viernes, 10 de agosto de 2007

Reseña: Harry Potter y la Orden del Fénix

Harry Potter y la Orden del Fénix.

J.K. Rowling.

Reseña de: Jamie M.

Salamandra. 2004. Título original: Harry Potter and the Order of the Phoenix. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 893 páginas.

El más largo de todos los libros de Harry Potter y, para mí sin duda, el más flojo hasta el momento. De las casi novecientas páginas de la novela se podrían quitar fácilmente cuatrocientas (y seguramente me quedo corto) y la narración, con un poco de síntesis, no se resentiría demasiado; muy al contrario, casi con seguridad saldría ganando mucho. El exceso es innecesario.

Harry Potter sigue creciendo, pero ahora en un mundo que parece haberse puesto contra él. Lord Voldemort se ha “recorporizado”, pero pocos son los que parecen creerlo, lo que llena de amargura al joven mago. Para terminar de estropearlo todo, Harry realiza un acto de magia cerca de casa de sus tíos al ser atacado por un dementor y desde el Ministerio deciden hacerle una vista con la intención de expulsarlo de Hogwarts. Además, sus amigos parecen rehuirle y nadie le cuenta nada de todo lo que está sucediendo, con lo que poco a poco su carácter se va agriando todavía más. Finalmente podrá reunirse con sus amigos, quienes le informarán de la existencia de una secreta Orden del Fénix, compuesta por los escasos magos que creen en el retorno de Voldemort y están dispuestos a enfrentarse a su amenaza, defendiendo a Harry en el camino. Es en este ambiente opresivo en el que Harry comienza su quinto curso en el colegio de Magia, en medio de una intensa campaña de desprestigio contra él y contra Dumbledore y el rechazo del común de sus compañeros, cosas que no contribuyen precisamente a mejorar su humor taciturno. Humor que empeora al empezar a sospechar que la extraña unión que le ata a Voldemort y que hace que le duela su cicatriz cuando el mago tenebroso siente algo intensamente se está intensificando.

La vida de Harry no es fácil en absoluto (o eso le parece a él) y el que pocos parezcan creerle no ayuda a mejorarla.

A lo largo del libro, Rowling volverá a ofrecernos un recorrido por casi todos los lugares mágicos que ya habíamos ido conociendo en anteriores novelas (Hogsmeade, el callejón Diagon, el propio Hogwarts...) y nos conduce a otros nuevos que adquirirán una gran importancia en la trama (como el Ministerio de Magia o la casa ancestral de los Black), pero lejos de antojársenos estar ante algo novedoso, la cosa se hace más bien tediosa.

Es en los nuevos personajes, o en la revisitación de algunos antiguos, donde el libro podría haber remontado algo el interés, y sin embargo tampoco aquí lo consigue. Rowling crea unos personajes realmente atractivos en su concepción, pero que no lleva a buen término en la narración de sus acciones.

Interesantes, pero desaprovechados el demencial personaje de Luna Lovegood, una compañera de Hogwarts que podía haber dado mucho más de sí, y la también algo desquiciada Tonk, una joven maga perteneciente a la Orden. Odiosa, como era su cometido, la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Dolores Umbridge, quien parece estar allí tan sólo para amargar más aún la vida de Harry; lo que sucede es que a fuer de haberla hecho tan despreciable y asquerosa, el personaje es ciertamente repelente para el lector, pero en el sentido de no querer leer más de ella, no en el de un malo odioso que hace sufrir al protagonista y que supongo que era la intención de la autora. Intrascendente la historia del “enamoramiento” con Cho Chang, retrata bien el estado alterado de las hormonas de quince años de Harry y da algún momento interesante (¡Ah, la Navidad!), pero Rowling le ha puesto unas reacciones tan extremas que a veces va más allá incluso del esteriotipo del adolescente enamorado e indeciso. Acertado el nuevo protagonismo, el paso adelante, de Neville Longbotton, uno de los personajes cuya evolución me parece más acertada. Y el resto de secundarios se encuentran dentro de su papel, lo que en esta ocasión no es decir mucho; vuelven algunos como Lupin, Sirius o el auténtico Ojoloco Moody, y siguen los de siempre, como por supuesto Ron y Hermione, Snape o Hagrid (metiéndose en líos, como siempre). Fred y George Weasley volverán a hacer trastadas de las suyas, en alguna escena que quizá sea lo mejor de la novela.

Harry está probando el lado más amargo de la vida, el rechazo, la mentira, y después del fallecimiento de su compañero Cedric Diggory en el libro anterior, en este tendrá que asumir la muerte de alguien mucho más cercano (con una reacción no del todo verosímil, es el problema de llevar las cosas a los extremos, que o lo haces muy bien o no resulta creíble); lo que sucede es que es una muerte tan poco definitiva (como quien dice, no hay cadáver) que mucho me temo que es posible que volvamos a oír hablar del personaje. El carácter de harry se resiente de todo ello, y su estado mental parece instalarse de forma definitiva en el enfado, lo que de alguna manera pagarán los que le rodean.

El problema de Harry Potter y la Orden del Fénix es que todo se está volviendo un tanto repetitivo, todo suena a ya leído, y el abuso del tamaño del libro no contribuye a hacer más atractiva la lectura. Hay multitud de situaciones repetitivas; la reiteración de los sueños o visiones de Harry cansan en vez de crear tensión; la insistencia con los TIMOS llega a aburrir (además para que al final, después de casi novecientas páginas, Rowling no haya podido añadir dos más o quitar paja de otras para decirnos las notas obtenidas por Harry y sus amigos y no dejarnos con la duda de si habrán aprobado o no); las visitas a los lugares conocidos nos suenan a ya conocidas... Y no es que La Orden del Fénix expurgada de un buen número de páginas no fuese un buen libro (de hecho creo que lo sería), porque tiene dosis de emoción, de intriga, de misterio, de tensión amorosa, de odio, de traición y de muchas otras cosas que convertirían la narración, libre del lastre de su excesiva longitud, en una novela interesante y atractiva. Tal y como está el resultado es fallido, y aunque se deja leer con cierto agrado, la sensación final es de decepción, sobre todo al hacer la comparación con las anteriores entregas. Esperemos que en lo que queda por venir Rowling sea capaz de retomar el pulso vibrante de las primeras novelas y cierre con la dignidad que se merece una serie que ya se ha hecho tan querida para tantos lectores.

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la piedra filosofal.

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y el misterio del príncipe.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Harry Potter empezó como un libro para chicos y ha acabado como un libro para adultos... y encima adultos aburridos. La originalidad y la magia se ha ido diluyendo en una trama cada vez más oscura y compleja que hace que se pierda el encanto fresco y jóven que tenía al principio. Me gustaba más cuando Potter era un aprendiz de mago y se nos relataba su día a día en su fantástica escuela siendo el asunto de Voldemort un tema más secundario. Desde que Voldemort tomó el control absoluto de la historia la cosa se ha vuelto tan pesada que he acabado pillando manía al personaje principal. Y croe que a mucha gente le está pasando lo mismo.
Iriem

LordSophonian dijo...

Para mi, que soy un gran fan de la saga, este libro es una gozada precisamente por su longitud, pero también comprendo perfectamente que pueda resultar algo empachoso.

Umbridge es uno de mis personajes preferidos. No es que me caiga bien, pero me divierte mucho leer sobre ella, y me parece una villana formidable por como consigue que nos posicionemos con el bando de los buenos; creo que ni Voldemort es tan odiado como esta rosada señora.