jueves, 5 de mayo de 2011

Reseña: Sondela

Sondela.

Rodolfo Martínez.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Dolmen editorial. Palma de Mallorca, 2011. 365 páginas.
 
Resulta evidente que en los últimos tiempos Rodolfo Martínez, literariamente hablando, está viviendo un momento dulce. A su «experimento» editorial con la creación del sello Sportula, donde se autopublica tanto novelas inéditas ―como El adepto de la reina, por ejemplo― como obras antiguas que merecen estar al alcance de su público ―como la recuperación en curso del corpus literario del universo de Drímar al completo―, se une ahora la edición de no una sino dos novedades en diferentes editoriales prácticamente de forma simultánea, esta que nos ocupa y Fieramente humano en NGCficción!

A falta de leer esta última, Sondela ha sido una experiencia muy satisfactoria, colocando el listón del autor realmente alto. Martínez ofrece a sus lectores una novela sorprendentemente ambiciosa en lo formal y muy interesante en lo narrativo. Desde hace tiempo, las obras del autor asturiano navegan entre la fantasía y la ciencia ficción jugando un tanto al despiste genérico, tomando recursos y haciendo guiños a ambos sin circunscribirse realmente a ninguno, incluso llevándolos a terrenos tan supuestamente alejados como los pastiches de Sherlock Holmes. En Sondela da un paso más allá y ofrece un relato con dos vertientes aparentemente irreconciliables, una fantástica y otra tecnológica, que sin embargo confluyen de forma perfecta llenando cada una los huecos de la otra. Ambas son igual de importantes y la historia no podría haber sido contada si faltase alguna de las dos.

La aparición ―o reaparición, más bien― de la mítica ciudad de la Atlántida en medio del Atlántico unos veinte años en el pasado del momento en que se inicia la narración, en una Tierra que ha avanzado tecnológicamente desde nuestros días, sumergiéndose en una era de la información que incluye persochips implantados en las palmas de las manos de cada humano y que mantienen en contacto permanente a los individuos, causó una evidente y lógica sorpresa en todo el mundo. El hecho de que la vuelta también trajese consigo un retorno de los antiguos dioses helénicos ―o pre helénicos―, de la magia y de la existencia de ciertos seres que hasta entonces se habían considerado míticos o fantásticos ―como los faunos, centauro, sátiros...― no hizo sino aumentar el choque cultural.

En el área de influencia de la Atlántida la tecnología se desconectó dando paso a la preponderancia de la magia, mientras en el resto del mundo la ciencia seguía reinando. Dos culturas tan antagónicas parece que estaban destinadas a luchar por la supremacía de una sobre la otra, aunque en la actualidad parecen haber llegado a un difícil, e inestable, equilibrio donde ambas formas de entender el mundo conviven de forma incómoda. La propia realidad está obligada a «acomodarse» a la nueva situación, desechando en ciertas zonas las leyes físicas y aceptando un nuevo escenario donde cobran fuerza hechos hasta entonces imposibles. Es precisamente en este equilibrio no exento de tensiones donde la trama se interna de forma intrigante, jugando con las posibilidades y límites de ambas para, aprovechándose de los recovecos que cada sistema causa en el otro, ofrecer al lector un thriller político con el destino del mundo en el fiel de la balanza.

En esta situación el asesinato de un sirviente de un importante cargo atlante, un esclavo que encima es un fauno, y la posterior investigación en busca de su asesino, va a desencadenar unos acontecimientos imprevisibles que pueden hacer tambalear los ya inestables cimientos del mundo. En el camino del detective Campos, el «terrano» ―en contraposición a «atlante»― encargado de desentrañar las causas que llevaron a la muerte del fauno, se cruzarán las vidas de dos humanos, Quirón y Akademos, nacidos terranos y convertidos en ―o más bien «renacidos» como― atlantes tiempo ha, la de Nerea, la hija de un filósofo que tiene una historia previa con ambos, y de una conjura siempre en las sombras que busca cambiar el status quo de la situación actual.

Formalmente, Martínez en vez de acomodarse como autor ya veterano que es y ofrecer una narración más «clásica», decide arriesgar en una estructura de cierta complejidad, con variedad de narradores en primera persona, desde presenciales hasta ausentes, cambiando continuamente de estilo según el punto de vista desde el que el lector asiste a los sucesos, ofreciendo variadas piezas del puzzle, cada una en posesión de los diferentes actores de este drama, para conseguir una imagen mayor. El autor consigue dotar además a sus personajes de un pasado que extiende sus ramas hasta el presente, influyendo en él y motivando en muchas ocasiones las acciones en las que se ven envueltos o las decisiones que toman según los circunstancias. El recuerdo de un amor no del todo correspondido, de un amigo demasiado ambicioso y competitivo, de una esposa y una hija que tomaron otro camino abandonando el hogar matrimonial... van a ser piedras fundamentales en el empedrado del camino que lleva a su futuro. Nada importa la mano manipuladora que se intuye tirando de los hilos de sus vidas, lo que tenga que ser será y ninguno podría, ni querría, evitarlo.

Cada capítulo, siguiendo a uno de los protagonistas, tiene su propio estilo y voz, desde la investigación policíaca al más puro estilo novela negra hasta la épica mítica de los dioses de la Grecia clásica e incluso anteriores, tocando palos como el cyberpunk, la intriga y el romanticismo. Mas que nadie se asuste, que el romance es lo suficientemente rompedor como para marcar las distancias con cualquier novela «rosa», ya sea paranormal o no; la tensión del triángulo romántico, aparentemente ya disuelto, pero todavía indudablemente latente, es un poderoso motor que transmite su energía por debajo de todo el relato, siempre presente pero pocas veces en primer plano...; la cualidad competitiva, los detalles no resueltos, las palabras no dichas, pesan sobre las decisiones posteriores de los protagonistas, quienes parecen en todo momento estar persiguiendo encontrarse a sí mismos alejándose sin embargo de los demás. El autor, irónicamente dada la mezcla de géneros «fantásticos», imprime en el relato un tono sorprendentemente realista, con personajes con motivaciones y reacciones muy humanas y cercanas, perfectamente comprensibles para el lector, transmitiendo de forma espléndida los sentimientos de dolor y pérdida y, sobre todo, de confusión e incomprensión en que viven sus vidas y que no les impiden, no obstante, tomar las decisiones que consideran correctas. Hay también en todo ello un soterrado mensaje anti racista ―o anti «clasista», más bien― y a favor de la integración y el mestizaje como forma de abordar un futuro más halagüeño que el presente.

En Sondela Martínez da una lección de magisterio literario mostrando una amplia paleta de estilos y registros, ofreciendo una prosa a un tiempo profunda y amena, rompedora en ocasiones ―como cuando da voz al Oráculo―, atractiva y llena de recursos, y lo hace poniéndola al servicio de una historia francamente interesante que atrapa la atención del lector desde el principio hasta el desenlace, implicándolo emocionalmente en la suerte de los protagonistas y en el destino de su mundo. Un brillante ejercicio que consigue salir triunfante de la difícil tarea de fundir sin fisuras los distintos géneros haciendo que nada rechine, que cada historia vaya encajando en las demás y que la trama fluya de forma emocionante hasta la certera conclusión. No es la primera vez que lo digo con un libro de este autor, pero... Sondela es, desde luego, muy recomendable.

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Reseñas de otras obras del autor:


lunes, 2 de mayo de 2011

Libros recibidos: abril de 2011

Os ofrecemos la relación de los libros recibidos durante el pasado mes cortesía de Minotauro, Editorial Dunken, Grupo Ajec y Dolmen editorial:
 Iremos subiendo las correspondientes reseñas a la página conforme los vayamos leyendo.

jueves, 28 de abril de 2011

Reseña: Ciudad sin estrellas

Ciudad sin estrellas.

Montse de Paz.

Reseña de: Jamie M.

Minotauro. Premio Minotauro 2011. Barcelona, 2011. 255 páginas.

Bebiendo de cierta tradición en torno a un futuro distópico en el que alguna indeterminada catástrofe obliga a la Humanidad a vivir en ciudades o entornos cerrados y rodeados supuestamente de un entorno hostil a la vida al que está prohibido siquiera asomarse que nos retrotrae a títulos como La fuga de Logan, La ciudad y las estrellas o incluso la más reciente La isla (aunque solo sea en su planteamiento inicial de hábitat aislado del exterior), Ciudad sin estrellas presenta una sociedad en la que los restos de la Humanidad superviviente de una hecatombe nuclear viven en las llamadas Zonas B, conectadas por una avanzada internet y más allá de las cuales se dice que no queda nada, un árido desierto radioactivo.

Esta veintena de Zonas B, se complementan con varias Zonas N (donde se depositan los residuos radiactivos), Zonas A (donde se acuartelan los ejércitos y se guardan todas las armas) y las misteriosas Zonas Z (de las que salvo su designación los lectores no vamos a volver a saber de ellas). Es una buena sociedad, sin connotaciones especialmente negativas, y sus habitantes son todo lo felices que se puede llegar a ser viviendo en un mundo cerrado y sin salidas; la excepción la forman los misticoides y los cazadores de antigüedades, individuos que propugnan que fuera de las ciudades existe un mundo que redescubrir, que hablan de una naturaleza hace mucho desaparecida, de Historia antigua de la que aprender, de otra forma de vivir y de astros en el cielo nocturno.

En la Zona B llamada Ziénaga, el joven Perseo Stone, hijo de una de esas misticoides, comienza a cuestionarse su idílica existencia. Joven, apuesto, privilegiado programador de éxito, dueño junto a sus tres inseparables amigos de su propio y rentable negocio en la Red, habitual visitante de los prostíbulos y otros lugares de ocio... siente sin embargo que algo falta en su vida y se pregunta si no habrá algo allá fuera. En vez de permanecer en su nube cuestionándose la versión oficial, decide ponerse manos a la obra y descubrir por su cuenta si realmente el mundo del exterior se ha regenerado o no. Descendiendo en un primer momento a los bajos fondos de Ziénaga, unos lugares denominados boquetes, y atravesando sus barreras después, el joven desencadenará acontecimientos inesperados para todos los que le rodean.

Hay en la novela un alegato por la libertad, denunciando una sociedad del bienestar adormecedora, que con su “pan y circo” (drogas, alcohol, burdeles, ocio virtual de cualquier tipo...) aparta el foco de las cosas realmente importantes. Una sociedad que vive en un estado policial, donde la disidencia, la deriva “misticoide”, es duramente castigada, y donde los bajos fondos son tácitamente aceptados como una especie de válvula de escape de pasiones que de otra manera pudieran volverse contra lo establecido.

El otro mensaje destacable de la novela es el evidente ecologismo, el amor a la naturaleza “viva” y la defensa del planeta. En una sociedad gris, donde jamás se ve el cielo, donde los árboles son meros mitos del pasado, el simple brillo de las estrellas está llamado a iluminar con fuerza los corazones.

La autora presenta en este entorno a un grupo de protagonistas donde encontrar una amplia panoplia de personalidades. Desde Perseo, que anhela lo que no conoce, y sus amigos programadores: Jason, Zack y Prince, muy diferentes entre sí, dándose el contrapunto los unos a los otros, complementándose y siempre unidos; pasando por Amanda, la dueña del burdel de lujo al que son asiduos los muchachos y que a pesar de aparentemente tenerlo todo, interiormente se encuentra vacía buscando el amor que no le da su vida, y llegando a Tony Iron, el marginal dueño de un bar en el boquete norte de Ziénaga, traficante de drogas conchabado con la anterior para distribuirlas en el resto de la ciudad . Y entre medio: la patética yonki Kelly, víctima de esa sociedad del buenrollismo que la condena a prostituirse por un poco de “polvo” y la esconde en las sombras del sumidero donde terminan los desfavorecidos y los menos afortunados; los jefes de la policía y del ejército, siempre enfrentados por la jurisdicción y por el estatus; o los hackers asimilados por el sistema para luchar contra los criminales que antaño ellos mismos fueron.

Si por el tono de la escritura, por los protagonistas adolescentes y por la trama algo ingenua, la novela es clasificable sin duda dentro de la Literatura Juvenil (para jóvenes-adultos en todo caso), en esta clasificación choca en cierta forma la inmersión de los personajes en el sórdido mundo de la prostitución, tanto de lujo como la más miserable, y la discipliente y relajada educación que reciben, no tanto intelectualmente sino de forma ética.

Las figuras adultas, salvo cierto viejo hacker, están retratadas como perdedores y borrachos, como fracasados trabajadores sin futuro, como poco inteligentes funcionarios, como resignados borregos que siguen las consignas sin cuestionarse lo que les rodea y lo que les dicen desde las altas instancias, mientras solo la juventud, o al menos parte de ella, se pregunta si eso es todo lo que puede esperarse de la vida. Los cuatro protagonistas provienen de lo que en la actualidad llamaríamos “familias desestructuradas”, donde falta el padre, la madre o ambos, y donde en todo caso la atención paterno filial y las figuras de autoridad brillan por su ausencia. Es triste que, y solo tenemos que mirar en derredor, este pueda ser perfectamente el futuro hacia el que nos dirigimos.

Si algo sorprende de todas maneras es la asombrosa facilidad con que suceden todas las cosas. Todo se desarrolla de una forma excesivamente sencilla, a pesar de las dificultades a las que se enfrenten los protagonistas y secundarios. A pesar de que se presentan extraordinarios desafíos y aparentes pruebas imposibles, luego todo se desenvuelve casi sin impedimentos, de forma demasiado simple, sin que se note o se sienta en los protagonistas un auténtico esfuerzo. Falta cierta empatía e implicación emocional.

Hay en Ciudad sin estrellas una fábula ecológica, una reflexión sobre nuestro propio presente, unos mimbres y unos planteamientos muy interesantes que, sin embargo, no terminan de concretarse, dejando demasiado en el aire, como si se tratase de una “introducción” a este mundo futuro que le resta unidad a la novela. Queda algo coja, como si faltasen cosas por contar, presentando líneas que luego no tienen la mayor importancia en el devenir de la trama a pesar del peso que parecía iban a tener. El final, aunque efectivamente termina, queda como en un “limbo”, indefinido, sin resolver el destino, dejando la puerta abierta (muy abierta) y las dudas instaladas en el lector. Es cierto que no necesita más, que el final sin cerrar es una invitación a meditar sobre lo narrado y a que cada cual saque sus propias conclusiones, pero deja una sensación de algo inconcluso y el deseo de saber más. ¿Habrá continuación?

lunes, 25 de abril de 2011

Reseña: El aliento de los dioses

El aliento de los dioses.

Brandon Sanderson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Título original: Warbreaker. Traducción: Rafael Marín Trechera. 683 páginas.

Hace mucho tiempo, en una guerra que ya casi pertenece a las leyendas, la casa real de Hallandren fue expulsada a las montañas donde fundó el reino de Idris mientras en su trono legítimo reinaba el rey-dios y sus sucesores renacidos. En el presente, haciendo honor a un tratado firmado veinte años antes, el rey Dedelin de Idris debe enviar su hija a Hallandren, para casarse con Susebron, el actual rey-dios. Cuando todos pensaban que enviaría a su primogénita, Vivenna, quien se ha estado preparando toda su vida para su papel de novia propiciatoria; pero ante la eminencia de la guerra entre los dos reinos y al amor que siente por su hija mayor, decide enviar a la menor, Siri, una joven de carácter un tanto contestatario e independiente, que, sin embargo, ha llevado una amable vida, libre de las presiones a las que estaba sometida su hermana. Inconforme con la decisión, Vivenna seguirá a la joven hasta la capital, la ciudad de T'Telir, para salvarla del destino que le pertenecía a ella, aunque sin un plan de acción meditado en absoluto. Pero las cosas tal vez no sean lo que parecen y mucho menos van a resultar nada sencillas.

Sanderson desarrolla la historia, prácticamente sin salir de la capital, a través de tres líneas paralelas y superpuestas, las de las propias Siri y Vivenna, y la de uno de los dioses retornados de Hallandren, Sondeluz. El dios, víctima de una muerte heróica, según le dicen sus sacerdotes ya que él no recuerda nada de su vida anterior, ha sido devuelto a la vida por motivos que ni él mismo se aclara. En la Corte de los Dioses la vida es plácida, decadente, disciplente y con poco significado. Sondeluz no cree en su propia divinidad, cuestionando todo lo que le rodea de forma sarcástica e intentando contra lo que le dicen recuperar algún recuerdo de su pasado. Cuando Siri y las intrigas de la corte para hacerse con el control de los ejércitos de sinvidas ―muertos a los que se las ha insuflado aliento para devolverles la vida y utilizarlos como tropas sin cerebro mortíferamente obedientes― que él domina se crucen en su camino sentirá algo rebullir en su interior, implicándose de una manera que ni siquiera creía posible.

Uno de los elementos destacados de la novela, como ya sucediera en las anteriores obras del autor, es el sistema de «magia» ―si se le puede llamar así― desarrollado para la ocasión. Basado en los colores y en el biocromatismo de cada individuo, cada persona posee de nacimiento un «aliento» ―o un «alma», según ciertas religiones― que como una especie de «esencia vital» puede ser entregado a otras personas ―sin perder por ello la vida, aunque sí cierto gusto por la misma que hace que los colores luzcan más apagados― e incluso se ha establecido una especie de comercio en torno al tema ya que el aliento debe ser entregado de forma voluntaria, habiendo quienes acumulan gran cantidad de ellos adquiriendo enormes poderes. Existen varios niveles de poder y conforme más alientos se tengan más cosas se pueden hacer con ellos, por ejemplo transfiriéndolos a objetos inanimados dotándoles de «vida» para que cumplan los deseos de quien los ha despertado. Lo cierto es que se trata de un sistema más fácil de asimilar a través de la propia narración que según se intenta contarlo, muy coherente consigo mismo, intrincado y algo enrevesado en ocasiones, y lo suficientemente original como para hacerlo fascinante e interesante.

Junto a la magia, otro de los temas perfectamente desarrollados por Sanderson es el del juego del poder en el que van a tener que desenvolverse los protagonistas. Tanto Siri, junto a Susebron, y Sondeluz en la corte, como Vivenna en la ciudad, se ven inmersos quieran o no en los intrincados vericuetos de la política, tanto oficial como subterránea, del reino. La red de contactos, las intrigas y subterfugios, los movimientos subrepticios para alcanzar posiciones ventajosas, las conspiraciones secretas ―y no tanto―, las ambiciones desmedidas... son similares ya se trate del entorno de los dioses como en el de los bajos fondos de T'Telir. Y la guerra que planea sobre la cabeza de todos ellos, va a imponer sus propios plazos, avanzando inexorable hacia un futuro que se antoja cada vez más cercano.

Como es habitual, el autor hace un espléndido trabajo con los personajes aparentemente secundarios, desde el socarrón y divertido mercenario Denth con sus compañeros Tonk Fah y Joyas, hasta el taciturno Vasher, con una agenda oculta en la que parecen haber interferido ambas hermanas. Precisamente la presencia de cierta espada animada al lado de este personaje, abre el camino para conocer retazos de un pasado intrigante que da un enorme trasfondo a la narración, un pasado que parece extender sus tentáculos hasta el presente, influyendo en los sucesos que están teniendo lugar en la ciudad en la actualidad, motivando odios y venganzas, generando resentimientos, equívocos y misterio.

Sanderson es un maestro en darle la vuelta a las ideas preconcebidas que había ido sembrando en la mente del espectador, en ofrecer giros inesperados. Juega con la deducciones de los lectores, dándoles algunas cosas fáciles para que se confíen y dirigiendo entonces la trama en una dirección totalmente contraria a lo esperado. Como buen prestidigitador maneja las situaciones y personajes siguiendo la máxima de “no todo es lo que parece” buscando sorprender y además, como uno de los grandes atractivos de la novela, consiguiéndolo. Sin esconder sus cartas en momento alguno, el autor muestra sucesivamente los diferentes puntos de vista de los protagonistas, a través de los que el lector va a descubrir muy distintas visiones de la situación debido a los datos dispares de los que disponen. Cuando el cuadro esté completo serán los pequeños detalles en segundo plano los que muestren la escena real por lo que hay que estar muy atento.

Una prosa engañosamente sencilla, muy fluida, hace de la lectura de El aliento de los dioses una tarea enormemente agradable, algo a lo que colabora en gran parte la magnífica traducción de Rafael Marín, que en esta, como en las ocasiones anteriores, realiza una estupenda labor. Con un humor perfectamente dosificado en los momentos justos, con un toque de romance inesperado y nada empalagoso, con una épica contenida en su carácter urbano ―y mira que le gusta a Sanderson situar la acción de sus novelas en estas ciudades pseudo medievales―, la narración fluye sin tropiezos atrapando en todo momento la atención. Tal vez no se encuentre a la misma altura que ciertos momentos de la trilogía de Nacidos de la bruma, pero es un producto recomendable del que se agradece, además, que se trate de un volumen único con el que el lector tiene toda la historia de una tacada en sus manos ―aunque ya he oído a alguno comentar que no le importaría en absoluto leer más sobre este mundo―.

jueves, 21 de abril de 2011

Reseña: En el corazón del sueño

En el corazón del sueño.
 
 Carmen Pacheco.
 
Reseña de: Josu Gómez "Eleder".
 
Ediciones SM. Madrid, 2011. 384 páginas.
 
Los que hemos crecido junto a Momo o El Hobbit sabemos de lo engañosa que es la etiqueta "literatura juvenil". Puede servir para un determinado tipo de novelas, cuyo único objetivo es el del entretenimiento; pero cuando cualquiera de éstas alcanza un cierto nivel de calidad, cuando sus pretensiones son las de transmitir experiencias y sensaciones, deja de permitir que la ciñan a un subgénero concreto, y pasa a ser literatura, sin apellidos.

Algo así iba pensando mientras leía En el corazón del sueño, de Carmen Pacheco, escritora almeriense con cierta fama previa por ser la autora de uno de los blogs más longevos de España, http://www.egoismo.com, bajo el pseudónimo de Aracne, y haber fundado el website satírico "Te lo digo por tu bien" (http://www.telodigoportubien.com).

En el corazón del sueño cuenta la historia de un grupo de amigos con la habilidad de controlar sus propios sueños (la experiencia conocida como "sueños lúcidos"), y de cómo hacen frente a una misteriosa pesadilla que amenaza con destruir los sueños de toda la ciudad.
 
El libro presenta todos los ingredientes de una novela de investigación y misterio, pero su punto más importante es el tratamiento de los personajes, liderados por Celeste, una joven con dificultades de socialización, que va descubriendo gracias a sus amigos lo distinta que es la existencia cuando se decide arriesgar por ayudar a otros, y cuando, paralelamente, se deja ser ayudada por los demás. Celeste, mientras resuelve (en el "mundo real") la causa de esas pesadillas, va luchando también contra un enemigo mucho más aterrador, sus propios miedos, y va encontrando argumentos para vencerlos.
 
La caracterización de Celeste es espléndida. No es ninguna de las caricaturas que encontramos en la mayoría de las series de televisión: es un retrato sincero, convincente y vivido de una chica inteligente, culta, empática pero a la vez inadaptada; con sus limitaciones, pero decidida a aprender y a luchar. No es perfecta, sino algo mejor: es real.
 
De entre los amigos de Celeste destaca Mónica, que por sus características externas podría haberse pintado como la típica "chica guapa de instituto", pero a la que desde el principio se le descubre una profundidad que dista mucho del estereotipo, y cuyos valores positivos, siendo totalmente distintos a los de Celeste, se descubren y aplauden a lo largo de la novela. No se hace difícil entrever ciertos aportes autobiográficos que parecen hacerse presentes en la novela, y que han permitido caracterizar unos personajes tan realistas como éstos.
 
El libro se lee de forma muy ágil; la historia avanza sin interrupciones, en parte gracias al intercalamiento de pasajes entre el "mundo onírico" y el "mundo real", distingudos por la tipografía, y que en ocasiones se confunden, en un diálogo que por momentos nos recuerda al de la Historia Interminable.

En resumen, En el corazón del sueño es una novela para leer y recomendar, pero con cuidado, no sea que el lector acabe enredado en los lúcidos sueños de Celeste.

lunes, 18 de abril de 2011

Reseña: Un talento para la guerra

Un talento para la guerra.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 141. Madrid, 2010. Título original: A Talent for War. Traducción: Susana Cella. 318 páginas.

Alex Benedict es un tratante de antigüedades de cierto éxito que debe regresar a su antiguo hogar en el planeta Rimway cuando su tío Gabriel, el hombre que lo crío en su infancia y un importante arqueólogo «independiente», es dado por muerto en la desaparición en un vuelo rutinario de la nave Capella, y él es nombrado su único heredero. Pero cuando llega a la casa descubre que alguien ha entrado en ella a robar; un robo que parece destinado a ocultar la desaparición de un archivo sobre el proyecto en que Gabe se encontraba inmerso últimamente. La falta del archivo espoleará la curiosidad del protagonista por descubrir qué era aquello tras la pista de lo que se encontraba su tío, dedicando gran parte de sus recursos a iluminar algo que llevaba muchos años oculto.

Un talento para la guerra, publicada originalmente en 1994 ― que ya tuvo en su momento una edición en español de la mano de Ediciones B en su colección Nova, y es recuperada ahora por La Factoría―, es cronológicamente la segunda novela en la bibliografía de McDevitt y daría muy posteriormente a una serie con Alex Benedict como protagonista ―cuya segunda entrega, Polaris, data de 2004―, siendo un muy buen ejemplo de lo que la narrativa del autor iba a ofrecer posteriormente: Una ciencia ficción de intriga, casi thrillers, con un gran componente de investigación histórica y arqueológica, con un ropaje de aventura lleno de giros imprevistos y grandes revelaciones galácticas.

En esta ocasión la reconstrucción de la «vida y milagros» de Christopher Sim, el héroe de guerra que consiguió unir a la Humanidad contra el Ashiyyur, unos alienígenas telépatas que amenazaban la expansión humana, es el hilo conductor de la novela. McDevitt consigue transmitir a la perfección el esfuerzo invertido en la investigación, los callejones sin salida a los que les conducen determinadas pistas que parecían muy prometedoras, la frustración de los investigadores al no poder ir directamente a las fuentes y tener que contentarse con datos de tercera o cuarta mano, o la de saber de la existencia de documentos que podrían resultar enormemente esclarecedores y no poder encontrarlos, o la de encontrarse versiones contradictorias entre supuestos testigos directos que no hacen sino complicar las líneas de investigación, o la de la falta de colaboración y los silencios obtenidos desde los más diversos estamentos cuando se cuestiona la historia oficial...

McDevitt factura una space opera que, a pesar del título, no es especialmente «bélica», no ofrece grandes batallas, al tratarse de la reconstrucción «histórica» de ciertos hechos de la guerra contra los “Mudos”, los alienígenas del Ashiyyur, a través de la figura de ese héroe mítico en torno al cual se configuró la Resistencia de la Humanidad como figura inspiradora. No es en la práctica ciencia ficción militar, ya que la guerra se encuentra tan solo en el trasfondo, 200 años en el pasado del protagonista, y aunque se describen algunas acciones de combate se hace desde el punto de vista del estudioso, del observador, y no del participante, lo que produce un distanciamiento de las batallas que no les resta, no obstante, su interés.

La figura legendaria del héroe, la construcción de un espíritu unificador en torno a una persona inspiradora, la manipulación partidista de la Historia, la demonización del enemigo, el Romanticismo de las grandes epopeyas y los gestos desesperados... Toda una mitología ha crecido en torno a la figura de Sim, de los compañeros que estuvieron a su lado en aquellos difíciles, y confusos, momentos, y de todos los sucesos en los que participaron. Alex y su acompañante Chase, una piloto de naves estelares que había sido previamente contratada por Gabe Benedict y que no dudará en sumarse a la aventura para ver dónde les lleva, deberán podar las ramas del bosque para encontrar aquellos hechos que son Historia, que relamente sucedieron, y los que pertenecen tan solo a la ficción de exaltación al héroe, a pesar de que quizá lo que encuentren no les guste demasiado, o no sea en absoluto lo que se esperaban.

Los protagonistas se encuentran así con un misterioso rompecabezas entre las manos, del que ni siquiera tienen todas las piezas, y con desconocidos pero poderosos enemigos enfrentándose a ellos aparentemente decididos a que no lo resuelvan. Buceando en los diferentes archivos, rastreando indicios nimios, entrevistando ―o intentándolo― a todas aquellas personas que pudieran conocer algún dato relevante, profundizando en antiguos textos, sumergiéndose en recreaciones y simulaciones virtuales de los hechos narrados, viajando de un mundo a otro en pos de cualquier pista que pudiera iluminar un poco las versiones incongruentes de detalles contradictorios, buscando las piezas verídicas y desechando las inventadas... finalmente se van a ver envueltos en una intriga que pondrá sus convicciones patas arriba y sus vidas en un terrible peligro.

McDevitt ofrece una representación de un futuro muy tecnificado, con un abundante uso de la realidad virtual como forma de comunicación y con naves capaces de viajar más rápido que la luz, con vehículos voladores para desplazarse de un punto a otro de los planetas e Inteligencias Artificiales capaces de interactuar con los humanos. Y si bien es cierto que el escenario y la historia en que se ven envueltos los protagonistas son fascinantes, quizá sea precisamente en el desarrollo de las personalidades y interacciones entre ellos donde más cojea el relato. Supeditados en todo momento a la propia investigación, poco se llega a profundizar en sus vidas y formas de ser, en sus sentimientos y emociones, llegando el lector a implicarse mucho más con las figuras que se van recreando de los antiguos luchadores a través de viejos textos que con los directamente implicados en el primer plano de la narración.

Y es que Un talento para la guerra es más la historia de cómo se conforman las leyendas, de cómo una idea puede mover el mundo, de cómo a veces la «realidad» necesita un empujoncito para adaptarse a la «necesidad» y de cómo las personas, y la Historia, pueden ser manipuladas por intereses particulares. Y para desarrollar todo ello el autor parece haber preferido centrarse en el pasado más que en el presente de la narración. Se podría definir el libro como una aventura tranquila, sin una acción excesivamente trepidante ―aunque sí destile emoción―, un relato de descubrimiento que sirve para reflexionar sobre el espíritu humano, un thriller de intriga con ropaje de space opera..., sin duda, una interesante lectura y una muy buena introducción, para quien no haya llegado ya hasta él, a las obras posteriores del autor. McDevitt ofrece una prosa sin adornos, directa, supeditada más a la narración que al artificio, jugando a veces al despiste con el lector, pero con una honradez que solo se descubre al pasar la última página ―y es que todo estaba ahí―. Y ahora a por Polaris, a ver cómo sigue la serie, que el listón no está precisamente bajo.

[Como nota final, advertir que la presente reseña ha sido realizada a partir de la relectura de la edición de esta novela publicada por Ediciones B. Según tengo entendido, la traducción de La Factoría ha sido corregida a partir de la utilizada en Nova; de verdad, espero que así haya sido, porque la original deja bastante que desear, con abundantes y desagradables fallos que sería muy de agradecer hayan sido subsanados en la presente edición. A pesar de ellos, la lectura merece la pena, aunque es una lástima cómo la entorpecen. Libre de ellos, supongo que el placer de seguir la trama será todavía mucho mayor.]

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Reseña de otras obras del autor: