lunes, 18 de enero de 2010

Reseña: La princesa prometida

La princesa prometida.

William Goldman
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Reseña de: Amandil.

Martínez Roca, Barcelona 1999. Título original: The princess bride. Traducción: Celia Filipetto. 252 páginas.

Cuando William Goldman (guionista de cine y televisón reconocido con múltiples premios como los celebérrimos Oscars) escribió en 1973 La princesa prometida probablemente no era consciente de que estaba creando una novela de aventuras llamada a ser un clásico. En su ánimo más bien estaría el escribir un relato cómico, bastante cínico en ocasiones, en el que bajo el pretexto de volcar algunas experiencias personales, narraba un bello cuento romántico que tendría como principal argumento la lucha de dos personajes arquetípicos, Westley y Buttercup, en pos de su porción de Amor Verdadero.

Al ser un relato pretendidamente tópico no faltarán los malos "modélicos", encarnados en las figuras del Conde Rugen, el Príncipe Humperdinck y el taimado siciliano Vizzini; los compañeros de los buenos, como el popular Íñigo Montoya, el forzudo Fezik y Max Milagros, los duelos a espada, las persecuciones, los juegos de inteligencia, los animales fantásticos, las peleas absolutamente desequilibradas a favor de los malos y la eterna lucha entre el bien y el mal. En definitiva La princesa prometida lo tiene todo. Hasta una película tan atractiva como el libro y guionizada por el mismo autor.

La historia es bien sencilla:

El libro preferido de William Goldman es un libro que nunca leyó. O, mejor dicho, es un libro que le leyó su padre cuando era niño y que él nunca leyó por sí mismo. Se trata del clásico de la literatura de Florín, La princesa prometida, escrito por S. Morgenstern, y que es un compendio de aventuras y amoríos. Así que ¿qué mejor regalo de cumpleaños para su propio hijo que un ejemplar de aquella obra? Sin embargo, para su decepción, en su hijo no parece despertarse la misma pasión que él vivió cuando se lo leyó su padre. ¿Cómo es eso posible? Sencillo. Su padre le leyó sólo las partes del libro que contenían cosas "entretenidas", saltándose aquellas aburridas y completamente ajenas a los gustos de un niño. Contrariado por el descubrimiento Goldman decide "reescribir" una versión "breve" que sólo incluya la historia que le contó su padre en la lejana infancia... Esa versión breve es la que da cuerpo al libro.

En ella la atractiva Buttercup y el mozo de cuadras de su casa, Westley, se enamoran perdidamente. Debido a la pobreza el buen mozo decide viajar a América para hacer fortuna y así poder empezar una vida junto a su amada. Pero en su viaje se cruza el terrible pirata Roberts y todo el mundo sabe que nunca hace prisioneros. Buttercup, finalmente, pese a estar destrozada por la noticia se ve empujada a aceptar casarse con el príncipe de Florín, Humperdinck, quien, en realidad pretende asesinar a su joven prometida para acusar del crimen al país vecino, Guilder, y empezar una guerra contra ellos. Para lograr su objetivo contrata los servicios de un grupo formado por el espadachín español Íniño Montoya, el gigantesto luchador turco Fezik y el inteligente y malvado siciliano Vizzini. Todo parece ir de maravilla hasta que se cruza en el camino de los maleantes un misterioso "hombre de negro" que parece empeñado en liberar a Buttercup...

La narración escrita por Goldman se caracteriza por un estilo cómico y sencillo en el que el lector se siente en todo momento atrapado por una trepidante acción y una trama amable, muy entretenida y bien llevada, que parece beber del modo cinematográfico más que del literario. Abundan las imágenes de fácil descripción y muy evocadoras (los Acantilados de la Locura, el Zoo de la Muerte, la historia de Íñigo, las aventuras del pirata Roberts, la hilarante intervención de Max Milagros) que resaltan en todo momento la vis cómica y ágil que impregna absolutamente todo el relato. Además, utilizando el truco de insertar comentarios del propio autor en cursiva, añadiendo anécdotas ajenas a la historia, valoraciones intrascendentes pero divertidas y críticas bastante cínicas a lo que va contando, se desarrolla una especie de doble lectura paralela (la de las aventuras de Buttercup y Westley y las ocurrencias de Goldman en su "resescritura" del clásico de Florín) que enriquece la novela y añade un cierto toque de esperpento genial al conjunto.

En definitiva, La princesa prometida, es uno de esos libros que se pueden leer perfectamente sin necesidad de ser seguidor acérrimo del género fantástico ya que es, en realidad, una obra cómica que bebe de los elementos comunes a muchos libros de aventuras de espadachines clásicas. Su ritmo, su estilo y, sobre todo, lo amena que es la lectura, hacen que pase en un suspiro y que se tengan ganas de leer más o, en su defecto, releer la obrita cada cierto tiempo recordando el buen sabor de boca que deja y lo divertida que llega a ser por momentos.

Indispensable.

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