Pedro Moscatel.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Cazador de Ratas Editorial. Cádiz, 2018. 184 páginas.
Es esta una novela corta cuya trama juega al despiste con el lector, o quizá sea que tiene demasiado dentro de sí misma como para abarcarlo en la distancia en que lo abarca y a veces se atropella a sí misma, con continuos giros, algunos de lo más desconcertante, y una historia de terror dentro de otra, u otras, que puede por un instante producir lapsus de confusión hasta que todo se «aclara» en el desenlace —¿o tal vez no?—. Enmarcada decididamente en el género de horror, tal vez incluso en el del terror, el autor propone una historia muy rápida, encadenando situaciones que no dan respiro al lector, proponiendo misterios hasta que un nuevo giro de la trama viene a desenredar la madeja en que la trama se ha convertido. Entre el pulp y las películas de serie B de científicos locos, psicópatas asesinos y líderes iluminados, entre el misterio y la serie negra, y algo de espionaje, supremacistas nazis, sectas, sicarios entregados y especulación urbanística, Moscatel despliega con efectismo todo un batiburrillo de ideas y temas que terminan conjuntando sorprendentemente bien.







