sábado, 15 de agosto de 2015

Reseña: El Destructor de Mundos

El destructor de mundos.

Juan Carlos Herrero Lucas.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones epicismo. Toledo, 2015. 198 páginas.

En el año 2000 Ediciones Sombra sacó al mercado un juego de rol titulado Exo —con una segunda edición en 2008 llamada Exo 3464 y todavía hoy en expansión—, donde en clave de space opera los jugadores se enfrentaban a una galaxia en un tenso estado de guerra fría», con enfrentamientos planetarios, múltiples razas alienígenas, imperios emergentes, poderosas naves espaciales, tecnología avanzada y toda la parafernalia asociada al género. Quince años después, su creador, Juan Carlos Herrero —autor también de obras como Comandos de Guerra o Rol Negro—, se adentra en una nueva aventura al presentar al público una novela basada y ambientada en su universo, aunque apenas sea esbozando una mínima pincelada del mismo. Y lo hace de tal forma que, aunque siempre sea sugerente y potencia el disfrute, sea innecesario conocer previamente nada del juego de rol para aprehender a la perfección todo el contenido de la novela, desde el escenario a los personajes. Más que a una space opera en toda regla, que también, el lector va a encontrarse con una planet opera, con la acción básicamente situada en un solo planeta —aunque se haga referencias a sucesos acaecidos en algún otro— y con una trama que navega entre la ciencia ficción bélica y la novela negra detectivesca.

Adrián llega a Orien, un planeta «libertario» que se encuentra en uno de los brazos de la galaxia alejado de las principales rutas comerciales, siguiendo el rastro de un delincuente llamado Marlo, más conocido como el “Destructor de Mundos”, antiguo compañero suyo. Quince años antes en el planeta Maler, siguiendo órdenes de la República Federal de Planetas, ambos se vieron envueltos en una misión encubierta en busca de información sobre ciertos experimentos genéticos ilegales que terminó convirtiéndose en un fallido intento de rescate de tres hermanas víctimas de esos mismos experimentos. Las autoridades de Oeon, promotores de los experimentos, deseando ocultar toda prueba de sus actividades, desataron un holocausto nuclear; un desastre con millones de muertos del que terminaron culpando a Marlo, quien desapareció sin dejar rastro, convirtiéndose en uno de los «terroristas» más buscados por diversas agencias. Ahora, Adrián lo ha localizado en Eshon Vélez, la capital de Orien, y sospecha que las tres niñas también lograron escapar de Maler. Pero el agente de la RFP no es el único que se encuentra tras la pista de Marlo y su intento de captura se va a convertir en una lucha contrarreloj que implicará a actores de la más diversa índole, muchos de ellos ignorantes de lo que toda esta historia esconde en realidad.

A una trama de investigación criminal y a la persecución de Marlo, el autor añade una de carácter militar, cuando la RFP, quien llevaba un tiempo con sus ojos puestos sobre Orien, envíe una nave con una misión desconocida pero que todos en el planeta interpretan como el principio de la invasión y el final de sus libertades y estilo de vida. Diversas facciones galácticas, con intereses contrapuestos y enfrentados —aunque en realidad todos persigan básicamente lo mismo—, van a confluir en el lugar, provocando reacciones extremas, mientras las propias fuerzas policiales de Orien se encuentran desbordadas y será tan sólo un dedicado inspector el que siga con dedicación obstinada los extraños movimientos de todos los implicados, con la sombra del Destructor de Mundos planeando sobre todos ellos.

A través de la investigación surge una sociedad profundamente compleja, basado en una especie de anarquismo capitalista asambleario, muy celosa de sus libertades y dispuesta a luchar para conservarlas pese a las pocas esperanzas de victoria. La novela se va llenando de muy diversos detalles de carácter tanto tecnológico, en muy diferentes campos como la ingeniería, el armamentístico o la medicina, como social, con estructuras familiares de muy diverso tipo y orientación, y amplias especulaciones sobre la evolución de la humanidad en el futuro. Todo ello sin abandonar en momento alguno el tono aventurero y de acción cargado de homenajes a un amplio abanico de obras, literarias y cinematográficas, pertenecientes al género de la ciencia ficción.

Una historia rápida llena de escenas espectaculares que se ven resentidas no obstante por cierta falta de conexión en las transiciones debida seguramente a la propia brevedad de la novela. Se producen una serie de saltos demasiado bruscos, tanto en la acción frenética como en las deducciones, quedando algunas de ellas muy faltas de explicación lógica —que quizá se intuye, pero que debiera haber quedado mucho más justificada y patente de lo que en realidad se expone— y que irónicamente se contraponen a otras del funcionamiento de la sociedad o la tecnología metidas de forma un tanto forzada por exposición directa, cuando hubiera sido mucho más agradable que las mismas surgieran del contexto y de las acciones de los protagonistas —si a un lector de literatura contemporánea no se le explica qué es o cómo funciona un microondas, a uno de ciencia ficción debería ser innecesario explicarle en un «aparte» ciertos aspectos de esa sociedad futura que llegan a entorpecer o, incluso, detener de forma abrupta el fluir del relato—.

A ello se une una escritura que ofrece momentos de calidad, con una prosa emocionante, imaginativa, descriptiva y directa, junto a otros en que la misma se muestra poco pulida e irregular, haciendo echar en falta una pequeña corrección previa: ciertos laismos; alguna falta de concordancia temporal —no se sabe si intencionada, pero muy chocante— dentro de párrafos o de una misma frase; superabundancia en ciertos momentos de pronombres personales; construcciones forzadas y encabalgamientos reiterados que a veces obligan a retroceder para captar todo su sentido…, y que hacen que todas esas buenas ideas, atractivas y sugerentes y una historia que tenía buena base para conquistar al lector se queden, desgraciadamente, rayando por encima de las buenas intenciones.

A lo largo de la lectura se hace patente que hay un gran universo detrás de todo lo narrado, pero es algo que no queda del todo reflejado en la construcción de los personajes y sus peripecias. No es necesario, en absoluto, tener ningún conocimiento previo del universo de Exo, pero supongo que quien sí lo tenga disfrutará más de todo el trasfondo y de ciertos detalles —de toda la política galáctica y sus diversos tejemanejes, por ejemplo—  que harán para ese lector más agradable y «cómplice» la lectura. Por una vez la brevedad de la obra y, posiblemente, cierta falta de ambición pesan sobre un resultado final que, sin ser abiertamente decepcionante y consiguiendo de todas maneras su labor de entretener, se intuye y antoja que pudiera haber dado mucho más de sí. No es un libro «fallido», porque después de todo el poso que deja sl final no es desagradable en absoluto, pero queda el insidioso sentimiento —y la pena— de la buena space opera que pudiera haber sido. Esperemos que esta primera novela no sea también la última situada en este universo y que próximas entregas nos resarzan del sabor agridulce de este Destructor de Mundos.