miércoles, 19 de noviembre de 2014

Reseña: La glándula de Ícaro

La glándula de Ícaro.
El libro de las metamorfosis.
Anna Starobinets.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Ediciones Nevsky Prospects. Madrid, 2014. Título original: Икарова железа. Книга метаморфоз. Traducción: Fernando Otero.  221 páginas.
Starobinets enfrenta a sus lectores a unos cuentos desconcertantes, rompedores, subversivos, surrealistas, terriblemente cercanos, comprometidos, llenos de ideas originales, pesimistas, tiernos, con unas historias que se desarrollan mañana mismo —no todos, en un mundo que cualquiera podría reconocer, pero que bajo la mirada de la autora rusa se convierte en algo oscuramente ominoso. Dentro de la enorme variedad de estos siete cuentos, todos tienen un corazón común: La metamorfosis, la rendición y adaptación al cambio, el paso de potencia a acto, y sus terribles consecuencias, los marca a todos. En cada historia hay una transformación, ya sea física, psicológica o ambiental. Cambios quirúrgicos, hormonales, genéticos; cambios de marco temporal o mental; regresiones… La autora escribe sobre lo inconcebible desde lo cotidiano, sobre un futuro tan cercano que ya se puede tocar, lleno de conexiones informáticas y redes sociales, donde los problemas no son sino los actuales: las relaciones de pareja, los celos, las ambiciones artísticas, la búsqueda de la felicidad, el trabajo, el estatus social,el deseo de perpetuarse, la educación de los hijos... Problemas en apariencia normales hasta que irrumpe el factor extraño, desencadenante de un nuevo paradigma.

Antes de empezar con los relatos, Ismael Martínez Biurrun disecciona el conjunto con una lúcida mirada que desvela muchas de las claves con las que cabe enfrentarse a su lectura; un Prólogo, El deseo de un órgano atávico, que adquiere también nuevos significados releído a posteriori, como un brillante y revelador epílogo, mientras la lectura se va asentando y da paso a la remembranza y la reflexión.

El cuento que abre propiamente el volumen es el que le da título, La glándula de Ícaro. En el seno de una familia «normal» marido, esposa e hijo, se instala en la mujer la sospecha y luego la certeza. Él la engaña. Ella se siente traicionada. Pero todo tiene solución. Una simple operación quirúrgica, sencilla y segura, sin complicaciones posteriores, puede acabar con toda conducta masculina inapropiada, haciendo a los hombres mucho más agradables. Extirpando la glándula de Ícaro se acabaron la ira, la lujuria —que no el deseo sexual—, el adulterio, las agresiones… El fin de todos los atavismos. ¿Qué no haría el marido por salvar la unidad familiar? Pero ¿qué más se va con todo ello? Es esta una gran historia sobre aceptar a las personas tal y como son, sin desear cambiarlas, porque cuando se desecha algo quizá no sea tan sencillo recuperarlo después. Hay transformaciones que no tienen vuelta atrás, y tal vez lo que se desea y lo que se consigue no sea lo mismo. ¿Es peor el remedio que la enfermedad? Un cuento revelador, que ataca también el creciente infantilismo del hombre actual, de sus fatuos encaprichamientos y falta de compromiso, que ponen en riesgo la convivencia y lo vivido.
El segundo relato es Siti. Todo el mundo quiere ir a Siti, la hermosa y seductora capital de moda, la ciudad donde todo el mundo es feliz, donde todo es perfecto. Pero los visados están más que restringidos. Un escritor ha conseguido uno de ellos, con la posibilidad de llevar a un acompañante, con el viaje y los gastos pagados a cambio de escribir una libro sobre sus experiencias en la urbe. Pero una vez su novia y él se encuentran allí, el joven descubre que la realidad quizá no se corresponda con la imagen idílica del lugar, sino que también esconde su parte de infelicidad, suciedad y miseria. Todo es un espejismo. Pero cuando se ha vendido el alma por un sueño es difícil renunciar al mismo e incluso se puede descubrir que abandonarlo resulta imposible. Cuando la ciudad ha atrapado a su presa no la deja escapar. Se trata de una historia cruel y dura. El deseo de mejorar socialmente lleva a unas vidas vacías de contenido, con la ciudad como un gran ente fagocitador de sus ciudadanos, que se alimenta de sus espíritus, de sus ambiciones y sueños. Un«utopía» de esplendente resplandor, donde todo, visto desde fuera, es brillante y hermoso, deseable. No hay enfermedades, ni hambre, ni problemas…, pero, llegado allí, tampoco hay amor ni hogar. Las luces de neón ciegan impidiendo ver lo que subyace bajo tanta «perfección», y las picaduras de los insectos duelen más cuando no tienes con quien compartirlas.
A continuación, en El Lazarillo, los lectores se van a encontrar a un guionista, un escritor de series de televisión un tanto desesperado por vender alguno de sus múltiples proyectos, que va a recibir una oferta de trabajo un tanto extraña, pero convocado de madrugada no puede evitar acudir a la cita. Una cita que va a resultar la más extraña de su vida, sobre todo cuando la «realidad» parece desmoronarse ante sus ojos. Dos productores que no son lo que parecen, cuya propia humanidad se encuentra en cuestión, harán que el guionista no vuelva a ser lo que era. Un cuento tan divertido como angustioso.
Le sigue El parásito, uno de los mejores relatos de una antología sobresaliente. Los científicos juegan con la naturaleza humana, activando un gen que permanecía bloqueado en el ADN humano y que puede dar lugar a un nuevo paso en la evolución de la especie. Pero, si permanecía inactivo ¿no sería por algo? Solo una persona, también discriminada por una minusvalía, un joven mudo pero no sordo al que los demás piensan retrasado, siente piedad por el individuo y se convierte en su cuidador, mientras los implicados en el proyecto, científicos y sacerdote, quieren, de una u otra forma, sacar partido, arrimarse a los beneficios que pueda deparar, ya sea en poder, fama o influencias. No importa que haya que ir contra las propias convicciones; no importa que las evidencias nieguen lo que se está «vendiendo». Pues, en definitiva, ¿este cambio proviene de lo divino o de lo demoníaco? Algunos tendrán que aprenderlo por la vía dura. El giro religioso del relato lo hace aún más terrible. El difícil matrimonio entre ciencia y religión, sobre todo cuando el poder de los cónyuges está enormemente descompensado hacia uno de ellos, pervierte el objetivo del experimento. La religión se apodera del proyecto, viendo en esta metamorfosis de larva a una entidad nueva, supuestamente superior, la mano divina; algo que finalmente choca con los resultados obtenidos, cuando ya es tarde para dar marcha atrás. Es un cuento estremecedor, irónico, lleno de doloroso patetismo, enternecedor y vindicativo, que tanto habla de la mala ciencia y del peligro de mezclar lo terrenal con lo celestial como de la piedad y la defensa del débil.

El siguiente, La frontera, es un enigmático cuento de viajes en el tiempo, nada tradicional. La posibilidad de viajar al pasado da la oportunidad de ver cómo se ha cambiado, cómo se ha transformado esa persona que convive contigo y que ya no es la misma de la que te enamoraste. Pero la transgresión siempre se paga. De forma poco misericordiosa Starobinets analiza la forma en que el tiempo va modificando las relaciones, la familia, los sueños, los sentimientos… Y, sobre todo, habla de la añoranza por lo que se fue y lo que se tuvo, y del no resignarse a lo que ahora se tiene.

En Delicados pastos la autora presenta una sociedad casi transhumanista donde las mentes digitalizadas pueden ser transferidas de cuerpo, a un precio realmente abultado. Y donde la mínima infracción, por absurda y arbitraria que sea, se castiga con la muerte. En el corredor de los condenados un hombre recuerda las circunstancias que han llevado a su condena, y a la de su esposa, cuando sólo soñaban con poder permanecer juntos, aunque fuese un poco tiempo más, después de su «muerte». ¿El progreso es solo para los ricos, para los que pueden permitirse comprar todo lo que desean, forzando incluso la justicia? Algunos lo tienen todo y otros tan solo sueños. Sin embargo, al final, ¿el amor es más fuerte que la muerte? Un cuento tan hermoso como fundamentalmente triste.
Cierra el volumen Spoki, nombre de un nuevo dispositivo electrónico, una especie de «tablet» con un programa realmente especial, que se convierte en el compañero inseparable de cualquier niño o adolescente que se precie. Es la niñera perfecta, creando incluso un vínculo mental con su propietario, así que los padres pueden despreocuparse y dedicarse a sus tareas sin temer ser molestados. Pero cuando se delega toda responsabilidad en la educación de los hijos, ¿no se deberán pasar cuentas posteriormente? ¿No se lamentará tal dejación? ¿No se echará algo de menos cuando se mire hacia atrás? Spoki es un cuento de hadas de color rosa que oculta demasiados monstruos. El adoctrinamiento de los niños como medio de control de su futuro. La adicción, ya actual, de la juventud a sus móviles, tablets y pc’s. La presión de la sociedad para pertenecer a la «masa», de ser como todo el mundo, de dejarse vencer por la opinión público contra los propios criterios… Monstruos inasibles que puede tener efectos devastadores para el individuo. Un intrigante relato, desasosegante, inquietante por su cercanía y posibilidades, con un único claroscuro en la motivación final de la compañía fabricante del dispositivo.
Todos son cuentos que permanecen en la memoria  mucho después de leídos, insidiosos, cual insectos arrastrándose bajo la piel y que van escarbando su camino hacia la luz. Sobre todo porque casi todos ellos no tienen un final estrictamente cerrado, sino que Starobinets permite que se sigan desarrollando en la mente del lector, haciendo trabajar la imaginación y planteando ominosas consecuencias. La autora pervierte la realidad, dejando entrar lo extraño en lo más cotidiano, para advertir los peligros que conllevan las metamorfosis a las que «obliga» la vida moderna. Navegando entre la fantasía, el horror, la ficción especulativa y la distopía es inevitable pensar en las amenazas del presente que vivimos en ese futuro que se antoja a la vuelta de la esquina, tan extraño como familiar. Con una irresistible imaginación la autora consigue capturar la atención de sus lectores, haciéndoles estremecer, intranquilizándolos, sí, pero también cautivándoles con la extraña belleza de sus transformaciones.

Por cierto, sin tener ni idea de ruso, la traducción se antoja muy adecuada, conseguiendo unas obras muy agradables de leer, pasando desapercibida y dejando hablar a la voz de la autora, con una prosa estupenda, que transmite a la perfección todo el poder de las imágenes un tanto retorcidas, situaciones chocantes y escenarios fascinantes creados por Starobinets, algo potenciado por la estupenda edición a cargo de Nevski.

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Reseña de otras obras de la autora:

    El vivo.