domingo, 5 de septiembre de 2010

Reseña: El rey de Katoren

El rey de Katoren.

Jan Terlouw.

Reseña de: Amandil

SM. Col. El barco de vapor, serie roja. Madrid, 1983. Título original: Koning Van Katoren. Traducción: Guillermo Solana Alonso. 205 páginas.

Cuando el viejo rey de Katoren muere sin descendencia el reino se ve sumido en un caos político del que logra salir cuando el poder queda dominado por un grupo de seis Ministros, cuya función será, además de preservar el orden, encontrar el modo de elegir a un nuevo monarca. Pero el tiempo pasa y, al no ser capaces de discernir la manera idónea de llevar a cabo esa labor, los Ministros terminan por posponer permanentemente el tema de la sucesión. Pasados diecisiete años desde la muerte del Rey, un humilde servidor de palacio, Gervasio, recibe como regalo por sus cincuenta años trabajando (antes para el monarca y después para los nuevos gobernantes) la posibilidad de pedir un favor a los poderoso magistrados.

Y pide que los Ministros reciban a su sobrino, Stach, quien nació el mismo día que murió el viejo Rey y que quedó huérfano por una serie de infaustas desdichas ¿Qué problema puede haber en ello? Uno muy simple: el joven muchacho les pregunta qué tiene que hacer para ser el nuevo Monarca. Los gobernantes, pillados por sorpresa y sabedores de que la prensa del país está al tanto de la entrevista, deciden imponerle siete pruebas. Si supera las siete de manera satisfactoria será el Rey de Katoren.

Bajo esa premisa, tan sencilla como reiterada (la ejecución de trabajos heroicos se remonta al mitológico Hércules), Jan Terlouw escribió en 1971 una de las obras clásicas de la literatura juvenil europea cuyo mensaje y múltiples lecturas quedan anclados en los problemas y realidades que son parte intrínseca de la sociedad occidental. El rey de Katoren, más allá de su mero valor como relato de aventuras tópico (joven héroe a la búsqueda de su maravilloso destino), es una obra alegórica y moral que pretende mostrar al lector realidades sangrantes y dolorosas que nos rodean a diario y de las que, en ocasiones, no somos plenamente conscientes. Por lo tanto, la obra trasciende desde sus primeras líneas lo meramente narrativo, el nivel del "cuento", para adentrarse de un modo brusco y, por momentos, excesivamente explícito, en aquellos aspectos que el autor piensa que deben ser denunciados y corregidos en nuestra sociedad.

El abuso del poder, la corrupción institucional, la hipocresía moral, el fanatismo religioso, el individualismo atroz, el belicismo, la sumisión, el autoengaño, la capacidad acomodaticia ante situaciones injustas y sangrantes, son temas que quedan expuestos ante el lector por medio de los personajes (los Ministros, los Taras, los Pastores) o de las dificultades que entrañan cada una de las pruebas. Pero, como toda alegoría con intenciones moralizantes, el protagonista superará los obstáculos y mostrará el camino correcto para enderezar aquellos abusos que se encuentre a su paso. Son exaltados, de ese modo, valores positivos como la confianza, la democracia, la honradez, el autosacrificio y el respeto, que serán los que, aplicados en la resolución de los trabajos, permitirán a Stach avanzar hacia su destino.

Las siete pruebas con las que los Ministros tratarán de evitar el objetivo del protagonista son las siguientes:

Las aves de Decibelio trasladan al joven pretendiente hasta una ciudad acosada por unas espantosas aves marinas cuyos gritos son capaces de dejar sordo a una persona en segundos. Los habitantes han logrado acostumbrarse gracias a unas orejeras que les permiten hacer su vida pero que, a la postre, serán las causantes de que no hayan sido capaces de solucionar el problema por sí mismos.

Palenque es un localidad que debe hacer frente a un gigantesco árbol cuyos frutos son granadas explosivas que, al caer, explotan hiriendo a la gente y destruyendo los edificios más cercanos ¿Tendrá algo que ver que la única industria de la ciudad produzca armamento día y noche? De ser así, los habitantes del lugar se negarán a hacer nada en contra de su fábrica ya que es el único medio de vida que tienen a su alcance y, además, ¡Katoren necesita las armas por si hay guerra con el país vecino!

Humoacre nos lleva ante un lugar permanentemente sumido en las brumas y las tinieblas sulfurosas que provoca una hidra de siete cabezas al que nadie ha podido destruir. Los habitantes de la ciudad, ante la falta de sol y aire puro, se dedican a trabajar sin cesar encerrados en sus negocios y casas, trasladándose en veloces cabinas contaminadoras que les aíslan del fétido olor y sobrellevando el riesgo de tener un dragón en las proximidades.

Las iglesias ambulantes de Ecúmene son doce enormes templos cuya particularidad es que se mueven constantemente por la ciudad, arrasando cualquier cosa a su paso cuando escapan al control de sus conductores, "los pastores de iglesias", y abandonan sus rutas predeterminadas conocidas como "los caminos de la fe". Cada iglesia, a su vez, tiene un nombre distinto y representa un culto particular, que las convierte en rivales de todas las demás.

El salto desde Santa Eloísa, o la "prueba cuatro bis", implica que Stach debe saltar desde lo más alto de la torre de la iglesia dónde murió su padre. Es una prueba suicida, absurda e imposible de resolver... a priori.

Pituita, una ciudad triste, enfrenta a Stach con la terrible plaga de narizotas que asola la ciudad. La gente, al ser picada por los mosquitos de las ciénagas cercanas ve como sus narices crecen hasta adoptar formas espantosas. Contra ello sólo parece funcionar la sabiduría de los Taras, los "médicos", capaces de fabricar los ungüentos precisos para curar la enfermedad. Pero su trabajo es muy caro y toda la población de Pituita vive en la pobreza como consecuencia del pago por sus servicios.

El inaccesible Pantar, sitúa la acción en la hermosa y próspera ciudad montañosa de Equilibrio. Sin embargo, la aparente bonanza que vive el lugar se ve empañado por las visitas que, cada noche, un mago hace a un hogar aleatorio de la ciudad. Si los habitantes de la casa no le entregan lo que consideren más valioso, el viejo Pantar entra en la casa y lo coge por si mismo, sea un recuerdo, joyas, una mascota o cosas peores.

El Bosque de los Jueces, la última de las pruebas, enfrenta al protagonista con una amenaza que anida en una tradición, todo aquél que se siente en el viejo trono de piedra morirá si no es el Rey o si no le ponen ahí seis personas de superior origen. Pero es sólo una superstición infantil, ¿no?

El rey de Katoren, és una lectura amena y sencilla que puede convertirse fácilmente en una obra introductoria al género alegórico. Enfrenta al lector a una serie de problemas que, en realidad, es fácil percibir a nuestro alrededor, aportando la solución correcta que Stach encontrará aplicando el sentido común y la ética correcta. Estamos, por lo tanto, ante un obra que entretendrá a los más jóvenes y les dará que pensar, descubriéndoles que la parte amarga de la vida, pese a todo, también se puede derrotar.

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