jueves, 13 de diciembre de 2012

Reseña: Siete cruces

Siete cruces.

Roberto García Cela.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Edición digital [epub]. Madrid, 2012. 263 páginas.

Para su primera novela Roberto García ha decidido arriesgarse con la autoedición aprovechando las facilidades del formato digital, en una aventura que cada vez más autores emprenden. En el difícil camino promocional para hacerse un hueco ha hecho llegar copias a variados blogs y páginas de reseñas, así que le agradecemos haber sido uno de los elegidos. La «novela», una recopilación de relatos más bien, aúna un retrato costumbrista con una fantasía oscura situada en nuestros días con ciertas dosis de intriga y un poquito de acción. Al final, más allá de la trama que los une, el tema general es la disección del alma humana y las profundidades a las que puede descender según las circunstancias. Para quien se adentre en sus páginas cabe advertir que hay que tener un estómago duro, preparado para descripciones enormemente gráficas de depravación y actuaciones moralmente reprobables, con pequeños destellos de luz y esperanza en medio de un desierto cruel y sombrío.

Un hombre se despierta en la oscuridad atado a una superficie irregular que luego verá que es una cruz en aspa. No está solo, entre susurros descubre que hay alguien más allí con él, pero que tampoco sabe dónde están ni cómo han llegado a tal situación. Cuando se encienden las luces, ven que se encuentran en un círculo de siete cruces, seis de las cuales se encuentran ocupadas por personas de lo más variopinto, de ambos sexos y de edades variables, todos desconocidos entre sí. Entonces se abre una puerta y un niño de unos siete años y una mujer asiática entran en escena. Son ellos, descubren, los que los retienen allí, y antes de explicarles el porqué, el niño va a contarle a cada uno su propia historia, con los demás como público cautivo.

La estructura del libro se establece así como una especie de fix-up, un libro de relatos unidos por un hilo conductor; con capítulos alternos entre aquellos dedicados a glosar las historias individuales de cada uno de los personajes atado a las cruces, a través de narraciones con entidad independiente, y aquellos otros con la trama común de la situación del grupo en su conjunto y las reacciones ante lo que van conociendo de sus compañeros.

Cada historia va a desvelar los más profundos secretos, los anhelos y vergüenzas de cada uno, diseccionando bajo una brillante luz sus almas, sus bajos instintos, sus desgracias, sus miserias, sus pecados... haciendo que, poco a poco, comprendan que después de todo sí que tienen algo en común, que todos ellos han sido gratificados con un don especial, un superpoder, que por un lado les aparta del común de los mortales y por otro les permite cumplir con sus más ocultos y retorcidos deseos.

Hay que avisar que no es este, en absoluto y a pesar de la presencia de los superpoderes, un relato de superhéroes al estilo de los X-Men, los Vengadores o similares, o ni siquiera a los Alphas de la actual serie televisiva homónima. No hay héroes aquí, de ningún tipo. Se podría decir más bien que todo lo contrario. Los protagonistas de esta historia son personas que cualquiera podría encontrarse por las calles del Madrid donde se desenvuelven sus sórdidas vidas, gentes que descubren que poseen habilidades especiales —invisibilidad, capacidad de volar, fuerza desmesurada, ultra velocidad, coacción mental...— y se plantean qué hacer con ellas de una manera bastante realista. Sin trajes molones, sin uniformes, yendo por libre y mirando más por la satisfacción propia que por el bien ajeno. Con comportamientos muchas veces mezquinos, que demuestran que no siempre un gran poder se traduce en la consecución de la felicidad, sino que acarrea nuevos problemas, y al diablo la responsabilidad. Los poderes no son en absoluto lo importante aquí, sino que el foco está sobre lo que viene asociado con ellos, las consecuencias que acarrean.

Personajes aparentemente cotidianos, nada especiales, antes bien todo lo contrario, que ocultan todos ellos alguna tara, un defecto, una enfermedad, un horror, un maltrato... Auténticos desgraciados, tanto por causas propias como ajenas, que tratan de salir adelante con las pésimas cartas que la vida les ha repartido: un fracasado laboral bueno para nada, una esposa maltratada, un pervertido sexual obsesionado con las ancianas, una mujer que odia su propio cuerpo y se castiga por ello, un viejo sin memoria, un niño odiado por su padre... Personas con comportamientos tóxicos hacia sí mismos y hacia los que les rodean, deleznables y repudiables, incluidos los más inocentes. Personas que se aferran de forma egoísta a lo suyo porque en realidad es lo único que conocen o por miedo a perder lo poco que tienen, por miedo a lo desconocido, a la soledad, a la indefensión...

Siete cruces es una novela psicológicamente dura, rara y extraña, sumamente violenta tanto en lo físico como, sobre todo, en lo mental, gráficamente descarnada, gore en ocasiones puntuales, sexualmente explícita y retorcida, con una carnalidad desatada llena de escenas truculentas, de ambientes sórdidos, de depravación y miseria, de crueldad gratuita y sin sentido, que no da tregua al lector y cuyas descripciones llegan en muchos momentos a provocar auténticas arcadas. Pero también con sorprendentes ramalazos de ternura, con una visión que sabe ver la luz en el fondo del pozo, con desgarradoras historias de amor, como la de un hombre por la mujer que no le recuerda y por la que sería capaz de hacer cualquier cosa o la de una madre por esa hija que su marido no deseaba y que quieren apartar de su lado...

El autor ofrece todas esas historias a través de una estructura narrativa no exenta de riesgos. Con las historias de cada personaje, narradas en segunda persona —salvo una de ellas—, «sosteniéndose» por sí mismas de forma independiente, son los capítulos corales donde el conjunto se resiente un tanto. Al intentar dar voz a todos ellos a un tiempo, mezclando los puntos de vista de cada uno de ellos sin la necesaria transición, el relato se hace confuso por momentos, sin saber a qué sujeto se está siguiendo, al tiempo que un subjetivo uso de los tiempos verbales en determinados pasajes no favorece precisamente la fluidez lectora.

Así, Siete cruces no es una «novela» perfecta, pero es un debut francamente valiente, con algunos cuentos realmente remarcables, aunque haya que estar preparado para la crudeza de ciertas situaciones y comportamientos escabrosos gráfica y explícitamente descritos. La obra, con gran acierto, se cierra con un final enigmático y abierto a la interpretación de cada lector.

Las instrucciones para quien esté interesado en hacerse con la obra se pueden encontrar aquí.

2 comentarios:

Roberto dijo...

Muchísimas gracias por la excelente reseña. ¡Un abrazo!

Yago dijo...

Como digo, gracias a tí por el envío del libro.

¡Y mucha suerte con tus futuros proyectos!

Saludos