permanece, sin duda, pero muy de fondo, produciéndose un predominio del ambiente estudiantil, de la Universidad, apoyándose más en la rivalidad académica, verbal, que en la del acero de los duelos. Se mantienen, eso sí, los enfrentamientos políticos al más alto nivel, donde el inmovilismo del Consejo de los Lores choca con las intenciones de aquellos que desean el cambio, la vuelta a la monarquía, para recuperar sus privilegios perdidos. Así, las alianzas secretas, las traiciones, los engaños y manipulaciones están servidas. Hay en La caída de los reyes un innecesario alargamiento de la narración, con situaciones redundantes que por ello mismo podrían haber resultado obviables, pero que tampoco llegan en absoluto a molestar. Es una novela que sin alcanzar las cotas de calidad e interés de A punta de espada, está sin duda muy por encima de El privilegio de la espada (que es, sin embargo, la que se ha llevado los premios). Entretenida y recomendable.

martes, 19 de febrero de 2008

Reseña: Nova Swing

Nova Swing.

M. John Harrison.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 57. Madrid, 2007. Título original: Nova Swing. Traducción: Manuel de los Reyes. 221 páginas.

He de confesar que Luz, la novela de la que supuestamente Nova Swing es secuela, a pesar de gustarme en general, no me dejó el suficiente buen recuerdo como para lanzarme de inmediato nada más publicarse a la lectura de su “continuación”; aquella me entretuvo, pero no consiguió despertar especialmente mi emoción mientras la leía. Por ello, dudé bastante antes de decidirme a comprar Nova Swing, pero lo hice, y fue un acierto.

Es esta una secuela bastante sui generis, más de temática y situación que de cualquier otro componente de la narración (personajes, historia…), donde lo que ambas comparten (y lo que de verdad sirve de “excusa” argumental para la trama de las dos) es el Canal Kefahuchi y las maravillas (y pesadillas) que crecen a su vera. En la zona prohibida de Saudade, donde antaño cayera un trozo del Canal, las leyes físicas se han visto modificadas y retorcidas; y quienes se atreven a entrar en su interior saben que la locura y lo extraño acecha a cada paso, pero que si son valientes la recompensa con la que salgan de allí puede ser inmensa: organismos, tecnologías o artefactos (o una mezcla de todos ellos) de factura inexplicable y por las que algunos están dispuestas a pagar cantidades exorbitantes de dinero. Harrison nos presenta un futuro casi utópico, donde cada cual puede ser cualquier cosa que desee, comprarse un nuevo cuerpo, cambiar de identidad…, pero donde también, sin embargo, existen muchas personas insatisfechas, marginados, justo al borde de la sociedad, sobreviviendo a duras penas con su identidad intacta.

Y es en esas aguas donde se mueve Vic Serotonina, un guía y traficante de la zona prohibida, que provocará sin apenas darse cuenta una encarnizada lucha entre la policía y ciertos elementos de los bajos fondos de la ciudad. Nova Swing es una novela coral, donde la acción cambia continuamente de protagonista, donde hasta los supuestamente secundarios tienen su momento estelar, sumergiendo al lector en un sugerente, y algo demente, paseo por la desenfocada realidad de Saudade, donde aparentemente todo y todos están a la venta. O tal vez no.

Con reminiscencias a la novela Picnic junto al caminoStalker— (homenaje incluido con una cita al abrirse el libro), con esa zona dónde todo es ilógico y posible, donde es tan fácil perderse como encontrar algo de incalculable valor, donde el tiempo trascurre de forma diferente y los ángulos poseen curvaturas inesperadas… Harrison propone un escenario fascinante, pero donde lo verdaderamente importante son los personajes, su evolución, su caída. Toda la trama está supeditada a ellos y lo fascinante son las extrañas relaciones, muchas veces auténticamente morbosas, que se establecen entre ellos; los tira y afloja que se producen entre las diferentes personalidades y objetivos contrapuestos.

En un mundo donde cualquiera puede ser lo que quiera, el autor nos presenta a una serie de auténticos perdedores (aunque algunos no lo aparenten o sean conscientes de ello siquiera), gentes que persiguen sus sueños contra toda esperanza, sabiendo perfectamente que todo está en su contra, pero perseverando en el empeño a pesar de que saben que nunca han tenido suerte o que si en algún momento la tuvieran ahora es tan sólo un bonito y amargo recuerdo de un pasado que difícilmente ha de volver.

Con una escritura terriblemente evocadora, el autor juega a provocar sensaciones en el lector, buscando en todo momento la implicación emocional, el tocar la fibra de los sentidos a través de una música que casi se puede escuchar subiendo desde sus páginas. Harrison ofrece un puzzle incompleto, al que le faltan piezas que el lector debe imaginar o inventar si quiere descubrir la imagen completa. Es por ello que Nova Swing no es una lectura fácil; exige una implicación, una atención a los pequeños detalles que hace recomendable su lectura en momentos de tranquilidad, cuando se pueda meter uno a fondo en la trama sin perder el hilo por distracciones ajenas. No es una novela “redonda”, precisamente porque deja muchas cosas en el aire, pero sin duda eso es parte del juego de Harrison, el no dar todo mascado, todo explicado al lector, sino que éste tenga que deducir a dónde quería llegar el autor o, tal vez y como sucede en la zona prohibida de Saudade, descubrir un nuevo camino que ni siquiera estaba allí al principio. En todo caso el viaje habrá merecido la pena.

martes, 4 de diciembre de 2007

Reseña: Sherlock Holmes y la Boca del Infierno

Sherlock Holmes y la boca del infierno.

Rodolfo Martínez.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 54. Madrid, 2007. 250 páginas.

Tercera incursión de Rodolfo Martínez en su particular recreación del mundo de Sherlock Holmes, tras La sabiduría de los muertos y Las huellas del poeta, y quizás la más inesperada al adelantarse a la anunciada Sherlock Holmes y el heredero de nadie. El propio autor relata al principio del libro la anécdota de cómo llegó a conocer la Boca do Inferno, en Portugal, y de cómo le impresionó, tanto en lo geológico como en lo “legendario” (el fingido intento de suicidio de Aleister Crowley), el lugar. Y la verdad es que debió quedar muy impresionado, pues a partir de tan interesante, pero algo parco, escenario ha construido una nueva novela sobre el detective en esa faceta cada vez más anciana que ya nos había ofrecido en las dos anteriores entregas; novela que se sustenta poco más que en el nuevo intento de Crowley de romper las barreras entre los mundos y en la decisión de Holmes de impedírselo. Una decisión que habrá de reportarle una dolorosa pérdida antes de poder alzarse con el triunfo, si es que lo hace. Lo cierto es que a mí me ha parecido que había poca “chicha” en el asador; que la idea, que muy bien podría haber dado para un excelente relato de cierta envergadura, está aquí estirada hasta un extremo innecesario. Así, nos encontramos capítulos enteros (Primera parte, capítulo V: “La señorita Violet Hunter”, por citar alguno) que son totalmente irrelevantes al no aportar absolutamente nada a la trama (sacando a la narración de ella, de hecho) y que parecen incluidos con la sola intención de alcanzar el número de páginas necesario para poder llamar a la obra novela y facturarla como tal. Peca aquí, creo, el autor de un cierto síndrome de “aprovechamiento del éxito” (quienes nos leímos las anteriores nos íbamos a comprar ésta casi con seguridad) y ha alargado de forma innecesaria una historia, por otra parte, no carente de interés en absoluto.

Dejando atrás este, sin duda, importante escollo, es de agradecer que Rodolfo Martínez no deja a un lado su buen hacer prosístico al que nos tiene habituados y lleva a cabo un buen ejercicio literario con el material del que dispone. Así, la historia se compone de tres partes con tres narradores diferentes (que se nos presentan como manuscritos o testimonios recibidos por el autor desde distintas fuentes) con estilos divergentes entre sí, de manera que parezca que, en efecto, están relatados por los diferentes protagonistas de los sucesos narrados. Asistimos a distintas voces, desde la del propio doctor Watson, con esa conseguida imitación del estilo de Conan Doyle (como ya hiciera en las dos anteriores) hasta la del antiguo irregular de Baker Street, Wiggins, que por momentos nos trae reminiscencias de Corso, el inquietante protagonista de su novela El abismo te devuelve la mirada (¿es casualidad que precisamente esa frase salga casi literalmente citada por Holmes en el interior de este libro? ¿Autorreferencialidad?) y que se convierte de alguna manera en un brillante homenaje a Rafa Marín y su también holmesiana novela Elemental, querido Chaplin (muy recomendable, por otra parte) de la que toma prestados algunos elementos encajándolos de forma perfecta en la trama.

Del mismo modo, el autor recupera personajes y hechos de las anteriores novelas para darles aquí un nuevo y mayor protagonismo. Caso especial es el de su particular “Superman”, que salido de las páginas de Las huellas del poeta, toma sobre sus fornidos hombros una mayor importancia y se convierte en parte esencial de la narración; si bien es cierto que a Martínez le viene de maravilla para poder justificar algunos de los saltos sin red que se producen en la historia y de los que difícilmente podría haber salido de otra manera. En este especie de homenaje a uno de sus personajes de cómic preferidos, Martínez dota de muchas (quizá demasiadas) similitudes a su “creación” con la del personaje creado por Shuster y Siegel; cosa que sin duda gustará a los seguidores del autor asturiano, conscientes sin duda de sus filias, pero que me consta que defrauda en cierto modo a los aficionados más “canónicos” del detective británico. Si ya en las novelas anteriores la presencia de los dioses primigenios salidos de la obra de Lovecraft rompían con el corpus holmesiano más “tradicional”, su unión aquí a la abierta intervención del superhombre aparta a La Boca del Infierno casi por completo del mismo. Lo cual, por otra parte, no es mala elección en visos de una cierta originalidad, aunque ya la sorpresa esté descartada por lo narrado con anterioridad.

En definitiva, se trata de un libro plagado de autorreferencias (incluso algunas al todavía no publicado El heredero de nadie), continuista con lo conocido en las anteriores entregas, que habría ganado bastante de no haberse estirado y haberse quedado en un formato más contenido, pero que no defraudará a los seguidores de la serie (aunque no sea aconsejable para quienes no hayan leído los anteriores dada la peculiar idiosincrasia particular de la misma, plagada de detalles y referencias provenientes de anteriores novelas).

sábado, 2 de junio de 2007

Reseña: Luz azul

Luz azul.

Walter Mosley.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Malabares # 1. Madrid, 2007. Título original: Blue Light. Traducción: Manuel de los Reyes. 287 páginas.

La verdad es que me está costando ponerme a hacer esta reseña. Después de leído el libro todavía estoy preguntándome si me ha gustado o no. Lo cierto es que ha habido partes que sí, mucho, pero otras me han parecido de un aburrimiento soporífero; así que estoy terriblemente dividido. Luz azul es un libro difícil de calificar, ya que no pertenece a ningún género definido y tiene ramalazos de muchos. Cuando parece que va a encaminarse en cierta dirección, gira en la contraria y cambia el registro. No es fantasía al uso, no es policíaco-detectivesco, no es un viaje iniciático, no es un libro sobre drogas o sobre sectas, no es una novela romántica ni erótica, no es un thriller ni es de terror, no es una aventura de superhéroes…, pero de todas esas corrientes bebe de alguna manera, de todas participa, convirtiéndose por el camino en ese “viaje psicotrópico” que se nos anuncia en la contraportada, aunque tampoco se trate exactamente de eso.

Luz azul es la historia de unas partículas, parte de una consciencia cósmica antiquísima, que “llovieron” sobre la Tierra una noche, después de haber atravesado las inmensidades galácticas, y de los seres, humanos o animales, sobre las que cayeron dotándolas de unos conocimientos y habilidades especiales que les harían sobresalir por encima del común de los mortales, entregándoles la promesa de llevar a la humanidad a un nuevo estadio de existencia, aunque sin que quede claro en ningún momento cuál iba a ser ese estadio. La narración se inicia en San Francisco en los años sesenta y está escrita en primera persona, desde la óptica de un joven mestizo, Chance, que se rebela contra el mundo en forma de abandono-expulsión de su doctorado y su caída en las drogas psicodélicas. Chance se pondrá en contacto con el carismático líder de una especie de secta, dirigida por uno de los tocados por la luz azul, y de la que se convertirá en su cronista y confidente. Así iremos conociendo a otros de los “elegidos”, cada uno con sus capacidades especiales diferentes de las de los demás, pero todos muy carismáticos y capaces de arrastrar tras su estela a un buen número de seguidores, ya sea por sus ideas, por su retórica o por puro sexo. Pero siempre hay problemas en el paraíso y aquí no podía ser diferente; y desde luego no es sólo la bondad lo que mueve a la mayoría de estos gurus de la nueva era, y así se verán mezclados en una oscura trama de asesinatos y persecuciones que harán que el libro obtenga una nueva orientación.

Por supuesto, como no podía faltar, hay un malo malísimo, un receptor defectuoso (hay varios de estos) de la luz azul, cuyo objetivo en la “vida” (las comillas se entenderán si se lee el libro, no quiero destriparlo ya que es un detalle muy importante de la trama) será eliminar a todos los que han sido tocados por la luz y a sus seguidores de paso. No hay que tratar de buscar mucha motivación aquí, porque no la hay; las cosas son así, es el destino y cada cual tiene que jugar según las cartas que ha recibido. Conforme avanza el libro el personaje de Chance se llega a hacer cargante de lo borrego y tonto que resulta en muchas, demasiadas ocasiones; y el resto tampoco es que vayan mucho más allá de unas figuras arquetípicas que van apareciendo conforme lo requiere la historia.

Al final, Mosley da al lector la elección de creerse la historia o no, con un cierre de esos de “nada es lo que parece, ¿o sí?”, pero el problema radica en que lo difícil es creérsela mientras se la está leyendo, en que cuando uno llega hasta allí ha dejado de importarle las maravillosas visiones provocadas por la luz azul o por las drogas, los sueños “flower-power” premonitorios, los retozones de amor libre o el supuesto destino hacia la elevación de la humanidad.

Como decía al principio, hay partes que me han gustado incluso mucho, que me habían atrapado auténticamente; sin embargo, en su conjunto, este es un libro que no me atrevería a recomendar, porque la sensación final que me ha quedado no es precisamente positiva. Es un libro que se deja leer, está bien escrito y se nota el oficio detrás de las palabras, pero que cuando haces una pausa por algún motivo, luego no tienes la compulsión de volver corriendo a él para ver cómo continua la trama, sino que siempre encuentras excusas para hacer otras cosas, para demorarte antes de seguir la lectura, y eso, la verdad es que a mí, me dice poco a favor del mismo.

martes, 15 de mayo de 2007

Reseña: Evenmere, la Gran Mansión

Evenmere: La gran mansión.

James Stoddard.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 53. Madrid, 2007. Título original: The High House. Traducción: Manuel de los Reyes. 255 páginas.

La Gran Mansión es tan inmensa que contiene reinos en su interior. Y esto, que dicho así podría llegar hasta a sonar un tanto ridículo, da lugar sin embargo a una novela fantástica, llena de emoción y poesía y aventura y muchas sorpresas e impregnada desde la primera página con la esencia de un tipo de literatura evocadora y algo transgresora que se hizo popular en la primera mitad del siglo pasado. Adentrarse en los corredores y pasillos de Evenmere es dejar atrás el territorio conocido de nuestra propia existencia y recuperar las sensaciones de nuestra infancia y adolescencia, cuando todo era posible y detrás de cada esquina podía esconderse un reino fantástico presto a mostrarnos sus maravillas.

Con Evenmere he recuperado el sabor de unos libros que creía perdidos, de una época en que devoraba a los “clásicos” y me sentía auténticamente transportado a otros mundos. Quizá para las nuevas generaciones o para los que no hayan disfrutado de los obras de Clark Ashton Smith, de William Hope Hodgson, de C.S. Lewis, de Burroughs, de Dunsany, de Howard (más allá de su afamado Conan), de Lovecraft y toda su camarilla… este libro no les toque la fibra sensible tanto como me la ha tocado a mí, pero no dudo que también disfrutarán de la lectura del mismo por sus propios valores más allá de las referencias que en él se pueden ir rastreando y capturando.

Sin duda esta novela es un gran homenaje a toda una forma de escribir y de entender la Literatura Fantástica, cuando el mundo y la vida eran aparentemente más sencillos y la capacidad de maravillar y de maravillarse no estaba tan saturada como lo está en la actualidad, y cuando todavía quedaban territorios inexplorados donde era posible encontrarse con tribus desconocidas o seres fantásticos conviviendo con los humanos en extrañas simbiosis. Sin embargo, las referencias a obras anteriores se limitan a jugar con la complicidad del lector a través de pequeños guiños como puedan ser los nombres de los protagonistas o de los lugares donde vivirán sus extraordinarias aventuras, sin que se vea afectada en absoluto la trama en sí y sin que sea necesario tener ningún conocimiento previo para disfrutar al cien por cien de lo narrado. No es tanto que se tome como base lo anterior sino que la atmósfera general que Stoddard ha sabido imprimir en la novela evoca a todas aquellas lecturas, a las sensaciones que causaban en nuestra mente.

Evenmere, la Gran Mansión, es mucho más que un conjunto de habitaciones y salas, de pasillos y jardines. Es un punto de encuentro, un centro espiritual en un conglomerado de reinos a cual más llamativo que viven bajo la sombra protectora del Señor de la casa. Pero he aquí que se avecinan malos tiempos y que los enemigos se aprestan a preparar sus malvados planes desde fuera y desde dentro de la casa. Es en esta tesitura que Carter Anderson —hijo del señor y causante semi involuntario de la pérdida de las llaves maestras, excusa que forzó su exilio para su propia protección—, ante la desaparición de su padre deberá volver a su hogar para enfrentarse a una gran amenaza y a unos grandes misterios. Sin estar en absoluto preparado, desconociéndolo prácticamente todo sobre lo que auténticamente es Evenmere, deberá asumir unas responsabilidades que siente que trascienden sus propias capacidades, pero ante las que en ningún momento se dará por vencido. Deberá enfrentarse a sus más grandes miedos para triunfar en la difícil tarea que recae sobre sus hombros, y para hacerlo deberá adentrarse en el Círculo Blanco, y a través de sus estancias, de sus habitaciones, de sus enormes salones o de sus interminables tejados, cruzando países y reinos, luchando todo el rato contra los que se le oponen, recuperar aquello que le fue robado y tratar de encontrar a su padre por el camino.

Un libro magnífico, con el sabor de los clásicos pero con la frescura de lo nuevo. Stoddard ha sabido recrear el tono, aunque sin tanto barroquismo en su escritura, de las novelas que dieron origen a la moderna Fantasía, sin renunciar en el intento ni a un ápice de su voz propia, escribiendo por igual para los nostálgicos y para los neófitos. Una gran aventura.

sábado, 7 de abril de 2007

Reseña: Puente de pájaros

Puente de pájaros.

Una novela de la antigua China que nunca existió.

Barry Hughart.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 52. Madrid, 2007. Título original: Bridge of Birds. A Novel o fan Ancient China That Never Was. Traducción: Carlos Gardini. 244 páginas.

Empiezo a leer y surge en mí de nuevo el resquemor de que los premios literarios y yo estamos peleados. Puente de pájaros recibió el Premio Mundial de Fantasía (ex aequo con Bosque Mitago) y el Premio Mythopoeic, lo cual debería ser una garantía, pero lo cierto es que me cuesta entrar en la narración. No es que carezca de interés, en absoluto, lo cierto es que lo que está narrando es, cuando menos, curioso e intrigante, pero la forma de narrarlo no me atrapa, no me conquista. No hay empatía con los personajes y el intento de narración orientalizante no me termina de convencer, no me cuaja. Sin embargo, a no mucho tardar, conforme pasan los capítulos me descubro inmerso en la trama, con una sonrisa en la boca gracias al no tan sutil humor (a veces bastante negro, siempre muy irónico) del autor, atrapado por unos personajes que finalmente se revelan muy humanos e intentando desentrañar los misterios de una búsqueda épica acompañando a los protagonistas a través de los fascinantes paisajes de una China que, en efecto, nunca existió.

El libro pasa en un suspiro, ayudado eso sí, también por su brevedad (no llega a las 250 páginas), cuestión que por otra parte se agradece, pues cuando una historia da para esa longitud, alargarla con añadidos innecesarios tan sólo sirve para devaluarla, desvirtuarla y hacerla tediosa. Hughart supo evitar tal tentación y factura su historia en el tamaño justo, no sobran ni faltan páginas, lo que, como ya he dicho, siempre es de agradecer. Lo que también es cierto es que en 1984, año de escritura de la novela, el mercado editorial era bien diferente del actual y escrita hoy en día esta novela bien podría haberse convertido en uno más de lo mamotretos que fácilmente podemos encontrar en cualquier librería con lo que los lectores habríamos perdido una magnífica historia: concreta, llena de poesía, con las pinceladas justas de magia, con un humor que a nadie ha de dejar indiferente, con acción, amor y entregas desinteresadas.

Esta es la historia de la búsqueda que emprenden Buey Número Diez, un campesino de corazón puro, y Li Kao, un sabio que tiene un ligero defecto en su carácter. En la aldea de Buey Número Diez, Ku-fu, todos los niños de una determinada edad han caído en una especie de coma del que no pueden despertar y que les arrastra lentamente a una muerte inevitable si los dos protagonistas no consiguen hallar el antídoto para el veneno que les ha causado su estado. A través de esa China fantástica, curiosa, un poco anacrónica y poblada de personajes fascinantes, los dos recorrerán un largo camino valiéndose de sus propios medios, siempre apoyándose de su buen corazón, pero muchas veces rozando lo ilegal y poniendo su propia vida en peligro; un camino que les llevará finalmente a sumergirse de lleno en la resolución de un misterio mitológico que traerá reminiscencias de la creación de la misma China.

Los protagonistas se valen en todo momento de la picaresca para conseguir avanzar en su búsqueda, cruzándose con otros personajes a cada cuál más curioso y que les irán ayudando, de buen grado o engañados vilmente, en la consecución de sus fines. Desde los comerciantes avariciosos y tramposos que irán reapareciendo en los momentos más inesperados de sus vidas hasta el infame duque de Ch’in, quien tratará de impedirles encontrar el objeto de su búsqueda, serán muchos los que aportarán su granito de arena a la resolución de la casi imposible tarea. Pero el destino parece que juega a su favor por muy mal que se les pongan las cosas, los acontecimientos no suceden porque sí, las casualidades, se nos dice, no existen. Habrá muchos obstáculos en su camino, pero de una forma u otra, internándose cada vez más en terreno mitológico y, por tanto, bastante inescrutable y resbaladizo, irán superando las pruebas en una misión que se antoja imposible, sin desfallecer, pero viendo cada vez más lejos la conclusión de su tarea.

Hacia mediado el libro éste ya no se puede soltar. La resolución de ambos misterios, el ya sabido del despertar de los niños de la aldea y el mayor que se intuye escondido en la búsqueda de la raíz del Ginseng, atrapa la atención en cuanto uno se hace con la especial forma de narrar la trama. El humor se une a la tragedia, la picaresca da paso a la épica individual en muchas ocasiones, las ambiciones prohibidas esculpen la historia, el amor, casi siempre soterrado pero en ocasiones en primer plano, impregna las páginas… porque al final es de esto de lo que se trata, de la mayor historia de amor de China y de la ambición que la truncó. Y la poesía aparece en los momentos más insospechados, sobre todo hacia el final, en la historia de ese Puente de pájaros que a nadie puede dejar indiferente.

Si he de ser sincero, a mí Bosque Mitago, que compartiera el Premio Mundial de Fantasía con esta novela, quizá me gustó un poco más, pero sin duda Puente de pájaros fue, y es, una muy digna compañera en tal galardón.

sábado, 3 de febrero de 2007

Reseña: METROPOL.

METROPOL.
WALTER JON WILLIAMS.
Reseña de: Miguel Ángel Loscertales Abenoza.
Bibliópolis. Colección Bibliópolis Fantástica nº 37. Madrid, 2006. Título original: Metropol. Traducción: Antonio Rivas.
Primero reseñar que no es una novela típica de ciencia-ficción; ¿cuál es objetivo de este libro:
-Ciencia-ficción.
-Filosofía barata.
-Novela simplista
.La novela nos mete en una sociedad en la cual toda su superficie es una metrópolis divida en varios “estados”, y por arriba hay una barrera donde viven los Elevados ,y dependiente exclusivamente de una fuente de energía , el plasma, controlada por La Compañía de Plasma, quien controle más plasma, más poder tiene.Cuándo uno termina de leer esta novela, por puro empeño que se ponga no se sabe quienes son los Elevados, (escogidos, también seres superiores de otra dimensión...).
El comportamiento de la protagonista como heroína es tan simplista en su labor que no produce ningún sentimiento de valor en sus acciones, antes bien sumisión a una persona que a pesar de ser un perdedor en una ocasión por intentar acumular más poder se le deja deambular y vivir en situación privilegiada.
Por otra parte la novela no explica la convivencia entre los diferentes estados que sólo tienen en común el plasma que eleva su posesión a posiciones dominantes; aquí hay una pregunta que no se especifica en la novela. ¿Tienen acceso a el todos los estados por igual?, ¿algunos estados más que otros, depende de lo que paguen?, ¿qué papel específico desempeña La compañía de Plasma?.Resumiendo, novela no recomendada ni por sus planteamientos, ni por su desarrollo, ni por su resolución final.

miércoles, 17 de enero de 2007

Reseña: La torre de la golondrina

La torre de la golondrina.
La saga de Geralt de Rivia, libro VI.

Andrzej Sapkowski.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 49. Madrid, 2006. Título original: Wieza jaskólki. Traducción: José María Faraldo. 336 páginas.

Con ésta alcanzamos ya la sexta entrega de la serie de Geralt de Rivia, brujo cazador de bestias y seres mágicos entre otras ocupaciones; aunque cabría preguntarse si se puede o se debería dar su nombre a un libro en el que el citado personaje tan sólo aparece como en un cuarto de las páginas, cediendo en el resto el protagonismo a otras personajes que han ido cobrando paulatinamente mayor importancia y que en esta novela se llevan la parte del león (Ciri, también conocida como Falka, sin ir más lejos; auténtico motor de la trama desde hace algún tiempo).

La serie de Geralt comenzó con dos libros magníficos, de imprescindible lectura por el aficionado a la Literatura Fantástica, en los que nos encontrábamos una serie de relatos sobre el personaje unidos por un pequeño hilo conductor, y que sirvieron para ir conociendo al brujo, al mundo en el que se mueve y a algunos de los ¿secundarios? que habrían de acompañarle con mayor o menos asiduidad a lo largo del resto de novelas. Sin embargo, esta estructura de cuentos enlazados se vio truncada a partir del tercer libro, ya que en el mismo empezaba una larga aventura, apuntada en alguno de los relatos anteriores, y que viene ocupando desde entonces al total de las siguientes entregas, cual de si una sola novela partida en trozos se tratase.

Y ahí reside la madre del “problema” que yo me he encontrado al terminar de leer esta Torre de la golondrina. Reconociendo que el libro destaca por encima de muchos otros de fantasía publicados actualmente, me queda el resquemor de que esta sexta novela tampoco es que me haya entregado demasiado contenido respecto a la resolución de lo que se venía narrando anteriormente. La trama, llena de giros y revueltas, de ir arriba y abajo, de cabalgatas y caminos, me da la impresión de que no ha avanzado en absoluto; estamos tan sólo un poquito más allá de lo que estábamos al final del quinto libro, y para ese viaje no hacían falta tantas alforjas.

Hemos asistido a más luchas, más persecuciones, más enfrentamientos, más muertes, más quiebros en las inestables alianzas, más amenazas, más guerra, más intrigas políticas, más giros sorpresa, más apariciones de personajes que creíamos desaparecidos para siempre, más… de lo mismo.

Si a ello unimos que la estructura narrativa del libro no está precisamente bien rematada, con una serie de flashbacks, de ir adelante y atrás en el tiempo de lo narrado sin especificar demasiado en qué momento de la acción nos encontramos, y con una mezcla de los puntos de vista de los personajes que van apareciendo que lejos de aportar una visión original a lo narrado, tan sólo contribuyen a crear una ligera confusión en la mente del lector… nos encontramos entonces con un libro que, al menos en sus intenciones, resulta fallido.

Quizá el problema resida en que es un libro que se disfruta mientras se lee, pero del que una vez terminado se constata que se esperaba más del mismo. Es lo malo de acostumbrarse a lo bueno.

Y no es un mal libro, no, en absoluto; es, si se me permite una analogía un tanto peregrina, como el que masca un chicle. Al principio, cuando lo metes en la boca y das el primer mordisco, el sabor es intenso; luego llega un momento en que el chicle todavía está bueno, pero no sabe como al principio, ha ido perdiendo alguna de las propiedades por la que nos gustaba tanto. Y hay que saber dónde dejar de mascar, antes de que tan solo tengamos en la boca un pedazo de goma con sabor a caucho. La saga de Geralt de Rivia venía pidiendo a gritos un final, un broche que cerrase todas las tramas y nos dejase un buen sabor de boca como el que nos venía acompañando hasta el momento. No ha sido aquí y todavía queda una entrega más, la séptima y, esta vez sí, última. Esperemos que retome el vuelo, que recupere el pulso, y la conclusión sea todo lo digna que se merece esta serie que tan buenos ratos nos ha hecho pasar.

Mención especial merece, como viene siendo habitual, la estupenda traducción de José María Faraldo, quien plasma perfectamente en castellano el habla particular de cada uno de los personajes que van apareciendo y la forma arcaizante de las descripciones que Sapkowski va utilizando. Sin conocer, por mi desconocimiento de la lengua, el original, me atrevo sin embargo a sospechar que no debe ser una tarea fácil en absoluto, pero el traductor, por lo que podemos apreciar, la lleva a cabo con excelente maestría.

Y ya sólo queda esperar la publicación de La dama del lago, novela en que llegarán a término las peripecias y desventuras de Geralt y sus compañeros. Esperemos que el chicle no haya perdido para entonces todo su sabor.

viernes, 29 de diciembre de 2006

Reseña: El Fuego Elemental

El Fuego Elemental.

Martha Wells.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 51. Madrid, 2006. Título original: The Element of Fire. Traducción: Carlos Gardini. 286 páginas.

La novela comienza con una misión de rescate por parte de la Guardia de la Reina de un sabio raptado por el mago bisrano Urbain Grandier que termina con una casa ardiendo y una arriesgada fuga por los tejados de la ciudad… y a partir de ahí ya no hay tregua para el lector. El Fuego Elemental es aventura y acción en esencia, encadenando peripecias una detrás de otra sin permitir apenas descanso ni a los protagonistas ni a los que están leyendo. Se hace difícil soltar el libro en algún punto, hacer una pausa, pues siempre queda la duda de lo que pasará a continuación, de qué nuevo suceso vendrá, qué nuevo misterio saldrá a la luz hábilmente dosificado por al autora.

Ese es, sin duda, para mí, uno de los aciertos de Wells en este libro: va presentando secretos y quiebros en la acción, pero no los hace durar innecesariamente, de modo que cuando el lector pueda decir aquello de que ha descubierto lo que se escondía tras un personaje o una acción en concreto la propia autora lo revela sin necesidad de aguardar páginas y páginas de tediosa espera, quitándole la satisfacción de poder decir ese “yo ya lo sabía hace tiempo” tan obvio en otros libros y presentándole sin embargo a cambio nuevos misterios y nuevos retos.

Es esta la primera novela de Martha Wells (aunque en España sea la segunda editada tras la magnífica y muy recomendable La muerte del nigromante) y aunque es cierto que hay momentos en que la escritura es un tanto apresurada, como suele corresponder a un producto novel, le sobra imaginación y buenas maneras. Le falta, quizá, algo de la depuración que mostrará en el primer libro que nos ofreció Bibliópolis, pero, al menos en la traducción de Gardini, está llena de fuerza y hace un muy buen uso de los recursos literarios.

Como alguien ya ha dicho, El Fuego Elemental es, básicamente, el encuentro de los Tres Mosqueteros con el reino mágico de Faery. La novela está llena de los enredos cortesanos y aventuras soldadescas de los que tanto gustaba Dumas en sus obras, con una reina viuda que mantiene el poder a pesar de que su hijo ya ha sido coronado rey, con una reina cónyuge que vive encerrada en sus propios miedos, con un rey indeciso, dudando de su propio poder y que sólo sabe ejercerlo mediante la dureza y las lisonjas de su interesado primo, con una red de favoritos que sólo buscan el mantenimiento de sus privilegios, con unas órdenes militares enfrentadas entre sí luchando siempre por mantenerse cercanos al poder establecido, con amantes, familiares de dudosa moralidad, intrigas y traiciones, dobles sentidos, duelos a espada… Y a la vez está impregnada en todo momento por la magia de ese reino paralelo, de seres exóticos, que es el mundo de las hadas, aunque estas no sean siempre lo que parecen; un mundo del que procede la medio hermana del rey, bruja élfica por parte materna, Kade Carrion, Reina del Aire y la Oscuridad, y tras ella se nos descubre un mundo extraño, Fayre, del que procede la Hueste de la Corte Profana, dispuesta a arrasar con todo Vienne por sus propios motivos insondables, y enemistados con la luminosa corte de Titania y Oberón, quienes no desean inmiscuirse en asuntos terrenales. Se producirá así el enfrentamiento entre la magia élfica y la hechicería humana con un dudoso premio en juego, pues nadie, salvo los instigadores ocultos en las sombras, parecen saber demasiado bien por qué se encuentran luchando.

Martha Wells juega bien sus cartas, dosificando en su justa medida las pistas que nos va dando con los respuestas que vamos encontrando; con las dosis adecuadas de acción desbordante alternándose con los momentos de investigación y descubrimiento. Los personajes cumplen a la perfección su papel, ajustándose en todo momento a lo que se espera de ellos, sorprendiéndonos cuando es menester y sufriendo, e incluso sacrificándose, cuando les toca. Es este otro acierto, aunque doloroso para el lector, de la autora: dar alegrías inesperadas para luego quitarlas de la manera más cruel (y no profundizo más en ello para no desvelar ciertos pasajes impactantes). Quizá una de las mejores cosas que se pueda decir a estas alturas de una novela de fantasía es que mantenga la capacidad de sorprender, y ésta lo consigue.

He disfrutado leyendo este Fuego Elemental, “simple” aventura pura y dura, que sin duda no busca más que entretener y lo consigue con creces. Si lo que se quiere es pasar un muy buen rato sin tener que cavilar demasiado, sin duda este es un libro muy recomendable para ello.