lunes, 4 de agosto de 2008

Reseña: A barlovento

A barlovento. Una novela de La Cultura.

Iain M. Banks.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 106. Madrid, 2008. Título original: Look to Windward. Traducción: Paula Gamissans Serna / Marta García Martínez. 345 páginas.

Al terminar de leer el libro lo primero que me viene a la mente es que nos encontramos ante una novela de La Cultura en estado puro.

A barlovento es una novela, como es habitual en esta serie, de lectura independiente, pero que mantiene algunos contactos con Pensad en Flebas, aunque solo sea como referencia algo lejana de la guerra que dio lugar a la destrucción de dos soles en el espacio chelgriano y la luz de cuya explosión llega ahora, mucho tiempo después, hasta el orbital Masaq de La Cultura.

Banks juega, también como es habitual en él, a ofrecer al lector lo que no es. A hacerle crearse una imagen de la trama, unas expectativas de por dónde van a dirigirse los derroteros de la acción que luego, en un giro inesperado (pero siempre coherente) de los sucesos, terminan destruyéndose en pedazos para descubrir que las cosas son muy diferentes a cómo se habían imaginado.

Como un reloj suizo cuando lo ves desmontado sobre la mesa del relojero, con todas sus piezas extendidas cual puzzle imposible de resolver, haciéndose difícil de creer que todas ellas vuelvan a su interior y terminen encajando una a una sin que sobre ninguna. Así, Banks, con la pericia de un maestro artesano, convierte la narración en un mecanismo de precisión donde nada sobra ni nada falta, mostrando al lector desperdigadas ante sí unas piezas que aparentemente no terminan de tener relación, que se antojan de diferentes “máquinas”, pero que terminan encajando de manera admirable para conformar un producto final tan sorprendente como satisfactorio.

La trama, hábilmente plagada de giros sorprendentes, es atractiva ya de por sí. Una Space Opera en la que el lector asiste a las conmemoraciones ofrecidas por el orbital Masaq en memoria de los millones de muertos en la explosión de las dos estrellas y cuyo acto culminante será el estreno de la nueva obra del afamado compositor Ziller, un exiliado de la estratificada sociedad chelgriana, al tiempo que se recibe una embajada de Chel para tratar de convencerle de que regrese a su hogar, cosa a la que el artista se niega en redondo. Pero pronto se revelará que Quilan, el emisario que debe convencerle y en cuyo interior viaja la mente de Huyler, un viejo soldado, tiene otra misión prioritaria que va mucho más allá que simplemente llevar de vuelta al compositor apátrida y que tiene mucho que ver con la venganza por la participación de La Cultura, y en concreto de la mente que rige el orbital, en la destrucción de los soles y en la extinción de millones de almas chelgrianas que desde entonces no pueden descansar en paz.

Pero donde, y una vez más como es habitual, destaca A barlovento es en la capacidad de Banks de inventar y recrear escenarios, ambientes y seres absolutamente alienígenas, que dentro de su enorme diferencia con lo conocido por la humanidad terminan haciéndose terriblemente reales. Desde las IAs de orbitales y naves de rimbombantes nombres (marca de fábrica de la serie) hasta las muchas razas no humanas que comparten el espacio con las gentes de La Cultura. La descripción de los mundos, de las diferentes tecnologías, de las enormes obras de ingeniería, de las fisiologías y filosofías de los actores de este drama es, sin duda, fascinante y enormemente evocadora.

Todo ello, no obstante, no sería nada sin una buena historia detrás, y el desarrollo de la conspiración chelgriana para “vengar” el terrible acto y redimir con un execrable sacrificio las almas de todos los muertos lo tiene todo para atrapar poderosamente la atención del lector. Es una historia que habla de genocidio, de la supuesta superioridad moral de los poderosos, del terrorismo al que se ven abocados aquellos más débiles que no ven otra forma de encauzar su ira, de la culpa que recae sobre los inocentes heredada de los actos de sus antecesores… Una vez más la ciencia ficción refleja de forma magnífica nuestra realidad para hacernos reflexionar sobre el mundo que nos rodea con un tema que está tristemente muy de actualidad.

A través de una tensión creciente el lector intuye la hecatombe acercándose sin una aparente solución. Cada revelación sobre la implicación emocional de cada uno de los protagonistas en el drama que se avecina va aumentando la sensación de inevitabilidad, de destino sellado hace mucho tiempo; y cuando parece abrirse un pequeño rayo de esperanza, una forma de que se destape el complot asesino y sea así evitado, Banks pronto se encarga de apagarlo, abocando a la trama en la dirección de lo que se antoja un sangriento final.

Juega Banks como un maestro con las emociones de los personajes y las de sus lectores, subiéndoles en un carrusel a punto de desbocarse y del que está prohibido bajarse en marcha. Diversión (y reflexión) garantizada. La Cultura en estado puro.