martes, 25 de septiembre de 2007

Reseña: La visigoda

La visigoda

Isabel San Sebastián

Reseña de: Amandil

La esfera de los libros, Madrid 2007. 393 páginas.


Entre los picos y los valles de Asturias transcurre buena parte de esta novelita ambientada en el siglo VIII y los primeros años de la Reconquista cristiana. Alana, la protagonista, nos cuenta en sus memorias de vejez la que ha sido su vida desde su infancia en un pequeño castro celta hasta su venerable madurez entre los muros de un monasterio del que es abadesa. Entre medio conoceremos aspectos de su vida que, en cierto modo, nos trasladará a algunos de los años más convulsos y menos conocidos de la Edad Media española. Visitaremos la Córdoba de los Omeyas y el Toledo recién sometido al islam. Asistiremos a algunos episodios relativos a conflictos religiosos y, sobre todo, seremos testigos de la mano de "la visigoda" de la formación del incipiente reino de Asturias de la mano del rey Alfonso y de su mano derecha, el caballero conocido como Índalo.

Y poco más, porque lo cierto es que la brevedad del relato se hace notar tanto en su extensión como en la falta absoluta de profundidad en sus tramas. De hecho no hay tramas sino una sucesión lineal de acontecimientos que buscan narrar algunos momentos históricos concretos que la autora quiere darnos a conocer. Quizá el sistema utilizado para presentar la narración (la transcripción literal de las memorias de Alana) anule en buena medida cualquier posibilidad de entrecruzar tramas y sorprender al lector con giros inesperados, pero lo cierto es que la linea cronológica está tan nitidamente marcada desde la primera página que impide que la sorpresa pueda anidar entre las páginas de la novela.


En la contraportada de la edición que he leído (en tapa blanda) hay una pequeña cita laudatoria de alguna crítica que Luis María Anson publicó sobre este libro. Dice así: "[es una obra cuya] escritura es transparente y eficaz, a ráfagas bellísima". Y no puedo estar más de acuerdo con el periodista en lo que escribe sobre su amiga, Isabel San Sebastián. Las descripciones son transparentes y sencillas, pero poco eficientes a la hora de evocar las imágenes que se nota que intenta transmitir una y otra vez al lector. Describe las escenas pero no las hace vívidas, no las hace cálidas y, en definitiva, no consigue crear una sensación realista. Es poco descriptivo, casi rácano, a la hora de afrontar los rasgos de los escenarios y de los personajes que pasan por las distintas páginas. Incluso, según pasan los capítulos, se incrementa la sensación de que la autora se ha ceñido a seguir un manual de Historia y a rellenarlo con escenas breves referidas a la protagonista y su familia. Y en un extraño giro de originalidad, Alana, o lo que es lo mismo, la narradora del relato adelanta acontecimientos clave que le restan intensidad (de la ya de por sí escasa de que está dotada la narración) y que encima luego resultan ser "claves" en el devenir de la protagonista.

Aún así el relato es ameno y entretenido, se atreve a describir una época que incluso hoy se encuentra sumida en un gran desconocimiento histórico debido a la falta de fuentes fidedignas. Además la autora, conscientemente, ha querido mostrar un periodo concreto sobre el que existen divergencias muy notables a la hora de interpretar los hechos que narra en el libro, ya que el modo de presentar a los distintos pueblos que habitaban las montañas del norte (desde los galaicos a los vascones, pasando por los astures, los cántabros y los últimos visigodos) pretende convertir todo el relato en una especie de loa al origen de España bajo el signo de la cruz y de la guerra al infiel.

En definitiva una novela histórica breve, amena y escasa en muchos aspectos de la que no se puede extraer mucho más de lo aquí expuesto.