miércoles, 16 de septiembre de 2009

Reseña: La estrella de Pandora

La estrella de Pandora.
Serie de La Federación 1.

Peter F. Hamilton.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 109. Madrid, 2008. Título original: Pandora’s Star. Traducción: Marta García Martínez. 765 páginas.

Algo más de 760 páginas de pequeña y apretada letra. ¿Sobran unas cuantas? ¿Sinceramente? No. En una historia como esta, plagada de personajes, es evidente que unos interesarán más que otros, pero todos aportan algo, cuando no directamente a la trama al menos sí al inmenso escenario. Es difícil circunscribir a una sola etiqueta tan monumental obra: la más evidente es, sin duda, la de Space Opera, pero sería quedarse muy corto. Primer contacto, serie negra o policiaca, intriga política y sociológica, bélica, SF hard, misterio, aventuras y exploración en territorios ignotos… Todo eso y mucho más se puede encontrar en La estrella de Pandora, y eso que se trata de tan solo la mitad de una historia que concluirá en Judas desencadenado.

La novela se abre con una escena de lo más tópica dentro del género: el descenso de la primera misión tripulada a Marte, aunque pronto saltará la sorpresa. 350 años después, la Humanidad ha colonizado multitud de planetas gracias al descubrimiento de la tecnología de agujeros de gusano y ha formado una gran civilización galáctica unida bajo el nombre de La Federación (Commonwealth en el original). Se han encontrado varias civilizaciones alienígenas, todas aparentemente pacíficas o, al menos, indiferentes, y un gran futuro de prosperidad parece abrirse para los humanos. Es entonces cuando un profesor universitario, astrónomo, descubre que unas anomalías en torno al conocido como Par Dyson son unas barreras artificiales de algún tipo que hace mil años encerraron sus sistemas estelares de forma casi instantánea. Y como la curiosidad mató al gato y pese a las voces en contra, se organiza una misión para estudiar de cerca el fenómeno. He aquí la razón del título del libro, referencia obvia a la mítica Caja de Pandora y que se refiere a la barrera que encierra el sistema de Dyson Alfa y a la multitud de preguntas que la misma genera: ¿Quién puso allí la barrera y por qué? ¿Su objetivo era encerrar algo o a alguien, o más bien dejarlo fuera? ¿Qué podría salir si la barrera cae? ¿Qué raza extraterrestre posee tan extraordinaria tecnología? ¿Merece la pena correr el riesgo de llamar su atención?

Siendo este, quizá, el que más importancia va a adquirir a lo largo de la novela, el libro tiene un buen número de hilos paralelos de igual interés que, es de suponer, terminarán confluyendo de alguna manera en la segunda entrega. Hamilton recrea con gran profusión de detalles la sociedad humana del siglo XXIV; una sociedad que, gracias a avances como la tecnología de rejuvenecimiento y de clonación de cuerpos o la de grabación de recuerdos, hace que los individuos pueden vivir largas y productivas vidas (llegando algunos de los protagonistas a haber nacido en el siglo XX), acercándose con rapidez a algo muy cercano a la inmortalidad. Todo este despliegue tecnológico (y el intento de justificarlo para hacerlo lo más verídico posible) es indicador de una nueva forma de entender el Space Opera en la actualidad en contraposición a una visión más clásica que se apoyaba tan solo en la aventura espacial y que le hace ganar una gran profundidad.

Es en este contexto donde, junto al hilo del Par Dyson centrado en la figura de Nigel Sheldon —co-creador de la tecnología de los agujeros de gusano—, el lector se encuentra con otras variadas tramas que dan mayor amplitud y profundidad al universo descrito. Por un lado, Ozzie Issacs —el otro creador de la tecnología de los agujeros de gusano— se embarcará en un peregrinaje en busca de los silfen, unos alienígenas que han trascendido la etapa tecnológica y que viajan de planeta en planeta por unos senderos que podrían considerarse mágicos —en el sentido clarkiano— y que la humanidad habría confundido tiempo atrás con los elfos por su apariencia y costumbres. Rememorando las novelas clásicas de aventuras de exploración y descubrimiento, viajando de mundo en mundo a cada cual más extraño, es esta quizá la parte más pesada de la narración, plena eso sí de sentido de la maravilla —demostración palpable de la fértil imaginación del autor—, pero carente en ocasiones de la necesaria intensidad y emoción de la que hace gala el resto de hilos.

En otra de estas subtramas se encuentra Paula Myo, investigadora genéticamente modificada desde su nacimiento, quien lleva 130 años tras la pista de Adam Elvin, una especie de anarco-terrorista que ahora trabaja para los Guardianes del Ser, organización clandestina que afirma que una nave alienígena estrellada hace tiempo en el planeta Tierra Lejana era pilotada por un ser llamado Aviador Estelar, un extraterrestre que se habría infiltrado en los centros de poder de la humanidad, manipulando a ciertos sujetos con oscuros y nefastos propósitos. Mientras Myo se dedica a diversas investigaciones y Elvin planifica diversos modos de introducir armas y tecnologías prohibidas en Tierra Lejana para el movimiento dirigido por Bradley Johannson, este es quizá el hilo más alejado de la trama general.

Sin decaer el ritmo en ningún momento, Hamilton va introduciendo a más y más personajes —y una clara muestra de su buen hacer literario es que todos están tan bien reflejados que a pesar de su gran número en ningún momento necesité echar mano del glosario—, haciendo que al principio la cosa avance aparentemente algo lenta, pero acelerando el tempo hacia la mitad del libro y no parando ya hasta el sorprendente cliffhanger de la última página.

La estrella de Pandora se mueve en un amplio espectro de temas, permitiéndose también el provocar la reflexión en el lector, por ejemplo en torno a la cuestión del rejuvenecimiento de las personas y como el mismo influiría en las maniobras políticas que tendrían que ser planificadas entonces con una amplia visión del futuro, o cómo cambiarían las sociedades, las formas de trabajo, los matrimonios, el ritmo de vida y tantas otras cosas que conformarían (en el futuro vislumbrado por el autor) una humanidad a un tiempo dinámica, con ganas de explorar todas las posibilidades, pero irónicamente también inmovilista, con el deseo de que el status quo no varíe. La humanidad del siglo XXIV lleva siglos viviendo en paz, casi ha olvidado guerras y conflictos, ha adoptado una nueva forma de ver el mundo y la sed de exploración se ha calmado… Si vas a vivir cientos de años, ¿para qué esforzarse en conseguir hoy lo que seguramente podrás conseguir mañana casi sin esfuerzo?

Hamilton muestra una especial habilidad en mantener todos los hilos bien encauzados, frenando y acelerando conforme la acción lo requiere, profundizando en la caracterización de los personajes —aunque se antoja que esta es la parcela en la que más falla el autor, antojándose en ocasiones que tan solo está ofreciendo un catálogo de los ricos y famosos (y guapos y concupiscentes) de la Federación—, y en la descripción de los muchos mundos humanos y alienígenas, mostrando a estos últimos y a sus creaciones con absoluta fascinación, dotándolas de una atractiva verosimilitud dentro de su total extrañeza. Es precisamente en el exceso de páginas donde Hamilton va construyendo ese futuro totalmente coherente plagado de detalles. Si es cierto que hay escenas y personajes que parecen no aportar nada a la trama general (aunque habrá que esperar a la segunda entrega para saberlo a ciencia cierta) y que por tanto podrían considerarse superfluos, también es cierto que enriquecen la narración con unos escenarios realmente complejos y fascinantes. La estrella de Pandora es, así, sentido de la maravilla en estado puro. Cada planeta, cada sociedad son únicos, con sus peculiaridades diferenciadoras y sus puntos de unión con el resto (como las franquicias alimentarias que se extienden por toda la Federación). Hamilton ha realizado un trabajo francamente admirable con una monumental narración a la que solo se puede terminar clasificando con una palabra: Épica.

La estrella de Pandora, tras sus 760 páginas de pequeña y apretada letra de lectura absorbente, termina con una abrupto cliffhanger que deja todo —y en algún caso es absolutamente literal— colgando en el aire y preparado para Judas desencadenado y sus muchas, esperemos, revelaciones. A la espera de su lectura este primer volumen de la serie de la Federación me parece altamente recomendable.

6 comentarios:

Luismi dijo...

me leí el libro hace unos cuantos meses, y estoy totalmente de acuerdo con la reseña, fue el primer libro de ciencia ficción que leí en mi vida, y fue brutal, jamás he leído algo tan real, increíble, magnífico e inmenso, porque eso es lo que se siente al adentrarse en un mundo tan inmenso y complejo

ya tengo Judas desencadenado en mi estantería desde hace un tiempo, pero no podré leerlo hasta que me termine otros, pero voy con ganas

Último Íbero dijo...

A mi, desde luego, me has puesto los dientes largos. A ver si me lo pillo.

Yago dijo...

Pues corre, porque según fuentes de la propia editorial está a punto de agotarse, y dado su alto número de páginas y el coste que supondría, dicen que es difícil que se haga una reedición.

husker dijo...

me ha llamado mucho la atencion tu articulo, lastima q en amazon esta out of stock, apenas llege lo mando a traer

Vic dijo...

Como siempre una reseña fantástica Yago. Me ha encantado el libro, lo acabé hace 2 días y me he comprado Judas Traicionado para las 24 horas que voy a pasar viajando, para matar el "rato" de los vuelos. Impresionante, lo de Peter F. Hamilton es impresionante. La caída del dragón era buena, buenísima, y esto... en fin, que le sigan publicando!! :D

Yago dijo...

Como comento en la reseña correspondiente de "Judas desencadenado", esa segunda parte baja un poco, poquito, el nivel, pero merece mucho la pena.

Y sí, ojalá pronto tengamos más Hamilton que echarnos a los ojos ;-)