sábado 17 de mayo de 2008

Reseñas: Carpe jugulum

Carpe jugulum.
Una novela de Mundodisco.

Terry Pratchett.

Reseña de: Lyrenna.

Plaza & Janés. Barcelona, 2008. Título original: Carpe Jugulum. Traducción: Javier Calvo Perales. 363 páginas.

Con la publicación de esta novela, circunscrita al ciclo de las brujas de Lancre, se alcanza ya en su edición española la 23ª entrega del Mundodisco, que no es poco, sin duda. En esta ocasión toca parodiar a todas las novelas, o películas, de vampiros, con todos los tópicos que arrastran tras de sí; además de aprovechar Pratchett para sacar nuevamente su flagelo contra la religión organizada.

Los Urrácula no son unos vampiros al uso, sino unos “vampyros” modernos, heraldos del Nuevo Orden, que mediante el uso del “pensamiento positivo” han conseguido vencer a las tradiciones y a sus debilidades. Invitados por el Rey Verence a la ceremonia de imposición de nombre de su hija recién nacida, pronto se desvelará que sus intenciones van mucho más allá que la de una simple visita: han venido para quedarse. Y las brujas de Lancre, desde luego, no pueden permitírselo; así que el enfrentamiento entre enemigos ancestrales está servido.

Los mimbres, desde luego, invitaban a la lectura de una nueva y apasionante entrega del Mundodisco, pero lo cierto es que Carpe jugulum no está a la altura de otras novelas de la serie. Después de haber ofrecido algunos de sus mejores títulos (Mascarada, Pies de barro, Papá Puerco o ¡Voto a bríos!) encadena con ésta dos de las más flojos (la presente, junto con la anterior El País del Fin del Mundo, publicada hace ya tiempo por Plaza & Janés con una traducción que, ciertamente, no ayudaba en absoluto y que podría haber desmerecido la calificación final). Carpe jugulum no consigue levantar el vuelo a pesar de ciertos momentos sin duda memorables, que no consiguen, sin embargo, elevar o mantener el tono general del libro. Con una narración demasiado supeditada a los tópicos vampíricos, tantas veces ya parodiados, la lectura se ve lastrada por una cierta falta de originalidad muy poco común en este autor; con un excesivo seguidismo de las situaciones propiciadas por las diferentes personalidades de cada una de las brujas, ya bien conocidas de antemano por el fiel seguidor de la serie, con el resultado de que demasiadas cosas suenan a ya leídas. Hay demasiadas circunstancias que el lector sabe de antemano cómo se van a resolver y “chistes” que suenan excesivamente a ya contados.

No desaprovecha también en esta ocasión Pratchett la posibilidad que él mismo se brinda de disparar una vez más sus dardos envenenados sobre la religión organizada, personalizada esta vez en el dubitativo reverendo Poderosamente Avena, que parece convertirse en la diana perfecta para las propias convicciones del autor británico. Se muestra así esta novela como una de las más dogmáticas entregas del Mundodisco. Si siempre había habido un cierto mensaje, oculto por el ropaje de la comedia, aquí la misma está demasiado supeditada a él, como queriendo llevar al lector hacia su tesis. Al destino final de Poderosamente Avena, tanto en lo personal como en el estado de sus convicciones, me remito.

Aunque más floja que otras, Carpe jugulum sigue siendo una novela muy entretenida; sin embargo, no invita a esbozar tantas sonrisas o puras carcajadas como en anteriores ocasiones, y sale perdiendo en la comparación de las que tenemos en el recuerdo; se le nota un cierto cansancio, quizá. Le falta chispa, originalidad, y es que no se puede vivir siempre del mismo chiste. Esperemos que próximas entregas remonten el vuelo y que volvamos a disfrutar de Mundodisco tanto como lo hicimos antaño.

martes 13 de mayo de 2008

Reseña: Agente de Bizancio

Agente de Bizancio.

Harry Turtledove.

Reseña de: Santiago Gª Soláns

Libros del Atril. Col. Omicrón. Barcelona, 2008. Título original: Agent of Byzantium. Traducción: Ana Alonso Esteve. 364 páginas.

El Imperio Bizantino ha resistido los embates externos, e internos, que amenazaban con destruirlo y, años después de su caída en nuestra propia Historia, sigue manteniéndose en su máximo esplendor, dominando gran parte del mundo. Pero para lograrlo, para evitar las grandes amenazas a las que se enfrenta, la maquinaria imperial necesita apoyarse en un cuerpo de hombres especiales, unos agentes segretos: los “magistrianoi”, al que pertenece Basilios Argyros, quien se encontrará, por su trabajo, en medio o alrededor de algunos de los descubrimientos más importantes del saber humano, en esta ocasión a mayor gloria de Bizancio.

No es Agente de Bizancio una novela al uso, sino una sucesión de relatos o aventuras encadenadas en las que se verá envuelto el protagonista, sobre todo en torno a esos citados descubrimientos, vitales en la historia y el progreso de la humanidad. Es curioso observar que el autor postula que casi todos ellos provengan de fuera del Imperio, pero que sea éste el que sepa aprovecharse de ellos y refinarlos hasta sus máximas posibilidades, mejorándolos y sirviéndose de ellos para mantener su superioridad sobre los auténticos “descubridores”.

Nos presenta Turtledove un mundo en el que el Islam no existe y por tanto nunca se convirtió en la fuerza que llegó a amenazar el Occidente europeo con su expansión; un mundo en que Mahoma es un santo cristiano de gran predicamento; en el que los persas son la otra gran potencia mundial, siempre en difícil equilibrio con Bizancio; y en el que, sin embargo, el lector asistirá al reflejo de algunos de los más importantes momentos de nuestra propia historia, con diferentes actores y protagonistas, pero con resultados semejantes (¿o tal vez no?). En esta particular distorsión de nuestro mundo, la amenaza para el Imperio no vendrá tanto de fuera (sin un Islam que se plante a sus puertas), sino de las propias corrientes del cristianismo, con herejías como los monofisitas, los nestorianos o los iconoclastas, que se convierten en continua fuente de tensiones para la Ciudad de la que todas las demás son reflejo.

A través de un marcado tono aventurero, con acción a raudales, Turtledove va postulando la tesis de que los principales avances tecnológicos, y su dominio, son en realidad los que permiten la posesión y el mantenimiento del Poder contra otras culturas, igual de pujantes tal vez, pero más atrasadas y por tanto más fácilmente subyugables.

Argyros cumpliendo sus diferentes misiones, viajará por todos los territorios del Imperio, desde la propia Constantinopla, a la lejana Hispania, a Alejandría o a las fronteras desérticas con el Imperio Persa. De todas sus aventuras sacará algo provechoso para Bizancio, incluso en las más amargas para él mismo encontrará un legado que mantenga a su gente por delante de los demás pueblos, como pueda ser el descubrimiento de las vacunas. En otras aventuras más felices, aunque siempre complicadas, el protagonista se enfrentará al nacimiento de fenómenos como la huelga, la pólvora o una rudimentaria imprenta, entre otros muchos; depositándolos siempre ante el altar del progreso del Imperio Bizantino.

Es esta estructura de relatos cronológicamente encadenados, que por una parte permite el avance de la narración al saltar de una aventura a otra sin prácticamente enlace o la debida elipsis, la que, sin embargo, impide que el protagonista adquiera una personalidad plena, un crecimiento que le permita desarrollarse ante el lector en su plenitud, ya que Argyros se antoja como un personaje que no evoluciona demasiado a pesar de las muchas cosas que le suceden. Parece que Turtledove ha preferido centrarse en los descubrimientos que cambian el mundo donde sitúa la acción, antes que en desarrollar psicológicamente a su protagonista. Es cierto que esto lo convierte en un tanto “plano” (y no digamos ya del resto de secundarios, recurrentes o no, que van apareciendo), pero tampoco afecta negativamente a la narración, salvo en el hecho de que se pierde mucha posible empatía que implicase al lector dentro de lo narrado.

Es Agente de Bizancio un libro curioso e interesante, una ucronía perfectamente planteada, coherente con las reglas internas del mundo descrito y que se sirve de los cambios para reflexionar en cierto modo (sin olvidar en ningún momento que lo que domina es la aventura, la acción, en sí misma) sobre nuestro propio pasado y nuestra historia, confrontando a dónde nos han llevado los avances tecnológicos o los enfrentamientos religiosos con el lugar dónde podrían habernos llevado si las cosas hubiesen sido, tan sólo, un poco diferentes.

Y como reflexión propia, uno se pregunta si es lícito, por mucho más famoso que sea, el incluir en la portada (tanto en la edición original como en la española) a tamaño mucho más grande el nombre de Isaac Asimov como "presentador" (apenas tres páginas hablando en general sobre las ucronías, más que del propio libro) que el del propio autor. En fin, marketing lo llaman, y si sirve para que alguien pique con un libro que merece la pena ser leído por si mismo, pues bienvenido sea.

viernes 9 de mayo de 2008

Reseña: El bosque de los zorros

El bosque de los zorros.

Arto Paasilinna.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Anagrama. Col. Compactos, 422. Barcelona, 2007. Título original: Hirtettyjen kettujen metsä. Traducción: Dulce Fernández Anguita. 262 páginas.

Esta novela, obra de uno de los escritores más populares de Finlandia, narra las extrañas vivencias y convivencias de tres personajes que no pueden ser más diferentes entre sí. Oiva Juntunen es un ladrón y estafador que durante años se ha pegado la vida padre en su lujoso apartamento de Estocolmo, gracias a los lingotes de oro que robó, dando un gran golpe, al Banco Nacional de Noruega, junto a sus dos cómplices, que fueron detenidos y encarcelados por el delito. Precisamente la puesta en libertad de sus antiguos colegas es lo que le obliga a desaparecer, pues, como buen gángster, no le gusta la idea de compartir su botín. Así pues, vuelve a su país natal, Finlandia, donde desentierra el oro escondido en la granja de su familia y se interna con él en los páramos y pantanos de la Laponia profunda.

Allí, hambriento y medio devorado por los mosquitos, le encontrará Sulo Remes, Comandante del Ejército finlandés, quien se halla de excedencia por su fracaso matrimonial y su afición al alcohol.

En aquel remoto y solitario lugar del mundo, estos dos hombres tan distintos encuentran el modo de convivir de forma más o menos pacífica, haciendo de una cabaña de madera abandonada su refugio frente al mundo que les amenaza. Y todo esto, sencillamente, gracias al oro, y a la ambición y el egoísmo que ambos comparten.

Pero todavía alguien más se habrá de unir a ellos. Naska Moniskoff, una entrañable anciana de noventa años, aparece un día por allí, medio congelada, con su gato Jermakki, tras haber caminado muchos kilómetros a través de la ventisca después de escapar de los servicios sociales que pretendían llevarla a un asilo.

Lejos de cualquier lugar habitado, perdidos en medio de la taiga, ese Bosque de los Zorros que da título al libro (título mutilado, por cierto, ya que su verdadero nombre es “el Bosque de los Zorros Ahorcados”), bajo la luz iridiscente de la aurora boreal, estos tres singulares personajes afrontan la existencia en la inmensidad del páramo, al margen de la sociedad y de sus reglas, cada uno de acuerdo a su manera de ser.

No es, sin embargo, la novela de Paasilinna, una reflexión metafísica sobre la naturaleza humana, las relaciones interpersonales o la rigidez de las normas sociales, aunque todo ello subyace a lo largo de toda la obra, expuesto a la libre interpretación del lector que lo desee. Este libro es, nada más, y nada menos, la historia, amena y muy entretenida, de los personajes descritos, protagonistas de toda una serie de situaciones de lo más absurdas y desconcertantes, todo ello con abundantes dosis de humor —humor nórdico—, que engancha al lector desde el principio.

Es cierto, todo hay que decirlo, que la trama de la novela es, en cierto modo, simple o poco elaborada, al igual que algunos personajes o situaciones, que no tienen una razón de ser muy clara, pero eso es algo que no se tiene en cuenta, porque, en mi opinión, no es eso lo que pretende el autor, ni lo que busca el lector, que se ve más que compensado por el placer de su lectura y el humor que, sin llegar a la hilaridad, desprende el conjunto de la obra, incluso en situaciones que a priori nada tendrían de divertidas.

Un pequeño reparto de personajes secundarios, como el policía rural Hurskainen, las “señoritas” Agneta y Cristine, o el simpático Quinientos contribuyen a hacer de éste un libro francamente recomendable si lo que se quiere es pasar un rato entretenido y conocer de una manera diferente muchos aspectos de una cultura y una literatura —la escandinava—, que, pese a su escasa difusión, tiene muchas cosas interesantes que ofrecer.

martes 29 de abril de 2008

Reseña: Crónicas del Señor de la Guerra

Crónicas del Señor de la Guerra.

Bernard Cornwell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Volumen 1. El rey del invierno. Muchnik Editores. Col. Quinteto 17. Barcelona, 2002. Título original: The Winter King. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 621 páginas.

Volumen 2. El enemigo de Dios. Muchnik Editores. Col. Quinteto 26. Barcelona, 2002. Título original: Enemy of God. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 575 páginas.

Volumen 3. Excalibur. El Aleph Editores. Col. Quinteto 34. Barcelona, 2002. Título original: Excalibur. Traducción: Concepción Cardeñoso Sáenz. 589 páginas.

En la Britania del siglo V, el rey supremo Uther Pendragón se erige como la última defensa de los reinos unidos de los britanos contra la amenaza sajona proveniente del continente y cuya presión es cada vez mayor. Pero Uther está a punto de morir y su herededo, su hijo Mordred, es apenas un recién nacido, así que dejará la regencia y el destino de la unidad britana en manos de su hijo ilegítimo: Arturo, caudillo guerrero, que se verá atado a los juramentos prestados, a los que su honor le impedirá faltar o renunciar, a pesar de sus propios sueños y capacidades, mayores de los de muchos otros que se considerarán sus superiores. Y así comienza una épica narración en la que la pervivencia de los enfrentados reinos britanos está en juego, frente al aparentemente imparable avance de los sajones y a las luchas internas que desgarran la unidad alcanzada por Uther Pendragón. La tarea no es en absoluto sencilla y Arturo se enfrenta a una vida de continuas batallas y derramamientos de sangre, en la que los momentos de solaz y esparcimiento serán como rayos de sol entre nubes de tormenta.

Hay que decir que, aunque dividido en estos tres voluminosos tomos, en verdad se trata de una única novela, ya que cada entrega continúa sin pausa con lo narrado en la inmediatamente anterior. Sin embargo, también se debe indicar que podría ser recomendable el dejar un reposo entre libro y libro, un descanso que permite un mejor disfrute sin sobresaturarse.

El relato se nos presenta escrito por un monje en el final de sus días; de origen sajón, pero criado por los britanos, llegaría a convertirse en uno de los mayores valedores y amigos de Arturo. En varios momentos se recalca que lo que se está contando es la historia real, los sucesos como él mismo los viviera y fuera testigo, en contraposición a las visiones de poetas y juglares que pervirtieran la historia para hacerla más hermosa, más acorde a los gustos de sus oyentes, enalteciendo a algunos personajes que en realidad poco o nada tenían que ver con esa visión “caballeresca” extendida con posterioridad.

Cornwell intenta un acercamiento “histórico” a la figura del caudillo britano, Arturo, que nunca quiso ser rey, pero sin renunciar por ello a la visión más “mítica” que nos han trasmitido los bardos, poetas y escritores de siglos posteriores. Así el autor se embarca en una fiel reconstrucción, ampliamente documentada, de lo que podría ser la vida en la Edad Media, en una tierra como Britania; de los usos y costumbres; los tipos de construcciones; los ropajes de nobles, soldados y plebeyos; de los utensilios, bélicos y cotidianos, que los mismos utilizaban; en una búsqueda de realismo que da una gran profundidad al relato sin restarle un ápice de emoción. Se nota en todo momento, licencias aparte, una búsqueda de veracidad que acerca mucho más lo narrado al lector. Mención aparte merecen las cruentas descripciones de las numerosas batallas en las que se ven envueltos los protagonistas, lejos de la poética de los juglares, pero no exentas de un cierto lirismo salvaje y épico. Un realismo que se muestra en los ejércitos de leva, con pocos soldados “profesionales”, con cada guerrero portando todo lo que necesita para el enfrentamiento, tanto armas, como aperos y provisiones; en las descripciones de las luchas, en el sufrimiento, en las tripas que se derraman, en los olores que casi se intuyen, en los diálogos entrecortados, auténticos, en el miedo que se palpa y en el sobreponerse al mismo que hace de los guerreros auténticos locos o héroes…

Realismo, sin embargo, que choca a veces con el uso de personajes, circunstancias o nombres claramente anacrónicos con la época en que está situada la acción; hecho que el mismo autor se ocupa de remarcar y justificar en unos pequeños apéndices al final de cada volumen, como un guiño o concesión al lector moderno que espera ciertas cosas de la leyenda artúrica que no podrían faltar.

Es curioso en ese sentido tener en la mente las diferentes versiones del ciclo como La Muerte de Arturo de Mallory, ya que resulta muy interesante ver los paralelismos y los lugares en que difieren (muchas veces radicalmente) unas y otra. Es interesante ver cómo son tratados los diferentes hechos “históricos”, las batallas, la vida diaria o algunas de las leyendas periféricas del ciclo, incluidas aquí como interesantes añadidos al trasfondo de la historia principal en curiosas versiones del origen del mito.

Ofrece Cornwell el retrato de un mundo en proceso de cambio, con referencias a la ya lejana ocupación romana, que dejó un barniz de civilización y cultura en los dirigentes y reyes britanos, pero que se va perdiendo en la ignorancia de guerreros y campesinos (estremecedora la imagen en la que unos soldados aclaman al rey entrechocando las astas de sus lanzas contra un mosaico mientras las piezas cerámicas van saltando con cada golpe al suelo), y con la llegada del cristianismo que va extendiéndose en una difícil convivencia con las creencias ancestrales de los pueblos allí instalados y que muchas veces llevará a la confrontación.

Es llamativo, dentro de esa búsqueda del realismo por encima de todo y con la que podría entrar en contradicción, el uso que hace Cornwell del recurso mágico. Como personaje omnipresente (aunque muchas veces ausente) no podía faltar el mago Merlín, consejero con agenda propia de Arturo, y con el que el autor juega a no tomar partido sobre la existencia real o no de la magia, decantándose a un lado u otro según el momento en que se encuentra la narración, ofreciendo muchas veces la explicación mundana (trucos, sugestión, engaño…) del acto milagroso, pero dejando en el aire la duda sobre la causa de alguno de ellos, quizá para que sea el propio lector el que elija lo que más le satisfaga.

En la épica historia de este Señor de la Guerra, y ahora que está tan de moda la saga de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, se podría decir que ésta es un claro antecedente de la misma. A lo largo de sus muchas páginas aparecen multitud de personajes de los que no se debe encariñar uno demasiado, batallas por doquier, política, traiciones, muertes a granel, interesantes dosis de romance, adulterio e insinuación de incesto, enfrentamientos entre reinos “hermanos”, un continuo cambio de alianzas en el juego de los tronos, amenazas exteriores, y hombres, y mujeres, con una gran profundidad psicológica, ambiguos, llenos de matices… humanos al fin y al cabo.

Se mueven estos personajes en un mundo que termina, el de los dioses paganos, y uno que avanza imparablemente, el del cristianismo, que provoca muchas tensiones y que no es sino reflejo de la agonía de los reinos britanos ante los sajones, a los que tratan de detener. Merlín, paladín de los antiguos dioses, buscará por todos los medios restaurar su poder y ascendencia sobre la antigua Britania para recuperar el antiguo esplendor perdido.

Todo ello, sobre todo esa búsqueda de realismo, conduce al autor a un final algo anticlimático, pero no por ello menos emocionante. En el tercer tomo, tras la gran batalla de mediado el mismo, se produce una larga “despedida” (casi medio libro) mucho más tranquila con un repunte de épica en el último tramo, con una batalla que no llega a alcanzar las cotas de la anterior y que deja paso a un final más poético y triste. Es el fin de una era, de una forma de entender el mundo, y de una magnífica novela (o trilogía) destinada a pervivir en la memoria.

jueves 24 de abril de 2008

Reseña: Sauce ciego, mujer dormida

Sauce ciego, mujer dormida.

Haruki Murakami.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Tusquets editores. Col. Andanzas # 649. Barcelona, 2008. Título original: Mekurayanagi to, nemuru onna. Traducción: Lourdes Porta (del prólogo: Jordi Beltrán). 386 páginas.

Siempre me ha parecido complicado hacer una reseña sobre una antología de relatos, sobre todo porque es muy difícil que todos ellos mantengan un mismo nivel. En este caso, sin embargo, con sus altibajos inevitables, los 24 cuentos incluidos en Sauce ciego, mujer dormida, se defienden juntos y por separado como una lectura plena y atractiva. Abarcan los mismos un amplio periodo de la producción de Haruki Murakami, desde 1983 hasta 2005, lo que permite hacerse una buena idea del devenir de la carrera literaria del autor.

Todos los relatos, a pesar de su enorme variedad (muchas veces fruto de la fusión temática entre oriente y occidente que tan brillantemente cultiva este autor), parecen partir de un hecho cotidiano, cercano, para de una forma absolutamente natural desgajarse en cierto modo de la realidad y mostrar al lector una esquina de su mundo que no se esperaba. Un suceso enigmático, una decisión inesperada, algo que se sale fuera de lo común, cualquier pequeña cosa puede dar lugar a lo narrado. Los toques fantásticos que contienen muchos de ellos están asumidos como si no fueran nada en absoluto extraordinario; como si no debieran llamar la atención, sino aceptarse como una faceta más del diario discurrir de sus protagonistas. Muchos relatos, como gajos de la existencia, ni siquiera tienen un final definido, sino que continúan su historia más allá de las páginas del libro.

El lector se encuentra ante auténticos retratos, fotografías en movimiento, tanto de personajes, como de motivaciones o sensaciones. De alguna manera se produce el encuentro con lo extraño, rompiendo la cotidianidad, pero en vez de tratar de aventurar una explicación al suceso, simplemente el autor se hace eco del mismo (hay un recurrente uso de la primera persona, como si se quisiera acercar mucho más a lo narrado) con naturalidad, sin ofrecer respuestas, sino tal vez buscando que el lector se involucre y elucubre sus propias deducciones. Muchas veces, ni siquiera existe ese intento, sino que busca tan sólo provocar un sentimiento, una emoción evocada por las palabras.

Quizá como hilo conductor entre todos ellos, es inevitable darse cuenta de la existencia de una profunda reflexión, a veces irónica, a veces casi filosófica, sobre el propio acto creativo, sobre la escritura principalmente, ya que es indudablemente lo que más de cerca toca al autor, pero también sobre otros ámbitos como pueden ser el mismo acto de la lectura, la pintura o la música (ese jazz que parece impregnar todas las páginas del libro, aunque tan sólo se mencione en unos pocos relatos). Existe un deseo subyacente de querer transmutar la realidad por la creación, de alcanzar un lugar “ideal”, que quizá no lo sea tanto.

Si hay un elemento que se puede decir que es prácticamente inherente a todos los cuentos es el surrealismo, rozando desde lo humorístico (“Somorgujo”) hasta lo grotesco y visceral (“Cangrejo”), ofreciendo siempre una peculiar poesía con las imágenes que se van abriendo ante la mente del lector. Así se puede rastrear en “La tía pobre” (que une ambas cosas, creación y surrealismo, al hablar de un hombre que tiene que acarrear sobre su espalda a la tía pobre del título, creada por su mente sin saber muy bien cómo y al que todos le dan consejos sobre cómo debería librarse de la misma), o en “El mono de Shinagawa” (quizá uno de los más bellos relatos de la antología) o en “La piedra de riñón que se desplaza día tras día” (y creo que el título ya es bastante explicito) o en “Conito” (donde los cuervos hablan, convertidos en descerabrados críticos)…

Pero encontramos muchos temas o reflexiones más aparte de los ya mencionados. En “Hanalei Bay” el autor da muestras de una profunda humanidad y empatía, a la vez que nos muestra la manera tan simple en que se forman los mitos. En “El espejo” ofrece un toque de terror (más de ambiente que de susto) al enseñar cómo lo sobrenatural puede entrar sin aviso en la vida de uno de la manera más simple. Hay historias que se cuentan dentro de las historias, como la que da título al volumen, “Sauce ciego, mujer dormida”, donde el desasosiego generado por las circunstancias extrañas domina el intelecto hasta que se recupera lo cotidiano; y en el lado opuesto “La chica del cumpleaños” muestra cómo ese mismo encuentro con lo extraño, lo que te aparta del habitual discurrir de tu vida, te cambia y te transforma en cierto grado, de forma que a pesar de seguir siendo la misma persona, ya eres alguien distinto.(genial el detalle de ni siquiera desvelar el deseo solicitado). Todos los relatos tienen un toque poético, mayor o menor, pero siempre presente, un sentimiento evocador, una belleza intrínseca, una fuerte carga emotiva que tanto puede ser de esperanza (impresionante en su brevedad, “Un día perfecto para los canguros”) o de indefensión y repulsa (“Nausea, 1979”)

Dentro de la enorme variedad temática, imposible de acotar al igual que es imposible circunscribir los relatos a un género concreto, el autor mantiene varias constantes, como pudiera ser el recurrente y ya mencionado uso de la música, o la presencia del mar, concurrente en tantos de sus relatos que se convierte en un protagonista más, con personalidad propia, desencadenante o testigo de los hechos; como en “El séptimo hombre”, donde la pena y la culpa impiden el acceso a la redención, a la concesión del perdón para uno mismo. La mezcla es continua, el surrealismo siempre presente se hace ciencia ficción en “El hombre de hielo” (donde el protagonista es literalmente lo que sugiere el título) o el relato de viajes y búsqueda interior se transmuta en misterio en “Los gatos antropófagos” (donde lo extraño puede estar tanto fuera como dentro de uno, y las dimensiones pueden confundirse)…

Sauce ciego, mujer dormida es, en definitiva, una colección de relatos para paladear con calma, para disfrutar de las sensaciones que crean en la mente, y a los que volver pasado un tiempo a seguir descubriendo todo aquello que una primera lectura no ha dejado al descubierto, que seguro que es mucho. Se obtienen más preguntas que respuestas, pero merece la pena, al fin y al cabo son relatos como la vida misma.

lunes 21 de abril de 2008

Avance: Un número de miedo para Historias Asombrosas

Recibimos el siguiente comunicado de prensa:

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En mayo estará disponible en librerías especializadas y en Scifiworld.es la segunda entrega de Historias Asombrosas.

Un segundo número dedicado al terror que, a lo largo de sus cien páginas, conseguirá perturbar vuestros sueños con autores de auténtico lujo como Pilar Pedraza, Domingo Santos, Laura Gallego, Elia Barceló o el mismísimo Ramsey Campbell entre otros.

Recuerda, en mayo, Historias Asombrosas ¡No faltes a la cita!
Reservalo en Scifiworld.es o en tu librería especializada.

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Para más información:

SCIFIWORLD

www.scifiworld.es

prensa@scifiworldmagazine.com

viernes 18 de abril de 2008

Reseña: El niño del pijama de rayas

El niño con el pijama de rayas.

John Boyne.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Salamandra. Barcelona, 2008 (15ª edición). Título original: The Boy in the Striped Pyjamas. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 219 páginas.

De la contraportada del libro:

“Estimado lector, estimada lectora:

Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué se trata.

No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una.

Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.

El editor”.

Lo cierto es que resulta muy difícil llegar “virgen” a este libro, pues es uno de esos cuya “fama” corre como la pólvora de boca en boca y de recomendación en recomendación, sobre todo en la prensa (hace nada vi en un periódico una de esas listas de “lo más vendido en…” donde lo destripaban vilmente en tres líneas), pero la verdad es que es lo más aconsejable. Lo interesante de El niño con el pijama de rayas es ir descubriendo por uno mismo y desde el primer capítulo todas las referencias que va ofreciendo la mirada inocente del pequeño protagonista y sus infantiles, e ingenuas, interpretaciones de lo que va viendo. Cuánto menos se sepa de la trama, mejor; no es imprescindible, desde luego, pero se disfruta más.

Utilizando muchos de los recursos de la Literatura Infantil (llamadas de atención, repetición machacona de frases clave, nombre mal transcritos como los entendería un niño…) Boyne ofrece un relato para adultos lleno de poesía y horror. Sinceramente, creo que, a pesar de lo que diga la sinopsis, los adolescentes de hoy en día carecen del acervo cultural necesario para captar en toda su intensidad el significado pleno de esta novela.

El niño con el pijama de rayas muestra al lector las diferentes caras del “monstruo”, invitando a una reflexión sobre los horrores a los que puede descender el ser humano, mostrando sin embargo rasgos de “humanidad” y de amor. Hay aquí una radiografía del alma humana, de sus abismos y de sus cimas, de cómo se puede continuar con la vida cotidiana o llegar a acostumbrarse a hechos terribles mientras no le toquen a uno como su protagonista. Se plantea el dilema moral de la sumisión a la obligación o al deber; a la ceguera voluntaria que permite que los actos horribles cometidos contra otros se conviertan en justificables. Habla el autor del odio oculto bajo el barniz de la razón. Y todo ello bajo el prisma que otorga la mirada inocente de un niño de nueve años que no puede entender que exista el mal en su mundo, que sólo desea jugar con sus amigos, vivir en su barrio y crecer feliz; un niño que tendrá que juzgar lo que le va sucediendo según los parámetros que su protegida vida le ha ofrecido, y que le llevarán a ejercer la amistad a pesar de todas las barreras que se interpongan en su camino.

Ya desde el primer capítulo se puede intuir por dónde va a discurrir la narración, ya se plantean los parámetros de tiempo y lugar a los que circunscribir la acción, pero hay que ir escarbando entre las pistas que deja caer la visión distorsionada de un niño que no quiere que su mundo cambie. Las referencias se van sucediendo, conformando un ameno relato, donde poco a poco se va desvelando el horror oculto tras el traslado de la familia a través de una narración casi siempre amable hasta el mazazo final.

El niño con el pijama de rayas es un libro que se lee de un tirón, gracias a su brevedad y a la agilidad de la escritura de la que hace gala Boyne. No es, tal vez, para tanto la fama que está alcanzando merced a la recomendación popular que ha propiciado que haya alcanzado ya su 15ª edición, pero sí que es, desde luego, una lectura muy recomendable, destinada a agitar conciencias y a provocar la reflexión. Creo que merece la pena sumergirse en sus páginas.

Y no deje que se lo cuenten.