lunes, 16 de junio de 2008

Reseña: El anillo del espíritu

El anillo del espíritu.

Lois McMaster Bujold.

Reseña de: Lyrenna.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris fantasía # 63. Madrid, 2007. Título original: The Spirit Ring. Traducción: Marian Tobalina Salgado. 315 páginas.

Nos encontramos en El anillo del espíritu con una ucronía renacentista de agradable factura y lectura. Fiametta Beneforte es la hija del mago-orfebre del ducado de Montefoglia y sueña con aprender a su vez magia, aunque su padre se niega a enseñarle; razón por la cual, ella deberá practicar sus dotes en secreto. En el ducado, gracias a su relativo aislamiento de los centros del poder, viven una especie de paz armoniosa, lejos de guerras y enfrentamientos, hasta que la desgracia, la traición y el derramamiento de sangre caen sobre ellos en lo que debía ser un alegre banquete de compromiso. Y, como se suele decir, nada volverá a ser como antes.

Es este “brillante regreso de una de las autoras más aclamadas de la fantasía actual” (según se lee en contraportada, a pesar de que el libro sea de 1992), una novela de fantasía sin demasiadas complicaciones. Muestra ya la inclinación posterior de la autora hacia el campo “romántico” (mucho más marcada en su producción reciente), aunque el toque “rosa” en ningún momento llegue a adueñarse de la narración en sí. Es cierto que el primer hechizo que aparece en el libro es uno que busca encontrar el “amor verdadero” de la protagonista, y también lo es que eso tendrá gran importancia (no sólo la búsqueda del romance, de un “príncipe azul” que le está destinado, por parte de Fiametta; sino el anillo en sí, el objeto al que va destinado el hechizo) en la trama; pero no es lo más destacado, sino un elemento más perfectamente encajado en la acción y la aventura.

Y es, como digo, una fantasía amable, pues apenas existe ambigüedad moral en los personajes. Pronto descubrimos que los malos son muy malos, porque sí, porque eso es lo que hace avanzar la trama; y los buenos son muy buenos, rozando a veces levemente lo no permitido, el lado oscuro de la magia o del poder político, pero siempre sin dejarse arrastrar del todo, por muy desesperada que sea la situación y, sobre todo, para poder redimirse luego, alzándose y venciendo la tentación para salir renovados y todavía mejores de la ordalía.

A pesar de que la novela es, en cierto modo, un libro “coral”, con muchos personajes pululando por la trama y reclamando la atención del lector, Fiometta destaca de entre todos ellos, y lo hace de una forma coherente con el tiempo en que se supone transcurre la acción, sin renunciar ni un ápice a su fuerte personalidad, pero sin salirse de lo permitido por los parámetros en los que se podía mover una mujer en aquella época de la Italia renancentista. Es una mujer, o una joven, fuerte, con convicciones a prueba de bombas, que tiene muy claros sus objetivos y que se empeña en llevarlos a cabo contra viento y marea; sin embargo, es precisamente su condición de mujer en una época en que lo normal era una participación femenina un tanto secundaria en los grandes asuntos (por decirlo de forma suave) lo que llevará a que deba “apoyarse” en otros personajes masculinos para llevar adelante sus planes.

Es precisamente este “realismo” histórico, dentro de una novela de fantasía, una de las características más logradas de El anillo del espíritu. A lo largo de la trama, no nos encontraremos ante grandes movimientos o despliegues de tropas, sino que veremos como un pequeño ejército de apenas 50 soldados pueden subyugar todo un condado (chiquitito también, todo sea dicho) a la espera de refuerzos que permitan asentar el dominio sobre la población; una población de artesanos y campesinos que a pesar de una superioridad numérica sobre el invasor, se dejan avasallar dada su inexperiencia en el arte de la guerra y su quizá excesiva sumisión al señor del condado. Asistimos a su vez a la importancia de la Iglesia y los monasterios dentro del desarrollo político y cultural de las poblaciones, como fuerza de cohesión y refugio en tiempos revueltos, y como actor principal, aunque algo reacio, en la restitución del status quo imperante.

El tratamiento de la magia también merece una mención destacada, una magia que se imbuye en los objetos, dotándolos de especiales capacidades según sea el destino en el que quieren usarse, y que huye de los grandes despliegues “pirotécnicos” (que también los hay) para acercarse a una magia “artesanal”, cotidiana, de uso en la vida diaria. Aunque también veremos, para desgracia de los protagonistas, que existe una magia más tenebrosa, más ligada a los grandes poderes; sin embargo, el sacrificio que requiere (aunque su atractivo sea evidente) hace que el común de los mortales, dotados de inclinaciones mágicas o no, se aparten de ella.

Es El anillo del espíritu una novela agradable de leer, muy bien escrita (se le nota mucho el buen oficio a Bujold), sin demasiadas pretensiones, pero que sirve para pasar un buen rato entretenidos. Prima la acción sobre el romance, aunque este elemento sea parte indispensable de la trama, y la aventura sobre la reflexión (desde luego su objetivo no es hacer “pensar” al lector); y aunque a los personajes les falte sin duda algo de profundidad humana, una mejor y mayor caracterización, se les toma cariño (a los “buenos”, por supuesto) y se sigue sus andanzas con interés y disfrute, que no es poco.