sábado, 23 de julio de 2011

Reseña: Bajo la hiedra

Bajo la hiedra.

Elspeth Cooper.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Fantasía. Barcelona, 2011. Título original: Songs of the Earth.Traducción: Miguel Antón. 422 páginas.

Esta novela supone la primera entrega de una trilogía, The Wild Hunt, que verá su segundo título publicado en inglés, Trinity Moon, en marzo de 2012, siendo además el primer libro publicado por la autora. En muchos sitios, empezando por la propia contraportada, se ha comparado Bajo la hiedra con El nombre del viento de Patrick Rothfuss, y debo decir que sí, que ambas participan de una misma cualidad de sonar a algo ya leído imbuido de cierta originalidad, pero más allá de eso se parecen en muy poco. Y es que nos encontramos aquí una vez más con el «elegido», el joven huérfano de orígenes inciertos que guarda dentro de sí mismo un enorme poder que espera ser descubierto y canalizado de forma adecuada. Gair, que así se llama el joven en cuestión, ha escuchado dentro de si desde muy pequeño una música, el canto, que le invitaba a hacer cosas aparentemente imposibles, como encender una luz etérea para poder leer a escondidas; sin embargo cuando su familia adoptiva descubre sus capacidades lo entrega a la Iglesia para que sea criado como uno de sus caballeros. Pero años después y una vez más el destino traicionero se cruza en su camino, pues torturado por una acusación de brujería, un pecado que la Iglesia de la diosa castiga con la muerte en la pira, está a punto de ser condenado a muerte cuando su sentencia es inesperadamente revocada por la de destierro. En ínfimas condiciones conocerá a un misterioso personaje, Alderan, que le ayudará en su huida de los perseguidores que siguen sus pasos, en especial cierto cazador de brujos que actúa bajo la dirección de un secreto contratador.

Junto a Alderan –como su particular Obi-Wan– Gair descubrirá que existe un lugar en las remotas Islas Occidentales donde se reúnen los que son como él, un lugar donde nadie va a condenarlo por escuchar y utilizar los Cantos de la Tierra que moran en su interior, un lugar donde podrá ser él mismo sin miedo a ser descubierto, sin miedo a la condena de los que le rodean, sin miedo a mostrar de lo que es capaz... Sin embargo, primero tendrán que llegar hasta allí y alguien parece empeñado en evitarlo. Por otra parte el velo que separa los mundos empieza a resquebrajarse y si los Guardianes no lo impiden toda la existencia tal y como la han conocido podría llegar a su final, ya que al otro lado moran fantásticas y terribles criaturas.

Se asiste así, una vez más, a la historia del aprendizaje de un joven destinado a grandes cosas si consigue dominar el enorme potencial que lleva dentro de sí. A un tiempo, el lector es testigo de las fisuras que se producen en el seno de la Iglesia, los juegos de poder que podrían poner en riesgo los planes del Preceptor Ansel, cabeza de la misma, quien se encuentra inmerso en una misteriosa investigación a la búsqueda de ciertos antiguos libros que podrían cambiar los cimientos de la fe; sin embargo, su avanzada edad y mala salud podrían poner en riesgo todo lo que desea conseguir. 
 
Como primera novela de la autora es de remarcar que sufre, junto a cierto exceso de convencionalismo y de abuso de estereotipos, de algunos desequilibrios en la trama, sobre todo en su estructura, con líneas ciertamente descompensadas. Es muy cierto que siendo Gair el principal protagonista su historia debe ser en consonancia la que se lleve la parte del león de la novela, pero es que tal y como se encuentra estructurado el libro los capítulos dedicados al resto de líneas parecen más un impedimento a su desarrollo que un avance en general. Intervenciones que se supone que van a ser de gran relevancia –y puede que lo sean en las siguientes entregas–, sobre todo la del cisma que se está produciendo dentro de la Iglesia o de esa ruptura del Velo que deja intuir un mundo fantástico al otro lado, se sienten algo cojas y huérfanas en comparación con el tiempo dedicado a las lecciones recibidas por el joven o su iniciación en un mundo más «adulto». Es de agradecer, no obstante, que la autora no se centre tanto en el aprendizaje en sí, más allá de unas cuantas inevitables sesiones de esgrima con el alumno que parece odiarlo sin razón, y se centre más en el crecimiento de la personalidad del muchacho que está convirtiéndose en hombre. Es de hacer notar, no obstante, que este desequilibrio, junto a cierta falta de profundidad en general y de mucha indefinición en particular en el tema de la magia, no hace sino aumentar de una manera algo frustrante la curiosidad y las ganas del lector de saber más de todo el mundo creado por la autora.

Cooper hace gala de una prosa efectiva, preciosista y evocadora en ocasiones, situando mejor la situación geográfica de la acción, con bellas y descriptivas imágenes, que la fisonomía de los personajes –de alguno de los cuales es muy difícil hacerse una imagen mental de cómo es su físico–. Tiene su fuerte en las escenas de acción, sobre todo en los duelos a espada y en ciertas escenas «de vuelo», consiguiendo hacerlas lo suficientemente vívidas e interesantes en la mente del lector. Es agradable la presencia a lo largo de la trama de personajes con defectos físicos o enfermedades crónicas, como puedan ser unas piernas malformadas o una persona con diabetes, que da idea de un mundo donde no todo es perfecto, ni justo y donde a pesar de la existencia de la magia la misma no es todopoderosa y algunos de sus practicantes ni siquiera pueden curarse a sí mismos. La inclusión del necesario romance, parte integrante del proceso de crecimiento de Gair, se presenta de forma bastante sencilla, con un fuerte contenido inicial de deseo y necesidad que más adelante dará paso al amor, aprovechando de paso Cooper para incluir algunas escenas más «adultas» para separarse, se supone, de la fantasía juvenil.

Como detalle anecdótico, no se entiende demasiado bien la decisión por parte de la editorial de cambiar el título de la novela, desde el original Cantos de la Tierra que hace referencia a todo su contenido a este Bajo la hiedra, mucho más poético quizá y que da lugar a esa impactante portada, pero que únicamente se retrotrae a un fracción de la trama, importante sin duda, pero que no engloba el total en absoluto.

Como primera novela de la autora se sigue con agrado aunque con la sensación de haber leído ya mucho de lo que se está contando, variando un tanto el prisma, pero lo cierto es que sin grandes sorpresas. Es una fantasía que toma prestados muchos elementos de nuestro propio mundo dotándolos de una especial capa de barniz y llenándolos de toques mágicos –y la propia Iglesia es reflejo distorsionado de la Católica medieval-renacentista–. Aunque indudablemente contiene ciertos altibajos, consigue mantener un nivel digno, aunque gustará y será disfrutado más por quienes no lleven demasiadas lecturas de este género a sus espaldas, y deja el camino preparado para su continuación en la que, esta vez sí, la autora se la juega. Bajo la hiedra se redime un tanto con un cuarto de novela final que, sin ser más original que el resto, sí incrementa mucho el ritmo y la intensidad, el interés, la carga emotiva y el nivel de la acción y el enfrentamiento «bélico», y termina llena de promesas que esperemos que la autora sepa cumplir.

2 comentarios:

Jeza dijo...

Que curioso, justo hoy me pasé por la librería y me llamó la atención este libro. A ver cuando tengo dinero y lo pruebo de primera mano.

Un saludo.

Yago dijo...

Espero que te guste; es un tanto tópico, pero se deja leer bastante bien ;-)