martes, 10 de febrero de 2015

Reseña: La tercera cara de la Luna

La tercera cara de la Luna.

Ángel Luis Sucasas.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nevsky ediciones / Fábulas de Albión. Madrid, 2015. 269 páginas.

Desde sus antologías steampunk a aquellas otras firmadas por un solo autor —Karin Tidbeck, Nina Allan, Anna Starobinets...— Fábulas de Albión se ha decantado en la elección de sus lanzamientos por una fantasía en cierta forma transgresora, regeneradora, que, asentando firmemente sus bases en lo ya establecido, rompa con lo anterior y busque esos nuevos caminos que el género permite y el lector demanda. Sucasas, autor de tres novelas —Hamelín, El encuentro y Savanna—, una antología de relatos —Áireán, antología que se anunciaba por Sportula como la primera de un proyecto de varias que, dada la inclusión en la presente de algunos de los relatos allí contenidos, no se sabe si tendrá continuidad— y diversos cuentos repartidos por un buen número de publicaciones —Ácronos, Calabazas en el trastero, Retrofuturismos, Presencia Humana Magacine…—, se caracteriza por, dentro de una enorme amplitud temática —igual se adentra en la fantasía épica que en la space opera—, imbuir a sus relatos de cierto toque weird, extraño y críptico, que les dota de sorpresa y un inquietante sentido de la maravilla. El presente volumen recoge trece de sus relatos, suficiente muestra de la producción del autor, repartidos casi a partes iguales entre inéditos y publicados anteriormente. Pasados legendarios, planetas lejanos, fantasías urbanas, orígenes mitológicos, planos oníricos, realismo mágico, simbolismo de tinte oriental, resonancias célticas, héroes desencaminados, venganzas equivocadas, jóvenes que buscan su historia, guerreros que se enfrentan a su auténtica imagen, licántropos con corazón muy humano, amor en muchas vertientes, prosa poética, terror, violencia y sexo...

Sucasas toca todos los palos del imaginario fantástico, visita todos sus ángulos y se atreve con todos sus temas, y lo hace con una firme vocación de calidad literaria y estilística, cambiando de registro según el enfoque que cada relato requiera, desde lo barroco a lo directo, de lo sutil a lo épico, guiando a los lectores por el camino que desea gracias al manejo de las palabras y la prosa. No da todo mascado, espera una complicidad de sus lectores, un esfuerzo por sumergirse en sus historias, por trascender más allá de lo que está contando para encontrar lecturas escondidas y mensajes ocultos. Escribe para renovar el género, pero desde dentro del género, rompiendo sus «reglas», deconstruyéndolo cuando así es necesario. Y quizá escribe demasiado para un tipo de lector «con bagaje», que conoce las claves y los lugares comunes del género y que agradece su transgresión, que sabe por dónde «debería» transitar un relato «clásico» y que disfruta de verlo pervertido y transformado. Quizá el lector neófito pueda sentirse un tanto perdido, pero seguro que no saldrá indemne de la experiencia.

Junto a ese virtuosismo estilístico, a la búsqueda de la voz necesaria y diferenciadora para cada relato, y como cierto demérito del volumen, es remarcable, en general, el abuso reiterativo cuento tras cuento de cierta violencia extrema y del sexo más descarnado, con gráficas y visuales descripciones, que a fuerza de demasiada exposición pierde parte del efecto buscado.

La antología se abre con una Prólogo, El carnaval de la imaginación, a cargo de Félix J. palma, que de alguna manera se convierte en una declaración de rendida admiración, algo que tampoco resta razón a sus generosos halagos. Leído antes de los relatos semejante panegírico podría sonar ciertamente exagerado, crear expectativas demasiado altas o difíciles de cumplir, e incluso llamar a recelo a los más desconfiados. A posteriori es difícil negar en absoluto su validez, aunque sí se pueda poner en cuestión alguna de sus afirmaciones, pues para nombrar una obra como «referente», casi como clásico instantáneo, de todo el género patrio es de suponer que se debería dejarla reposar un tanto en la memoria de los aficionados y ver si con el tiempo adquiere ciertamente ese estatus. Pero tampoco es cuestión de restarle mérito, pues, sin duda, La tercera cara de la Luna es una muy recomendable lectura para todos los amantes de la literatura fantástica en sus más amplias acepciones.

El primer relato, Un cuento de la Dama Blanca, toma como punto de partida el agradecido mito del hombre-lobo, trasladando la acción a una ambientación exótica y poco habitual para ofrecer una violenta, cruda y trágica historia con mucho trasfondo e interés más allá de la mera licantropía, aunque pierda algo de fuerza en sus giros finales. Bajo la apariencia de un cuento de acción subyacen muchos temas de interés: el crecimiento, la familia, la tradición, el amor, la traición, el honor... Sin duda, un extraordinario relato que se antoja, no obstante, que incluso hubiera podido dar para más, tan sólo rellenando algunos huecos que quedan un tanto en el aire, profundizando más en las tradiciones de la manada y dando más protagonismo a algunos secundarios de gran interés que parecen algo desaprovechados.

A continuación, El último amanecer es una, en principio desconcertante, sucesión de estampas truculentas cual collar de perlas ensangrentadas que juega con la percepción del observador y requiere de la implicación directa del lector. Cada escena es casi un cuento corto en sí misma, sublimada y lírica violencia, un vistazo perverso a la justa retribución conforme se acerca el final, el amanecer, con un cierre impactante.

Cambiando totalmente de registro, en Por ti… el lector va a encontrar el más delicado de todos los relatos de la antología, una preciosidad llena de sensibilidad y elegancia, con esa magia sutil tan cercana al realismo mágico —incluida la ambientación sudamericana—. De nuevo el autor plantea la presencia del amor como forma de transformar el mundo hasta límites insospechados, capaz de conseguir lo imposible y de condenar a la más terrible maldición incluso cuando no se tiene ninguna intención, más bien todo lo contrario, de causar ningún daño. Hermosos y melancólico.

Es El ocaso de los sueños un relato de tintes mitológicos, de grandes reyes y héroes casi divinos, narrado con dilatado tono épico, con un estilo muy nórdico, de edda o cantar de gesta. Con un lenguaje que por momentos se torna recargado y denso, grandilocuente, recurriendo no obstante a imágenes de gran belleza e impacto. Lástima que la «búsqueda» tenga un destino que se ve venir casi desde el principio, aunque muy posiblemente solo se trate de la excusa necesaria para poner sobre la palestra ese otro mensaje sobre la infancia y el poder de los sueños que todavía permean nuestra existencia. Sobre el amor, por supuesto, y de cómo la venganza puede ser el peor de los remedios.

En cambio Más allá es una fantasía desmesurada, orgiástica, heredera de los delirios visuales, colosales, coloridos y sensuales —cuando no abiertamente sexuales— que Los Humanoides vertían en sus orígenes en la mítica revista Metal Hurlant. Un relato de corte tan ajeno que se hace demasiado distante. Situada en un tiempo anterior a la Historia, con un personaje muy alejado de lo humano, versa sobre el poder creador y las responsabilidades que conlleva. Críptico e indefinible, es un cuento que basa su «bondad» en el recurso estilístico más que en la propia trama, y eso se paga.

Con un toque algo más «clásico» La sonrisa y el reflejo muestra la dicotomía entre imagen y sombra, el dualismo de todo enfrentamiento convertido en un juego de espejos aleatorio. Un mago y un guerrero enfrentados en un duelo de desenlace inesperado en un relato de Espada y brujería de toda la vida reconvertida en algo diferente, pero también cercano, con la sombra truncada de ciertas historias de Conan y su odio por la magia y sus practicantes planeando por sus páginas. El bien y el mal que dependen de la observación del espectador para decidir cuál es cuál.

En La ofrenda, como si de una historia de fantasía medieval típica se tratara, incluidas sus razas no humanas como los elfos, poco a poco el lector va a ir intuyendo que de típica no tiene nada. El lamento del artesano «protagonista» es recogido por la voz del narrador de forma que desgrana una historia tan terrible como intrigante, bella en todo su drama, dolorosa en la forma en que los inocentes llevan su castigo en sus propias acciones. Quizá Sucasas debiera haber trabajado un poco más el motor del relato, pues ciertas acciones de la elfa «co-protagonista» estén algo faltas de sentido, pero sin duda narrativamente es una de las lecciones magistrales del volumen. Emotivo, brillante e intenso.

Cambiando de paradigma El día que dije no a un imperio, es una historia de un futuro lejano, perteneciente a esa rama de la ciencia ficción en la que suceden cosas «maravillosas» que no tienen, y no requieren, explicación —seguro que muchos lo considerarían por ello más bien fantasía, aunque el escenario sea un planeta desconocido y sus protagonistas unos humanos, al menos en ciertos aspectos, tecnológicamente adelantados—. Ofrece un  toque de humor muy refrescante —y con divertidos guiños para los aficionados all fantástico—, aunque un tanto brutal y negro, con un narrador en primera persona sin pelos en la lengua. Encontrar un «tesoro» no siempre trae la felicidad, sino más bien una serie de adversas complicaciones que llevan a plantearse el verdadero valor de lo hallado. Sin embargo, a veces merece la pena luchar por lo encontrado.

De vuelta a la Tierra, aunque en otro futuro indeterminado La despedida muestra cómo ciertos eventos de alcance mundial han cambiado radicalmente la vida de los humanos supervivientes, tan sólo niños y adolescentes, que se tienen que enfrentar a una dura nueva realidad. Obligados por las circunstancias llega el momento de decir adiós, aunque parezca casi imposible pronunciar las palabras. Trágico, triste, hermoso, es un extraordinario canto a la amistad y al amor, y un lamento de la la necesidad de madurar demasiado pronto, en una ambientación fascinante, de corte post apocalíptico. Como en cuentos anteriores Sucasas disfraza la fantasía de ciencia ficción, dándole la vuelta a ciertos convencionalismos, y dando muestra de su gran imaginería.

En La llamada del cazador, un cuento de aparente ambientación amerindia, el lector se encuentra una historia sobre los retos que supone alcanzar la madurez, sobre los lazos familiares, el sentido de la responsabilidad, la comprensión, el sacrificio, y el amor en muy diversas facetas; contada a través de unos personajes, magníficamente desarrollados, acostumbrados a ver a través del velo entre la vida y la muerte en ciertas circunstancias especiales. La curiosidad, aunque aquí se vista de amor, muchas veces conlleva un castigo. Muy emotivo.

En la vertiente más crudamente violenta de la narrativa del autor Omeyocán es una nueva muestra de realismo mágico, pero en su vertiente más sangrienta. Sucasas utiliza muy apropiadamente para la ocasión un tipo de escritura a lo «chicano», con giros idiomáticos y uso de una jerga propios de México, incluyendo algunos vocablos en inglés, para dar voz a un joven narrador que ve cómo su vida se convierte en un infierno. La violencia de los sucesos se convierte en trágica poesía, y la sangre salpica, pero no impide ver la terrible belleza del fin de la infancia. El tono onírico impregna un final doloroso, pero  también hermoso. con un mensaje sin duda positivo.

La antología se cierra con, quizá, dos de los cuentos menos destacables de la misma, aunque su brevedad consiga que no se pierda calidad por ello. El mago del doble cuerpo es una especie de soliloquio extraño, casi teatral como las funciones del mago que hace gala de un doble perfil, hombre y mujer, para representar cualquier papel que se pueda imaginar. Muestra el gusto del autor por lo «weird», lo raro que se abre camino con visos de terror, irrumpiendo en la realidad con fuerza demoledora. Máscaras, con un ambiente onírico, de pesadilla que irrumpe en lo más cotidiano, echa el telón de la antología con una sangrienta despedida; un cuento que va directo al cerebro, sin florituras ni adornos. Tétrico, pero extrañamente adecuado, cargado de un simbolismo que de alguna manera resume toda la idiosincrasia de la narrativa del autor.

La tercera cara de la Luna, cada relato contenido, es un canto a la imaginación y un compendio de emociones, una forma de desenfocar la realidad desde lo fantástico, de difuminar las fronteras, de sublimar los sueños para destilar esencias extrañas, para inquietar al lector con las sombras que lleva dentro, para hacerlo viajar a lugares lejanos, ajenos, alienígenas, y traerlo de vuelta con la mente cambiada. Una antología para degustar con calma, con reposo y sin prejuicios. Cuentos potentes, escritos con virtuosismo y precisión, que hacen virtud de su breve longitud por más que en alguno se desearía que hubiera sido algo más largo, prolongando su lectura. Seguro que sorprenderán.

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Reseña de otras obras del autor:

2 comentarios:

Miquel Codony dijo...

Estoy básicamente de acuerdo con la reseña, tanto en general como en la valoración cuento a cuento (aunque creo que a mí “Más allá” me gustó más.

Creo que con esto has dado en el clavo y, además, es una de las cosas que más me han interesado del libro (cuando sucedía): “Como en cuentos anteriores Sucasas disfraza la fantasía de ciencia ficción”

Santi dijo...

Hola Miquel.

Lo cierto es que a mí "Más allá" no terminó de convencerme, no; aunque reconozco que está muy bien escrito, la trama me dejó frío.

Y lo de la fanrasía con ropaje de ciencia ficción también pienso que es una acierto. Esa historia de un "pescador" que encuentra una sirena o esa del joven "perdido" en el bosque y rodeado de criaturas fantásticas, por ejemplo, son una maravilla, de tema y de ambientación.

Gracias por pasarte a comentar ;-)

Saludos