sábado, 23 de junio de 2012

Reseña: Vintage '62

Vintage '62.
Marilyn y otros monstruos.

Varios autores (coordinado por Alejandro Castroguer).

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2012. 194 páginas.

El presente volumen nace de un curioso, e interesante, proyecto, sobre todo por su punto de partida: ofrecer el protagonismo de una serie de relatos a personajes famosos —literatos, actores, directores de cine, incluso un mafioso...—, auténticos «monstruos» en sus disciplinas, que coincidieron en el año de su muerte, 1962, cumpliéndose ahora el cincuenta aniversario de su fallecimiento. Marilyn Monroe, William Faulkner, Tod Browning, Herman Hesse, Charles Laughton...

Como toda antología que recoge trabajos de muy variados autores el resultado final es cualquier cosa menos homogéneo, habiendo gran variación temática y estilística de unos a otros, con inevitables altibajos, pero siendo sin embargo su resultado final más que satisfactorio en conjunto.

Herman Hesse
El carácter de «homenaje» de la mayoría de los cuentos, rebosantes de amor y admiración por los «protagonistas», un auténtico ejercicio de nostalgia, hace por otra parte que quienes compartan los referentes en que se basan puedan disfrutar mucho más de ellos que aquellos que no hayan disfrutado de sus obras o desconozcan sus peripecias vitales. Cincuenta años son mucho tiempo, tal vez demasiado, para ciertas generaciones que quizá no hayan leído ni visto los mismos libros y películas que los autores de estos relatos.

Abre la antología Antonio Calzado con Viaje a Nuremberg siguiendo la peripecia vital del médico Harry Heller en la Viena nazi de la II Guerra Mundial. Una historia triste, aunque llena de encanto, cercana al realismo mágico. Heller, gracias a la intervención de un casi onírico Herman Hesse y un etéreo Teatro Mágico —¡No para cualquiera!— obtendrá un camino de escape a la dura realidad de odio, muerte y delación que le rodea, salvando sus golpeados principios éticos, cuando más presionado se vea en contra de sus pacientes judíos. Una historia de vindicación realmente conmovedora.

Rafael Marín en Río sin retorno plasma sobre el papel su particular y agridulce homenaje a la figura de Marilyn Monroe. ¿Que habría sido de la vida de la voluptuosa actriz si no hubiera fallecido cuando lo hizo? ¿En qué se habría convertido como persona? ¿Cómo habría hecho frente a la irrupción de aspirantes a su trono más jóvenes y descaradas? Un precioso, aunque también descarnado y un tanto amargo, relato sobre el fin de los mitos. ¿Tal vez, como dijera James Dean, es mejor para ellos morir jóvenes y dejar un bonito cadáver?

La niña subida a su atalaya, de Javier Cosnava, es quizá el más indefinible y inaprensible de los cuentos del volumen. Con Marilyn, o más bien su alter ego más joven antes de despegar su carrera cinematográfica, Norma Jean de nacimiento, de nuevo como protagonista central, el exceso conceptual del relato, entre la denuncia social y la experimentación literaria, una mal transmitida erudición, su cripticismo y un puntito de pedantería pedagógica, convierten la historia en un rompecabezas que sin duda no consigue transmitir lo que perseguía, con un estructura que consigue distraer la atención del lector mientras avanza a trancas y barrancas de lo que realmente importa, el mensaje sobre el maltrato. [De todas maneras, un relato que necesita de medio explicar su sustrato antes de empezar, se antoja que falla ya de algún modo].

Willian Faulkner
Alejandro Castroguer, seleccionador de la antología, ofrece en Mis huesos por una piscina una muy particular declaración de amor a las obras de William Faulkner. Spode, alojado como un parásito en la habitación 554 de una muy particular «pensión», se obsesiona con una «limpiadora» a la que llamará Temple Drake; una joven que le provee de libros y de conversaciones. Como muchos de los otros relatos, aunque tiene valor por sí mismo, será mucho más disfrutado por aquellos que hayan leído las obras a las que se hace una poco velada referencia.

Rodolfo Martínez plantea cómo En la mente de Dios las posibilidades son prácticamente infinitas y puede suceder todo lo que sí, pero también todo lo que en realidad no sucedió. Un relato muy breve cargado de lirismo, de ironía y de cierta rabia, teñida de resignación. La muerte es inevitable, entonces ¿para qué soñar una cosa distinta?

El alcohol y la flecha, de Jorge Magano, se inicia en medio de una particular fiesta de disfraces con motivos cinematográficos; todos los invitados van disfrazados de personajes famosos de películas punteras, clásicas y actuales. Un divertido enfrentamiento motivado por la aparición de una invitada disfrazada de la misma actriz que la anfitriona se va a ver interrumpido por una algarabía frenética y surrealista. Una vez más, un relato que será captado en toda su divertida profundidad por aquellas generaciones que compartan un mismo bagaje y puedan pillar al vuelo todas las referencias a tantas películas clásicas. Dudo que los más jóvenes consigan aprehender toda la dimensión de la historia.

Con una banda sonora dominada por el Ragtime, Federico Fernández Giordano bucea con acierto en los recuerdos subatómicos de Niels Bohr, científico danés que a la postre se convertiría en uno de los «padres» de la bomba atómica. Físico interesado en la mecánica cuántica, quizá otros mundos vinieran a visitarle en éste. Mundos de música, de aroma a tabaco y de mujeres con medias de rejilla azules.

Antonio Montes en Ojos de tormenta vuelve a traer a primera línea a Marilyn y a Faulkner sin que lleguen en realidad a aparecer como tales en momento alguno del relato. Un jubilado estadounidense, admirador de actriz y escritor, va a establecer una relación de amistad con una joven estudiante universitaria en un pueblecito de Málaga. Una vieja foto autografiada por Marylin unirá sus destinos y les llevará a compartir largas conversaciones en los fines de semana en que la joven vuelve a la casa paterna. La historia de una obsesión, de una carencia, de maldicientes rumores, y de un terrible error. Con un estilo francamente atractivo, con los diálogos «incrustados» en el texto, y un limpio realismo, su final golpea con dureza. Gran relato.

Rafael Fernández presenta a continuación, en El divorciado el caso de un hombre obsesionado hasta el delirio... ¿o tal vez no? Encerrado en su habitación desde su ruptura matrimonial, ha abandonado su puesto de trabajo en la librería de un centro comercial después de no poder soportar aquellos lectores que no comparten su «canon» literario, pertenecientes sin duda a una conjura que busca dominar su mente. Desequilibrado, no soporta a aquellos que no conocen la «buena literatura», aunque claro, quizá su intento de educar a los ignorantes tenga unas consecuencias no del todo cuerdas.

Fernando J. López del Oso en Convocación ofrece una lectura casi metafísica de las obligaciones de la fama. Un buen e intrigante principio choca sin embargo con un final un tanto descafeinado, demasiado indefinido. En el interín, el misterio de la convocatoria de tantos personajes famosos le permite al autor la disgresión sobre interesantes temas mediante las conversaciones de los protagonistas.

Tod Browning
En Marilyn y la invasión de los ladrones de cuerpos, Mario Escobar presenta los temores de la actriz ante el paso del tiempo, sus miedos ante la decadencia y la posibilidad de ver su cuerpo sustituido por uno más joven, atractivo y terso. Una introspección, un desvarío de la mente confundida de la actriz, un sueño de alcohol y pastillas, y una pequeña victoria. Emotivo, sin duda.

Cierra la antología Antonio Castro-Guerrero con Lágrimas en la ducha, pétalos en la corriente, donde la investigación de la muerte, y posterior autopsia, de un tal Charles Albert Browning le permite ofrecer un intenso repaso sobre toda la vida del autor de La parada de los monstruos (Freaks). Un buen broche para el volumen, aunque hay momentos en que se antoja más una biografía que un relato propiamente dicho, lo cierto es que cumple con creces la función de entretener mientras instruye.

Vintage ‘62  es, sin duda, una antología ciertamente diferente, temática sin serlo estrictamente, muy variada a pesar del recurrente uso de los personajes homenajeados, intensa, educativa, emotiva, nostálgica... Un muy interesante ejercicio de admiración a unos «monstruos» que la casualidad quiso que fallecieran en un mismo año. Si además se tiene la suerte de compartir los referentes y el bagaje de los escritores recopilados el disfrute cómplice parece garantizado.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante reseña de un libro que compré hace poco y leí con ganas. Yo no tengo blog porque siempre me ha parecido bastante difícil opinar. Coincido en algunas cosas de las que dices pero me llama la atención que los cuentos que menos te gustan (Magano, Castroguer y Cosnava) sean los que yo considero de muy largo los técnicamente mejores. Sobre todo, el de Castroguer, que es maravilloso. Sólo hay uno que no me ha gustado, pero no lo citaré por respeto. Buena antología, en cualquier caso.

José Jaime

Yago dijo...

Hola José Jaime.

No te equivoques, a mí los cuentos de Castroguer y, sobre todo, de Magano ("un relato que será captado en toda su divertida profundidad"), me han gustado y mucho.

Lo que sin embargo a mí también me parece evidente es que quien no sepa quien es esa Temple Drake o ese Popeye, no van a captar todo lo que ofrece el relato de Castroguer.

O que, por ejemplo, hace bien poco estuve en unas charlas sobre cine con estudiantes universitarios y casi todos reconocieron que el único "Robin Hood" que habían visto en película era el de Scott con Russell Crowe, y tan solo unos pocos dijeron haber visto el protagoizado por Kevin Costner, por supuesto de anteriores como el de Curtiz ni habían oído hablar (y no digamos ya del resto de su filmografía; unas películas que los que ya peinamos canas mamamos en nuestra infancia / juventud).

La única idea que intento transmitir es que en estos relatos hay muchas referencias y guiños que el lector se va a perder si no comparte esos mmismos referentes. Nada más, ni nada menos. Por supuesto no quiero dar la impresión de que por ello sean malos relatos, sino que esa es precisamente la cualidad de la antología y hay que entrar en el juego.

Saludos

Anónimo dijo...

Agradezco a Santiago, a quien no tengo el gusto de conocer, que se haya tomado la molestia de escribir una reseña tan exhaustiva.
Gracias de parte de un autor.

Alejandro Castroguer dijo...

Buenas:

Gracias por la reseña ante todo. Para subsanar ese problema que comenta Santiago se elaboró un índice onomástico que figura al final de la antología. Para consultar e instruir.

Lo dicho, gracias. Un saludo.

Yago dijo...

Hola alejandro.

Gracias por pasarte por aquí, siempre es un placer saber que los autores también nos leen ;-)

Y sí, tienes toda la razón en que el glosario / índice onomástico del final del volumen (se me olvidó hacer referencia al mismo en la reseña, mea culpa) viene muy bien para situar no solo a los "monstruos" protagonistas, sino a muchos de sus contemporáneos. Pero creo que tampoco puede sustituir a haberlo visto / leído / vivido en el referente mental de cada uno.

El componente de cariño y nostalgia que destilan muchos de vuestros cuentos se pierde en gran parte si tienes que informarte a posteriori de lo que estáis hablando.

Un abrazo