martes, 29 de julio de 2008

Reseña: Ya estamos muertos

Ya estamos muertos.

Charlie Huston.

Reseña de: Jamie M.

Alianza editorial. Col. Runas. Madrid, 2008. Título original: Already Dead. Traducción: Pepa Linares. 246 páginas.

De un tiempo a esta parte las estanterías de literatura fantástica de las librerías de nuestro país se están viendo llenas de un aluvión de títulos de lo que en EE.UU. es casi un género dentro del género desde que Buffy diese el pistoletazo de salida en la TV, y que goza allí de una excelente salud y de una enorme cantidad de oferta: libros protagonizados por “investigadores” (en la acepción más amplia de la palabra) sobrenaturales (ya sean vampiros, magos, exorcistas, cazadores de seres fantásticos o cualquier combinación de ellos). Así en años recientes hemos visto como se traducían los libros de sagas de gran predicamento como Anita Blake, Harry Dresden, Jack Fleming, Félix Castor, Cassandra Palmer y algunos otros, a los que ahora Alianza en su colección Runas suma la primera entrega de la serie de Joe Pitt, un vampiro “independiente” moviéndose por un Manhattan dominado secretamente por bandas y organizaciones herméticas, que agrupan alrededor de 4000 vampiros, enfrentadas cual familias mafiosas, cada una con su propio territorio y luchando para imponerse y/o evitar la interferencia de los demás, mientras el común de los mortales no se enteran de nada de lo que se mueve en las sombras a su alrededor.

Joe Pitt, tan sólo quiere que le dejen tranquilo, y como eso es prácticamente imposible en la altamente estructurada sociedad vampírica de Manhattan, lo que hará es no unirse a ninguno de los clanes y trabajar para todos ellos como una especie de investigador privado (aunque sus tareas, nunca demasiado bien delimitadas, incluyan gran cantidad de mano izquierda para poder “nadar y guardar la ropa”, como se suele decir), lo cual no le pone las cosas fáciles precisamente al no dejar contento a nadie. Especializado en asuntos sobrenaturales que deben ser resueltos con discreción para que no afecten la vida de los humanos “normales” que comparten la isla con ellos ignorantes de su existencia. En esta primera aventura, Pitt deberá encontrar y eliminar a unos zombies que están causando estragos entre la desprevenida población y, a la vez, descubrir quién los está creando. En una segunda línea argumental, también recibirá el encargo de encontrar a una joven fugada de su millonario pero desgraciado hogar. Como suele suceder, ambos temas terminarán relacionándose y Pitt se encontrará en medio de una historia que le supera y que le hubiera gustado poder ignorar con toda su alma.

Dentro del descenso a los tópicos que supone la temática de Ya estamos muertos (incluso lo del detective sobrenatural está ya enormemente explotado) la originalidad de Huston reside en el intento de explicación del origen y método de propagación entre los humanos, cual si de una enfermedad se tratase, del contagio del vampirismo, la condición de zombie o de otras criaturas sobrenaturales. Según explica el propio protagonista, todo es una cuestión de transmisión de virus y bacterias, muy singulares sin duda, pero a la vez terriblemente mundanas; despojando a la cuestión, casi, de su componente fantástico y convirtiéndolo en una cuestión de control de plagas infecciosas. Es ahí, precisamente, en este tratamiento casi médico del tema, donde radica la diferencia con otras propuestas similares y donde podemos encontrar algo un tanto diferente y original.

Porque en el resto de la narración, al fin y al cabo, lo que nos encontramos es una novela negra con seres fantásticos. Asistimos sin pausa al relato de las investigaciones paralelas en las que se ve inmerso Pitt, típico investigador privado, celoso de su independencia, que las ve venir todas sin poder evitar los tortazos, recibiendo a partes iguales por todos lados antes de poder enterarse siquiera de qué va en realidad la historia en la que le han metido. Como en toda novela de detectives que se precie, las pistas se van sucediendo de forma harto engañosa y lo único que está verdaderamente claro es que existen demasiados intereses cruzados como para que la cosa termine a gusto de todos; y que alguien está jugando miserablemente con Pitt para satisfacer sus propios deseos. El protagonista se verá así forzado a ir mucho más allá de lo que voluntariamente habría ido o habría pensado ir nunca, descubriendo por el camino cosas sobre si mismo que nunca hubiese sospechado (nos encontramos así una vez más con la recurrente figura del “elegido”, del que sin comerlo ni beberlo se encuentra en medio de acontecimientos que le sobrepasan pero a los que está “destinado” y de los que saldrá renovado y mejorado [no estoy descubriendo nada que no se pudiera deducir por la existencia de posteriores entregas; sino no sería una “serie”, ¿no?]).

Charlie Huston es relativamente conocido en España sobre todo por ser el autor de una truculenta versión del Caballero Luna actualmente en publicación y donde ofrece una visión un tanto gore del personaje. En Ya estamos muertos comparte algo de esa línea, pero dejando más sueltos sus instintos, sin ataduras; ofreciendo una visión adulta y sin tapujos del turbio mundillo permanentemente en guerra de los clanes vampíricos newyorkinos.

Es ya un tanto repetitivo la tarea de ofrecer algún calificativo para los libros encuadrables dentro de este “género dentro del género”, dada su inevitable repetición. En este caso nos encontramos con un libro altamente entretenido para pasar el rato y matar unas cuantas horas (no demasiadas, que el volumen es corto y se lee en un suspiro), cuyo único objetivo parece precisamente el consumo rápido sin problemas, sin hacer trabajar a las neuronas: con mucha acción, algo de intriga y emoción, un toque sensual, unas cuantas muertes y vísceras, una escritura directa y sin florituras, una trama no demasiado enrevesada, un personaje algo tópico pero no carente de atracción… Un libro, en definitiva, para llenar una tarde en la que no se tiene nada mejor que hacer y del que se puede pasar inmediatamente a otra cosa sin apenas reflexión.