domingo, 8 de marzo de 2009

Reseña: El lazo de púrpura

El lazo de púrpura

Alejandro Núñez Alonso

Reseña de: Amandil

Nabla Ediciones. Serie Benasur de Judea, vol. I, Barcelona 2008 (edición original Planeta, 1956). 719 páginas. Premio Nacional de Literatura, 1957.

En los últimos años venimos disfrutando una auténtica avalancha de novelas históricas de mejor o peor calidad. Entre ellas se han incrementado notablemente las de temática "mística" o en las que se revela algún oscuro misterio de la antigüedad que por muchas razones distintas ha sido ocultado hasta nuestro días.

Lo cierto es que el género histórico se está viendo saturado en los últimos años y amenaza con colapsarse bajo el peso del creciente número de obras de baja calidad histórica que parecen escritas en una cadena de montaje. Todas iguales, todas repetitivas, todas igual de insustanciales y sosas. Aburridas, en definitiva porque, sencillamente, ya no ofrecen nada nuevo.

Así que ¿cómo es que Nabla se lanza al mercado con una propuesta que tiene más de cincuenta años de edad?¿Confían en que una novela tan "vieja" sea capaz de abrirse paso ante la apabullante lluvia torrencial de títulos que colapsan el mercado del género histórico?¿Qué puede ofrecer El lazo de púrpura al lector actual?

La respuesta es muy sencilla: El lazo de púrpura ofrece, sin lugar a dudas, la mejor y más brillante aproximación al género histórico que se ha escrito nunca en lengua española. Es una novela excepcional desde la primera hasta la última página y no deja al lector indiferente gracias a su riqueza, belleza, originalidad y estructura. No hay minuto en que no se descubra algo nuevo y fascinante que te haga querer seguir leyendo sin parar. Porque los personajes, la trama, el estilo, se ponen al servicio de una narración que lleva al lector hasta los entresijos y las realidades más apabullantes del Imperio Romano en época del emperador Tiberio, de la mano de un personaje irrepetible como es Benasur de Judea, y de un autor, Alejandro Núñez Alonso, que alcanzó con esta novela la que es, probablemente, la más alta cota de calidad y belleza de las letras españolas dedicadas a la novela histórica.

El argumento del relato es tan interesante como original. Benasur de Judea, tetrarca magnífico, comerciante de riqueza sin casi parangón, perteneciente al pueblo judío, tiene un sólo objetivo en la vida que le hace embarcarse en los proyectos más inverosímiles. Benasur, el astuto judío, desea destruir el Imperio Romano a toda costa. Y para ello sólo puede hacer una cosa: convertirse en una pieza clave del mismo para lograr los contactos necesarios y los medios precisos. Pero él solo no puede llevar adelante semejante proyecto y se ve en la necesidad de rodearse de otras personas que le asistan, le ayuden y, al final, le permitan descubrir que su vida está llamada a ir mucho más allá que el horizonte que le marca su deseo.

Al lado de Benasur encontramos otros tres personajes que humanizarán y matizarán los extremos más angostos y oscuros del judío. Por un lado el esclavo griego, Mileto, llamado a ser el ayudante personal del navarca y quien presente ante el lector la perspectiva "clásica" de los acontecimientos que irán sucediendo durante toda la novela. Su punto de vista es completamente distinto al de su "amo" y se convertirá, de hecho, en el contrapeso intelectual que irá moldeando algunos aspectos de Benasur. Paradójicamente, Mileto es al mismo tiempo maestro y aprendiz, y aunque por momentos parece convertirse en el verdadero protagonista de la trama, siempre es, al final, un mero peón en las fascinantes maquinaciones de Benasur.

El personaje de Zintia, la jóven esclava alhuma, se convierte poco a poco en el contrapunto sentimental que permitirá a Benasur descubrir un lado humano hasta ese momento ajeno a su tenaz espíritu comercial y, en cierto modo, avaricioso. Zintia, la débil, la asustadiza, la dulce muchacha, se enamora de su "amo" y trata por todos los medios de alejarle de su peligroso proyecto hasta el punto de convertirse en un obstáculo que a la postre amenazará realmente los planes del judío.

Por último hay un personaje que apenas aparece pero que, actuando desde la lejanía y de un modo indirecto, desvelará muchas claves sobre Benasur, su mundo, su pasado y su ambiciones. Raquel, la prometida del navarca a la que no ha visto desde hace años y a la que sólo le unen unas cartas que llegan de vez en cuando y un compromiso establecido muchos años atrás.

El relato sigue las andanzas de Benasur desde su primer contacto con el pirata Skamín en el Egeo, hasta el magnífico y apoteósico final en Jerusalén, pasando por Roma, Gades, Garama y Alejandría. En el periplo el autor irá desvelando, con maestría y una inusitada habilidad, la estructura y composición del mundo que circundaba al mar Mediterraneo en la primera mitad del siglo I d.C. La Roma imperial, la ciudad de Gades, la travesía por Mauritania, la bulliciosa Alejandría y la mística Jerusalen quedan descritas de un modo sencillo, hermoso y realista, trasladándonos sin apenas esfuerzo por medio de una prosa amable y cautivadora. No hay palabra que sobre o frase que desencaje. Todo queda perfectamente acoplado con un estilo y un saber hacer que se muestra con toda su potente fuerza desde el primer párrafo.

El lazo de púrpura no tiene altibajos, no tiene descansos, no hay puntos muertos ni capítulos de relleno. La trama es sólida y queda perfectamente encajada en una época y un lugar sin errores históricos apreciables ni cesiones infantiles a la moralidad (o falta de ella) de nuestros días. La violencia, cuando es necesaria, se muestra sin tapujos pero sin un vacuo regocijo. La sexualidad ambigua de algunos personajes no es juzgada ni justificada. La novela no pretende ser moralizante ni rompedora, el autor describe una época y unos hechos a los que añade un relato imaginario pero sujeto a los límites de la realidad histórica que utiliza como trasfondo. Ni inventa cosas para explicar los acontecimientos (como sucede muy a menudo en otras obras como El Ocho) ni tergiversa y manipula otras (como podemos leer en casi todas las páginas de una obra como El código Da Vinci).

Alejandro Núñez Alonso, en cierto modo, escribió un libro de Historia novelado, apoyándose en tres perspectivas de la época: el mercader judío, el maestro esclavo griego y la esclava pura. Nos ofrece en su obra un modo tremendamente atractivo para descubrir un periodo tan interesante y revelador como el del surgimiento del Cristianismo y al asentamiento del Imperio romano tras la demolición de la inoperante República, sin sacrificar calidad literaria ni añadir simples y pre-establecidas moralinas.

El lazo de púrpura, en una edición cuidada y de calidad como esta de Nabla Ediciones, debe volver a convertirse en un referente literario español porque, sin duda alguna, se lo merece por derecho propio.

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