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viernes, 6 de junio de 2008

Reseña: Bandera en el exilio

Bandera en el exilio.
Honor Harrington – 5.

David Weber.

Reseña de: Jamie M.

La Factoría de Ideas. Col. Ventana abierta # 26. Madrid, 2008. Título original: Flag in Exile. Traducción: Ana García Pérez. 311 páginas.

Empiezo esta reseña como terminé la de Campo de deshonor: quinta entrega de la serie y quinta traductora encargada de la misma. Pero lo peor es que en esta ocasión el resultado si que desmerece a la novela, notándose un claro e importante descenso en la calidad narrativa respecto a anteriores entregas, tanto estilísticamente como en concordancia interna de la serie, con términos en los que no se ha respetado las traducciones anteriores. Una lástima, sin duda, y un tema que La Factoría (y cualquier editorial) debería cuidar un poquito más, la lectura de las series lo agradecería.

Centrándonos ya en el libro en sí, nos encontramos con que la guerra entre Haven y Mantícora, como ya era de suponer tras el final de la anterior novela, se ha reactivado. Honor Harrington permanece en su exilio de gobernadora de una provincia del planeta Grayson; muy deprimida tras los sucesos finales de Campo de deshonor. En grayson, donde es considerada una auténtica heroína, recibirá los honores que se le niegan en Mantícora; pero no todos los graysonianos la ven con los mismos buenos ojos, sino que pronto tendrá que enfrentarse al desprecio y al fanatismo de aquellos que se oponen a su posición de poder como Gobernadora.

Honor tendrá así que lidiar esta vez en un doble escenario; por un lado debe bajar de nuevo a la arena política, luchando contra una conspiración que podría destruir todo lo que ha logrado en Grayson, sobre todo porque no sabrá muy bien del todo de dónde le vienen los golpes. Por otro lado, tendrá que hacerse cargo de la nueva tarea de poner en funcionamiento plenamente operativo a la reforzada armada graysoniana, ante la amenaza también renovada de los nuevos dirigentes de Haven; estando la batalla espacial, sin duda, servida en bandeja.

Bandera en el exilio es, sin embargo, algo más floja que las novelas antecedentes, repitiendo esquemas a los que ya hemos asistido con anterioridad. A pesar de la indudable emoción de las batallas espaciales, de los preparativos previos, de las intrigas y quiebros que mantienen la tensión… hay cosas que nos suenan a ya leídas. Cierto es que la serie no tiene más objetivo que la aventura por la aventura, pero debería pedírsele algo más de originalidad, alguna sorpresa (como sí sucedía en la anterior entrega) o algo que se saliese un tanto de los esquemas ya marcados. Quedan muchas novelas de Honor Harrington, así que esperemos que mejore el pulso y la emoción, y que no termine decayendo como sucede con la que nos ocupa (en comparación con lo que venía antes, que tampoco está tan mal; aunque también es cierto que la traducción no ayuda en absoluto a su disfrute).

Encontramos en el libro una reflexión sobre el machismo y sobre el fanatismo religioso, que tantas veces vienen de la mano. Entra Weber con ello de pleno en el terreno del terrorismo, consecuencia directa de lo anterior, de la mano de aquellos que no pueden aceptar una visión del mundo o unos principios distintos de los suyos, que se creen en posesión de la única verdad y no ven otra salida que la imposición violenta (pero cobarde y traicionera, por la espalda) de sus ideas y convicciones. Muestra el horror de la violencia indiscriminada sobre las víctimas inocentes y el cómo los asesinos pueden llegar a auto convencerse y justificar sus acciones sin apenas remordimientos.

Es un libro, como ya decía, que prima la aventura, por encima de todo lo demás. Las escenas de acción se suceden a un ritmo vertiginoso, sin dar respiro, consiguiendo que se lea en un suspiro entretenido; dificultado esta vez, como decía, por una traducción que no está a la altura de las anteriores, y por una sensación de cierta repetición en los esquemas narrativos que hace que ciertas revelaciones y actos no produzcan en nuestra mente tanta sorpresa como se supone que deberían causar; y es que muchas veces ya sabemos cómo se van a resolver las cosas. Veremos si en la sexta entrega Webber consigue levantar el vuelo, lo cierto es que lo estoy deseando, porque el personaje lo merece.

jueves, 22 de mayo de 2008

Reseña: Campo de deshonor

Campo de deshonor.
Honor Harrington – 4.

David Weber.

Reseña de: Jamie M.

La Factoría de Ideas. Col. Ventana abierta # 23. Madrid, 2007. Título original: Field of Dishonor. Traducción: María Otero González. 344 páginas.

Honor Harrington ha florecido, ha crecido como persona, se ha convertido en el cisne del cuento. A pesar de todos sus problemas y enfrentamientos, se encuentra en un momento dulce de su vida, feliz, enamorada, contenta consigo misma. Por supuesto, algo tan bonito no puede durar.

En Campo de deshonor, Weber abandona en cierta medida las grandes batallas espaciales para bajar a una “arena” mucho más farragosa y sucia: la política. En un mundo que no es el suyo, pero al que se ha visto catapultada, Honor tendrá que lidiar con temas que le desagradan profundamente, y pronto se verá envuelta en conspiraciones y puñaladas traperas, donde los intereses personales se ponen siempre por encima del bien común. La guerra ha entrado en un periodo de calma; Haven se está recomponiendo, soltando lastre, deshaciéndose de elementos innecesarios en su cúpula dirigente, concentrando las fuerzas de un nuevo poder emergente al que muchos manticorianos no parecen dar importancia. Pero la amenaza continúa, la guerra pende sobre sus cabezas en todo momento, y la relativa paz puede acabarse en cualquier momento. En este escenario, el enfrentamiento enquistado entre Honor y Pavel Young será llevado hasta sus últimas consecuencias.

Hay en el libro una tensión creciente. Weber gusta de hacer sufrir a su personaje, que saldrá de la novela con una personalidad renovada, diferente; hay un cierto retorno a los orígenes, pero mucho más oscuro. La vida se ceba con Honor, especialista involuntaria en crearse enemigos poderosos y peligrosos. Es curioso el retrato que se nos ofrece de Mantícora, una sociedad muy avanzada, científica y socialmente, pero en la que los duelos a muerte son totalmente legales, y tendrán una importancia vital en la trama.

Con una prosa directa, efectiva, supeditada en todo momento a la narración, sin florituras ni embellecimientos literarios y donde lo importante es la aventura, Weber aboga por valorar a las personas por sus actos y no por sus orígenes. Nos presenta a una Nobleza estancada, que no se merece sus privilegios, con unos herederos o sucesores que sólo buscan mantener su estatus a costa de su propio pueblo. Así, la muy adelantada sociedad de Mantícora, donde la protagonista se verá sin embargo despreciada, choca con lo que Honor se encuentra en Grayson, un planeta con una sociedad terrible y fanáticamente machista, donde sin embargo se verá “exaltada” como gran heroína y promovida a convertirse en guía de los cambios aperturistas que su dirigente desea.

Tras moverse en estas lides políticas que hasta el momento le habían sido ajenas a la protagonista, Weber parece dejar todo preparado para el retorno a la batalla entre Mantícora y Haven que intuimos ha de producirse en próximas entregas. Aventura en estado puro, aunque esta vez no sea tanto bélica como política.

Sólo como dato curioso y en cuanto a la edición española en sí de Campo de deshonor, cabe destacar que se trata de la cuarta novela de la serie y la cuarta traductora que se encarga de la misma. Debe de ser toda una especie de record. Desde luego, la que nos ocupa no hace una mala tarea, siendo correcta sin que haya nada que “chirríe” en la traducción y manteniendo una concordancia con los anteriores libros en los términos empleados hasta donde yo he podido darme cuenta; aunque sí se nota un cierto cambio estilístico. Considero, desde luego, que aunque no influya demasiado en la novela en cuestión que nos ocupa, sí que sería mejor o más conveniente, que un mismo traductor o traductora se encargase de un personaje o serie de forma continuada (incluso de un mismo autor, para mantener la uniformidad estilística antes mencionada), pues así ya está al tanto de los antecedentes y de cómo se han traducido ciertos términos y nombres, y no da lugar a cambios o confusiones.