miércoles, 1 de agosto de 2007

Reseña: Interfaz

Interfaz.

Neal Stephenson y Frederick George.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 203. Barcelona, 2007. Título original: Interface. Traducción: Pedro Jorge Romero. 623 páginas.

Si no te interesa la política y la carrera presidencial estadounidense este no es tu libro, pues esa es la parte del león en cuanto a la trama se refiere. Una vez más esta novela se dedica a retratar los entresijos, las manipulaciones, las puñaladas traperas, los tratos inconfesables y las mil y una perrerías que tienen que hacer los candidatos a ser presentados a las primarias a presidente de los EE.UU para lograr colocarse, al menos, en una buena posición de salida. Y la parte que casi podría (casi es la palabra clave) haber convertido este “tecnothriller” en algo parecido a la ciencia ficción, lo cierto es que suena más a excusa para extrapolar y criticar su sistema político, que a intentar dar una sólida base científica a la trama.

En este sentido Interfaz se me ha antojado más cercano a las excursiones seudo científicas de autores como (perdón por la comparación) Robin Cook que a la obra ya conocida traducida de Stephenson. Y es que, vale, es cierto que se dedica un buen número de páginas al hilo de la apoplejía del gobernador Cozzano, al desarrollo de los chips que le permitirán “recuperarse” y a la manipulación que van a motivar…, pero conforme se va leyendo se nota que eso no es lo importante, que es el motor que da inicio y mantiene en movimiento a este particular vehículo, pero que lo que importa a los autores es la carrocería y el interior, los complementos; y que mientras el motor suene ni siquiera necesitan levantar el capó para ver cómo funciona.

Y es que el resumen de la novela es excesivamente simple: al gobernador Cozzano, quien estaba pensándose el presentarse a las primarias, le da una apoplejía que le deja postrado con medio cuerpo paralizado, una misteriosa organización invierte por intereses particulares no demasiado ocultos millones de dólares en desarrollar un chip cerebral que muy posiblemente le saque de ese estado para que consiga presentarse, y entonces se produce al carrera hacia la presidencia (con Cozzano o no) dejando entrever entremedias al lector lo sucia y asquerosa que es la misma.

La novela cojea además por lo exagerado de sus planteamientos, desde la existencia de ese grupo supranacional que domina todos los destinos político-económicos del mundo, hasta la descripción casi barriobajera de algunos de los candidatos (increíble la imagen de uno de ellos rebajándose a pinchar la ruedas de una ambulancia para que no puedan hospitalizar a tiempo a otro; digo yo que para eso, según nos están describiendo también, tendrán sicarios que se encargan de las tareas “desagradables” y que no se dignarían a mancharse las manos ellos mismos) o la forma de selección de otros (¿una casi vagabunda y por reventar un mitin? Venga ya). Además, el problema de las teorías de la conspiración es que llegadas a cierto tamaño exagerado, como es el caso en Interfaz, uno llega a preguntarse cómo, si son tan poderosos, habrían de rebajarse a tratar y mezclarse con elementos tan incompetentes (y no me refiero en este caso a los científicos, sino a los “sicarios”).

En fin, por otra parte si en efecto te interesa el tema de las primarías estadounidenses y las conspiraciones para manipular al “pueblo” e incluso el débil barniz tecnológico, éste sí puede ser tu libro. Hay que reconocerle el oficio a los autores, la escritura sobrepasa en bastante a la de un “superventas” al uso; la acción está hábilmente dosificada; los personajes (casi todos) se encuentran bien retratados y no se escapan de sus motivaciones para introducirse en vericuetos fuera de sus capacidades (según se nos van mostrando); la trama está bien llevada, los entresijos de la política estadounidense que se van revelando resultan hasta en momentos interesantes (aunque tampoco aporten mucho a lo que ya se nos ha mostrado en multitud de libros y películas); y el libro, a pesar de sus más de 600 páginas, se deja leer sin esfuerzo y hasta con agrado si es que te interesa o sientes curiosidad por el tema. Si no es así, esta no es tu novela.