sábado, 27 de enero de 2007

Reseña: Los hijos de Anansi

Los hijos de Anansi.

Neil Gaiman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Roca editorial. Barcelona, 2006. Título original: Anansi Boys. Traducción: Mónica Faerna. 379 páginas.

No sé si calificarlo como un libro de humor, pero lo cierto es que el lector permanece con una sonrisa en su boca durante, casi, toda su lectura. Me atrevo a decir que me ha parecido el mejor libro de Gaiman, muy por encima del American Gods con el que se supone que comparte universo, aunque no personajes. Los hijos de Anansi es mucho más “redondo”, tiene muchos menos tiempos muertos, si es que tiene alguno, está mejor estructurado y es más contenido, menos dado a los excesos, que aquel. Tal vez en American Gods Gaiman intentó meter demasiado, había mucho material, mucha imaginación, y ello le produjo un exceso de páginas y de secundarios que a veces no aparecían más que para poner en palabras alguna de las fascinantes ideas de Gaiman y que no terminaban de casar a la perfección, produciendo importantes bajones en la narración. En Los hijos de Anansi no se produce este fenómeno, la trama está mucho más centrada en su propia historia y los personajes que aparecen tienen todos su importancia para la misma; no hay nada superfluo. Tal vez, dirán algunos, se debe a que esta es una historia más simple que aquella, pero yo tampoco lo creo; es simplemente que el autor ha encontrado una forma mejor de contarla sin irse tanto por las ramas (que también se va, es cierto. Vamos, ¡es Gaiman! ¿Qué sería de él sin todas esas historias paralelas?).

Nos encontramos en esta novela a un Gaiman amante de los cuentos y se le nota. Contra todo lo que pueda parecer esta es una historia de amor: la del autor por las palabras, por las historias, por el intramundo que contienen. El universo tan sólo es un cuento (o una canción) que se está contando ahora mismo, mientras se desarrolla; una telaraña donde cada hilo se toca con los demás y forma una red perfecta donde todo está relacionado. Y en esa telaraña se mueve el torpe y acomplejado Gordo Charlie Nancy, junto a su no poco confusa novia Rosie, cuando se entera de que su padre, al que no veía por ciertas desavenencias familiares desde hace un montón de años, ha fallecido. Y es en el funeral de su progenitor donde su vida dará un vuelco para, literalmente, no volver a ser jamás la misma. Desde el momento en que se entera de que su padre era Anansi, el dios araña de los mitos africanos y de que tiene un hermano del que no recuerda absolutamente nada, su existencia dará un giro insospechado, al menos para él, del que no habrá vuelta posible.

Gaiman utiliza, a la hora de seguir a Gordo Charlie en sus periplos, abundantes y diversos recursos narrativos, hasta el punto de hablar a veces con el propio lector o de intercalar una serie de cuentos o anécdotas de Anansi que nos permitirán ir comprendiendo mejor la personalidad de los protagonistas, conocer algunos de los motivos que los llevan a actuar como actúan o, simplemente, dar rienda suelta a su imaginación regalándonos algunas de las páginas más bellas y divertidas de la narración.

Lo que nos lleva al tono empleado para contarnos lo que va sucediendo. No es tanto que sea una novela de humor sino de que tiene un corte humorístico. Me ha recordado poderosamente a P.G. Wodehouse en una forma de narrar en que la gracia parte de lo narrado, de la situación en sí, y no de un chiste en concreto. Es, no sé si me explico, más simpático que divertido, que provoca (más allá de que también haya momentos de absoluta tensión que narrados de otra manera podrían haber llevado a una buena novela de terror) que se lea en todo momento con una sonrisa, pero sin impulsar en absoluto a la carcajada (no es ese tipo de humor). Es un humor amable, no explosivo.

La historia de los dos hermanos es, además, una historia de crecimiento personal, de autoconocimiento. Es, de alguna manera, un viaje iniciático, y no sólo para Gordo Charlie, el protagonista principal, sino también para algunos de los que le acompañan (genial el personaje del otro “hermano”, Araña; aunque a veces le den a uno ganas de partirle la cara).

Pero es, sobre todo, una novela del propio Gaiman, en la que da rienda suelta a su particular mundo, mezcla de mitos, historias antiguas y extrañas, magia corriente y oscuras referencias literarias y culturales, y que recuerda de forma poderosa las cotas más altas de su The Sandman, con su particular mundo onírico donde residen los mitos y donde todo es posible. Gaiman agita su personal coctelera y nos sirve una historia que no deja indiferente, mezcla de muchas cosas, muchas referencias, muchos ingredientes que se unen de forma magistral, sin fisuras. Como diría Tolkien: historias como esta crecen del humus de la mente, de todo lo que se ha visto y leído…

Mención aparte merece, y ya sé que a veces soy monotemático, la sinopsis de contraportada. En el caso que nos ocupa la misma parece escrita por alguien que ha oído campanas sobre de qué va el libro o que le han contado por encima el argumento, pero no lo ha leído en absoluto; y comete errores de bulto. Pero bueno, con no leerla (la sinopsis, se entiende) hasta terminado el libro es más que suficiente, ¿no?

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Otras reseñas de obras del autor:

Coraline.

El libro del cementerio.

El cementerio sin lápidas y otras historias negras.