viernes, 8 de abril de 2011

Reseña: Starship: Motín.

Starship: Motín.

Mike Resnick.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Timunmas. Barcelona, 2011. Título original: Starship: Mutiny. Traducción: Joan Josep Mussarra. 287 páginas.

Esta novela es la primera entrega de una pentalogía de lectura independiente, situada sin embargo dentro del universo de Birthright creado por el autor para ambientar gran número de sus historias. Es el año 1966 de la Era Galáctica y la República se encuentra inmersa en una larga guerra contra la Federación Teroni. Dentro de la primera, Wilson Cole es un oficial famoso por su heroísmo y por el reiterado incumplimiento de las órdenes, muchas veces absurdas, de sus superiores, a los que deja como incompetentes al obtener espectaculares resultados bélicos de sus acciones, con lo que se ha ganado la admiración de las tropas y el desprecio de los mandos.

Degradado por segunda vez en su carrera militar, es destinado como segundo oficial a la nave Theodore Roosevelt, una antigualla obsoleta que hace tiempo que debiera haber sido desguazada, que sigue no obstante en servicio con la misión de patrullar y proteger un cúmulo perdido de la galaxia con una heterogénea tripulación de humanos y alienígenas «problemáticos». Se trata de una nave donde reina el hastío y el desorden, un sumidero donde la Armada ha ido arrojando sus despojos, el cesto de las manzanas podridas, donde un relajado ambiente, el poco apego a las ordenanzas que cunde entre la tripulación y la desatención de los mandos, han propiciado prácticamente el abandono de toda disciplina marcial, mantenida a duras penas por unos pocos, como la directora de Seguridad, Sharon Blacksmith, en quien el protagonista encontrará una dispuesta aliada.

Cole, a pesar de su insubordinación y su hoja de servicios, no es un mal soldado ni un mal oficial, todo lo contrario. Está dedicado a vencer a la Federación, y las trabas burocráticas, los tejemanejes políticos y las órdenes incompetentes que se interponen en su camino no merecen sino su desprecio, cuestión por la que se las salta ganándose por el camino una merecida fama de hombre victorioso y a la vez problemático para sus superiores. Todo ello le ha supuesto un montón de medallas y un destino lejos de toda posibilidad de entablar acciones bélicas con el enemigo... o al menos eso es lo que pensaban sus superiores.

Starship: Motín es una space opera militarista que se sitúa más cerca de los clásicos del género que de la corriente actual del mismo. Ofrece acción por encima de cualquier reflexión, con momentos capaces de dinamitar toda suspensión de la incredulidad que llegan a exigir demasiado del lector forzando la verosimilitud al límite y, sin embargo, no carentes en absoluto de emoción. La aventura parece querer ir tan rápido que en ocasiones el autor no llega a explicar o justificar los saltos mentales que le permiten al protagonista deducir la acción a tomar, sin que el lector disponga de todos los pasos del razonamiento seguido para llegar a ciertas conclusiones. Cole simplemente parece asimilar los datos y salta sin red de forma aparentemente intuitiva aunque perfectamente acertada a posteriori. Hay sucesos que de puro acelerados se muestran demasiado «sencillos» ―propiamente todo el final―, antojándose que las cosas debieran haber sido un poquito más complicadas de lo narrado, lo que consigue un ritmo frenético al tiempo que le resta cierta credibilidad a la trama.

Dentro de la nave la tensión se sustenta en la difícil relación del protagonista con el Capitán Makeo Fujiama, un humano, y su primer oficial, la comandante Podok, una estirada alienígena polonoi atada a las ordenanzas ―y el título de la novela posiblemente da una pista demasiado grande de por dónde van a ir los tiros―. La heterogénea tripulación híbrida, con variados ejemplos de curiosas razas alienígenas que le ponen el toque exótico al relato, da un curioso contrapunto al ardor guerrero del protagonista, moviéndose entre la apatía, las drogas, la insubordinación y el hastío, con puntuales excepciones que no dudarán en ofrecer su apoyo a los cambios que Cole quiere introducir en la disciplina con sorprendentes ―aparentemente― resultados finales.

La acción avanza mediante rápidos y abundantes diálogos que hacen la lectura muy fácil y con ese ritmo frenético al que hacía referencia que no da respiro ni permite cuestionarse demasiado lo que está sucediendo. La novela se lee, como se suele decir, en un auténtico suspiro, con las neuronas apagadas y sin más finalidad que el puro entretenimiento, acción sin freno que si quiere ser disfrutada en su adecuada dimensión no debe ser analizada en demasiada profundidad para no hacer evidentes los fallos que salpican el argumento. Es pura aventura, puro Hollywood, un pasapáginas palomitero. Resnick no se olvida tampoco de salpimentar el texto con diversos toques humorísticos, sobre todo en los diálogos entre Cole y su amigo alienígena, el comandante Forrice, que consiguen rebajar la tensión en momentos puntuales y, sobre todo, distraer la atención del lector de otros detalles de la trama logrando que se pase sobre ellos sin demasiada exigencia. Es todo tan rápido que el lector no llega a cuestionarse hasta mucho después ―si es que llega a hacerlo― detalles tales como que una raza que dispone de naves interestelares no haya creado unos cascos polarizados para no ser deslumbrados por el sol o lo sorprendentemente fácil que es escapar de ciertos sitios...

Starship: Motín es una novela autoconclusiva en cuanto a su trama central, pero tan solo un episodio puntual en la vida del protagonista que deja todo preparado para una nueva y diferente etapa en su futuro. Tras el cierre de la narración en sí misma, el autor ofrece una serie de apéndices que ayudan a situar tanto la acción como el trasfondo de la serie ―como los apartados dedicados a Los orígenes o a la estructura general del universo Birhright o el que glosa la vida del histórico Teddy Roosevelt― en unos parámetros más amplios. Se trata de un libro para disfrutar de la pura aventura, de la acción desenfrenada, con las neuronas un tanto apagadas y dejándose llevar sin cuestionarse demasiado lo narrado. Hay emoción, combates, grandes explosiones, enfrentamientos burocráticos, políticos y marciales, alienígenas llamativos y exóticos, un héroe inteligente, competente y cuestionado por sus superiores, acción en tierra y en el espacio, complots y traiciones, lealtades enfrentadas, valentía y entrega desinteresada..., sin embargo ―y es mi último”pero”, lo siento señor Card― poner este libro a la altura de los de Miles Vorkosigan es seguramente una exageración excesiva. Entretener, entretiene, sin duda, y sinceramente, no creo que Resnick tuviera más intención que esa.

2 comentarios:

Loren dijo...

Precisamente me he interesado recientemente sobre estos libros (no sabía que fuera una pentalogía, mejor xD), y por eso creo que me han llamado la atención, por lo que dices de la pura aventura y lo palomitero.

Además, no sé que tienen las portadas en inglés que parecen augurar precisamente eso.

Un saludo, y buena reseña.

Yago dijo...

Lo cierto es que es un correcalles entretenido, aunque a veces le falte algo de coherencia en ciertas escenas.

A veces se agradece una lectura "ligera" para descansar entre otras más exigentes ;-)

Saludos y gracias por los comentarios.