martes, 14 de octubre de 2014

Reseña: Deadworld. La última siesta

Deadworld: La última siesta.

Guión: Gary Reed / Gary Francis.

Dibujos: Mark Bloodworth.

Reseña de: Jamie M.

Tyrannosaurus Books. Barcelona, 2014. Título original: Deadworld. The Last Siesta. Traducción: Tyrannosaurus Books. 108 páginas. Blanco y negro.

A pesar de lo que ciertas voces vienen advirtiendo el género zombi se resiste a hacer mutis y sigue ofreciendo de forma continua e imparable nuevas propuestas para sus seguidores, ya sean en literatura, cine, serie de televisión o, como nos ocupa ahora, cómic. Y no es que Deadworld sea precisamente un recién llegado, en su país origen, a las estanterías, sino que la serie inicial nació, mucho antes que la afamada The Walking Dead, allá por 1986 en la estadounidense editorial Arrows Comics, habiendo pasado sus aventuras por diversas editoriales desde entonces, tanto en formato serie como en volúmenes unitarios con aventuras independientes que más que unos personajes concretos comparten un mismo y apocalíptico escenario. Tal es el caso de la reciente The Last Siesta, publicada en los EE.UU. en 2011 y de la que Tyrannosaurus Books ofrece ahora su traslación al español.

¿Y qué se puede esperar de esta propuesta? Pues la habitual mezcla de muertos vivientes, duros supervivientes, víctimas inocentes, sangre y vísceras, defensas desesperadas, mujeres hermosas, vida al límite, escenarios agobiantes, muertes por doquier…, regado todo ello con una buena ración de mala baba, humor sardónico, exagerada violencia y una imposible historia de amor.

En la amurallada ciudad mexicana de Juárez, un reducto de vida entre la desolación del desierto, su gobernador visita orgulloso a Lupa, la mujer que acaba de darle un hijo. Mientras tanto, dos hombres, uno vivo, Raga, un solitario vagabundo conocido también como “el asesino” acompañado tan sólo de su perro, y otro muerto, el Rey Zombie, a la cabeza de una nutrida horda de muertos vivientes, atraviesan el polvoriento territorio que lleva camino de sus puertas. Uno ha sido convocado, el otro quiere asaltar la ciudad para conseguir las armas que se guardan en su interior. Se supone que deben destrozarse el uno al otro, pero quizá tengan planes propios o quizá el destino esté deseando hacer de las suyas. Engaños dentro de engaños, trampas que no salen como debieran, secretos y mentiras enquistados… Viejas enemistades, viejas deudas sin pagar, viejos reproches familiares, viejas (y nuevas) ambiciones de poder… saldrán a la luz de la forma más violenta, acompañando a una plaga que viene a arrasar con todo.

El lector no va a encontrar referencias a historias anteriores, ni necesita saber nada de ellas para disfrutar de la presente. De hecho tan sólo aparece un personaje con cierto bagaje anterior, el Rey Zombie, sin que implique conocer nada de sus historias previas para hacerse con la trama. Una trama que auna dos historias que, enlazandose y sobreponiéndose, van saltando de un personaje principal a otro para ofrecer una visión bastante global del “conflicto” que se desarrolla en torno y dentro de la ciudad de Juárez. Un conflicto desatado en parte por amor y en parte por odio, y donde los “espectadores”, el resto de supervivientes que habitan y malviven en general (y aún dando gracias) dentro de sus murallas, se verán atrapados en una suerte de fuego cruzado.

Como elemento “diferencial” de la serie respecto a otras propuestas del género, llama la atención el detalle de que no todos los zombies sean una masa de descerebrados sedientos de sangre, sino que en algunos se mantenga cierto grado de inteligencia, como es el caso del propio Rey, quien a pesar de su condición de muerto viviente, demuestra gran gran capacidad mental en sus planes, razona, habla con normalidad (frente a los meros gruñidos de sus seguidores en general) y monta con pericia una Harley desde la que dirige su ejército de “resucitados”. Hay una cierta escala en este grado de inteligencia donde la mayoría de los afectados son zombies “clásicos”, sin voluntad ni raciocinio, aunque sean capaces de seguir, limitadamente, indicaciones y órdenes de aquellos de sus congéneres más “espabilados”, unos pocos que muestran algunas débiles trazas de comprensión, estableciéndose incluso una cierta jerarquía en la que descolla el Rey Zombie.

A cargo de las ilustraciones Mark Bloodworth (Nightstreets, Hellraiser, Jack the Ripper, The Ripper Legacy...), a través de un gratificante trabajo utilizando la escala de grises, lleva a cabo un efectivo trabajo, muy cinético, con la plasmación gráfica de la historia, con un dibujo impactante que refleja la violencia que estalla a cada paso del relato,  desagradable en sus muertos vivientes, voluptuoso en sus mujeres, espectacular en la destrucción, suficientemente gore sin llegar a lo gratuitamente desagradable…, muy adecuado para la historia que se está narrando.

La última siesta es una historia apocalíptica que desarrolla un crescendo de violencia y reproches en un escenario sofocante, con un final explosivo cargado de dramatismo e ironía, duro, descarnado, triste y un tanto desolador. ¿Vencedores y vencidos…? Nah.

2 comentarios:

Rul T. dijo...

Qué buena pinta tiene esa tinta...

Jamie M. dijo...

La verdad es que el acabado tipo "lapiz" le queda muy bien al dibujante.