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jueves, 8 de septiembre de 2011

Reseña: Gata blanca

Gata blanca.

Holly Black.

Reseña de: Jamie M.

Plaza & Janés. Barcelona, 2011. Título original: White Cat. Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio. 285 páginas.

Holly Black es conocida sobre todo por sus Crónicas de Spiderwick (o por la adaptación al cine de las mismas al menos), y con Gata blanca inicia una nueva serie, la de los Trabajadores de maldiciones, de la que ya están anunciados por lo menos hasta el tercer título, y de los que se puede avanzar, al menos en lo que corresponde a este primero, que van a ser de lectura independiente, ya que la trama general queda total y muy satisfactoriamente cerrada, aunque, desde luego, quede mucho por explorar en este mundo y estos personajes.

Cassel Sharpe es un chico normal perteneciente a una familia de trabajadores de maldiciones, personas que con el simple roce de los dedos de sus manos pueden modificar las emociones, la memoria, los sueños, la suerte, matar a la persona tocada e incluso, aunque se trata de un poder extraordinariamente extraño (solo uno o dos trabajadores por generación lo tienen) transformar el cuerpo rozado en otro individuo, animal u objeto. Desde los años veinte los “trabajos” han sido declarados ilegales y sus practicantes no han tenido más remedio que unirse a las diversas familias mafiosas, convirtiéndose en auténticos criminales y viviendo casi clandestinamente para poder sobrevivir.

A pesar de haber sido educado en un ambiente delictivo hasta llegar a dominar a la perfección todas las artes de la estafa, el problema de Cassel es que él no es un trabajador como sí lo son su abuelo, sus padres y sus hermanos (Phillip y Barron), no tiene el toque mágico, así que ha intentado construirse una apariencia de normalidad, lejos de su familia, en el elitista internado Wallingford, a pesar del terrible secreto que intenta guardar en su mente oculto del resto del mundo (salvo para su familia, quienes le han ayudado a ocultarlo): en medio de una nebulosa difusa recuerda haber matado con catorce años a su mejor amiga y, lo peor, haberlo disfrutado. Pero todo empieza a derrumbarse cuando caminando sonámbulo despierta vistiendo tan solo unos boxer en el tejado del internado tras haber perseguido en sueños a una gata blanca que parecía querer decirle algo. Expulsado temporalmente, al verse obligado a volver a vivir con sus hermanos empieza a sospechar que algo raro sucede dentro de su familia o en todo caso que algo le ocultan.

La novela está estructurada en torno al relato del propio Cassel, un relato del que él mismo quizá no pueda fiarse, pues pronto va a comenzar a sospechar que está siendo manipulado no sabe muy bien ni por quién ni por qué. Una sospecha, una sensación de inestabilidad que Holly Black comunica a la perfección al lector, transmitiéndole un sentimiento de zozobra, de duda, de zarandeo, que convierte la vida del joven en un tiovivo que no sabe cuándo va a parar. Cassel, dentro de su confusión, su terrible pasado, su amoralidad y su clara tendencia criminal, es un personaje que se hace simpático; algo no precisamente fácil de conseguir con un asesino. Con su sinceridad  y dudas, logra empatizar con el lector y que este se preocupe de lo que le está sucediendo.

Black consigue ofrecer un trasfondo realmente interesante, un mundo atractivo y coherente (el uso de los poderes, por ejemplo, tiene un coste para cada trabajador; exige una reciprocidad que hace que cuando alguien utiliza una de sus maldiciones su cuerpo sufra las consecuencias), una realidad paralela a la nuestra, donde pocas cosas difieren, pero las que lo hacen marcan la diferencia de manera asombrosa. Un mundo donde todas las personas aprenden desde pequeños a llevar en todo momento puestos los guantes, dado el peligro que puede suponer cualquier contacto, cualquier roce de la piel desnuda, donde enseñar las manos se reviste de señales curiosamente eróticas, con el sabor de lo prohibido y donde cualquier sospecha de poseer alguno de los dones de los trabajadores de maldiciones supone el ostracismo y temor del resto de la sociedad hacia el individuo marcado por la misma.

Cabe decir que se trata de una lectura dedicada a un público eminentemente juvenil adulto, sin tocar temas demasiado escabrosos, sin apenas referencias sexuales, con muy poco romance y bastante acción con la necesaria dosis de sangre, aunque sin caer en el exceso. La inclusión en la narración de detalles y referencias de temas tecnológicos y de actualidad, como pueda ser la subida a Youtube de ciertos videos comprometidos, contribuyen a hacer el relato aún más cercano y realista para los adolescentes.


La novela empieza suavemente, de forma casi costumbrista, mostrando a Cassel perdiendo su lugar en el internado y con él la vida que se había construido a su alrededor como una armadura que le protegía de su realidad. Tiene que trasladarse a la casa familiar, con su abuelo, un trabajador que dispensa la muerte con el roce de sus manos, retirado debido a las lesiones producidas en el ejercicio de su poder, y limpiarla de trastos para recibir a su madre cuando salga de la cárcel donde está internada por hacer un trabajo emocional (que modifica los sentimientos). Las pocas amistades, su ex novia, el tinglado de apuestas ilegales (y bastante inocentes) que se había montado, sus pequeñas estafas... todo se ve amenazado como un frágil castillo de naipes al albur del viento.

Pero pronto, página a página la historia comienza a volverse más complicada, entran nuevos actores en escena y Cassel se da cuenta que sus secretos podrían no ser nada comparados con los del resto de su familia. Y cuando se quiera dar cuenta la cosa ya estará liada y él se va a encontrar bajo los focos de una aventura sangrienta llena de ambiciones, traición, mentiras y borbotones de sangre. en un momento parece una novela excesivamente simple y de pronto se encuentra uno con un libro lleno de grises, donde los malos nos son lo que parecen, los buenos no lo son tanto y el protagonista no parece dispuesto a renunciar a su pequeña carrera delictiva. A través de una prosa muy agradable a la par que sencilla, la autora juega a ofrecer un par de misterios de fácil resolución para que cuando llegue el giro realmente importante de la trama pille totalmente por sorpresa.

Gata blanca es una inteligente e interesante narración para un público joven, con un toque romántico algo retorcido (en absoluto se le puede considerar novela rosa o de “amor”), con cierta intriga aunque no donde se la espera, con un mundo creado con mimo y detalle, con un tipo de magia coherente que exige una reacción por cada acción, con unos protagonistas con auténtico carácter llenos de matices y complejidades, y con sorpresas que se ven venir para envolver algún giro auténticamente sorprendente. Una lectura ágil, entretenida y amena, intensa y breve, que deja con ganas de más. Esperemos que la editorial siga pronto adelante con la publicación de la serie con su segundo título, Red Glove .

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