martes, 18 de noviembre de 2008

Reseña: La noche quedó atrás

La noche quedó atrás.

Jan Valtin/Richard Krebs.

Reseña de: Amandil.

Seix Barral - Círculo de Lectores, Barcelona, 2008. Título original: Out of the night. Traducción: Julio Bernal. 794 páginas.

La noche quedó atrás ha sido presentado desde su publicación en 1941 como un alegato contra los totalitarismos de toda índole y a favor de la libertad del individuo. Ese modo de resumir la obra aunque no anda desencaminado no refleja realmente lo que Jan Valtin quiso mostrar al mundo por medio de esta autobiografía. Es una crítica despiadada contra el totalitarismo, cierto, pero además es un documento imprescindible para desmontar desde su misma raíz muchas de las mentiras y falacias creadas desde el poderoso aparato propagandista de la URSS desde los años veinte hasta la mismísima caída del bloque oriental en la década de los noventa del pasado siglo.

La obra se desarrolla en dos planos paralelos y que, en ocasiones se entremezclan. Por una parte el meramente histórico, en el que se nos narran los hechos en los que el protagonista fue parte integrante como revolucionario alemán al servicio del Partido Comunista y del Komintern (nombre adoptado por la Tercera Internacional o Internacional Comunista). Por otra se nos muestran aspectos privados, no vinculados con su activismo político, como su amor por el mar, sus deseos de ser capitán de un carguero, su enamoramiento y su deseo de formar una familia en unos tiempos poco favorables a ello. Estos van a ser los dos motores que moveran todo el relato desde sus orígenes en 1918 hasta su abrupto final al huir de las garras de la GPU (el servicio secreto soviético, antecesor del celebérrimo KGB) en 1938. Y serán los puntos dónde ambos planos colisionen dónde el lector asistirá a los más profundos y terribles momentos de angustía del autor. Lugares de la obra dónde el protagonista deberá decidir entre él mismo y sus anhelos vitales o mantenerse firme atado a sus ideales revolucionarios y a la ciega obediencia a los dictados del partido.

Es importante señalar que muchos de los detractores de la obra de Valtin (pseudónimo de Richard Krebs) han remarcado que es imposible que el autor protagonizase o participase en todos los eventos que jalonan las páginas del libro e incluso que conociese en persona a la gran cantidad de personalidades que cita. También se ha acusado al libro de exagerar las partes negativas del comunismo internacional y de haber tratado de dañar conscientemente y con maledicencia la imagen de la URSS tras haber desertado de las filas del Komintern huyendo a EE.UU. (en opinión de intelectuales de corte comunista). En definitiva se ha querido tachar esta autobiografía de pura propaganda anti-comunista, evitando de un plumazo entrar a valorar si los hechos narrados (muchos de ellos auténticos actos terroristas) fueron o no reales tal y como son descritos con todo detalle en el libro. Pero no entraremos aquí a valorar la precisión histórica o la exacta verosimilitud de lo que el autor desgrana. Quede, pues, como aviso a navegantes.

El relato comienza con un joven Valtin, asistiendo en septiembre de 1918 al motín de la Armada alemana con base en Bremen. Allí, con apenas catorce años, e imbuido del cansancio propio de todo el país tras cuatro años de guerra, se une a las filas de las Juventudes Espartaquistas y, comienza una carrera como revolucionario que le llevará a integrarse en el Partido Comunista Alemán. Tras haber servido lealmente y con gran valor en los convulsos momentos que siguieron a la caída del Kaiser y el advenimiento de la República de Weimar, Valtin es integrado en la sección marítima del Komintern (en ese momento el organismo "internacional" pero en manos soviéticas encargado de expandir la revolución proletaria por todo el mundo) y comienza su periplo como correo, organizador y líder agitador por puertos de medio mundo. Entonces su fervor sinceramente revolucionario le hace creer que se puede exportar la experiencia rusa por los cinco continentes y no duda en anteponer la dictadura del proletariado a cualquier otra consideración de índole personal o "egoista" y "pequeñoburguesa".

El relato esta lleno de momentos de duda en los que la natural tendencia a la rebeldía de Valtin le hacen plantearse seriamente si está obrando correctamente o si realmente está trabajando a favor de la revolución mundial. Especialmente cuando, según va ganando experiencia y va ascendiendo en el escalafón, es testigo directo de como desde las filas comunistas se comienza a atacar a los denominados "falsos revolucionarios" o directamente traidores, entre los que se incluyen a los anarquistas (enemigos del estado proletario), los troskistas (enemigos de la verdadera naturaleza del movimiento bolchevique) y, finalmente, a los socialistas (dominados por su esencia burguesa y faltos de agallas para llegar a la verdadera revolución). El protagonista asiste, lleno de temores y fijando su voluntad a la necesidad de creer que "el partido no se puede equivocar" y que "lo más importante es la revolución comunista", a momentos en los que debe aceptar la muerte de sinceros comunistas, desviados de la hortodoxia fijada en cada momento desde Moscú, obligándose a creer que, realmente, "se lo merecían". Huelga decir que Valtin, finalmente, será engullido por el Urano comunista.

El libro, desde este punto de vista histórico, se divide en tres partes bien diferenciadas.

La primera remarca los inicios revolucionarios y el deseo de hacer real el sueño de llevar a todo el planeta la revolución comunista que puso fin tanto al régimen de los Zares como al posterior gobierno menchevique en Rusia. Es la parte más idealista del relato y en la que el autor más cómodo se siente ya que muestra la etapa "romántica" de su militancia. Es aquí dónde descubrimos los modos de trabajo del Komintern, las redes que tegió a lo largo de los siete mares y como la mayor parte de las actividades comunistas comienzan a enforcarse desde la perspectiva, no de la revolución mundial, sino de servir a los intereses estratégicos de la URSS.

La segunda se centra en los años finales de la democracia en Alemania y la lucha para hacer caer la República de Weimar, aliándose para ello con los pujantes nazis de Adolf Hitler. Desgrana Valtin como ambos movimientos coinciden en su aborrecimiento por la democracia y no dudan en unir sus fuerzas (figurada y literalmente) para desestabilizar el sistema desde dentro y destruir al Partido Socialista Alemán y al Zentrum (el conglomerado político que incluía a católicos, conservadores y liberales), para, posteriormente luchar entre ellos por el control de Alemania y la instauración de un regimen comunista o nacionalsocialista. Simultaneamente se nos seguirán mostrando, en una especie de paréntesis, sus actividades en el extranjero (Francia, Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda) y como comienza a obrarse el cambio en el Komintern de la mano de la figura de Stalin. Ya no se persigue ningún tipo de movimiento mundial sino simple y llanamente servir a la URSS como extensiones de sus ejércitos. La GPU, hasta entonces relativamente ajena al Apparat político internacionalista, pasa a controlar el movimiento, comenzando las purgas, asesinatos, desapariciones y "destierros a Siberia" que se convertirían en lo habitual en años posteriores.

Finalmente, la tercera se centra en los años de lucha desde la clandestinidad contra el victorioso nazismo en Alemania. Es la parte del libro más oscura y en la que con más claridad se muestran las auténticas cloacas tanto del comunismo como del nazismo. Valtin no ahorra detalles a la hora de describir sus terribles jornadas de interrogatorios a manos de la Gestapo y como, siguiendo órdenes del Komintern, finge rendirse y reconocer la "verdad" del régimen de Hitler para unirse a las filas nazis como un agente doble. Pero tampoco oculta los manejos de los líderes del partido para servir a Stalin sacrificando para ello a quien hiciese falta en todo momento. Es en esta parte final cuando se ve en toda su crudeza como cualquier atisbo de romanticismo o idealismo ha sido borrado de todos los niveles del Komintern y del comunismo en general. Valtin describe claramente como desde Moscú se da la orden de cambiar de estrategia en el escenario internacional, aliándose ahora sí con los socialistas en los conocidos como Frentes Populares para, posteriormente, infilitrarse y terminar por controlar por completo el "frente obrero" (cita expresamente los casos francés y español), destruyendo en ese momento a todo aquél considerado "peligroso" por los agentes de la GPU. Se puede decir, en definitiva, que el autor destapa tanto el salvajismo nazi como el comunista, reconociendo que formó parte de aquello movido en todo momento por la "lealtad a la causa y al partido" aunque tuviese que taparse la nariz en más de una ocasión.

El libro concluye, a modo de epílogo, con la descripción de su caída en desgracia en el Komintern al enfrentarse abiertamente con el máximo líder alemán al servicio de Stalin y que será, durante todo el relato, algo así como el tercer personaje en importancia tras el propio Valtin y Firelei. Nos referimos a Ernst Wollweber quien pasará de ser el primer líder revolucionario alemán en 1918 al sanguinario jefe comunista que no dudará en entregar a los nazis a todos aquellos camaradas que pudiesen hacerle sombra dentro del Partido Comunista.

Pero al inicio de esta reseña se remarcó que el libro se movía en dos niveles distintos. El segundo, el personal, está protagonizado por la relación amorosa entre Valtin y la joven Firelei. De su relación realmente romántica y leal, rompiendo la dinámica del "amor" de puerto y prostitutas de buen corazón y simpatizantes con el comunismo, surgirán las mayores dudas contra la obra revolucionaria del autor. Firelei no es comunista, de hecho es apolítica. Se nos muestra como una mujer alegre y jovial, tremendamente vital y movida por impulsos emanados de su naturaleza bondadosa y propensa a perdonar y dar segundas oportunidades a todo el mundo. Es una idealista a su modo, pero en las antípodas del estricto sentimiento del deber proletario de Valtin. Cosnciente de las injusticias del mundo pero deseosa de cambiar las cosas de otro modo. Es una auténtica fuerza luminosa frente a gris mundo de dónde proviene el autor.

Este contraste entre el luchador y la "doncella" dara pie a una historia de amor que, por momentos, está a punto de dar al traste con las más profundas convicciones revolucionarias del protagonista. Ante la fuerza del proletariado se opone, como surgido de la nada, el amor hacia Firelei y su oferta de fundar una familia, tener hijos, y vivir apaciblemente disfrutando de los momentos que una existencia tranquila y predecible. La duda se instala por unos instantes en las que son, a mi juicio, las páginas más reveladoras del libro ya que muestran el verdadero dilema que toda persona inmersa en una "causa" se plantea antes o después: ¿Mi vida o la causa?

Finalmente, la lealtad al Partido se impone y será Firelei la que se vea arrastrada a una vida de revolucionaria contra su voluntad aunque, movida por su amor por Valtin, asumirá su nuevo papel intentando ser útil, engañándose a sí misma y tratando de convencer a su pareja (más adelante marido) para que lo abandone todo a la menor oportunidad. Su situación se verá embrollada con el nacimiento de su hijo coincidente con la victoria nazi en Alemania y el pase a la clandestinidad del Partido Comunista. Y será entonces cuando, realmente, las dudas se instalarán definitivamente en el protagonista ya que comienza a anteponer su mujer y su hijo al partido y sus consignas y, finalmente, será esta la causa de su desesperada ruptura con el Komintern y una revolución en la que hacía años que había dejado de creer.

En definitiva asistimos durante las casi ochocientas páginas del libro tanto a una lección de Historia como a un relato de intriga, acción, luchas políticas, dsengaño ideológico y amor condenado. Pero con la gravedad y la certeza de que no es una obra de ficción sino una sucesión de hechos reales que nos plantan, sin anestesía de ningún tipo, ante acontecimientos que desnudan la realidad "revolucionaria" de un tiempo no tan lejano. Es imposible quedar indiferente ante esta obra y lo que en ella se cuenta.
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1 comentario:

Gregoria Leiva dijo...

He leído esta obra en estos últimos días. Me ha parecido muy acertada tu reseña y coincido en que la acusación de ser un relato fraguado con la intención de desprestigiar al PC soviético no es verdad. Tal vez alguna aventura estará adornada o embellecida por la distancia,la nostalgia, o deformada por el dolor o la decepción, pero es evidente que el autor-narrador-protagonista conoció ese universo de ideologías fanáticas que tan alto costo le reclamaron. Un libro magnífico.