viernes, 11 de julio de 2008

Reseña: El Imperio Final

El Imperio Final.
Nacidos de la Bruma 1.

Brandon Sanderson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 205. Barcelona, 2007. Título original: Mistborn. Traducción: Rafael Marín Trechera. 669 páginas.

Uno de los problemas de autoerigirse en renovador o “regenerador” del género, como se atribuye a Sanderson, es que, por muy satisfactoria que sea la lectura de una de sus obras, la misma siempre va a ser mucho más crítica que con un autor que no se de tantas ínfulas de originalidad, sobre todo cuando la supuesta renovación tan sólo consiste en una hábil traslación del sistema de poderes extraordinarios de los superhéroes de toda la vida a la “magia” de un mundo semi medieval con una curiosa división social.

Brandon Sanderson en El Imperio Final lo hace francamente bien, la novela es muy interesante, emocionante y no pierde ritmo a lo largo de sus muchas páginas. La lástima es, entonces, que el supuestamente hiper revolucionario e innovador sistema de magia no lo es tanto, y el lector no puede sino esbozar una sonrisa cómplice mientras imagina a los protagonistas balanceándose entre los edificios y torres cual si de Spider-Man o Spider-Woman de otros tiempos se trataran (eso sí, sin telaraña de por medio). De hecho, si se analiza mínimamente, pronto se descubre que en realidad no hay “magia” en este libro, sino superpoderes originados o potenciados por ayudas externas.

En el mundo oscuro y ceniciento de El Imperio Final, existen unos pocos elegidos nacidos con la capacidad de “quemar” ciertos metales previamente ingeridos y, según se trate de uno u otro, adquirir diferentes habilidades que les harán destacar sobre el resto de sus congéneres. En una sociedad enormemente fracturada entre los esclavos, los skaa, y los nobles, poseedores de la “alomancia” (la capacidad de quemar metales), la mezcla está estrictamente prohibida. Sin embargo, alguno de esos nobles mantienen secretas relaciones con jóvenes skaa, llegando a tener una descendencia proscrita. Entre esos perseguidos vástagos, unos pocos heredan sus poderes. En ambos casos, existen dos tipos de individuos: los “brumosos”, que sólo pueden quemar un binomio de metales y obtener así un solo tipo de poder, y los “nacidos de la bruma”, extraordinarios sujetos que son capaces de dominarlos todos.

Todo lector de superhéroes enseguida reconocerá entre esas maravillosas habilidades los superpoderes de toda la vida: La atracción-repulsión del metal que permite dar enormes saltos o correr a inmensa velocidad; la potenciación mental que permite la telepatía o la empatía o crear una “nube” de silencio que los apague a ambos; la telequinesis (entre objetos metálicos); el aumento de los sentidos, superoído, supervista, superfuerza, superagilidad… Pero aunque al final el sistema no sea tan “original” como su autor quiere vendernos, lo cierto es que todo ello se encuentra perfectamente explicado y justificado, y, mejor aún, perfectamente integrado en una narración sin duda apasionante.

Vin es una superviviente, una ladrona skaa integrada en una banda que malvive al margen de la sociedad. Siempre ha sido consciente de que posee un don especial que ella llama “suerte” y que le permite una mínima manipulación mental a su favor de aquellos que le rodean. Desconfiando de todo el mundo, cuando agitador trotamundos Kelsier la encuentre y le muestre la verdadera dimensión de sus dones, se verá inmersa sin embargo en un ambicioso plan destinado a impulsar la rebelión skaa en busca del fin del cruel régimen del Lord Legislador.

A través de una tensión creciente, la trama va avanzando entre el entrenamiento-aprendizaje de Vin, los planes aparentemente dementes de Kelsier, espectaculares combates individuales y colectivos, o las imágenes del pasado que se van dejando vislumbrar de un mundo anterior muy diferente al que en el presente se mueven los protagonistas y que deja con muchas ganas de saber cómo se ha llegado a esa situación (en ese sentido las citas que abren cada capítulo con extractos del diario de una persona destinada a convertirse en el Héroe de las Eras, el salvador del mundo, son tan reveladoras como intrigantes y causantes de confusión). El tempo está muy bien llevado, intercalando las escenas de acción frenética con otras más introspectivas, necesarias para dar explicaciones o crear dudas y preguntas que serán contestadas más adelante. Abusa, quizá de las descripciones de los bailes de los nobles, con las visitas a y las descripciones de sus respectivas fortalezas, que se hacen un tanto repetitivas, pero que hay que reconocer que son algo necesario para la trama.

Tiene Sanderson, por otro lado, la virtud de que el lector no pueda dar nada por sentado, propiciando varios cambios de rumbo en la acción totalmente sorpresivos a la par que coherentes, consiguiendo que haya que dejar a un lado las ideas o teorías preconcebidas durante la lectura y construir de nuevo la red de suposiciones que el lector se había creado en su mente.

Es un mundo rico en trasfondo, muy pensado y hábilmente desarrollado. Aunque el final es bastante cerrado, deja plantadas las suficientes semillas como para que el lector quede impaciente ante la espera del siguiente volumen, El Pozo de la Ascensión, donde sin duda el autor profundizará en la visión de su mundo con nuevas revelaciones, sobre todo, por lo que se intuye de su título en referencia a lo leído en el que nos ocupa, de su intrigante pasado que no queda muy claro en este Imperio Final.

Nota destacada totalmente aparte de la cuestión literaria merece la horrenda portada con la que Ediciones B ha tenido a bien castigar a esta novela y que parece destinada a espantar más que a atraer al lector despistado que no sepa exactamente lo que busca. Que la misma no desanime a nadie. Si lo que busca es una fantasía algo distinta, bien narrada, emocionante y francamente entretenida, este puede ser su libro. Recomendable, sin duda.

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Reseñas de otras obras de Brandon Sanderson:

Elantris.

El Pozo de la Ascensión. Nacidos de la Bruma 2.

El Héroe de las Eras. Nacidos de la Bruma 3.



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