lunes, 11 de agosto de 2008

Reseña: Spin

Spin.

Robert Charles Wilson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2008. Título original: Spin. Traducción: Xavier Riesco. 491 páginas.

Gran parte de la producción literaria de Robert Charles Wilson (por no decir la práctica totalidad) se basa en mostrar un extraño suceso que rompe de alguna manera las leyes de la física de un modo más bien catastrófico para la humanidad (o la parte de ella cercana al lugar donde sucedan los hechos) y, a partir de ahí, dedicarse por un lado a relatar el intento de esclarecimiento de las causas y efectos de dicho suceso y, por otro, a seguir las peripecias vitales de una serie de personajes que se ven en alguna medida “tocados” por el fenómeno y a ver cómo el mismo afecta, trastoca y cambia sus vidas.

Spin, premio Hugo 2006, no es una excepción. El suceso desencadenante en esta ocasión es la aparición repentina de una misteriosa barrera que envuelve toda la Tierra. Una barrera que, en efecto, desafía las leyes de la física conocida, dejando pasar la luz del Sol pero no la de las estrellas o, mucho más importante, haciendo que el tiempo en la Tierra discurra mucho, mucho más despacio que en el exterior de la misma.

Las vidas “tocadas” por el fenómeno en esta ocasión son las de los gemelos Diane y Jason Lawton, quienes reaccionarán de forma totalmente opuesta ante el Spin: Jason se volcará en la investigación científica intentando descubrir el origen y las causas, el quién ha provocado el fenómeno y su porqué, llevándolo hasta sus últimas consecuencias; Diane, sin embargo, elige el camino contrario, volviéndose hacia la religión, pasando por diferentes filosofías y estados de fanatismo. Entre ambos se encontrará Tyler Dupree, su mejor amigo, enamorado sin esperanza de Diane y admirador de la mente prodigiosa de Jason. Su presencia como narrador de la historia al haberse inyectado una misteriosa droga que, entre otros efectos mientras actúa, produce en el paciente grafomanía, la inevitable compulsión de escribir de forma casi maniaca lo que uno tenga en su mente, permite a Wilson presentar la narración desde la perspectiva de un testigo excepcional, conocedor y en muchas ocasiones participante de los hechos en primera persona.

La historia comienza con Diane administrando la droga a Tyler en un mundo que, esbozado con dos simples pinceladas (una misteriosa tecnología, una referencia a la perdida visión de las estrellas), el lector pronto comprende que ya no es el mismo que él conoce. Y a partir de ahí, como en un inmenso flash-back, empieza la narración de la llegada del Spin y cómo cambió al planeta al que cubría y a las gentes que en él habitaban.

Wilson, buen conocedor del alma humana (por lo menos de la occidental) se dedica con mayor o menor acierto a retratar cómo un hecho tan extraordinario afecta a los diferentes tipos de individuos, personificados por Tyler y los gemelos, pero abundando en otros muchos personajes que dejan claro que nunca existe una única respuesta correcta a un mismo problema cuando se trata de la psique o de los sentimientos de las personas. Y, sobre todo, muestra como el ser humano puede llegar a acostumbrarse a cualquier cosa, incluso a lo más extraño y amenazante, una vez que lo extraordinario se convierte en cotidiano. Una vez pasada la conmoción inicial es curioso ver cómo la mayoría de la gente retoma sus vidas sin cuestionarse la amenaza que pende sobre sus cabezas.

Pero hay mucho más. Spin es un libro enorme en cuanto a lo que consigue abarcar. El autor muestra a lo largo del libro como la humanidad difícilmente es capaz de trabajar en una misma línea o ponerse de acuerdo en seguir un mismo camino ni aunque vaya en ello la existencia de la misma especie. Como el secretismo y los intereses privados siempre terminan intentando imponerse al bien común. Como siempre habrá quienes intentan usar el miedo y el fanatismo de los ignorantes para conseguir su propio provecho. Como a veces el amor no lo es todo y, desde luego, no derriba montañas. O como la investigación científica, en ocasiones, no tiene todas las respuestas y se convierte en sí misma en una especie de religión liderada por los peores de los fanáticos dispuestos a todo para imponer su visión del mundo sobre la de los demás… Pero es que además es un libro de aventuras, de especulación (el dilatado paso del tiempo fuera de la burbuja que envuelve a la Tierra le permite jugar con ciertas ideas que la relatividad impediría de otra manera), de contacto (pues igual llamarlo “primer contacto” sería erróneo) con otras inteligencias no tan alienígenas, de exploración interior, de la más alta política…

Mezclando hábilmente las explicaciones o teorías científicas, en lo que se puede apreciar incluso un leve toque “hard”, con un buen hacer literario en una trama compleja bien construida y llevada, la novela se hace no obstante pesada o falta de ritmo en algunos momentos puntuales, sobre todo en la parte que se dedica a profundizar en la conflictiva relación entre Tyler y Diane cuando ella se encuentra sumida en lo peor de su fase religiosa (hay ciertos detalles que están un tanto traidos por los pelos). Sin embargo es tal vez precisamente el desarrollo del “presente” de ellos dos, la persecución a la que se encuentran sometidos, el mundo lleno de cambios que se va desvelando poco a poco y la impactante revelación final lo más interesante del libro, aunque sólo se trate de algunos interludios intercalados en la acción general. Y es precisamente ese sorprendente final el que ha permitido a Wilson, a pesar de que Spin sea una novela perfecta y satisfactoriamente cerrada en sí misma, escribir una continuación titulada Axis. Como pone el autor en boca de uno de los personajes: —Es como si hubiera terminado una historia y hubiera empezado otra. Ojala la editorial tenga a bien publicarla a no mucho tardar en nuestro país. Yo al menos quedo impaciente a la espera.


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