sábado, 24 de abril de 2010

Reseña: Los magos

Los magos.

Lev Grossman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Grandes Novelas. Barcelona, 2009. Título original: The Magicians. Traducción: Franciscon Pérez Navarro. 492 páginas.

¿Es esta, como nos han querido vender, una Fantasía para adultos? Es más, ¿no ha existido siempre una Fantasía adulta como para que vengan ahora con este cuento? Espero, sinceramente, que el camino del género no vaya por aquí. Se ha definido, muy acertadamente, Los magos como un “Harry Potter universitario que viaja a Narnia”; y es que, en cuanto a argumento, poco más hay. Un Harry Potter ―como se ha visto antes en muchas de las parodias nacidas al amparo de la obra de Rowling―, que se deja llevar por la desilusión, el hastío, se emborracha y se droga y no pierde la ocasión de mantener relaciones sexuales con sus compañeras. Muy adulto sí, podría pensarse, pero aparte de lo supuestamente impactante del planteamiento, la novela se queda en agua de borrajas; concentrado en epatar al lector se olvida de darle profundidad a la trama, convertida en un quiero y no puedo muy insatisfactorio que despojado de sus “referencias literarias” ―que sobrepasan ampliamente el «homenaje» y el «referencialismo» para bordear peligrosamente el plagio― pierde todo sentido. Añadido a un ritmo muy desigual, con partes francamente interesantes y otras que invitan al bostezo, muy lento al principio ―una lentitud, sin embargo, que choca con lo rápido que quiere pasar sobre ciertos temas― para terminar en una carrera acelerada que se olvida de muchas cosas que la habían llevado hasta allí, la verdad es que se trata de una novela más bien fallida.

Quentin Coldwater es un joven brillante que se encuentra valorando opciones para su paso a la universidad. Persiguiendo una misteriosa nota en torno a sus amados libros de Fillory se adentra en un minúsculo parque que, sin embargo, le lleva a un bosque y a los jardines de la escuela Brakebills de Pedagogía Mágica, una institución para el estudio de la magia donde es aceptado sin que él mismo se lo cuestione demasiado y donde estudiará unos cuantos años interactuando con sus compañeros, aprendiendo hechizos y jugando al welters, un trasunto de ajedrez mágico a tamaño natural. Tras unas cuantas experiencias se licenciará y no sabrá qué hacer con su vida hasta que surja la oportunidad de viajar a Fillory, embarcándose en la aventura que ha soñado toda su vida con un variopinto grupo de compañeros ―de los cuales sobran unos cuantos visto su estelar papel que podría haber concentrado en cualquiera de los otros protagonistas saliendo ganando todos―, que no será lo que esperaba en absoluto. Y les pasan cosas, más malas que buenas, y supongo que hay por ahí una moraleja y nada volverá a ser como era y todo eso, pero la verdad es que para cuando el lector ha llegado a las últimas páginas poco interés le queda en lo que está sucediendo, dado lo triste y confusamente que está narrado.

Un problema importante viene dado por su carácter de «homenaje» a libros anteriores ―no solo Harry Potter y Narnia― que consigue que prácticamente ninguna de las situaciones planteadas causen sorpresa sino que suenan a ya leídas o vistas. Los magos es un refrito de muchas cosas, en un intento de darles una visión original ―por el simple método de buscar polémica de manera tan burda como introducir a un personaje auto marginado y rarito, que luego será uno de los mejores amigos de Quentin, y que resulta ser gay. Pues muy bien, ¿y qué?― sin terminar de conseguirlo porque hay cosas que ya no escandalizan. El colegio de magia se ha visto mil veces antes y con mayor implicación emocional en el aprendizaje como en Un mago de Terramar. El arquetipo de chico brillante pero algo obstuso socialmente está ya más que quemado. El grupo de amigos que terminan siendo más que la suma de sus partes se podría considerar un tópico clásico. Aquí, en la academia de magia incluso tienen su «fraternidad» ―que no es tal, pero para el caso como si lo fuera― donde se dedican a las actividades habituales que tantas veces se han retratado en las “comedias” universitarias yankis, esto es, al bebercio y al fornicio, y donde lo de menos es el estudiar porque aparentemente todos van a ser aprobados indistintamente de sus habilidades.

Además, el lector se encuentra con un personaje al que se está deseando durante toda la lectura darle un par de collejas y pedirle que espabile. Cada vez que Quentin consigue algo que deseaba se desencanta, descubriendo que no era tal y como lo esperaba y refocilándose en su dolor hasta que encuentra otro nuevo objetivo que no va a ser más satisfactorio que el anterior. Es un privilegiado y, sin embargo, no para de quejarse de su vida y de tirarse piedras contra su propio tejado. Es un adulto con un carácter demasiado infantil. Y por lo menos Quentin tiene un carácter, los demás personajes no dejan de ser planos en ningún momento, no adquieren personalidad en absoluto, son solo vehículos para acompañar al protagonista, para darle la réplica en sus frases y provocar ciertas situaciones necesarias para que la acción avance, pero nunca llegan a hacerse «reales», a adquirir profundidad. Personajes como Alice parecen estar ahí tan solo para provocar y soportar las frustraciones de Quentin, quien mide todo lo que le rodea con un doble rasero realmente peculiar según sea él el ejecutor o la víctima de la situación.

Quentin está desencantado con su vida y cada paso que da, creyendo que es para mejorar, la empeora. Lo único que sabe hacer es huir, nunca cuestionar lo que le viene de cara o tratar de cambiarlo, y quejarse de todo lo que le sale mal echando balones fuera y sin aceptar nunca sus propias culpas, descargándolas siempre en los demás. Es un niño, con reacciones de niño, en un cuerpo de hombre. Solo le faltaba el aguantar la respiración cuando se enfadaba para ponerse rojo, tan infantil resulta, por mucho que el autor se empeñe en meterlo en situaciones supuestamente adultas como la infidelidad, el «menage à trois», el alcoholismo o la drogadicción.

Pero peor aún es el absurdo tratamiento de la existencia de la magia en nuestro mundo y el uso que de ella hacen los magos. ¿Para qué les sirve? Estudian, las pasan moradas y luego los envían al mundo para que se busquen las castañas sin ningún objetivo en absoluto. Se supone que Brakebills los mantiene, lanzándolos a una vida disipada absolutamente vacía, sin nada en su futuro más que dejarse llevar. Una vez terminado su paso por la escuela, la pregunta obvia es ¿qué van a hacer a partir de entonces con su vida y sus poderes? Y la respuesta parece ser: nada de nada. Llevar una vida diletante en un apartamento de Manhattan, gozando de una vida disoluta y sin preocupaciones, en una espiral de fiestas y aburrimiento que les llevará a tomar decisiones poco meditadas y que pronto Quentin descubrirá no le llenan y le dejan tan insatisfecho y enfadado como siempre hasta entonces ―o más, pero la culpa, a pesar de lo que piensa, es solo suya―. Supongo que parte del relato trata sobre el madurar, el crecimiento de las personas, el bagaje que se va adquiriendo conforme se vive y la influencia de esas vivencias en la construcción de la personalidad; una especie de viaje iniciático a la búsqueda de uno mismo. El problema es que Quentin ―los otros están tan apenas esbozados que ni siquiera entran en el planteamiento― deja el libro casi exactamente igual que lo ha iniciado: infantil, gruñón, apático, egoísta, quejica, sin madurar en absoluto... Entonces, ¿para qué tanto viaje?

No tengo muy claro si el autor lo que intentaba era reflejar una juventud indolente, pasota, sin valores, conformista, incapaz de comprometerse en algo durante demasiado tiempo, autodestructiva, desencantada de su vida y de la sociedad, amante de las juergas y la diversión perpetua, carne de botellón... y si con eso ha querido dara entender que toda la juventud actual responde a ese estereotipo ―o es que solo se ha basado en las descerebradas «comedias» universitarias como modelo― para que los adultos podamos criticarla y sentirnos a gusto. Por suerte, aunque algunos sin duda sean así, sabemos perfectamente que no toda la juventud entra en esa definición, ni creo que muchos de los posibles lectores de la edad del protagonista puedan sentirse identificados en absoluto con él.

Durante toda la larga primera parte, la narración va claramente enfocada en llevar a Quentin y sus comparsas a Fillory, desde la para-médico ―personaje «comodín» por otra parte, que aparece y desaparece como el Guadiana sin más aparente motivo que empujar a Quentin por ciertos caminos― que casi al principio del libro le da un manuscrito de incierta procedencia, a las muchas menciones a los hermanos que viajaron allí en los libros infantiles originales o a los anhelos del propio Quentin por abandonar su vacía vida y gozar de las mieles del país fantástico, donde convertirse en el héroe que siempre ha soñado ser y dejar atrás sus problemas ―vamos, una nueva huida―. Y aún con muchos puntos de interés, Fillory volverá a defraudarle ―y con él, al lector. ¿De verdad hay alguien que no vea venir quién es el misterioso ser malvado que ha subyugado el reino?―. Tal vez lo narrado sea un intento de metáfora sobre la imposibilidad de conseguir los sueños infantiles, de enfrentarse a la dura realidad de la vida, de resignarse a lo que uno tiene y no aspirar a más... Tal vez la muy posible secuela aclare algo más y profundice en los temas de interés aquí esbozados. Lo que es seguro es que va a ser difícil fiarse de las frases publicitarias, vengan de quien vengan, visto quien firmaba las recomendaciones de Los magos y lo que se obtiene en realidad.

Es este un libro profundamente anti escapista, que parece recomendar que ante la duda ni siquiera lo intentes, que te conformes con lo que te ha tocado en suerte sin aspirar a nada mejor, porque cada vez que Quentin aspira a algo termina peor de lo que estaba. Los magos es un libro oscuro y triste, pero no por la narración en sí, sino por el mensaje desencantado que destila; un pesimismo vital que cuesta asimilar. Es una novela decepcionante, que lo tenía a priori todo para ser un éxito, con un buen tema, un interesante planteamiento, una escritura fluida y agradable, con oficio detrás, sólida, con acierto en las descripciones ―aunque en la acción se pierda un tanto, volviéndose algo confusa― y unas recomendaciones de renombre, pero la trama nunca llega a despegar, va dando vueltas y revueltas sin conseguir implicar al lector. Plasma un mundo donde la magia es posible, donde los sueños son posibles, y lo estampa contra una supuesta realidad mundana que demuestra una estrechez de miras realmente sorprendente. Eso sí, la campaña de marketing ha sido realmente apabullante; triste, pero cierto.


9 comentarios:

Pedro López Manzano dijo...

El recomendador al que te refieres es George R. R. Martin, creo. No lo he leído, pero tenía intención de hacerlo precisamente por eso.
¿Tan poco recomendable te ha parecido entonces? Tras leerte se me van las ganas...

Yago dijo...

Efectivamente, aunque la recomendación es algo ambigua ("Los magos es a Harry Potter como un trago corto de whisky a una taza de té"), igual es que se refería a un whisky de garrafón que se te atraganta al beberlo; porque sino no lo entiendo (o eso, o le han pagado por soltar lo primero que se le ocurriera para promocionar el libro).

Y, de verdad, no me atrevería a recomendar este libro a nadie :-(

Saludos

Asier G. dijo...

No he leído el libro, pero por lo que deduzco de la crítica, parece que ese pesimismo que decís que destila es un fiel reflejo de como algunos jóvenes nos encontramos ante el mundo sin solución posible.
El planteamiento es interesante, pero si el desarrollo es mediocre y no aporta ninguna reflexión interesante, a la postre debe de ser un tedio de lectura, aun para los amantes de la fantasía venga como venga.

Saludos.

Yago dijo...

No, no lo creo así, pues ese pesimismo que comentas es precisamente "ante el mundo sin solución posible", un futuro donde no se ven salidas, donde no hay oportunidades...
Pero aquí nos encontramos con un protagonista que lo tiene todo, que consigue todos sus deseos, que puede hacer cualquier cosa con su futuro... y sin embargo no para de quejarse, sin hacer nada con su vida más que dejarse arrastrar sin tomar auténticas decisiones.
No creo que la juventud sea así, la verdad (o tal vez, deseo que no sea así).

Saludos

Chemari-Wan dijo...

Pocas reseñas posicivas para este libro. No podemos estar todos equivocados...

http://guardiandelcapitulo.blogspot.com/search/label/Los%20Magos

¿Cómo es posible que estos libros lleguen a las estanterías?

Yago dijo...

Hombre, el argumento de las moscas hace tiempo que fue rebatido ;-D
pero sí, lo cierto es que todavía no he encontrado a alguien al que realmente le haya gustado esta novela.

Anónimo dijo...

Yo lo estoy leyendo y la verdad me encanta, no lo he querido soltar. Altamente recomendable.

Yago dijo...

Bueno, primer comentario a favor de esta novela que leo. Lástima que venga de una fuente anónima, pero ahí queda.

Es lo bueno de la literatura, que al final cada uno siempre encuentra su libro.

Chemari-Wan dijo...

Sorprendente, pero bien cierto. Me alegro por ese lector anónimo ^_^