jueves, 2 de febrero de 2017

Reseña: El Imperio de las Tormentas

El Imperio de las Tormentas.

Jon Skovron.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Fantasía. Barcelona, 2017. Título original: Hope and Red. The Empire of Storms: Book One. Traducción: Miguel Antón. 484 páginas.

Un archipiélago de islas que conforman El Imperio de las Tormentas. Un lugar que el lector va a descubrir amenazado por fuerzas externas, aunque su presencia no llegue a plasmarse, y donde un peculiar tipo de «magos», los biomantes, buscan de forma bastante despiadada y brutal armas con las que defender las posesiones de su emperador. Una historia en la que confluyen los destinos de dos jóvenes huérfanos en un escenario de capa y espada con el aditamento de buenas cantidades de pólvora. Monjes-guerreros, piratas sin vocación, pícaros ladrones, brutales jefes de bandas callejeras, mercaderes de buen corazón…, van a servir de telón de fondo a una historia de aprendizaje y crecimiento, de venganza y búsqueda de un lugar propio, de diferentes bagajes culturales que chocan con no tan inesperado resultado. Una fantasía a medio camino entre lo juvenil y lo decididamente adulto, con aciertos y sombras.

El barco de un mercader arriba a una remota isla para encontrar una población, donde antaño hiciera algún negocio que otro, totalmente vacía con tan sólo un ominoso signo grabado a modo de advertencia. Tras dejar atrás el lugar sin demora, ya en plena travesía, la tripulación encontrará escondida a una polizona; una niña sin nombre a la que llamarán por el de la aldea que dejan atrás: Bleak Hope, Esperanza Sombría. Salvándose del destino de ser lanzada por la borda —las mujeres en un barco solo traen mala suerte a ojos de los marineros—, será entregada por el capitán al cuidado de la arcana orden de monjes-guerreros de Vinchen, en cuyo monasterio la niña pasará su infancia de forma poco ortodoxa. Más al norte, en Nueva Laven, un muchacho nacido con los ojos rojos como consecuencia de la adicción al coral de su madre fallecida, es recogido, tras morir su padre y vivir una temporada en las calles, por una mujer notoria dentro del mundo criminal del lugar, Sadie la Cabra, quien dará al chico una particular educación como ladrón y estafador, siendo conocido a partir de entonces por el nombre de Red. Hope buscará la venganza. Red la estabilidad y aceptación de sus compañeros ladrones… Y, a pesar de tener muy poco en común, de su encuentro nacerá la aventura.

Por protagonistas —sobre todo por su edad—, por la resolución de ciertas situaciones, acciones y reacciones, y por el uso de un lenguaje un tanto contradictorio, mezclando epítetos de lo más ingenuos con las referencias más soeces, la novela navega en una cierta indefinición de público objetivo, con muchas de las características del llamado Young Adult junto a unos planteamientos decididamente «maduros», más adecuados para lectores adultos. Hope es el prototipo de chica fuerte y decidida, marcada por el destino y con un objetivo claro, que lucha por abrirse camino en un mundo de hombres: una honorable, aunque inexperta, guerrera. Red es un carismático pillo de dedos ágiles y trabajado carisma: el pícaro ladrón, con corazón oculto. Ambos van a destacar dentro de sus propias «artes». La una rápida y letal. El otro descarado, encantador, habilidoso y muy bueno en lo que hace —sobre todo en el lanzamiento de unos cuchillos arrojadizos diseñados por él mismo y que recuerdan mucho a cierta arma adjudicada siempre a los ninja japoneses—. Y entre ellos, como es marca de cierta literatura YA, algunos giros se ven venir inevitablemente desde la distancia —la única motivación real en la vida de Red parece ser la búsqueda de una chica que le corresponda convirtiéndolo en víctima propiciatoria para el «amor a primera vista»; Hope ha crecido prácticamente enclaustrada sin poder adquirir ninguna experiencia que le ayude a desenvolverse en sociedad... ¿Alguien duda que ambos se verán atraídos el uno por el otro, aunque su amor sea de alguna manera imposible?—, mientras otros consiguen sorprender gracias a su enfoque más adulto y, dentro de su contexto fantástico, más realista.

Skovron ofrece un escenario atractivo, en un mundo de capa y espada en el que empieza a generalizarse el uso de armas de fuego, desde pistolones a cañones. La novela se abre con una primera parte en que se asiste a una etapa de «aprendizaje» juvenil de los dos protagonistas principales, mostrando sus trágicos orígenes y las lecciones de sus nada convencionales «tutores». De una forma bastante episódica y rápida —lo que no le resta profundidad, pero da lugar a situaciones resultas demasiado esquemáticamente, lo que podría producir cierta inverosimilitud—, este comienzo está dedicado a la construcción de sus mutuas personalidades, a la forja de su carácter mientras crecen en muy diferente ambiente y con muy diferentes influencias. Una de la forma más solitaria, el otro rodeado de pocos pero muy leales compañeros. Posteriormente, ahora ya de una forma más detallada, el relato se va a centrar principalmente en retratar sus correrías y aventuras en las intrincadas y peligrosas calles de los peores barrios de Nueva Laven, dominadas por violentas bandas de maleantes, en una isla dividida por una enorme brecha social entre las ricas haciendas de los petimetres en el norte y la empobrecida existencia de las enfrentadas pandillas en el sur. Finalmente la acción se desplazará hacia el norte, al centro geopolítico del Imperio, donde la conclusión tomará un sorprendente rumbo y lo dejará todo preparado, de forma bastante dramática, para la siguiente entrega.

El autor plantea un mundo socialmente fracturado, con enormes diferencias entre los altos estamentos y los bajos fondos sin que parezca existir en absoluto una especie de clase media o burguesía. A través de, principalmente, las acciones de Hope, el papel reservado a la mujer en aquella sociedad —que podría ser reflejo de algo más cercano— adquiere gran importancia. A través de las actitudes mostradas por los personajes pertenecientes a los diferentes estamentos sociales, quizá demasiado exageradas y polarizadas, esta es una novela que denuncia la asunción de algunos roles impuestos a las mujeres y, a veces, demasiado asumidos. Tanto entre los monjes-guerreros de Vinchen como entre el cerrado círculo de los practicantes de la biomancia, las mujeres no tienen cabida al ser vistas como inferiores o incapaces. Así que el entrenamiento de Hope —y la actuación de cierto personaje, con escasa pero vital participación, sujeto de una importante transformación— es algo considerado herético y repudiable. En el otro extremo, mientras que los monjes, los biomantes, los petimetres —los pertenecientes al estamento nobiliario o los más pudientes— dan por sentado que el papel de la mujer es estar subordinadas a los hombres, y que como mucho puede dedicar sus esfuerzos a tareas artísticas entre las damas de alta sociedad y a la servidumbre entre las de baja extracción, no sucede así entre los más miserables, entre los criminales de los barrios menos respetables de Nueva Laven, donde no existe tal discriminación y el sexo importa juzgando a una persona tan solo por sus habilidades, su astucia, su valor, su fortuna o su fuerza, independientemente de lo que tenga entre las piernas. Personajes como Sadie la Cabra, una respetada ladrona y capitana pirata; como Ortigas, primer amor de Red, una habilidosa e reputada guardiana —entre otras «profesiones»— en un burdel gracias a sus cualidades como luchadora; o como cierto joven de orientación homosexual abiertamente aceptada o un prostituto cuya profesión está de lo más considerada dan cuenta de ello. El contraste está servido.

Conforme el autor se libera del lastre de «crear» a sus personajes la historia va adquiriendo una mayor dimensión y dinamismo, algo que favorece la inmersión en la sociedad descrita, unido a un atinado y desinhibido uso de jerga barriobajera —aunque en ocasiones peque de ingenua— y a un indiscriminado uso del humor —de lo más sutil a lo más grueso—. Fruto del ritmo rápido de todo el relato, al finalizar la novela, con una historia que gana con el paso de las páginas y la reunión de los protagonistas hacia mitad de la misma, es cierto que queda mucho por saber. Se hubiera agradecido un mayor desarrollo, o descripción, de la geografía en que se desarrolla la aventura, y del funcionamiento de la biomancia en sí, cuestiones que quedan fiadas a siguientes entregas. Centrándose de forma decidida en las experiencia de Hope y Red —y es una pena que un personaje como Brigga Lin no tenga más páginas—, puede haber cierta indefinición en los escenarios, de falta de información y escala del resto del mundo que les rodea, pero lo cierto es que la acción no pierde dimensión por ello. El Imperio de las Tormentas es una fantasía amable de consumo rápido y agradable, repleta de aventura y confrontaciones, que no depara grandes sobresaltos, pero deja buenas sensaciones. Y ya hay continuación, Bane and Shadow —o El demonio de las sombras e su anunciado título en español—, en lontananza.
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