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jueves, 21 de octubre de 2010

Reseña: Sinsajo

Sinsajo.
Los juegos del hambre 3.

Suzanne Collins.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Molino. Barcelona, 2010. Título original: Mockingjay. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 422 páginas.

Antes de empezar a leer este libro, sería muy recomendable que quien no haya leído Los juegos del hambre y En llamas lo hiciera y solo entonces volver aquí a seguir leyendo esta reseña. Justo al termino de la anterior, Katniss Everdeen, la protagonista principal de la serie, había sido rescatada in extremis de los 75 Juegos del Hambre, tercer Vasallaje de los Veinticinco, por enviados del, supuestamente, erradicado Distrito 13, mientras su compañero Peeta quedaba atrás, abandonado en manos de Panem. La acción de Sinsajo comienza muy poco tiempo después de ese punto, cuando Katniss, y el lector con ella, asiste a las terribles consecuencias que tal suceso ha supuesto. A partir de ese momento, de una forma bastante reticente ―como sucediera en las anteriores entregas― se verá inmersa en el centro de la acción bélica del Distrito 13 contra Capitolio. Poco a poco sus inquietudes le harán implicarse de forma activa, a pesar de todo lo que le dicta la mente y el corazón. Así, los rebeldes desean que asuma el papel del Sinsajo, el símbolo de su lucha contra el gobierno de Panem, utilizándola como imagen propagandística ante el resto de distritos para conseguir la adhesión de estos a la rebelión.

Con el corazón dividido entre el cautivo Peeta y el combativo Gale ―que ha terminado también en el Distrito 13, uniéndose fervientemente a la lucha―, la joven que harta de tanto enfrentamiento y tanta muerte tan solo deseaba que le dejasen en paz debe tomar partido en la guerra a pesar de que siente en lo más íntimo que no se le está contando toda la verdad, que no es sino un mero instrumento en manos de quienes buscan derrocar al presidente Snow a cualquier precio después de tantos años de totalitarismo y abusos de poder. Inevitablemente se verá inmersa en lo más crudo de la contienda, un enfrentamiento total con la amenaza nuclear flotando sobre los dos bandos, y tendrá que asistir a alguno de los mayores horrores de los que es capaz el ser humano. Katniss de forma inevitable va a darse cuenta de que ella no es sino un peón en manos de otros, que realemente nunca ha sido dueña de su destino, lo que no le impedirá luchar con todas sus fuerzas por los suyos y por lo que cree correcto, se equivoque o no.

Es este un libro oscuro, más adulto quizá que los anteriores, como si la autora pensase que sus lectores han crecido mientras seguían a Katniss a través de todas sus ordalías y solo ahora pudieran hacer frente a la verdadera oscuridad, a la crueldad definitiva, al dolor de la guerra y de la pérdida, al sentimiento de saber que han jugado contigo y tener que plegarte a designios ajenos para no perder lo que más quieres en el mundo y aún así perderlo. Sinsajo es un libro sin duda duro, que no esconde lo peor del ser humano, sino que lo saca a la luz con una claridad diseccionadora, mostrando la fragilidad del alma humana, lo fácil que es romperla, en todos los sentidos y como algunos son capaces de cualquier cosa, cualquier atrocidad para mantener sus privilegios y que se cumpla su voluntad. Todos los personajes sufren, todos son cambiados por las circunstancias que les tocan vivir, todos contemplan el horror, son partícipes del mismo, y deben tomar sus decisiones, incluso aunque sean erradas, y seguir viviendo con las consecuencias que de ello se derive.

Katniss debe enfrentarse a todo lo que ha hecho para sobrevivir hasta el momento y a las represalias que cree derivadas de sus actos, tiene que asumir y aceptar su sentimiento de culpabilidad, tiene que asimilar que tras todo lo sufrido no hay un auténtico hogar al que volver, que las cosas nunca podrán volver a ser como eran antes de los Juegos; como un combatiente que abandona el campo de batalla cargado de estrés, se encierra en sí misma, huye a esconderse en los armarios para intentar negar su realidad, una existencia de la que no puede escapar a riesgo de perder lo poco que le queda. Y cuando finalmente se pone en pie es para darse cuenta que la pesadilla continúa, que debe seguir combatiendo y que si consigue sobrevivir a la guerra muy posiblemente lo único que le quedará será recomponer los pedazos y tratar de seguir adelante mientras intenta descubrir un nuevo yo. Cuando se ha descendido a los Infiernos, ¿es posible volver a ascender? ¿Se puede conseguir la independencia cuando siempre se ha dependido o se ha sido juguete de otros? Cuando has visto los oscuros entresijos del poder, el feo rostro de la manipulación, ¿es lícito renunciar a ejercerlo y querer ser feliz? Cuando has visto todo el horror, ¿puede alguien reprocharte querer darle la espalda y buscar algo de paz? ¿Y dónde se sitúa la incierta línea entre la venganza y la justicia?

La novela se cuestiona en todo momento la «razón» de las guerras, la moralidad de utilizar todas las armas que se tienen a mano con el objetivo de vencer y erradicar al enemigo sin importar el precio que se deba pagar y quién deba pagarlo, el trozo de alma que se deba dejar atrás, por las tácticas y tretas utilizadas para conseguirlo. El Distrito 13 ha pasado 75 años en la clandestinidad, sobreviviendo con sus propios y escasos recursos, y eso ha dejado una huella indeleble en sus habitantes, en su forma de pensar y actuar, y tendrá sus consecuencias en la manera de afrontar el conflicto y del pensamiento de cómo debe ser el futuro.

Es cierto que, supongo que por su inicial carácter de novela juvenil de la serie, las escenas bélicas son retratadas con una cierta falta de realismo un tanto anticlimático. Más parece que el lector está asistiendo a un videojuego, con una serie de «pruebas» a ser superadas, que a una auténtica acción de guerra. Los combates no están plasmados con excesiva verosimilitud ―lo que tampoco les quita emoción― y el desarrollo de la guerra se siente algo artificial, pero supongo que la intención de la autora no era ofrecer tanto un relato bélico coherente ―al fin y al cabo para algo ha elegido el maquillaje ciencia ficcinionero―, sino provocar la reflexión sobre tan comprometido tema mediante una narración amena y cautivadora. De todas maneras, Sinsajo es la más violenta de las tres novelas ―al menos por la cantidad de los implicados y por un par de acciones tácticas realmente sangrientas donde las muertes, en vez de producirse de una a una como en los Juegos, afectan a grandes grupos de personas―, alcanzando un nivel que busca denunciar los abusos y el absurdo de la guerra, del uso de la violencia, en cualquiera de sus facetas.

Se resuelve de manera paralela, por fin, con un desarrollo un tanto sorpresivo el triángulo amoroso planteado anteriormente, aunque no sea el tema central de la novela en momento alguno. Creado para dar cierta tensión a las relaciones de la protagonista, las cosas se le pondrán difíciles a Katniss en esta ocasión, con Peeta lejos de ella, sabiendo que lo están utilizando en su contra, torturándolo para hacerle daño a ella, y sin saber si volverá a verlo en persona de nuevo, al tiempo que Gale se encuentra inmerso en la maquinaría bélica del Distrito 13, firmemente implicado en la guerra, y puede perderlo en cualquier misión. Las relaciones son tensas, y los sentimientos de Katniss siguen siendo tan confusos como lo eran antes; al fin y al cabo, los quiere a los dos por distintos motivos y cada uno de ellos le aporta cosas muy diferentes a su vida. A lo largo de la novela el tema se irá polarizando, de manera que el lector puede intuir fácilmente cuál será la elección de la protagonista, aunque no sospeche cómo podrá llevarla a cabo. Desde luego es un tema muy bien tratado en toda la serie, que fluye de una forma muy natural y que añade un punto de tensión e interés dentro del tono general de amenaza de muerte ―en los Juegos y en la guerra― que domina los tres libros.

Maneja Collins de manera perfecta el «tempo» de la narración, ofreciendo las revelaciones pausadamente, terminando cada capítulo con un cliffhanger que carga de tensión la lectura, entregando a los lectores un mensaje anti belicista y anti totalitario tan perfectamente integrado en la narración que en ningún momento se siente una intención didáctica en la novela. Y a pesar de la oscuridad, del dolor o la violencia que impregnan el texto, no se resiste la autora a ofrecer una flor entre las cenizas, a dejar un resquicio a la esperanza, al triunfo del anhelo humano por la paz y la convivencia. Un cierre perfecto a una trilogía «juvenil» ciertamente agradable y recomendable que de alguna manera se sale de lo típico y lo tópico al tiempo que juega con todo ello.

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Reseña de otras obras de la autora:


Los juegos del hambre.

En llamas. Los juegos del hambre 2.


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