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martes, 14 de diciembre de 2010

Reseña: Johnny y la bomba

Johnny y la bomba.
Las aventuras de Johnny Maxwell.

Terry Pratchett.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Timunmas. Col. Biblioteca Terry Pratchett. Barcelona, 2010. Título original: Johnny and the Bomb. Traducción: Albert Vitó i Godina. 235 páginas.

Tercera y ―lamentablemente― última entrega de las aventuras de Johnny Maxwell, el joven que ya se enfrentara anteriormente a una invasión alienígena en Sólo tú puedes salvar a la Humanidad y tuviera un particular encuentro con los algo especiales residentes de un cementerio en Johnny y los muertos. En esta ocasión Pratchett va a rizar el rizo con el personaje y lo embarcará en una atractiva trama que incluye vertiginosos viajes arriba y abajo por el tiempo.

A pesar de que se trata, como las dos anteriores entregas, de una historia totalmente independiente, que puede ser leída sin haber disfrutado de aquellas, lo cierto es que es muy recomendable haberlo hecho, aunque solo sea por la diversión que se extrae de ellas. Como mayor punto de encuentro, el autor ha «recuperado» para la ocasión a un par de secundarios anteriores; por un lado y dándole un vital papel desencadenante de la acción, a la anciana señora Tachyon, una especie de andrajosa indigente medio loca ―o loca del todo, aunque en sus continuas incoherencias el lector atento pueda encontrar un sorprendente patrón― que porta todas sus pertenencias en un carrito de supermercado y que apareciera por primera vez en Johnny y los muertos ―sin que ese detalle realmente adquiera mayor relevancia ya que no hay referencia a tal aparición, absolutamente secundaria, en el libro que nos ocupa―. Cuando la pandilla de Johnny se la encuentran inconsciente en un callejón saben que no pueden abandonarla así, que tienen que hacer algo, siempre que no sea practicarle el boca a boca. Deciden llamar a una ambulancia y, por no dejarlo abandonado, llevar su carrito al garaje del abuelo de Johnny, donde su contenido, entre el que se incluye un gato sarnoso y bastante agresivo llamado Guilty y unas repulsivas bolsas de basura negras que parecen contener algún elemento líquido, se encontrará a salvo. Lo que no pueden sospechar es que su buena acción les va a reportar sorprendentes consecuencias.

Por otro lado, también hace acto de presencia Kirsty / Kasandra ―o el nombre que haya elegido esa semana― proveniente de la primera novela. Cuando ella y Johnny vayan a visitar a la anciana al hospital descubrirán que sus desvaríos tal vez no sean tales; y que el ahora quizá no sea un sitio tan seguro y estable como pensaban cuando una serie de fenómenos extraños empiecen a suceder en el garaje. Si de verdad se pudiera viajar en el tiempo y sabiendo por sus «proyectos escolares» cuándo las bombas alemanas caerían sobre Blackbury en plena II Guerra Mundial, ¿se podría modificar de alguna manera el histórico, y letal, bombardeo sobre la ciudad en 1941?, y si se pudiera hacer ¿no cambiaría también eso el presente del que proceden los muchachos? Con su habitual mordacidad e ironía, el autor le da una vuelta al mundo que conocemos, o al que conocen los protagonistas en todo caso, para descubrir lo que pudiera haber sido en otras circunstancias levemente diferentes. Utilizando todos los resortes de una comedia de enredo, el autor crea una apasionante trama de realidades alternativas, donde cada vez que los muchachos se meten en problemas ―y se van a meter en muchos― las cosas se complican todavía más y el presente se ve amenazado por los cambios.

Los amigos de Johnny, el Serio, Bigmac, el Cojo o la propia Kir... Kasandra, se encuentran mucho mejor y más profundamente retratados en esta ocasión que en ninguna de las otras novelas, adquiriendo un mayor peso y protagonismo en la narración, y participando ya no como comparsas dela trama sino como actores de pleno derecho que roban la escena en varios momentos al propio protagonista principal. Cada uno de ellos tiene sus particularidades, explotadas aquí con gran acierto, que le hacen especial y entrañable, formando una terrible pandilla de inadaptados sociales que sin embargo se complementan y consiguen un extraordinario equilibrio, primando por encima de todo la fuerza de una amistad que les llevará, a pesar de su juventud, incluso a sacrificarse por los otros.

Con su especial humor y su certero acierto, Pratchett se enfrenta a temas tan importantes como los prejuicios sociales y raciales ―y eso que el Serio es un negro bastante poco común―, la importancia real de los símbolos ―la esvástica que Bigmac ha estado usando inconscientemente como mero elemento decorativo de su indumentaria skinhead sin darle mayor importancia demuestra sí tenerla, y mucha, en el contexto de 1941―, el rechazo de la guerra, el heroísmo y la solidaridad, la muerte, la amistad, el amor y respeto al prójimo, la compasión, la importancia de los encurtidos y la naturaleza del tiempo y lo retorcido de la Historia.

Johnny y la bomba es un relato más cercano a la Fantasía que a la Ciencia Ficción, dado que el viaje en el tiempo se produce por medios bastante esotéricos, casi podría decirse que mágicos, y nada científicos ―ni siquiera se escuda tras algo de tecnojerga que intente dar una justificación racional al fenómeno―. La teoría de las perneras de los pantalones para explicar la divergencia temporal es sencillamente genial. Las paradojas se van a suceder conforme los muchachos intentan arreglar el desaguisado en que se está convirtiendo su aventura.

De las tres aventuras de Johnny Maxwell esta es, sin duda, la más elaborada y compleja, y la que más se acercaría a la forma de narrar y a la temática propia del Mundodisco ―diferenciando el escenario, por supuesto―. La acción es mucho menos lineal que en las anteriores novelas y hay que estar bastante atentos a todos los detalles para no dejar pasar nada por alto. Y es que todo está muy pensado, las piezas encajan con perfección suiza y todo termina, increiblemente, en su lugar ―¿o tal vez no?―. A pesar de encontrarse englobada dentro de la literatura juvenil se trata de una novela que puede disfrutarse sin ningún problema a cualquier edad. Incluso me atrevería a aventurar que los lectores adultos encontrarán unos niveles de lectura que pasarán posiblemente desapercibidos para el público más joven. Divertida y refrescante, irónicamente retorcida, la novela se lee en un suspiro y se cierra con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Creo que no se puede pedir más.

Por cierto, que la BBC adaptó las aventuras de Johnny y sus amigos en una serie de telefilmes de los que es fácil encontrar información en IMDB o en Internet en general.

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Reseña de otras obras del autor:


Pies de barro. Una novela de Mundodisco.

Papá Puerco. Una novela de Mundodisco.

¡Voto a bríos! Una novela de Mundodisco.

Carpe jugulum. Una novela de Mundodisco.

El último héroe. Una fábula del Mundodisco.

Nación.

Sólo tú puedes salvar a la Humanidad. Una aventura de Johnny Maxwell..

Johnny y los muertos. Una aventura de Johnny Maxwell.



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