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lunes, 12 de septiembre de 2011

Reseña: Polaris

Polaris.
Alex Benedict 2.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris # 148. Madrid, 2011. Título original: Polaris. Traducción: Raúl Sastre Letona. 351 páginas.

Tras un buen número de años y libros, retoma el autor a los personajes de la que fuera su segunda novela, Un talento para la guerra: Alex Benedict, implacable buscador y vendedor de reliquias y antigüedades galácticas, a quien le es imposible dejar de lado la resolución de un  buen misterio histórico cuando se le pone ante sus narices; y Chase Kolpath, su ayudante para todo, cuya principal tarea parece sacar a Alex de los líos a los que sus investigaciones parecen conducirle continuamente. Mientras uno se dedica a desentrañar el misterio, la otra lo hace a salvarle el pellejo y, al menos en esta ocasión, a dejar constancia de la aventura. Cabe decir que no se trata en absoluto de una secuela de la anterior, sino que, compartiendo universo y protagonistas, Polaris es una aventura totalmente independiente, que se sostiene por si sola y que no requiere de haber leído su antecesora para ser disfrutada en toda su integridad aunque tampoco esté de más.

La nave Polaris había sido enviada a Delta Karpis, llevando a diversas y destacadas personalidades científicas a bordo, para observar la muerte del sistema solar que va a chocar con una estrella enana errante; cumplida su misión, en el momento de retornar se perdió el contacto con ella. Cuando la nave más cercana acudió al rescate solo encontró un pecio vacío, a la deriva en el espacio con su tripulación desaparecida de forma imposible. Sesenta años después lo sucedido a bordo de la Polaris sigue siendo todo un misterio que ha creado en torno suyo toda una legión de seguidores con las más diversas y peregrinas teorías para explicar la desaparición. Cuando una serie de reliquias uniformes, vajillas, comunicadores, objetos personales, ropa, insignias... pertenecientes a la última misión de la nave vayan a ser objeto de una exposición, Alex Benedict no podrá evitar intentar hacerse con alguno de ellos para hacer negocio.

Y así comienza una nueva e intrigante aventura en la que la pareja protagonista se va a ver envuelta en un buen número de peligros mientras intentan desentrañar lo que sucedió tantos años atrás mientras alguien no para de ponerles impedimentos en su camino. De alguna manera se trata de resolver el típico «crimen en una habitación cerrada», en este caso una desaparición inexplicable e inconcebible: Era imposible salir de la nave pero la nave se encontró indudablemente vacía; así, tan importante es descubrir qué sucedió como saber cómo tuvo lugar. Y todo mientras parece haber una importante y peligrosa facción interesada en que nada de ello se esclarezca y que el misterio permanezca en el olvido del pasado.

Es curioso que una serie dedicada a un personaje, el tratante de arte arqueológico Alex Benedict, sea narrada en primera persona por otra de los protagonistas, su subordinada Chase Es de suponer que el carácter más «activo» de la mujer sobre la personalidad más analítica y de salón de Alex haya influido en la decisión del autor de cambiar el punto focal de la narración, centrándose en una parte más dinámica del relato, con varios rescates y acciones desesperadas en la que la investigación de las pistas que van surgiendo quedan más en segundo plano al ser la tarea del arqueólogo; la inmediatez de la acción frente a la reflexión del estudioso. Al no poder apoyarse, como sucedía en la anterior Un talento para la guerra, en una historia paralela que surge de la investigación llenando la narración de épica la reconstrucción de la «vida y milagros» de Christopher Sim, parece obvio que McDevitt ha querido primar la parte aventurera sobre la intelectual trayendo a Chase al primer plano, narrando desde su punto de vista la novela, y dejando algo relegado al personaje que da nombre a la serie. Una decisión totalmente válida, pero que quizá resta algo de interés a la propuesta.

Al mismo tiempo, el desconocimiento en muchas ocasiones por parte de la propia Chase de los procesos intelectuales de Benedict o sobre el destino y propósito de alguna de sus investigaciones, llevan a veces a que la propia narradora no sepa exactamente lo que está sucediendo, transmitiendo al lector un agradable sentimiento de incertidumbre y anticipación sobre lo que ha de venir. También le permite al autor mantener el proceso deductivo un tanto en penumbras, sin tener que justificar algunos saltos intuitivos, y hacer de Benedict el personaje hábil e inteligente que se suponía de la primera novela sin tener que estar demostrándolo palpablemente en todo momento.

A cambio, lo cierto es que la caracterización de Chase como mujer fuerte, independiente y siempre dispuesta a la acción no termina de funcionar a tenor de algunas de las cosas relatadas, quedando un tanto falta de carisma y auténtica profundidad. Supeditada siempre a su «jefe», lo cierto es que la joven nunca despega ni adquiere una personalidad «real», sino que se limita a ser la comparsa y muleta de Benedict en sus investigaciones. Una vez más, queda patente que el fuerte de McDevitt no es precisamente la construcción de sus personajes sino el grandioso escenario galáctico y la investigación arqueológica en que se mueven.

Siendo partícipe de todas las características que han hecho grandes y atractivas las anteriores obras del autor, lo cierto es que se echa en falta algo, ese toque de grandiosidad, la emoción de los rescates al límite, lo asombroso de los descubrimientos..., y la historia no termina de cautivar plenamente. Polaris trata básicamente sobre el tráfico de artefactos antiguos y sobre la superpoblación a que parece abocada la Humanidad por mucho que se expanda por otros planetas, lo que, siendo interesante, no alcanza el nivel de la anterior ni invita de la misma manera a la reflexión. Es una historia más limitada, más sencilla, con un misterio que a pesar de su indudable interés no termina de enganchar como lo hiciera el de su predecesora. Se encuentran las habituales situaciones desesperadas, sin salida aparente, pero  no parecen tan emocionantes como en otras ocasiones, e incluso la repetición de alguna de ellas tanto vistas en la anterior novela como dentro de esta misma hacen un flaco favor a la intriga del relato.

El libro, sin duda, es una muy agradable lectura, con abundante acción y fascinación, planteando un interesante debate filosófico-moral en el que McDevitt no se decanta por ninguna de las partes, que sin embargo no consigue alcanzar la altura de lo que este autor nos había habituado lo que no implica que no sea una buena, entretenida y especulativa lectura llena de sentido de la maravilla. Se trata de una space opera más analítica que frenética, lejos de la vertiente más bélica del género, pero no carente de interés en absoluto. Un pequeño bache en la carrera del autor, pero que tan solo pierde por la inevitable comparación con obras anteriores. Eso sí, imprescindible para los completistas.

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Reseña de otras obras del autor:




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