martes, 2 de noviembre de 2010

Reseña: El cementerio sin lápidas y otras historias negras

El cementerio sin lápidas y otras historias negras.

Neil Gaiman.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Roca editorial. Col. Roca Junior. Barcelona, 2010. Título original: M Is for Magic. Traducción: Mónica Faerna. 214 páginas.

Suelo disfrutar mucho la obra de Gaiman, al que reconozco que en distancias cortas es un maestro; por eso no dudé en hacerme con este libro casi en cuanto salió a la venta. Y reconociendo que la mayoría de los cuentos incluidos en el volumen son pequeñas joyas, la decepción se ha apoderado de mí tras su lectura ―y parece que, como bien se puede leer aquí no he sido el único―. ¿Por qué? Pues porque de las once obras incluidas tan solo dos eran «inéditas» para mí ―El caso de los veinticuatro mirlos y Cómo vender el puente de Ponti―, todas las demás habían sido publicadas ya en otras antologías o novelas del autor; a saber: En Humo y espejosEl precio, El puente del trol, No le preguntes a Jack, Caballería―, en Objetos frágilesLa presidencia de octubre, Instrucciones, Cómo hablar con las chicas en las fiestas, El pájaro del sol― y en El libro del cementerioLa lápida de la bruja―. Y sí, sé perfectamente que ha sido solo culpa mía por no haberme informado o por no haberlo comprobado antes, pero la frustración no me la quita nadie. Dicho esto, para los que tengan la suerte de no haberlos leído todavía y poder disfrutar de ellos por primera vez es la siguiente reseña.

Al parecer la intención del autor ―o de sus editores― al recopilar estas historias, además de ofrecer una homenaje a Ray Bradbury ―el título original, M is for Magic, hace referencia a sus antologías S is for Space y R is for Rocket y uno de los relatos, el muy evocador y bradburiano La presidencia de octubre, está directamente dedicado a él―, es acercar sus relatos a un público joven que quizá no hubiera tenido acceso, por lo menos es su edición original, a ese material. La recopilación es, entonces, una especie de Lo mejor de Gaiman destinado a lectores adolescentes ―sin negar su atrativo para los «mayores»―. Eso sí, la línea entre el público juvenil y el adulto es en este caso muy, muy difusa, con cuentos muy intensos e incluso tenebrosos, como El precio, que arañan el alma dejando una sensación de profundo desasosiego, y otros, como en El puente del trol, con personajes entre aterradores ―el trol― y profundamente amorales ―Jack, el joven protagonista― y que ofrece una melancólica historia sobre el crecimiento, el desarrollo urbanístico, la pérdida de la inocencia y las oportunidades desaprovechadas.

Hay en El cementerio sin lápidas y otras historias negras una mezcla absoluta de géneros, siendo partícipes todos ellos en cierta forma de la Literatura fantástica con tendencia al terror, el lector va a encontrar aquí también género negro o de detectives, ciencia ficción, historias de fantasmas o cuentos de hadas, humor y las necesarias Instrucciones que siempre deben tenerse en cuenta cuando uno se adentra en los territorios de la fantasía.

Así, por ejemplo, El caso de los veinticuatro mirlos sería una historia de detectives de corte clásico si no fuera porque se encuentra protagonizada por personajes de los cuentos populares británicos ―cosa que, a pesar de las acertadas notas de la traductora, le hace perder cierta gracia para el público no anglosajón―; un detalle que sin duda llamará la atención de los lectores de la serie de cómic Fábulas, con la que comparte, con muy diferente visión, ciertos personajes ―sin ir más lejos, el protagonista es una versión radicalmente distinta del conocido Jack Horner―. La pena en este caso es que en el trabajo de unir todas esas pequeñas historias clásicas, Gaiman partiendo de un interesante planteamiento se «olvida» de construir una trama consistente para el resto, limitándose a engarzar las anécdotas en un relato simpático pero con poco contenido auténtico.

Y en No le preguntes a Jack el lector se va a encontrar con una historia de «atmósfera», de amenaza latente y de cierta melancolía por el abandono de la infancia y sus juegos y juguetes; mientras en Caballería asistirá a una muy curiosa, y humana, historia sobre la búsqueda del Grial, un relato amable, simpático y divertido, con una doble lectura en torno a cómo las cosas más importantes pueden estar esperando en los sitios más inesperados y de cómo las buenas obras siempre tienen su recompensa.

En Cómo vender el puente de Ponti el lector se encuentra justo con la tesis contraria, asistiendo a cómo se puede realizar el timo perfecto, aquel que incluso los timadores profesionales encuentran fuera de lugar, aprovechándose de los fraudulentos. A pesar de ser una historia divertida, peca de previsible, con un final que se ve venir y un timador que, como suele ser habitual en este tipo de historias, se aprovecha de la ambición desmedida y la ingenuidad algo obtusa del individuo que creyendo estar haciendo el negocio, ilegal por supuesto, de su vida sale en realidad trasquilado. Un «mensaje» similar comparte también El pájaro del sol, donde Gaiman presenta un club de hedonistas gourmets cuyos miembros se lamentan de que ya no les queda ningún tipo de manjar o de comida en general por probar, cuando les surge la posibilidad de degustar el «pájaro del sol»; enormemente ilusionados preparan rápidamente la expedición para hacerse con el ansiado bocado, pero, sin embargo y aunque ninguno parezca darse cuenta, pronto se intuye que hay gato encerrado, y tanto que lo hay, con un inesperado final para el banquete ―al menos para los comensales―.

La ternura y el tono poético, casi mágico tienen lugar en Cómo hablar con las chicas en las fiestas, donde la ineptitud social de un adolescente sufre un curioso vuelco cuando el mismo es arrastrado a la fiesta equivocada con unas anfitrionas «extranjeras» o en La lápida de la bruja, un fragmento de El libro del cementerio, una conmovedora historia de fantasmas, con el simpático relato de la amistad que surge entre el niño, Nadie Owens, que vive en el cementerio y uno de los espíritus atados al lugar.

Ambiguos, desconcertantes, evocadores, espeluznantes, imaginativos, divertidos, poéticos, esperanzadores, trágicos, misteriosos, sugerentes, encantadores, nostálgicos y melancólicos, inspiradores, mágicos, sorprendentes... Cuentos que invitan a reflexionar y a ser paladeados con tranquilidad, imbuidos de cierta locura genial, una puerta a la fantasía del autor que quizá sirva como preparativo para algunas de sus obras más adultas. Recomendable, sin duda, sobre todo para quien no haya accedido ya a las anteriores antologías de Gaiman que cubren casi todo el contenido de ésta y que, por tanto, no haya degustado todavía estos relatos en particular; y para los completistas acérrimos. Para los demás, tal y como me ha sucedido a mí, aunque haya sido un placer de relectura, puede conllevar una cierta desilusión al saber que se ha pagado una segunda vez por un material del que ya se disponía. Es bueno estar advertidos.

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Reseña de otras obras del autor:


Los hijos de Anansi.

Coraline.

El libro del cementerio.


3 comentarios:

Loren dijo...

Lo tengo pendiente de lectura algún día de estos, pero desconocía que el libro incluyera un fragmento de "El Libro del Cementerio". Una pena, porque con esa portada y ese "aire", promete bastante, que por tus comentarios veo que no es para tanto.

En cualquier caso, sería la primera vez que leo alguna antología de Gaiman. Quería hacerme precisamente con las que comentas, pero ahora veo que sería repetir cuentos, o eso o nada.

Saludos.

Yago dijo...

Muy buenas,

no, no te equivoques, la antología sí que merece la pena, sobre todo si no has leído los cuentos que contiene. Son cuentos muy en plan El libro del cementerio, destinados a jóvenes, pero con un punto adulto que los hace realmente atractivos y diferentes.

Sobre las otras antologías, no las tengo ahora a mano, pero en "Humo y espejos" creo que había 30 relatos y en "Objetos frágiles" me parece que 31. O sea, que en caso de poder hacerte con ellas (mucho me temo que Humo y espejos está prácticamente inencontrable) tampoco es tan grave como en el caso inverso (8 de más de 60 no es lo mismo que 9 de 11, ¿no?).

Ya digo que mi decepción viene por ese tema, y no por la calidad de los cuentos que, salvo en un par de casos, me parece excelente.

Saludos

Loren dijo...

Sí sí, creo que me expresé un poco mal antes. :D

Tengo bastantes ganas de leerla porque es lo primero que leo de Gaiman en antología (algún relato suelto, nada más). Pero igualmente no me importaría hacerme con las otras antologías, aunque de Objetos Frágiles no he visto buenas referencias del todo.

Humo y Espejos sé donde encontrarla, pero nunca encuentro el momento de hacerme con ella. Lo que más me llama es la versión de Alicia en el País de las Maravillas, me pirra ese clásico. xD

Un saludo.