Hablamos de todo aquello que nos interesa, sobre todo Literatura y sobre todo Fantástica. Lo nuestro son reseñas, no crítica literaria. Sólo razonamos nuestras opiniones, subjetivas y particulares, de lo que nos gusta y de lo que no.
sábado, 24 de julio de 2021
Reseña: La deriva
jueves, 24 de diciembre de 2020
Reseña: ¡García! en Catalunya
Reseña de: FJ Arcos Serrano.
Astiberri. Col. Sillón orejero. Bilbao, 2020. Rústica. 216 páginas. B/N, bitono y color.
Un accidentado trayecto de AVE llevará García y Antonia hasta Barcelona, donde chapotearán en las cloacas del Estado, se infiltraran en las entrañas del poder (central y autonómico), se perderán en las noches del Raval, huirán de la destrucción que siembra el turista, irán a un partido de fútbol en el Camp Nou y, por supuesto, comerán calçots... Todo ello para desarticular una conspiración que amenaza con hacer que se tambaleen los cimientos políticos, sociales, económicos y gastronómicos del sistema.
Ha vuelto ¡García! y lo ha hecho por la puerta grande, en una nueva aventura en la que Santiago García y Luis Bustos llevan a su personaje a la ciudad condal, donde se cruzará con los movimientos independentistas y las cloacas del estado, mientras busca a su “archienemigo”, el malévolo Dr. Neffenberg.
lunes, 5 de octubre de 2020
Reseña: Vagabundos

Hao Jingfang.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Nova. Barcelona, 2020. Título original: 流浪苍穹. Traducción: Agustín Alepuz Morales. ilustración de cubierta: . 778 páginas.
En la amplia definición de ciencia ficción caben desde las especulaciones más científicas, tecnológicas y sociales a la aventura más desenfrenada, y, por supuesto, como ya demostraron autores de la talla de Ursula K. LeGuin, obras cuyo principal contenido es la política. Este es uno de esos casos y la comparación con LeGuin, desde la inmensa distancia estilística y narrativa, no es baladí. Jingfang plantea dos sociedades planetarias, enfrentadas por el modelo socio-económico-político desarrollada en cada una de ellas, y la problemática de quienes habiendo vivido en ambos modelos se encuentran de repente en tierra de nadie, contemplando los defectos y virtudes de ambas, y sin poder tomar partido. Utopía y distopía… ¿cuál es cuál? ¿O ninguna se ajusta a la definición en absoluto? La Tierra y Marte, después de un cruento enfrentamiento bélico y de un largo tiempo sin comunicación o intercambio de ningún tipo, se encuentran en un periodo de recuperación de la confianza, aunque las relaciones siguen siendo muy tensas. En este contexto, el retorno a Marte del conocido como Grupo Mercurio, unos adolescentes que fueran en misión de paz a la Tierra, sirve a la autora para mostrar dos sistemas contrapuestos, el capitalismo más desatado y una suerte de comunismo cooperativo, que se deshacen por sus costuras, pero en donde de verdad destaca es en su exploración del sentimiento de pertenencia. Vagabundos es una novela de ideas, con un discurso que cuestiona al lector y una narrativa tranquila que apenas deja paso a la acción incluso cuando el mundo se enfrenta a una revolución. Para leer con calma y dejar reposar en la mente.
lunes, 18 de diciembre de 2017
Reseña: Mañana cruzaremos el Ganges
miércoles, 7 de octubre de 2015
Reseña: Ex Machina (6-10)
lunes, 9 de diciembre de 2013
Reseña: Wild Cars IV. El viaje de los ases
sábado, 18 de abril de 2009
Reseña: El cuarto protocolo
Frederyck Forsyth
Reseña de: Amandil
Plaza & Janes, Barcelona 1984. Título original: The fourth protocol. Traducción: J. Ferrer Aleu. 350 páginas.
Aunque hace ya unos años que terminó la Guerra Fría las novelas de espías (género literario que se nutrió principalmente del conflicto entre el bloque comunista y el denominado "mundo libre" entre los años 1945 y 1991) seguirán siendo de las más entretenidas y dinámicas que se podrán encontrar en cualquier librería.El secreto del éxito de este género es muy sencillo: mezclar en dosis adecuadas la acción, el suspense, la emoción y el anhelo de lo que a casi todo el mundo le gustaría ser al menos una vez: un agente en el extraño y misterioso mundo de los espías.
Sin embargo, autores como Forsyth (o Le Carré) parecen empeñados en mostrar en sus novelas que las cosas del espionaje no son "glamourosas" o emocionantes, sino que están integradas por una especie de mundo burocrático con destellos de algo parecido a la "aventura". En otras palabras, las novelas de espías atentan directamente con los estereotipos que el cine se empeña en sostener ante la población. No hay James Bonds, ni Bournes, ni cosas por el estilo. No, al menos, en un libro como El cuarto protocolo.
Aquí lo que encontramos son varias historias distintas que se van entrecruzando hasta llegar al clímax final en la que asistimos al desenlace de todo el asunto. Dicho de este modo, la novela no es que sea muy original. De hecho, en ese sentido, es absolutamente típica. El fuerte de El cuatro protocolo lo encontramos en que plantea de una manera verídica, amena y cautivadora un original hipotético episodio de la Guerra Fría sucedido en 1986.
Hay ritmo, vidilla, frescura. El autor sabe pasar magistralmente de un enfoque a otro sin romper la trama en ningún momento. La lectura es fácil y directa, quedando el lector atrapado en un trepidante crescendo que invita a querer saber que pasa después, desde el primer capítulo. Además, la magnífica recreación del ambiente que se vivía en los años ochenta en las cancillerías británica y soviética (con sus puñaladas, sus ambiciones, sus miserias, sus tensiones internas, etc.) se combina con un trasfondo perfectamente explicado a través de las vivencias de los "protagonistas" del relato.
John Preston es un agente del servicio de inteligencia británico que ve con cierta desidia como su excelente trabajo al frente del grupo encargado de controlar a la izquierda radical en el Reino Unido se va al garete por culpa de uno de sus superiores, Brian Harcourt-Smith. El motivo de tan aciaga situación no es otro que la lucha de poder interna para suceder al moribundo Sir Bernard Hemmings, jefe absoluto de la Inteligencia inglesa.La caída en desgracia de Preston, sin embargo, provocará una serie de coincidencias que, a la postre, permitirán descubrir un espantoso plan orquestado por el mismísimo Secretario General del PCUS: detonar un artefacto nuclear cerca de una base americana en Inglaterra para simular un accidente y reforzar la tendencia antiamericana y anti-OTAN del electorado británico de cara a las siguientes elecciones legislativas.
El modo en que Forsyth desgrana la trama (alternando en un mismo capítulo sucesos y acciones que tienen lugar en distintos países por parte de personajes contrapuestos) dota de agilidad y emoción al conjunto de la obra. Por su parte, la verosimilitud de lo que nos cuenta se une a un elenco de actores que son del todo creibles en sus distintos papeles aunque, en algunos casos, pueda caer en estereotipos machacados una y otra vez en obras similares del cine y la literatura (el prototipo de "comandante soviético" frío y absolutamente leal, el trepa redomado sin escrúpulos y que cae mal desde la primera línea, etc.). Aunque hay que reconocer que no hay cesiones en el libro a añadidos "politicamente correctos" (quizá por el año en que fue escrito) y no hay que padecer ni escenas de sexo explícito, ni romances edulcorantes o directamente pastosos, ni tampoco gritos de apoyo al buen rollismo y la "paz universal". Por todo ello, El cuarto protocolo sigue siendo, incluso veinte años después un libro de espías como la copa de un pino.
martes, 18 de noviembre de 2008
Reseña: La noche quedó atrás
Jan Valtin/Richard Krebs.
Reseña de: Amandil.
Seix Barral - Círculo de Lectores, Barcelona, 2008. Título original: Out of the night. Traducción: Julio Bernal. 794 páginas.
La noche quedó atrás ha sido presentado desde su publicación en 1941 como un alegato contra los totalitarismos de toda índole y a favor de la libertad del individuo. Ese modo de resumir la obra aunque no anda desencaminado no refleja realmente lo que Jan Valtin quiso mostrar al mundo por medio de esta autobiografía. Es una crítica despiadada contra el totalitarismo, cierto, pero además es un documento imprescindible para desmontar desde su misma raíz muchas de las mentiras y falacias creadas desde el poderoso aparato propagandista de la URSS desde los años veinte hasta la mismísima caída del bloque oriental en la década de los noventa del pasado siglo.La obra se desarrolla en dos planos paralelos y que, en ocasiones se entremezclan. Por una parte el meramente histórico, en el que se nos narran los hechos en los que el protagonista fue parte integrante como revolucionario alemán al servicio del Partido Comunista y del Komintern (nombre adoptado por la Tercera Internacional o Internacional Comunista). Por otra se nos muestran aspectos privados, no vinculados con su activismo político, como su amor por el mar, sus deseos de ser capitán de un carguero, su enamoramiento y su deseo de formar una familia en unos tiempos poco favorables a ello. Estos van a ser los dos motores que moveran todo el relato desde sus orígenes en 1918 hasta su abrupto final al huir de las garras de la GPU (el servicio secreto soviético, antecesor del celebérrimo KGB) en 1938. Y serán los puntos dónde ambos planos colisionen dónde el lector asistirá a los más profundos y terribles momentos de angustía del autor. Lugares de la obra dónde el protagonista deberá decidir entre él mismo y sus anhelos vitales o mantenerse firme atado a sus ideales revolucionarios y a la ciega obediencia a los dictados del partido.
Es importante señalar que muchos de los detractores de la obra de Valtin (pseudónimo de Richard Krebs) han remarcado que es imposible que el autor protagonizase o participase en todos los eventos que jalonan las páginas del libro e incluso que conociese en persona a la gran cantidad de personalidades que cita. También se ha acusado al libro de exagerar las partes negativas del comunismo internacional y de haber tratado de dañar conscientemente y con maledicencia la imagen de la URSS tras haber desertado de las filas del Komintern huyendo a EE.UU. (en opinión de intelectuales de corte comunista). En definitiva se ha querido tachar esta autobiografía de pura propaganda anti-comunista, evitando de un plumazo entrar a valorar si los hechos narrados (muchos de ellos auténticos actos terroristas) fueron o no reales tal y como son descritos con todo detalle en el libro. Pero no entraremos aquí a valorar la precisión histórica o la exacta verosimilitud de lo que el autor desgrana. Quede, pues, como aviso a navegantes.
El relato comienza con un joven Valtin, asistiendo en septiembre de 1918 al motín de la Armada alemana con base en Bremen. Allí, con apenas catorce años, e imbuido del cansancio propio de todo el país tras cuatro años de guerra, se une a las filas de las Juventudes Espartaquistas y, comienza una carrera como revolucionario que le llevará a integrarse en el Partido Comunista Alemán. Tras haber servido lealmente y con gran valor en los convulsos momentos que siguieron a la caída del Kaiser y el advenimiento de la República de Weimar, Valtin es integrado en la sección marítima del Komintern (en ese momento el organismo "internacional" pero en manos soviéticas encargado de expandir la revolución proletaria por todo el mundo) y comienza su periplo como correo, organizador y líder agitador por puertos de medio mundo. Entonces su fervor sinceramente revolucionario le hace creer que se puede exportar la experiencia rusa por los cinco continentes y no duda en anteponer la dictadura del proletariado a cualquier otra consideración de índole personal o "egoista" y "pequeñoburguesa".El relato esta lleno de momentos de duda en los que la natural tendencia a la rebeldía de Valtin le hacen plantearse seriamente si está obrando correctamente o si realmente está trabajando a favor de la revolución mundial. Especialmente cuando, según va ganando experiencia y va ascendiendo en el escalafón, es testigo directo de como desde las filas comunistas se comienza a atacar a los denominados "falsos revolucionarios" o directamente traidores, entre los que se incluyen a los anarquistas (enemigos del estado proletario), los troskistas (enemigos de la verdadera naturaleza del movimiento bolchevique) y, finalmente, a los socialistas (dominados por su esencia burguesa y faltos de agallas para llegar a la verdadera revolución). El protagonista asiste, lleno de temores y fijando su voluntad a la necesidad de creer que "el partido no se puede equivocar" y que "lo más importante es la revolución comunista", a momentos en los que debe aceptar la muerte de sinceros comunistas, desviados de la hortodoxia fijada en cada momento desde Moscú, obligándose a creer que, realmente, "se lo merecían". Huelga decir que Valtin, finalmente, será engullido por el Urano comunista.
El libro, desde este punto de vista histórico, se divide en tres partes bien diferenciadas.
La primera remarca los inicios revolucionarios y el deseo de hacer real el sueño de llevar a todo el planeta la revolución comunista que puso fin tanto al régimen de los Zares como al posterior gobierno menchevique en Rusia. Es la parte más idealista del relato y en la que el autor más cómodo se siente ya que muestra la etapa "romántica" de su militancia. Es aquí dónde descubrimos los modos de trabajo del Komintern, las redes que tegió a lo largo de los siete mares y como la mayor parte de las actividades comunistas comienzan a enforcarse desde la perspectiva, no de la revolución mundial, sino de servir a los intereses estratégicos de la URSS.
La segunda se centra en los años finales de la democracia en Alemania y la lucha para hacer caer la República de Weimar, aliándose para ello con los pujantes nazis de Adolf Hitler. Desgrana Valtin como ambos movimientos coinciden en su aborrecimiento por la democracia y no dudan en unir sus fuerzas (figurada y literalmente) para desestabilizar el sistema desde dentro y destruir al Partido Socialista Alemán y al Zentrum (el conglomerado político que incluía a católicos, conservadores y liberales), para, posteriormente luchar entre ellos por el control de Alemania y la instauración de un regimen comunista o nacionalsocialista. Simultaneamente se nos seguirán mostrando, en una especie de paréntesis, sus actividades en el extranjero (Francia, Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda) y como comienza a obrarse el cambio en el Komintern de la mano de la figura de Stalin. Ya no se persigue ningún tipo de movimiento mundial sino simple y llanamente servir a la URSS como extensiones de sus ejércitos. La GPU, hasta entonces relativamente ajena al Apparat político internacionalista, pasa a controlar el movimiento, comenzando las purgas, asesinatos, desapariciones y "destierros a Siberia" que se convertirían en lo habitual en años posteriores.
Finalmente, la tercera se centra en los años de lucha desde la clandestinidad contra el victorioso nazismo en Alemania. Es la parte del libro más oscura y en la que con más claridad se muestran las auténticas cloacas tanto del comunismo como del nazismo. Valtin no ahorra detalles a la hora de describir sus terribles jornadas de interrogatorios a manos de la Gestapo y como, siguiendo órdenes del Komintern, finge rendirse y reconocer la "verdad" del régimen de Hitler para unirse a las filas nazis como un agente doble. Pero tampoco oculta los manejos de los líderes del partido para servir a Stalin sacrificando para ello a quien hiciese falta en todo momento. Es en esta parte final cuando se ve en toda su crudeza como cualquier atisbo de romanticismo o idealismo ha sido borrado de todos los niveles del Komintern y del comunismo en general. Valtin describe claramente como desde Moscú se da la orden de cambiar de estrategia en el escenario internacional, aliándose ahora sí con los socialistas en los conocidos como Frentes Populares para, posteriormente, infilitrarse y terminar por controlar por completo el "frente obrero" (cita expresamente los casos francés y español), destruyendo en ese momento a todo aquél considerado "peligroso" por los agentes de la GPU. Se puede decir, en definitiva, que el autor destapa tanto el salvajismo nazi como el comunista, reconociendo que formó parte de aquello movido en todo momento por la "lealtad a la causa y al partido" aunque tuviese que taparse la nariz en más de una ocasión.El libro concluye, a modo de epílogo, con la descripción de su caída en desgracia en el Komintern al enfrentarse abiertamente con el máximo líder alemán al servicio de Stalin y que será, durante todo el relato, algo así como el tercer personaje en importancia tras el propio Valtin y Firelei. Nos referimos a Ernst Wollweber quien pasará de ser el primer líder revolucionario alemán en 1918 al sanguinario jefe comunista que no dudará en entregar a los nazis a todos aquellos camaradas que pudiesen hacerle sombra dentro del Partido Comunista.
Pero al inicio de esta reseña se remarcó que el libro se movía en dos niveles distintos. El segundo, el personal, está protagonizado por la relación amorosa entre Valtin y la joven Firelei. De su relación realmente romántica y leal, rompiendo la dinámica del "amor" de puerto y prostitutas de buen corazón y simpatizantes con el comunismo, surgirán las mayores dudas contra la obra revolucionaria del autor. Firelei no es comunista, de hecho es apolítica. Se nos muestra como una mujer alegre y jovial, tremendamente vital y movida por impulsos emanados de su naturaleza bondadosa y propensa a perdonar y dar segundas oportunidades a todo el mundo. Es una idealista a su modo, pero en las antípodas del estricto sentimiento del deber proletario de Valtin. Cosnciente de las injusticias del mundo pero deseosa de cambiar las cosas de otro modo. Es una auténtica fuerza luminosa frente a gris mundo de dónde proviene el autor.
Este contraste entre el luchador y la "doncella" dara pie a una historia de amor que, por momentos, está a punto de dar al traste con las más profundas convicciones revolucionarias del protagonista. Ante la fuerza del proletariado se opone, como surgido de la nada, el amor hacia Firelei y su oferta de fundar una familia, tener hijos, y vivir apaciblemente disfrutando de los momentos que una existencia tranquila y predecible. La duda se instala por unos instantes en las que son, a mi juicio, las páginas más reveladoras del libro ya que muestran el verdadero dilema que toda persona inmersa en una "causa" se plantea antes o después: ¿Mi vida o la causa?
Finalmente, la lealtad al Partido se impone y será Firelei la que se vea arrastrada a una vida de revolucionaria contra su voluntad aunque, movida por su amor por Valtin, asumirá su nuevo papel intentando ser útil, engañándose a sí misma y tratando de convencer a su pareja (más adelante marido) para que lo abandone todo a la menor oportunidad. Su situación se verá embrollada con el nacimiento de su hijo coincidente con la victoria nazi en Alemania y el pase a la clandestinidad del Partido Comunista. Y será entonces cuando, realmente, las dudas se instalarán definitivamente en el protagonista ya que comienza a anteponer su mujer y su hijo al partido y sus consignas y, finalmente, será esta la causa de su desesperada ruptura con el Komintern y una revolución en la que hacía años que había dejado de creer.
En definitiva asistimos durante las casi ochocientas páginas del libro tanto a una lección de Historia como a un relato de intriga, acción, luchas políticas, dsengaño ideológico y amor condenado. Pero con la gravedad y la certeza de que no es una obra de ficción sino una sucesión de hechos reales que nos plantan, sin anestesía de ningún tipo, ante acontecimientos que desnudan la realidad "revolucionaria" de un tiempo no tan lejano. Es imposible quedar indiferente ante esta obra y lo que en ella se cuenta.


miércoles, 1 de agosto de 2007
Reseña: Interfaz
Neal Stephenson y Frederick George.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Ediciones B. Col. Nova # 203. Barcelona, 2007. Título original: Interface. Traducción: Pedro Jorge Romero. 623 páginas.
Si no te interesa la política y la carrera presidencial estadounidense este no es tu libro, pues esa es la parte del león en cuanto a la trama se refiere. Una vez más esta novela se dedica a retratar los entresijos, las manipulaciones, las puñaladas traperas, los tratos inconfesables y las mil y una perrerías que tienen que hacer los candidatos a ser presentados a las primarias a presidente de los EE.UU para lograr colocarse, al menos, en una buena posición de salida. Y la parte que casi podría (casi es la palabra clave) haber convertido este “tecnothriller” en algo parecido a la ciencia ficción, lo cierto es que suena más a excusa para extrapolar y criticar su sistema político, que a intentar dar una sólida base científica a la trama.
En este sentido Interfaz se me ha antojado más cercano a las excursiones seudo científicas de autores como (perdón por la comparación) Robin Cook que a la obra ya conocida traducida de Stephenson. Y es que, vale, es cierto que se dedica un buen número de páginas al hilo de la apoplejía del gobernador Cozzano, al desarrollo de los chips que le permitirán “recuperarse” y a la manipulación que van a motivar…, pero conforme se va leyendo se nota que eso no es lo importante, que es el motor que da inicio y mantiene en movimiento a este particular vehículo, pero que lo que importa a los autores es la carrocería y el interior, los complementos; y que mientras el motor suene ni siquiera necesitan levantar el capó para ver cómo funciona.
Y es que el resumen de la novela es excesivamente simple: al gobernador Cozzano, quien estaba pensándose el presentarse a las primarias, le da una apoplejía que le deja postrado con medio cuerpo paralizado, una misteriosa organización invierte por intereses particulares no demasiado ocultos millones de dólares en desarrollar un chip cerebral que muy posiblemente le saque de ese estado para que consiga presentarse, y entonces se produce al carrera hacia la presidencia (con Cozzano o no) dejando entrever entremedias al lector lo sucia y asquerosa que es la misma.
La novela cojea además por lo exagerado de sus planteamientos, desde la existencia de ese grupo supranacional que domina todos los destinos político-económicos del mundo, hasta la descripción casi barriobajera de algunos de los candidatos (increíble la imagen de uno de ellos rebajándose a pinchar la ruedas de una ambulancia para que no puedan hospitalizar a tiempo a otro; digo yo que para eso, según nos están describiendo también, tendrán sicarios que se encargan de las tareas “desagradables” y que no se dignarían a mancharse las manos ellos mismos) o la forma de selección de otros (¿una casi vagabunda y por reventar un mitin? Venga ya). Además, el problema de las teorías de la conspiración es que llegadas a cierto tamaño exagerado, como es el caso en Interfaz, uno llega a preguntarse cómo, si son tan poderosos, habrían de rebajarse a tratar y mezclarse con elementos tan incompetentes (y no me refiero en este caso a los científicos, sino a los “sicarios”).
En fin, por otra parte si en efecto te interesa el tema de las primarías estadounidenses y las conspiraciones para manipular al “pueblo” e incluso el débil barniz tecnológico, éste sí puede ser tu libro. Hay que reconocerle el oficio a los autores, la escritura sobrepasa en bastante a la de un “superventas” al uso; la acción está hábilmente dosificada; los personajes (casi todos) se encuentran bien retratados y no se escapan de sus motivaciones para introducirse en vericuetos fuera de sus capacidades (según se nos van mostrando); la trama está bien llevada, los entresijos de la política estadounidense que se van revelando resultan hasta en momentos interesantes (aunque tampoco aporten mucho a lo que ya se nos ha mostrado en multitud de libros y películas); y el libro, a pesar de sus más de 600 páginas, se deja leer sin esfuerzo y hasta con agrado si es que te interesa o sientes curiosidad por el tema. Si no es así, esta no es tu novela.




