sábado, 2 de abril de 2011

Reseña: El río de la vida

El río de la vida.

Norman Maclean.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Libros del Asteroide. Barcelona, 2010. Título original: A River Runs Through It and Other Stories. Traducción: Luis Murillo Fort. Prólogo de Gabriel Insausti. 314 páginas.

En 1992, una excelente adaptación de este libro fue llevada al cine por Robert Redford, con Brad Pitt, Craig Sheffer y Tom Skerrit como protagonistas. De este modo supe de la existencia de Norman Maclean, y tuve conocimiento de algunos detalles de su vida, puesto que se trata de una obra autobiográfica. Mi afición a la pesca me hizo visionar algunas escenas de esa película decenas de veces, y convertir, en mis sueños juveniles, las montañas de Montana en una especie de paraíso natural inalcanzable. Más tarde, por motivos profesionales, durante un curso sobre incendios forestales, se citó un importante trabajo de investigación periodística (Young men and fire) sobre lo acaecido en el incendio de Mann Gulch (Montana), en 1949, donde murieron 12 integrantes de una cuadrilla forestal y un Guardabosque. Es uno de los primeros trabajos de este tipo en su ámbito, y una referencia para los profesionales del sector aún hoy en día. Su autor: Norman Maclean. Inmediatamente recordé al protagonista de aquella película y nació un deseo de leer algo más sobre él. No encontré nada hasta que, por casualidad, descubrí este libro.

El río de la vida y otros relatos se considera todo un clásico de la literatura norteamericana, y está compuesto por tres magníficas historias. La principal y más larga de ellas es la que da título al libro. En ella se cuentan, de una manera hermosa y realista, los hechos que acaecieron en su juventud al propio autor y a su hermano pequeño, Paul. Hijos de un pastor presbiteriano, crecieron en Missoula, Montana, e hicieron de la pesca con mosca el eje de sus vidas. También es la pesca el hilo conductor del relato, hasta el punto de que el autor se demora a veces con demasiada profundidad en la descripción de los lances o en algunos detalles técnicos que pueden llegar a aburrir a un profano. Pero sólo son unos párrafos. Pues el libro no trata de pesca. Trata de la vida, de la naturaleza, de la belleza. Y la manera en que Maclean sabe describir lo sublime de un momento de comunión con la naturaleza es realmente incomparable. También trata de su hermano, y lo hace de una manera capaz de sobrecoger a cualquiera, con pasajes divertidos y entrañables seguidos de otros momentos terribles.

Tanto en esta historia como en los demás relatos que componen el libro se aprecia la gran maestría con que el autor sabe transmitir su amor por la naturaleza, por su tierra añorada, por un tiempo ya pasado, donde pudo sufrir y disfrutar de los últimos vestigios del Oeste salvaje.

Es precisamente en los otros relatos cortos donde esto último más se aprecia. «Leñadores, proxenetas y “Tu camarada, Jim”» y «Servicio Forestal de Estados Unidos, 1919» son dos historias en mi opinión maravillosas. Claro que tal vez yo no sea del todo imparcial, ya que, por mi profesión, no puedo evitar sentirme identificado y encariñarme con algunos de los protagonistas, pues despiertan en mi cierta añoranza e incluso envidia. Norman Maclean trabajó durante varios veranos, antes de marcharse a estudiar al Este, en el Servicio Forestal de Estados Unidos, por entonces recién creado, como peón maderero y en la vigilancia y extinción de incendios. En estos relatos recrea aquellos años, describiendo el trabajo de los leñadores y los Guardabosques en las Montañas Rocosas de Montana e Idaho. Algunos de los personajes que conoció allí inspiran estas historias, en las que rememora la dureza de aquel trabajo y de aquellos hombres, así como las aventuras que vivieron juntos, o las excentricidades de algunos de ellos. De hecho ambos relatos tienen pasajes realmente divertidos. Lo que nunca falta, es el amor por la tierra de Maclean, y su habilidad para hacernos llegar esa añoranza siempre presente, incluso cuando te habla de personas a las que no apreciaba (te lo dice claramente), como en “tu camarada, Jim”, o situaciones en las que no sale muy bien parado. Me resulta especialmente entrañable la historia de Bill Bell, el Guardabosques, a quien Norman admiraba realmente, y la que lían en el pueblo después de todo un verano en los bosques.

Excelente libro, bellamente escrito, con realismo, y dureza en ocasiones. Me ha impresionado cómo Maclean sabe hacerte sentir esa hermosura que se esconde tras la picada de una trucha, o en el sonido del río. En la naturaleza. Los que han sentido, como yo, esa hermosura, esa comunión profunda en algún momento, descubrirán aquí que el autor te la sabe describir como tú nunca supiste, hasta el punto de que vuelves a recordarla entre sus líneas.