miércoles, 31 de enero de 2007

Reseña: El juego de Ender

El juego de Ender

Orson Scott Card

Reseña de: Amandil.

Ediciones B, Planeta DeAgostini.
Barcelona 2006. Colección Biblioteca de Ciencia Ficción. Título original: Ender's Game. Traducción: José María Rodelgo y Antonio Sánchez. 509 páginas.

Esta novela de Card podría encajar en varios géneros literarios simultáneamente. Literatura juvenil, space opera, ciencia ficción suave, filosofía. Sea como fuera es un libro muy interesante y perfectamente accesible tanto para el lector joven como el maduro.

La historia nos narra las peripecias de un niño de apenas seis años, Andrew Ender Wiggin, que es seleccionado para convertirse en el líder militar que lleve a la humanidad a la victoria contra los insectores. Para ello es separado de su familia y trasladado a la Escuela de Batalla, una instalación espacial dónde cientos de niños como él son adiestrados para convertirse en los futuros almirantes y generales de las flotas espaciales humanas. El aprendizaje de Ender (finalizador) irá más allá ya que, a fin de cuentas, él es especial y el futuro de toda la raza está en sus manos, aunque él no lo sepa.

Durante el relato Card nos muestra las relaciones personales un tanto peculiares de Ender con sus dos hermanos, el astuto, cruel y brillante Peter y la amable, manipuladora y dulce Valentine. Aunque los tres personajes son niños su relación es llevada a un estadio diferente del meramente infantil para presentarnos una lucha fratricida entre los deseos de ser niños normales y el descubrimiento progresivo y calculado de sus potenciales como dictadores universales.

El trasfondo geo-estratégico de la novela, con una Tierra momentáneamente unida ante el riesgo de ser exterminados por los insectores, adolece de una cierta ingenuidad además de haber quedado superado por los acontecimientos reales de nuestra historia. La obra, publicada en 1977, mantiene la vigencia del Pacto de Varsovia, inexistente desde 1991, y configura unas tensiones entre este bloque y los pocos que aún se le resisten en el mundo (en especial una complaciente América). Aunque Card ha reparado este desbarajuste en la serie de novelas protagonizadas por uno de los personajes secundarios, Bean, lo cierto es que debilita de algún modo el resultado final. Cosas del paso del tiempo. Y aún así da una clara sensación de ser una partida de Risk novelada.

La novela profundiza en una espiritualidad un tanto buenrollista (muy propia del autor, por otra parte) en la que se engloba desde el criptocatolicismo del padre de Ender, a la fe islámica de uno de sus amigos, pasando por el componente mormón de la madre del protagonista. Esta faceta, si bien no desmerece al resto de la obra, es usada como excusa por el autor en diversos momentos para dotar a la historia de un cierto fondo filosófico-religioso que permita explicar, o al menos ayudar a entender, la parte final. Así pues la religiosidad está presente pero sin ser agobiante.

Una de las bazas que lo hacen más rápido de leer es el estilo fresco, veloz y sencillo que permiten avanzar en la lectura sin grandes frenazos o capítulos que se hagan excesivamente largos y pesados. También el posicionamiento del narrador (omnisciente) facilita que el lector juegue con ventaja sobre Ender al descubrir en los "prólogos" de cada capítulo la manipulación a la que es sometido el protagonista.

La obra, en definitiva, narra el paso de la infancia a la madurez de un niño manipulado, dirigido y en última instancia sacrificado (figuradamente), que descubre a su pesar que todo lo que cree hacer responde al deseo de otros. Y, al final, significa convertirse en un asesino. O quizá habría que decir un conquistador.
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