martes, 30 de marzo de 2010

Reseña: Algo huele a podrido

Algo huele a podrido.
Una aventura de Thursday Next.

Jasper Fforde.

Con ilustraciones de Maggy y Stewart Roberts.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2010. Título original: Something Rotten. Traducción: Pedro Jorge Romero. 398 páginas.

Cuarta entrega de las surrealistas aventuras literarias de Thursday Next y última del presente ciclo, tras El caso Jane Eyre, Perdida en un buen libro y El pozo de las tramas perdidas. Resulta increíble que después de tres excelentes novelas, la cuarta pueda ser todavía mejor, pero así es. Consciente de que el tema de Jurisficción se encuentra un tanto agotado, Fforde evita repetirse devolviendo a Thursday a la realidad, a SU realidad ―en la que Gales es una independiente república socialista o donde la Guerra de Crimea duró hasta la decada de los '80 del siglo pasado―, tan fascinantemente diferente de la nuestra. Su protagonista, cansada de su trabajo como Bellman dentro de los libros y anhelando con toda el alma recuperar a su esposo erradicado en anteriores entregas por la malvada Corporación Goliath, decide regresar a su ciudad natal, Swindon, e instalarse allí con su hijo de dos años, Friday; pero no volverá sola, le acompañan sus dodos mascota, Pickwick y Alan, y Hamlet, príncipe de Dinamarca, salido directamente de la obra de Shakespeare para tomarse un periodo de reflexión sobre la, en su opinión injusta, fama de indeciso que arrastra tras él. Mientras intenta volver a su antiguo puesto en Operaciones Especiales como Detective Literaria, la protagonista se da cuenta de que nada va a resultarle fácil si quiere conseguir traer a su marido de vuelta. Las capas de enredo se van amontonando en torno a ella y la diversión desbocada se encuentra servida.

Como si de una comedia de situación se tratase, con un ritmo frenético, endiablado, el autor no para de abrir nuevas líneas en la trama consiguiendo mantener el interés en todas ellas, sin perder de vista ninguna y sin que ninguna se apodere de la narración por encima de las demás. Thursday sigue intentando encontrar el libro del que salió el ficcionauta Yorrick Kaine, quien ha conseguido convertirse en primer ministro de Gran Bretaña en el periodo de ausencia de la protagonista y ha desatado una feroz campaña anti danesa para mantener el interés del público lejos de la situación interna del país y aspirando a convertirse en Dictador de la nación. La Corporación Goliath ha emprendido a su vez una campaña, con secretos designios, para convertirse en una entidad religiosa en vez de empresarial, por lo que está empeñada en conseguir el perdón de todas sus anteriores víctimas, incluida Thursday. El padre de esta ha sido readmitido en la CronoGuardia y aparece para dar ciertos consejos a su hija. Su madre tiene como huéspedes en casa a Lady Emma Hamilton y al canciller Bismark a la espera de que se resuelvan unos inoportunos conflictos. Su hijo, que solo habla con fragmentos del Lorem ipsum, necesita niñera y quién mejor que la esposa del comandante Bradshaw ―si no fuera porque se trata de una gorila―. El almirante Nelson parece empeñado en morir en Trafalgar, aunque hay quien se muestra convencido de que la historia no se desarrolló así. Landen sigue erradicado. De vuelta en OpEsp, Thursday se enfrentará a un extraño caso de clonación de William Shakespeare. Los inventos de su abuelo continuarán dando que hablar. El profeta del siglo XIII, san Zulkx, ha profetizado su propia aparición días después y hay gran expectación en torno al suceso. Dentro de Hamlet ―el libro―, Ofelia, descontenta con su papel, aprovechará la ausencia de su protagonista para introducir una serie de cambios en el argumento. Y Thursday tendrá que tomar parte en un enloquecido y brutal partido de cricket de cuyo resultado muy posiblemente depende el destino del mundo. Casi nada, y todo ello no es sino apenas la superficie de la novela. Son tantos los personajes y las tramas en que se ven envueltos, muchas de ellas relacionadas inesperadamente entre sí, que el lector no puede si no preguntarse con admiración cómo es posible que Fforde mantenga el interés de todas ellas sin liarse ni dejar colgada ninguna, cerrándolas todas a la perfección, sin dar el más mínimo paso en falso.

Algo huele a podrido está plagado de juegos de palabras (y se agradece la labor de traducción-adaptación que tan bien ha conseguido captar el estilo del original, como en el particular caso del sobrenombre de la asesina que va tras Thursday), de dobles sentidos, de giros insospechados, de continuas alusiones literarias, de viajes inesperados, de personajes carismáticos y muy humanos, de una tensión dramática palpable, de chistes absurdos, de sátira descarnada, de aventuras divertidas, de situaciones tristes, de una afilada crítica social...

Fforde demuestra un sensacional dominio del «tempo» de la trama, haciendo alarde de una complejidad extraordinaria, consiguiendo sin embargo una apariencia de sencillez realmente pasmosa. Mantiene un admirable pulso narrativo, logrando que una anécdota se enlace con la siguiente con absoluta perfección, sin fisuras, sin tiempos muertos, saltando de una situación a otra sin dar tregua ni descanso ni a los protagonistas ni a los lectores y sin que nada chirríe en absoluto. El autor ha creado un mundo fascinante, repleto de pequeños detalles que no dejan de llamar la atención y que conforman una ucronía coherente consigo misma, con sus propias reglas, donde caben los viajes en el tiempo, el poder entrar dentro de los libros o el hacer una visita a la estación donde las almas de los muertos cruzan el puente hacia el otro lado, sin que nada rompa la cohesión interna.

Algo huele a podrido es el cierre perfecto, con el final perfecto, a este «primer» ciclo de las aventuras de Thursday Next, y muy bien lo tendrá que hacer Fforde en First Among Sequels para mantener el nivel después de la sorpresa con que termina esta novela. Con la sentencia del juicio por haber alterado el final de Jane Eyre, que se venía arrastrando desde la primera novela, deja todos ―y eran muchos― los cabos atados y bien atados, sin dejar prácticamente nada en el aire ―prácticamente, sí, hay un pequeño detalle al que no da solución, pero es secundario dentro de su importancia y no afecta al resultado―. De hecho, queda todo tan bien atado que dan ganas de empezar a leer desde el principio los cuatro libros seguidos para observar cómo todas las piezas van encajando en su sitio con una maestría envidiable.

Desde luego, no es este un volumen por el que empezar la lectura de la serie; aunque es cierto que el autor se esfuerza por hacer que todo sea comprensible sin referencias previas, también lo es que el lector que se inicie aquí se va a perder gran número de referencias, de pistas y de giros que vienen de antes y que demuestran el inteligente dominio de la narración de la que hace gala Fforde, rescatando escenas y detalles aparentemente intrascendentes de entregas anteriores y que solo ahora cobran su auténtica importancia. Ante tal despliegue solo cabe quitarse el sombrero y disfrutar con una sonrisa en la boca de principio a fin de la novela.

El autor hace gala de un humor cáustico, extravagante, absurdo en ocasiones, hilarante por momentos, crítico sin llegar a aleccionador, que invita a pensar a la vez que divierte, muy en la línea de un Terry Pratchett o un Douglas Adams. La novela está plagada de personajes interesantes, apasionantes, todos con su profundidad, lejos de estereotipos y personalidades planas. Incluso los más secundarios, los que apenas aparecen, son tiernamente humanos, cercanos, verosímiles a pesar de lo lejos que nos queda ese mundo tan diferente al nuestro y con unas reglas tan distintas, incluso los más disparatados personajes literarios sacados de la ficción, como Zhark, ese Emperador galáctico que acude al rescate de la protagonista al frente de su flota galáctica ocasionando más problemas de los que soluciona y que está deseando hacerle una visita a su «creador» para hablar sobre futuras líneas argumentales de sus novelas, están tratados con tal ternura que cobran un sentido y una humanidad que los acerca enormemente al lector, al que es imposible no tomarles cariño.

Como nota curiosa añadida, comentar que el texto se encuentra acompañado en esta ocasión de algunas ilustraciones obra de Maggy y Stewart Roberts que dan un sabor muy clásico a la edición, ofreciendo un toque especial a la narración, complementando ciertas escenas y convirtiéndose en alguna broma en sí mismas ―¿Sherlock equivocándose de libro?―. Desde luego se puede decir que Fforde ha utilizado todos y cada uno de los recursos que el actual formato de libro le permite manejar.

En una aparente contradicción mientras avanzaba en la lectura me encontraba deseando que el libro no se acabase, que no se resolvieran todos los misterios, que Thursday siguiera con su endemoniada y terriblemente adictiva carrera contrarreloj, que no hubiese una meta... al tiempo que pasada la última página me da un terrible miedo la continuación. El último giro es tan absolutamente sorprendente, tan perfecto, es un broche tan hermoso, que no sé si era realmente necesario añadir algo más sobre el personaje en una nueva secuela. De verdad, no lo sé, pero estoy convencido de que seré de los primeros en comprar Fisrt Among Sequels cuando, casi seguro, se publique en español. Mientras tanto, no lo duden, las aventuras de Thursday Next son una lectura absolutamente recomendable, aunque quien empiece ahora con la serie corra el peligro de no poder parar hasta cerrar este último Algo huele a podrido. Aquellos que aman la Literatura y disfrutan con un inteligente sentido del humor, con un importante toque surrealista, se enamorarán sin duda de estos libros.

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Otras reseñas de obras del autor:

El caso Jane Eyre. Thursday Next 1.

Perdida en un buen libro. Thursday Next 2.

El pozo de las tramas perdidas. Thursday Next 3.