Reseña de: Santiago
Gª Soláns.
Bibliópolis. Col.
Bibliópolis fantástica # 71. Madrid, 2013. Título original: A case
of Conscience. Traducción: Carlos Gardini. 175 páginas.
Editada originalmente en
1958, Un caso de conciencia es, sin duda y todavía hoy
en día, un libro controvertido, ya que la obra plantea un dilema
moral y teológico presente aun en la actualidad, mostrando por
un lado el enfrentamiento entre ciencia y religión desde una óptica
católica vista por un agnóstico, y por otro la ética asociada a
ciertas actuaciones independientemente de las convicciones sobre la
naturaleza del universo personales de cada cual. Blish no
toma, o no quiere tomar, partido, dejando el tema «abierto» para
que cada cuál saque sus propias consecuencias, aunque su juicio
parece evidente. Con una fuerte carga filosófica, la novela fuerza
al lector a enfrentarse a sus propias creencias, religiosas o
cientifistas, y a examinarlas bajo nuevos parámetros. La trama, de
inicio, se podría enclavar de alguna manera en la estantería de
«primer contacto», ya que versa sobre la forma de relacionarse de
los humanos con la primera especie inteligente que han encontrado en
el cosmos; una forma de relacionarse que va a retratar la naturaleza
humana de forma harto realista a la par que desencantada.

El planeta se muestra como un lugar paradisíaco, aunque no exento de peligros para los humanos; un particular Edén habitado por una raza de alienígenas que conforman una sociedad «perfecta», lógica al extremo, libres de impulsos pecaminosos, pero también de cualquier tendencia religiosa —aunque siguen firmes códigos éticos nunca escritos—, le va a llevar a reevaluar sus pensamientos y a plantearse posibilidades que él mismo considera heréticas —aunque ciertos «saltos en el vacío» de sus razonamientos teológicos que llevan a sus, como poco, sorprendentes conclusiones, sean un tanto difíciles de asimilar o entender por el lector, habiendo otras muchas posibilidades que ni se plantea—. El ciclo vital de los litianos, exponente directo de la teoría de la evolución, parece golpear duramente la doctrina asumida por de Ruiz-Sánchez, mostrándolos como seres «puros», evolutivos, y básicamente ausentes de conciencia y alma.

En la primera parte es curioso constatar ciertos paralelismos con la muy posterior película Avatar, de James Cameron, entre el alienígena «puro», sin mácula, inocente, y el terrestre que llega a un nuevo planeta y busca arramblar con las riquezas sin contar con la opinión de los pobladores del mismo —incluso existe cierto árbol de gran importancia dentro de la historia—. El capitalismo más devastador, defendido por uno de los miembros del comité de evaluación, frente al «noble salvaje», aunque en este caso tenga un importante desarrollo, eso sí en comunión con la naturaleza y con un racional aprovechamiento de los recursos. El planeta Litia, pobre en minerales férricos, ha forzado a sus habitantes a desarrollar un «progreso tecnológico» muy diferente del de la Tierra, mucho más en comunión con su mundo, sin sobreexplotación ni residuos contaminantes.

En la segunda parte se produce una importante deriva en la trama, cambiando el foco y el objetivo, incluso, casi, el género. Si de entrada el lector se encontraba con una novela clásica de primer contacto —más o menos—, la segunda plantea una auténtica distopía, con una Humanidad que oculta su perpetuo temor ante la amenaza nuclear bajo una apariencia de divertida decadencia entre los dirigentes y una discriminación brutal de los ciudadanos productivos en una contradicción que no puede llevar sino a un estallido social que tan solo espera el detonador adecuado. Es realmente curioso ver como Blish ya anticipaba el poder de la televisión como medio de dominación de las masas, tanto para adormecerlas como para enardecerlas.


Blish confunde, a
favor de la tesis necesaria para que la trama se desarrolle como él
desea, católico con creacionista, cuando la teoría de
la evolución fue aceptada hace mucho tiempo dentro de la Iglesia de
Roma, siendo una de las pocas corrientes cristianas que la integran
en sus enseñanzas. Ya Pío XII, en su encíclica Humani
generis, publicada en 1950 —tres años antes, pues, de la
novela corta original—, dejaba claro el mensaje: el cuerpo humano
tiene su origen en la materia viva que existe antes que él —por la
evolución de las especies—, pero el alma espiritual es creada
inmediatamente por Dios: “animas enim a Deo immediate creari
catholica fides nos retinere iubet”. Algo que entra en franca
contradicción con lo que Blish pone en boca de su jesuita.
Lo mismo podría
señalarse para las directrices a seguir en un posible contacto con
una inteligencia extraterrestre, caída o no; o para la definición
del «alma» —algo que Blish niega de inicio a sus alienígenas—
que según la Iglesia es creada para cada individuo y aquí se
presenta como algo «comunitario»... Da la impresión de que el
autor, a pesar de citar fuentes de valor reconocido, no hubiera hecho
a fondo sus «deberes», quedándose, seguramente de forma
intencionada, con una sesgada parte en lugar de con el todo.
Aún así, Un caso de
conciencia sigue siendo una novela que debe leerse, no sólo como
parte de una labor bibliológica por su interés como receptora del
premio Hugo, sino por la vigencia de gran parte de los temas que
plantea, controversia incluida, y por la presentación de una especie
alienígena francamente fascinante. Es cierto que la segunda parte
presenta un cierto «bajón» respecto a la primera, pero las
reflexiones que suscita tampoco son desdeñables. Aunque tan sólo
sea para rebatirla se trata de una novela que mueve las neuronas y
las conciencias. No es poco.
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