martes, 27 de abril de 2010

Reseña: Vacaciones en el infierno

Vacaciones en el infierno.

Varias autoras.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2010. Título original: Vacations from Hell. Traducción: Mercedes Núñez. 304 páginas.

Tercer título de la serie de antologías junto a Noches de baile en el infierno y Amor en el infierno, que parte de las mismas premisas que las citadas: cinco autoras de éxito en el ámbito anglosajón escriben un relato largo o novela corta con protagonistas adolescentes en torno a un tema concreto (en este caso las vacaciones) dándole siempre un toque de romance paranormal. Además, parte de lo recaudado por la venta de los volúmenes originales iría a parar a fines benéficos.

Abre el volumen En el crucero, de Sarah Mlynowski, y, por suerte o desgracia, se trata de la más floja de las cinco narraciones. Por suerte, porque al ser la primera no queda tan mal sabor de boca al elevar el nivel las siguientes; por desgracia, porque puede espantar a algunos lectores que se perderían así lo que viene a continuación. En el crucero es poco más que una anécdota, un chiste ni siquiera original, ya que hace mucho tiempo que circula por Internet una de esas cartas-cadena titulada algo así como “La primera vez” que usa prácticamente la misma idea cambiando vampiros por dentistas (y si a alguien le he chafado la sorpresa, si alguien no lo venía venir desde mucho antes, mis más sinceras disculpas, pero es que es de cajón). Dos jovencitas, Liz y Kristin se embarcan en un crucero sin tutela adulta, con el objetivo confeso de que Kristin pierda la “virginidad”, mientras Liz se dedica enrrollarse con todos los tíos buenos que se le ponen a tiro. Se hacen amigas de Hailey, una joven que viaja con su madre (una mujer que en ningún momento abandona su camarote), que les cuenta una truculenta historia de desapariciones misteriosas en otros cruceros achacadas a la existencia de sanguinarios vampiros. La trama avanza mediante largos diálogos, sin apenas descripciones, y con más bien poco oficio, mientras pasan los tres días del crucero y Kristin siente que se le acaba el tiempo. A la postre, el supuestamente sorprendente giro final es tan evidente que no puede resultar más decepcionante. Es una narración cortita, muy breve en realidad gracias a tanto diálogo, con lo que tampoco llega a atragantarse exactamente.

Por suerte, a continuación viene Tu novia no me cae bien, de Claudia Gray. La joven bruja Cecily Harper se enfrenta a las vacaciones familiares con evidentes muestras de desagrado. Una vez al año, aprovechando el verano, el aquelarre de su madre se reúne en la playa para mantener y reforzar los antiguos lazos y ampliar la educación de sus hijas. Para desgracia de Cecilia, una de esas jóvenes es Kathleen Pruitt, una odiosa chica de su edad que año tras año no cesa de hacerle la vida imposible mientras se encuentran bajo el mismo techo. Pero lo de este año va a ser peor, por un lado no para de llover y no hay posibilidad de ir a la playa; por otro, Kathleen ha venido en esta ocasión acompañada de su nuevo y maravilloso novio, un chico ideal, perfecto, atento e interesante, por el que la joven bruja no puede evitar sentirse atraída. Y es que Scott, que así se llama el muchacho, es alguien demasiado bueno como para ser verdad. ¿Demasiado bueno en efecto? Con gran sentido de humor y una hábil dosificación de la tensión, Gray ofrece un relato de vindicación realmente atractivo, en el que al final no todos obtienen lo que desean. Interesante y divertida.

Con La ley de sospechosos, Maureen Johnson envía a dos jóvenes hermanas norteamericanas, Charlie y Marylou (por Charlotte y Marie-Louise) al viejo continente a conocer sus raíces francesas en lo que esperan que sean unas vacaciones espectaculares, pero la realidad es que terminan aisladas en una casa de campo en la campiña francesa, sin nada que hacer, sin la compañía prometida y con la única visita de un encargado que cada día las aprovisiona de comida. Cuando Charlie emprende un paseo sin rumbo fijo por los alrededores no sabe que sus pasos la van a acercar a un destino cruento que va a saltar a su paso. Cuando encuentre la casa de Henri, un peculiar y nervioso personaje, y este le cuente una inquietante historia sobre la Revolución Francesa y la “ley de sospechosos” su suerte quedará sellada. Y cuando el apuesto Gerard entre en sus vidas con una terrible advertencia sobre su futuro inmediato toda su existencia se convertirá en un carrusel desbocado. Mezclando con maestría los datos históricos con el suspense, el terror y unas apenas perceptibles gotas de romance, Johnson consigue atrapar la atención creando dudas en la mente del lector a través de varias vueltas en la trama que no permiten dar nada por supuesto. Curiosa, cuando menos.

En La casa de los espejos, Cassandra Clare (tal vez la más conocida de estas cinco autoras en nuestro país gracias a su trilogía Cazadores de sombras) lleva a los protagonistas a Jamaica, donde el mal les estaba aguardando. Violet ha visto como su madre se casaba con el padre de Evan, un chico de su instituto por el que se sentía (y todavía se siente) atraída y emprendían todos juntos una especie de luna de miel familiar. Cuando una misteriosa mujer llamada Anne Palmer, que vive en la mansión al lado de la que ellos han alquilado al borde de la playa, pida ayuda a Evan para reparar su coche (a pesar de que el chico no tiene ni idea de mecánica) este no dudará en dar una respuesta afirmativa aunque solo sea para escapar del cargado ambiente que rodea a su familia dado que sus “padres” no dejan de discutir (llegando él al maltrato a su nueva esposa). Damaris, una de las sirvientas, advertirá a Violet que Anne no es una mujer normal, que es malvada, y que quien va a su casa termina por no volver, pero la joven se verá impotente sin saber cómo actuar mientras su hermanastro, el chico a quien en realidad ama, va desmejorando a marchas forzadas ante sus ojos. Una historia que esconde mucho más de lo que una lectura ligera pudiera desvelar. Una denuncia de los malos tratos, de sacrificio y de ayuda desinteresada. Quizá se quede algo coja por su brevedad, pero desde luego invita a la reflexión.

Cierra el volumen No existe lugar seguro, de Libba Bray, donde cuatro amigos estadounidenses que están haciendo, con motivo de su graduación del instituto, un viaje “mochilero” por Europa con un bono del eurorail deciden en un momento de aburrimiento dirigirse al pueblo de Necuratul, en un país de la Europa del este, atraídos por un folleto turístico en el que se anuncia para el próximo 13 de agosto la celebración de un festival que conmemora el oscuro y demoniáco pasado de la población. Poe Yamamoto, el narrador de la historia, y sus amigos se internarán en la remota y atrasada región rodeada de cerrados y tupidos bosques que parecen ocultar misteriosos secretos, como la identidad de un niño zarapastroso que parece mirarlos desde la penumbra de los árboles. Amenazado por la construcción de una central eléctrica, el pueblo se dedica a los preparativos del que seguramente sea su último festival, motivo que ha traído de vuelta a los jóvenes del lugar (emigrados por temas de estudios o de trabajo) que enseguida congenian con los viajeros y los acojen bajo su ala en el peculiar ambiente de Necuratul. Poco a poco la atmósfera se irá volviendo más opresiva, mientras antiguos rituales amenazan con renacer para salvar al pueblo, chocando la tradición con la modernidad. Un relato potente que deja muy buen sabor de boca para cerrar el libro. Es, sin embargo, el único relato que deja abierto el final para una posible continuación, con una nueva aventura eso sí, ya que esta queda definitivamente cerrada.

Vacaciones en el infierno es una antología que tiene claro cuál es su público y ofrece algo para cada uno de ellos. Algo de humor, horror, sangre, magia, brujería, pocos vampiros (solo aparecen en la primera historia), tensión, misterio, pactos diabólicos, romance (aunque menos del que se podría esperar), anhelos imposibles, desilusiones, valor y miedo, finales no siempre felices... en unas historias ideales para leer cada una de un tirón dada su apropiada longitud y la rapidez con que se devora su prosa. El libro perfecto para pasar un rato agradable sin desgastarse demasiado las neuronas.