lunes, 26 de mayo de 2008

Reseña: Eifelheim

Eifelheim.

Michael Flynn.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 208. Barcelona, 2008. Título original: Eifelheim. Traducción: Rafael Marín Trechera. 506 páginas.

Nos encontramos en Eifelheim con dos historias relacionadas, pero separadas en el tiempo. Por un lado, en nuestros días, Tom Schwoerin, cliólogo, investiga la razón del porqué la desaparecida aldea de Eifelheim no volvió a poblarse y reconstruirse a pesar de que todos sus modelos le indican que así debería haber sido. A su vez, su compañera, Sharon Nagy, física, empieza a postular unas nuevas teorías que podrían dar la vuelta a ciertos teoremas científicos hasta ahora aceptados, cambiando la comprensión del mundo que nos rodea.

Por otra parte, en 1348, el lector asiste a como un tranquilo pueblo de la Selva Negra, Oberhochwald, se enfrenta de repente a un extraño fenómeno electroestático, tras el cual unos aún más extraños visitantes, que parecen venir de tierras muy lejanas, se asentarán en el bosque cercano. El padre Dietrich será el encargado de tratar con ellos, ayudándoles en tiempos convulsos y enfrentándose a las supersticiones y al rechazo que todo lo diferente produce. A su alrededor, la Peste Negra se extiende imparable por toda Europa, pendiendo sobre el pueblo como una inevitable amenaza. En estas circunstancias, el rechazo y el enfrentamiento son inevitables, y los poderes del pueblo deberán luchar duramente tan sólo para poder seguir adelante con las hasta entonces tranquilas vidas de los lugareños.

Es esta segunda historia, la medieval, la que se lleva el mayor número de páginas del libro, a pesar de que como el propio Flynn explica, fuera la línea de nuestros días, como novela corta, la que diera origen a todo el volumen. El autor desarrolla un magnífico y verosímil retrato de la Edad Media, con una serie de personajes bien desarrollados, plenos de humanidad (en lo bueno y en lo malo), llenos de matices y totalmente coherentes en sus actuaciones con lo que vamos descubriendo de sus personalidades. El que más “choca” es precisamente, el propio padre Dietrich, un sacerdote enormemente instruido, con grandes conocimientos filosóficos y científicos, de alguna manera perdido en el atrasado pueblo de la Selva Negra. Es indudable que este personaje era imprescindible para el desarrollo de la historia, ya que con un párroco rural tan ignorante como sus feligreses el enfrentamiento contra la superstición y la defensa de los desconocidos difícilmente se hubiera producido. Consciente, tal vez, del detalle, el propio Flynn irá mostrando imágenes del intenso pasado de Dietrich, que parece ocultar oscuros secretos de los que no parece encontrarse demasiado orgulloso, y cuyas acciones le habrían llevado a esa especie de retiro de Oberhochwald. Así, lo que podría haberse convertido en un inconveniente, en algo que produjese cierta incredulidad al lector, se convierte sin embargo en piedra angular de un nuevo interés, integrándose de manera perfecta en el resto de la narración.

Junto al instruido sacerdote, la narración irá acompañando a toda una serie de fascinantes personajes, algunos históricos y otros, lugareños y visitantes, inventados para la ocasión, que crecen y cambian, cada uno con su propia personalidad y desarrollo, con su historia a cuestas, lejos de estereotipos y que irán componiendo un fresco que realmente atrapa el interés.

Eifelheim es, sobre todo, una novela que trata sobre el miedo a lo desconocido, ya sea en forma de unas personas diferentes a uno mismo y que se presentan de repente, o como una enfermedad de terribles consecuencias y de la que se desconoce su procedencia; y de cómo las personas reaccionan ante ese miedo. En ese mundo de temor creado por la amenaza de la Peste Negra, cualquiera puede ser visto como un enemigo, como un portador destinado a infectar a todos los habitantes de la aldea y, por tanto, como alguien a quien se debe rehuir y apartar. Flynn, demostrando un alto grado de documentación a lo largo de todo el relato, nos presenta como telón de fondo una Europa atemorizada, con la desesperación de aquellos que no ven ninguna salida, buscando culpables para una plaga a la que no encuentran explicación, y mostrando como la Iglesia, curiosamente, se convirtió en aquella época en un auténtico refugio contra la ignorancia y la barbarie que llevó, por ejemplo, a demonizar y perseguir a todos los judíos. Muestra el autor cómo la ciencia y la religión no tienen porqué estar peleados y cómo en aquellas lejanas épocas muchos de los grandes estudiosos pertenecían precisamente a la Iglesia. Indudablemente, nos dice, sobre todo debido a ciertos fanatismos, se produjeron terribles errores, pero los mismos deben ser juzgados desde la óptica y las costumbres del propio siglo XIV y no desde la perspectiva de la existencia actual, cuando tantas cosas y formas de pensar han cambiado.

Es desde ese contexto medieval desde donde el lector va a asistir a la difícil interpretación que en nuestros días hace el cliólogo Schwoerin de los datos incompletos o erróneos a los que puede acceder, que chocan incluso a veces con el relato auténtico de lo sucedido en la Edad Media, llevándole a conclusiones falsas o equivocadas. Cuando lo que ha llegado hasta nuestros días es una simple frase dentro de un códice, tal vez lo que signifique sea muy diferente de lo que de ello se pueda interpretar, sobre todo cuando las fuentes no son de primera mano sino de escribanos posteriores a los sucesos acaecidos. Junto a esta investigación histórica, el postulado de nuevas teorías físicas queda en un segundo plano, pero tendrá, sin duda, una enorme importancia en el desarrollo de los acontecimientos.

Eifelheim, a pesar de un final un tanto frustrante (en el que no se llega a desvelar el destino final de alguno de los protagonistas principales, que aunque intuido de alguna forma no llega a plasmarse con certeza, dejando así una enorme curiosidad), es una lectura muy agradable e interesante, con un adecuado ritmo, a la par dosificado y ameno, con acción y reflexión en su justa medida, con las necesarias, pero no excesivas pistas y revelaciones para sostener el interés a lo largo de toda la narración, y con una historia que mantiene la atención del lector en todo momento. Sin duda, para mí, una recomendable lectura.