jueves, 31 de enero de 2008

Reseña: La oscuridad más allá de las estrellas

La oscuridad más allá de las estrellas.

Frank M. Robinson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2007. Título original: The Dark Beyond the Stars. Traducción: Xavier Riesco.443 páginas.

Cabe advertir antes que nada que La oscuridad más allá de las estrellas no es una novela sobre una nave generacional aunque la acción transcurra a bordo de una de ellas, una sutil pero muy importante distinción que cambia, con mucho, el enfoque de la narración. Problema, como siempre, de la sinopsis de contraportada que da a entender una cosa (“un viaje de cien generaciones a través del espacio vacío”) cuando lo que la novela nos ofrece es otro tipo de historia. La narración no se extiende a lo largo del viaje, con generaciones de exploradores pasando ante nuestros ojos, sino que se sitúa en un momento muy concreto del mismo, con unos personajes determinados y un periodo de tiempo definido. La nave, que casi ni nos es descrita, parece ser tan sólo una excusa para que el autor se explaye en otros temas más de su interés, como la evolución humana, los conflictos que surgen en una sociedad cerrada, los problemas de la inmortalidad o la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta.

Gorrión, el protagonista principal, despierta a bordo de la nave Astron con el único recuerdo del accidente que le ha borrado la memoria. Sin pasado, tendrá que adaptarse a la vida en la nave, volviendo a conocer a sus compañeros, estableciendo nuevas relaciones y enfrentándose a retos para los que no se siente preparado al no conocer todas las variables implicadas en los mismos. Durante 2000 años la nave ha navegado por el espacio buscando vida inteligente, siempre al mando del mismo capitán, que es inmortal gracias a ciertos tratamientos de longevidad mientras su tripulación va cambiando con muertes y nacimientos; capitán que ahora desea llevar a la Astron a la oscuridad entre las estrellas en busca de nuevas galaxias, decisión a la que sus subordinados se oponen, aunque de forma algo tibia (cuestión cuya razón nos será explicada más adelante), creando una situación de enfrentamiento en la que Gorrión parece ser el arma que ambos bandos han elegido para dirimir sus diferencias.

A través de su, demasiadas veces, ingenua mirada el lector irá descubriendo los entresijos de la extraña sociedad desarrollada a lo largo de los siglos y que reposa en un difícil y frágil equilibrio entre los designios del capitán, un inmortal que sigue fiel a como era en el momento de la partida, y los deseos de la tripulación, unos hombres y mujeres evolucionados desde la semilla terráquea original, pero que ahora han subido a una nueva dimensión. Robinson parece abogar por la teoría de que sin muerte no puede haber cambio, ni para mejor ni para peor; sin muerte se produce un estancamiento en todos los procesos y la mente humana se resiente deteniendo su curiosidad, su afán de conseguir nuevas metas más allá de las marcadas desde un principio.

En la figura trágica del capitán, amenazador, pero también inspirador, señor de vida y muerte a bordo de la Astron, se magnifican todas las características de aquel que ve como todo su mundo cambia mientras tan sólo él permanece inalterable por muchos esfuerzos que invierta en detener el propio devenir del tiempo y lo que éste ha de traer. Concentrado en su misión, todo lo demás le dará igual; nada importa salvo su objetivo y todo es subordinable a la tarea de conseguirlo. Y en la figura de Gorrión asistimos al ejemplo de quien se siente juguete del destino, manipulado por todos y árbitro de una contienda que no termina de entender y de la que se siente desligado. Al final todo se centrará en el enfrentamiento entre dos voluntades, dos formas de ver el futuro, entre el estancamiento y el desarrollo.

Es esta, sin duda, una novela de aventuras, pero que tiene mucha más lectura detrás. Tal vez el estilo algo árido de Robinson trabaje en contra de lo narrado, lastrando más que acompañando a la acción hacia sus revelaciones y descubrimientos. Cuesta entrar en la narración; al principio parece que se pierde en vericuetos que no aportan nada, avanza despacio, ofreciendo pocos datos y revelando quizá sin embargo demasiado (hay explicaciones que se notan algo forzadas al integrarlas en la acción, algo bruscas) y jugando al gato y al ratón con las expectativas del lector, que no sabe demasiado bien a dónde le lleva lo que está leyendo. Pero llega un momento en que si uno consigue hacerse con el estilo y con lo narrado se empieza a disfrutar de todas las disquisiciones que Robinson ha incluido en su texto, de todos los parámetros, algunos incluso filosóficos, en todas las tesis sobre el devenir de la raza humana… Es inevitable al final tomar partido, aunque el autor ponga fácil la decisión de por cuál bando inclinarse. No es, desde luego, una obra maestra, ni siquiera un libro “redondo”, pero se disfruta a gusto cuando se le coge el tranquillo, sin grandes alardes, pero tampoco sin excesivo artificio. Coherente y bien estructurado.

Cierra el libro un final no por esperado menos sorprendente, triste y esperanzador a un tiempo, con la soledad del que es diferente, único, y la esperanza del cambio, de la evolución, de la mejora... Con la supervivencia de la humanidad en la balanza, a veces es mejor mirar en nuestro interior que buscar inteligencias alienígenas más allá de la oscuridad tras las estrellas.